El Papa expresa su solidaridad a las víctima del terremoto en Italia: «La Iglesia está toda aquí y os ayudará»

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Benedicto XVI viajó esta mañana en automóvil -y no en helicóptero, debido al mal tiempo- a las poblaciones de la región italiana de Los Abruzos afectadas por el terremoto del pasado 6 de abril, que provocó la muerte de 300 personas y miles de heridos.
La primera etapa de su visita fue Onna, «uno de los centros que ha pagado un alto precio en vidas humanas», dijo el Santo Padre ante las personas que le escuchaban y que viven en tiendas de campaña al haber perdido sus hogares a causa del seísmo.
«Desde el primer momento -dijo Benedicto XVI- os he acompañado de cerca; (…) he seguido con aprensión las noticias, compartiendo vuestro miedo y vuestras lágrimas por los difuntos, junto con las trepidantes preocupaciones por lo que habéis perdido en un instante. Ahora estoy aquí entre vosotros -continuó-; quisiera abrazaros con afecto a cada uno. Toda la Iglesia está aquí conmigo, junto a vuestros sufrimientos, participando en vuestro dolor por la pérdida de familiares y amigos, deseosa de ayudaros a reconstruir casas, iglesias, empresas destruidas o gravemente dañadas por el terremoto. He admirado y admiro la valentía, la dignidad y la fe con que habéis afrontado esta dura prueba, manifestando gran voluntad para no ceder frente a las adversidades».
Tras poner de relieve que a pesar de la solidaridad manifestada de todas partes son muchas las incomodidades que supone vivir «fuera de casa, o en los automóviles, en las tiendas, sobre todo a causa del frío y de la lluvia», el Papa dijo: «Mi pobre presencia entre vosotros quiere ser un signo tangible del hecho de que el Señor crucificado, que no os olvida, ha resucitado y no os abandona; (…) no es sordo al grito preocupado de tantas familias que han perdido todo: casas, ahorros, trabajo y a veces también vidas humanas. Ciertamente, su respuesta concreta pasa a través de nuestra solidaridad, que no se puede limitar a la emergencia inicial, sino que debe ser un proyecto estable y concreto en el tiempo. Animo a todos, instituciones y empresas, a que esta ciudad y esta tierra resurja».
El Santo Padre dijo «unas palabras de consuelo» sobre las personas fallecidas por el seísmo. «Están vivos en Dios y esperan de vosotros un testimonio de valentía y de esperanza. Esperan ver renacer su tierra, que debe volver a adornarse de casas y de iglesias, bellas y sólidas. (…) El amor permanece por encima del paso de nuestra precaria existencia terrena, porque el Amor verdadero es Dios. Quien ama vence, en Dios, la muerte y sabe que no pierde a quienes ha amado». Antes de terminar, leyó una oración especial por las víctimas del terremoto.
Posteriormente, el Papa se dirigió a la Basílica de Collemaggio, en L’Aquila, donde rezó una breve oración ante la urna de San Celestino V, Papa, -una de las pocas cosas que se conservan en este templo tras el terremoto- y dejó como signo de su participación espiritual el palio que se le impuso en la misa de inicio de su pontificado.
Benedicto XVI se detuvo a continuación frente a la Casa del Estudiante, donde fallecieron varios jóvenes a causa del seísmo. Allí saludó brevemente a un grupo de universitarios que se alojaban en este lugar.
A las 12,00, el Santo Padre llegó a la Plaza de la Escuela de la Policía de Finanzas, donde después de saludar a los alcaldes y a los párrocos de los 49 ayuntamientos más afectados por el terremoto, tuvo un encuentro con los allí presentes.

A mediodía de ayer, el Papa llegó a la Plaza de la Escuela de la Policía de Finanzas, en Coppito, donde se encontró con la población afectada por el seísmo del 6 de abril en Italia y con el personal que se dedica a las tareas de socorro (voluntarios, protección civil, bomberos, militares etc..).
«Estoy en esta Plaza -dijo el Santo Padre- que prácticamente desde el primer momento funciona como cuartel general de toda la labor de socorro. Este lugar, consagrado por la oración y por el llanto de las víctimas, representa de alguna forma el símbolo de vuestra firme voluntad de no ceder al desaliento» y, citando el lema de la Policía de Finanzas: «Nec recisa recedit», afirmó que expresaba muy bien «la firme intención» manifestada por el alcalde Massimo Cialente, de L’Aquila, de «reconstruir la ciudad con la constancia característica de los abruzeses».
Esa misma plaza donde el cardenal Tarcisio Bertone celebró los funerales por las numerosas víctimas del seísmo «recoge hoy las fuerzas dedicadas a ayudar a L’Aquila y Los Abruzos a resurgir pronto de los escombros del terremoto», observó Benedicto XVI. «Esta visita, que desee llevar a cabo desde el primer momento, quiere ser un signo de mi cercanía a cada uno de vosotros y de la fraternal solidaridad de toda la Iglesia», agregó.
«Efectivamente, como comunidad cristiana constituimos un sólo cuerpo espiritual y si una parte sufre, todas las demás partes sufren con ella; y si una parte se esfuerza por levantarse, todos participan en su esfuerzo. Quiero deciros que me han llegado manifestaciones de solidaridad con vosotros de todos los lugares. Numerosas altas personalidades de las Iglesias Ortodoxas me han escrito para asegurar su oración y su cercanía espiritual, enviando además ayudas económicas».
«Quiero subrayar el valor y la importancia de la solidaridad que, aunque se manifieste particularmente en momentos de crisis, es como un ascua bajo las cenizas. La solidaridad es un sentimiento altamente cívico y cristiano y da la medida de la madurez de una sociedad. En la práctica se manifiesta en las obras de socorro, pero no es solo un eficiente mecanismo organizativo: tiene un alma, una pasión que se deriva de la gran historia civil y cristiana de nuestro pueblo, sea que se manifieste de forma institucional o en el voluntariado».

«El trágico evento del terremoto invita a la comunidad civil y a la Iglesia a una reflexión profunda», subrayó el Papa recordando la Pascua, cuando «celebramos la muerte y la resurrección de Cristo llevando en la mente y en el corazón vuestro dolor, rezando para que las personas afectadas no perdieran ni la confianza en Dios ni la esperanza. Pero también, como comunidad civil, es necesario hacer un serio examen de conciencia para hacerse cargo, en todo momento, de las propias responsabilidades. Con esta condición, «el águila» (L’Aquila), volverá a volar, aunque ahora esté herida».
Benedicto XVI concluyó invocando la protección de la Virgen de Roio, muy venerada en la zona, sobre «todas las localidades afectadas por el terremoto» y después de cantar el Regina Coeli depositó a los pies de esa imagen una rosa de oro.
Terminado el acto, el Santo Padre regresó en automóvil al Vaticano.

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