El simposio “Profesionales para la Iglesia local” ha abordado las necesidades de la Iglesia en la familia, la educación y la sociedad

Congreso BarcelonaDurante el pasado fin de semana se celebró en Barcelona el simposio «Profesionales para la Iglesia local» en el marco de VII Encuentro de Juventud y Familia del Regnum Christi, que se celebra este año en Barcelona. El simposio, organizado por la Fundación DIF (Desarrollo Integral de la Familia) ha pretendido analizar los actuales retos y necesidades de la Iglesia Católica hoy para dar respuesta a los profesionales católicos que desean servir a la misma desde sus trabajos.
La jornada se ha inaugurado con la intervención del presidente de la FIAMC (Federación Internacional de Médicos Católicos), José María Simón i Castellví, quien abordando la cuestión ‘Profesionales católicos comprometidos: ¿una pose o una necesidad?’ ha afirmado la necesidad de que los profesionales católicos “existan” y “se agrupen” en consorcios y asociaciones que les ayuden a estar presentes en la sociedad.
Desde su experiencia personal de la medicina, “que tiene una profunda impronta vocacional”, ha definido la misión de ésta como “transformar el sufrimiento en felicidad. Prevenir, paliar y curar –ha dicho- son facetas de la misma función al servicio de la felicidad de las personas” así como una especie de “paternidad”: “Ejercer la medicina a conciencia y en conciencia permite percibir con luz nueva la paternidad de Dios”.
Simón o Castellví ha afirmado que “la medicina del médico católico es la misma que la de un protestante o un católico”, y que si hay algo que distingue a un médico que es católico es que “ejerce la medicina con el valor añadido que significa hacer las cosas con amor”, lo que –ha matizado- no implica que los no católicos pueda hacerlo.
El rector de la Universitat Abat Oliba CEU, Josep Maria Alsina ahondó en la misión del profesional católico en la familia “como transmisora de la fe, evangelizando día a día en esta realidad actual’. Alsina ha resaltado la contradicción que subyace a la realidad de que “la familia sigue siendo para un 80% de la sociedad española la realidad más importante de sus vidas”, y que, sin embargo, “cometemos el suicidio cultural de poner la familia en entredicho cuando ni desde el punto de vista legislativo queda claro qué es la familia”. En este contexto, ha afirmado “educar cristianamente es difícil, y supera las fueras humanas. Cada hijo bien educado es un milagro de la gracia de Dios. No digamos ya un hijo en el que fructifica la fe. Esto siempre es un milagro”.
El rector de la Abat Oliva recordó que la evangelización “pasa por la familia” porque es donde por primera vez recibimos la noticia de la fe y “donde se hace coherente y comprensible esa fe porque han tenido la experiencia de que alguien les ha amado”. Finalmente aportó sugerencias generales: dar a los hijos criterios claros, piedad y el buen humor que nace de la alegría cristiana, no de la ignorancia”.
Cuál ha de ser la misión del profesional católico en la educación es el tema que abordó el rector de la Universidad Francisco de Vitoria, Daniel Sada Castaño, quien insistió en la necesidad de volver a la vanguardia: “Tenemos que ser provocativos, dejar de ser reactivos. No intentar ganar a base de meter gol en el contraataque. Lo nuestro es hacer buen fútbol con nuestro mensaje”. Sada recordó que la universidad es una realidad que nació en el seno de la Iglesia, y que actualmente ha perdido su identidad como buscadora de la verdad para convertirse en mera formadora de profesionales, por lo que planteó la necesidad de “amplificar el tono” para recuperar la misión que le es propia, “remover a los alumnos en sus asientos de sus anemias intelectuales y culturales” y “explicar las cosas de una manera diferente: más que atiborrarles de respuestas, por muy verdaderas que sean, es mejor llevarles a las preguntas”.
Por su parte, Pedro Montagut Piquet, director y profesor del Instituto de Teología Espiritual de Barcelona, abordó el reto de los religiosos, sacerdotes y consagrados, llamados a ser “profesionales de profesionales’”, esto es: “imágenes vivas de su amor”, afirmó “Su profesionalidad encuentra su fin cuando cada uno encuentra su lugar en la Iglesia. Y sólo cuando lo ha encontrado puede dedicarse a la perfección”.
La psicóloga clínica de adultos Montse Giner Lladós, planteó que el profesional católico en la sociedad está llamado a ser “como un impulso a vivir el bien”, ofrecer una visión positiva de las cosas y las experiencias: “el hombre es hijo de sus circunstancias –afirmó- pero no esclavo de ellas, sino padre del futuro”.
Fue Josep Miró i Ardevoll Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos, el encargado de concluir el simposio presentando los retos de la Iglesia hoy, “y los retos de la Iglesia –afirmó- son los mismos que los de la sociedad”. Miró i Ardèvol planteó que el reto fundamental es “superar la cultura de la desvinculación, de la que surge el laicismo de la exclusión religiosa”, desvinculación que definió como “la pretensión de que la realización de todo hombre y mujer se produce sólo en la satisfacción del propio deseo”, y que genera falta de compromiso “de la madre con su hijo –aborto-, del hombre con la mujer –divorcio-, de los financieros con las consecuencias de sus actos –crisis económica-”.
El presidente de E-Cristians recalcó que era hora de iniciar un nuevo renacimiento: “superar la diáspora católica, construir la unidad de acción e los católicos, ir más allá de nosotros mismos, impulsar una corriente social donde católicos y no católicos coincidamos en unos mismos valores, virtudes y objetivos”. Para concluir, instó a la acción: “Háganse un favor a sí, mismos, a esta sociedad, a la Iglesia: no se queden en casa. Hagan política –en el buen sentido-, ocúpense de lo que está más allá de sus propias y justas necesidades e intereses. El Papa reclama una nueva oleada de católicos en la política. El país mejorará y los grandes beneficiarios serán nuestros hijos, nuestros nietos”.

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