«Mes de mayo y piedad popular», carta pastoral del obispo de Jaén

ramondelhoyolopez Aún resuenan los ecos de la solemne liturgia de apertura del Año Jubilar en honor de la Virgen de la Cabeza, Patrona de esta Diócesis, por Mons. D. Manuel Monteiro de Castro. Fue toda una manifestación de piedad de la Ciudad de Andújar y de otros muchos lugares. Inolvidable para los miles de fieles que estuvimos allí aquel 24 de abril. “Muy emocionante y ejemplar” me dijo uno de los ocho Señores Obispos que nos acompañaron.
Al día siguiente, ascendió la venerada imagen “a su casa” del Santuario de Sierra Morena, entre cantos y plegarias, fuertes vivas y silencios. La portaban en andas muchos corazones que latían de amor, al unísono, con esta Madre.
Perfectamente armonizadas piedad y liturgia, se daba paso a la gran fiesta anual del último domingo de abril, en el cerro del Cabezo, y al inicio del Año Jubilar: tiempo de gracia y de perdón, de fiesta y de alegría que brotan de la comunión con Dios y con los hermanos, desde la intercesión de la Santísima Virgen.
Nos decía el representante en España de Su Santidad Benedicto XVI en su Homilía que la apertura de este Año debería significar “como para nuestros antepasados… una manifestación de fe viva en el poder de Dios y de confianza filial en la intercesión maternal de nuestra Madre Santísima”.

1.- Mes de las flores, mes de María
Es incomparable el lenguaje de las flores y la piedad popular lo ha captado muy bien. El pueblo acude en estos días a la Santísima Virgen María para honrarla con todas las flores de mayo. Brotan las flores con generosidad y esplendor, de todos los tonos y tamaños, en cualquier rincón, y el pueblo fiel las presenta en ramilletes, como sinfonía maravillosa de colores, ante la Madre del Redentor. Son las mismas flores que engalanarán los altares y calles al paso de su Hijo, en la custodia, en la gran fiesta del Corpus Christi y adornarán los templos en las Primeras Comuniones de los niños y niñas.
Resuenan, especialmente en estas tierras, las palabras del Místico San Juan de la Cruz buscando a Dios entre sus campos florecidos:
“¡Oh bosques y espesuras
plantados por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras y flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!”
¡Benditas flores que nos hablan de la grandeza del Creador! Con Santa Teresa de Jesús, enferma, decimos: “de que no soy para más, sirvo al Señor en poner ramitas y flores a las imágenes”.
Cantemos al Señor y a su Santísima Madre con flores de amor, que broten del corazón. Pongamos al pie del Sagrario y de las imágenes de María Santísima nuestro ramillete personal en estos días de Mayo. Llevemos en nuestro corazón los sufrimientos y preocupaciones de nuestros hermanos, que son otras flores de amor.
Buena ocasión la que nos brinda nuestra Madre la Iglesia en este Año Jubilar para peregrinar al Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza, preparar bien nuestro encuentro con Ella, y obtener la Indulgencia Plenaria .
Cantamos estos días desde el corazón: “¡Venid y vamos todos, con flores a María!”

2.- Bajo tu amparo, Madre de la Pascua
El apoyo de María Santísima a Jesús Crucificado agonizante y despojado de todo, fue el inicio de la Iglesia que nacía vacilante y como semilla diminuta. Al pie de la Cruz, esta Madre, la Virgen María, se hizo también nuestra Madre. Atravesando el dolor y el silencio llegó a la alegría de la Pascua.
Aquella presencia de la Virgen Madre en un momento tan trascendental para la humanidad se extendía mucho más allá del Calvario. Fue desde entonces verdadero icono e imagen de la Iglesia de su Hijo Jesucristo, que camina en la fe, la esperanza y la caridad.
María del Sábado Santo nos enseña a valorar la cruz y la soledad. A ir muriendo, como el grano de trigo, para dar nuevos frutos. A esperar con gozo. A sentir de cerca las palabras y presencias de su Hijo Resucitado, especialmente en los sacramentos del Perdón y de la Eucaristía.
María de la Pascua, “Regina coeli”, ¡Laetare! ¡Alégrate! Queremos situarnos junto al Apóstol San Juan y el pequeño grupo de aquellas valientes mujeres al pie de la Cruz. Queremos, Madre, mirarte con renovada confianza en la cima del Calvario. Queremos esperar con María y con toda la Iglesia la fuerza de lo alto, del Espíritu Santo, en el próximo Pentecostés para que renueve y afiance nuestra existencia cristiana.
¡Ilumina y acompaña, Madre Santísima, Virgen de la Cabeza, a esta Iglesia diocesana de Jaén que desea vivir y celebrar de tu mano esta Pascua y este Año Jubilar!

3.- Que tu “sí” nos conduzca a tu Hijo y a nuestros hermanos
Tú “sí”, Virgen de Nazaret, tu respuesta generosa y confiada a la acción del Espíritu Santo, te hizo Madre del Salvador.
Desde aquel “fiat”, el Hijo de Dios se encarnó en ti y, por eso, a donde llegas tú, llega Jesucristo, llega su Salvación.
Fue al pie de la Cruz donde recibiste el trascendental encargo de hacer resonar y llevar esta Salvación a todos los corazones: “Ahí tienes a tu Hijo” (Jn 19,26). Gracias, Madre, porque desde aquel momento ¡que rica es tu maternidad!
Así se comprende mejor que, cuando recibimos a tu Hijo Jesucristo en su Palabra y en la Eucaristía, allí está siempre tu mano de Madre. Es tu “sí” continuado en la historia, en cada historia personal de salvación, en la tuya y en la mía.
Así entendemos que también necesitamos de tu intercesión maternal para descubrir la presencia del rostro de tu Hijo en los rostros de nuestros hermanos, para ver por debajo de la arcilla y las arrugas, las huellas del Divino Alfarero y autor de la vida en toda persona, sobre todo en quienes arrastran cruces tan pesadas.
¡Ayúdanos, Madre, a ser fuertes para caminar unidos a tu Hijo Jesucristo, que entregó todo por amor a la humanidad! ¡Enséñanos, Madre, a entender que el verdadero distintivo de los discípulos de tu Hijo es el amor!

4. – ¡Nuestra Señora de la Cabeza, ruega por nosotros!
María se ha hecho siempre presente en el camino secular de esta Iglesia de Jaén. Ha caminado con los que nos precedieron en la fe y lo hace ahora con nosotros. Así como la Madre acoge la vida, la acompaña y reúne a los hijos en el hogar, María lleva a cabo siempre, también, esta misión maternal.
De su mano hacemos el camino con esperanza y nos repite como en Caná de Galilea: “Haced lo que el os diga”. Hay una afirmación de San Benito que dice así: “Que nada se interponga al amor de Cristo”. María Santísima siempre nos conduce a su Hijo y nos enseña a que no antepongamos nada al amor de su Hijo.
De la mano de María aprendemos: la escucha atenta y acogedora de la Palabra de Dios ya que ella conservaba y meditaba todas las cosas en su corazón; su disponibilidad al plan de Dios como cuando ella pedía que se cumpliera su Palabra; la sencillez de vida, como ella que se consideró la esclava del Señor: a orar en comunión con los hermanos, como ella que, con los apóstoles, “eran constantes y unánimes en la plegaria”.
De tu mano pedimos que extiendas tu mirada misericordiosa a esta Iglesia Diocesana de Jaén, a quienes sufren por cualquier situación, a nuestros hermanos enfermos y a quienes los atienden, a las personas mayores, a cuantos se encuentren solos, a todos tus fieles, laicos, consagrados y sacerdotes. Y una petición especial para que nos bendiga el Señor con vocaciones para el sacerdocio y la vida consagrada.
Termino con las palabras de la oración para este año jubilar: “en este Año de gracia venimos a pedirte que intercedas por nosotros ante Dios… Ayúdanos… para ser fieles a tu Hijo, testigos de su Evangelio y samaritanos del amor, como hermanos. Consagramos nuestras vidas de peregrinos, a ti que nos has precedido en el camino de la fe, hasta que salgas un día a nuestro encuentro eterno con Dios”.
Con mi saludo y bendición.

+ RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ
OBISPO DE JAÉN

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