«Andariega y sabia ancianidad», carta de Mons. Jesús Sanz Montes

mons-sanz-montes1Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
En 2005 fue llamado por la Providencia divina a suceder en la Sede de Pedro al gran papa anterior, Juan Pablo II. Efectivamente, Benedicto XVI, con esa edad llena de anciana sabiduría va marcando un estilo propio a su pontificado. Joseph Ratzinger, tímido y menudo, no deja de decir con profundidad, sencillez y dulzura lo que tiene que anunciar en nombre del Evangelio, por amor a Jesucristo y a la humanidad.
No siempre le entienden, no siempre le quieren entender quienes se atrincheran en un complot ajeno al cristianismo con su habitual hostilidad mediática e ideológica. Pero tam-bién vemos trincheras atípicas dentro de las filas cristianas en las que se le trata al Santo Padre con igual despecho, indiferencia o mentira, ya por parte de quienes respiran por la herida del resentimiento rencoroso y estéril o ya por parte de quienes abogan por un buenis-mo difuso siguiendo los dictámenes de los gurús de una falsa progresía en lugar de pedir luz y fortaleza para adherirse con sencillez y confianza a quien en nombre de Cristo y de la gran Tradición cristiana dice las cosas con heroica profecía.
En estos días que estamos de cumpleaños papales: los ochenta y dos de vida, los cua-tro de pontificado, hemos visto desfilar con dureza a algunos propios que terminan siendo extraños, enarbolando la bandera del ataque frontal a la vida y obra de nuestro Papa alemán. Se empeñan en seguir etiquetándole como un «Panzer Kardinal» (cardenal tanque), tal y co-mo le llamaban ya antes de llegar al pontificado. Quienes hemos tenido el regalo de leer, estudiar, explicar en clase y tratar personalmente a Joseph Ratzinger, nuestro querido Bene-dicto XVI, nos quedamos perplejos ante la orquestación de quienes sin leer al Papa más que en los titulares sesgados que sobre él da cierta prensa, se permiten no sólo atacar, sino hacer-lo con dureza grosera, con cínica hipocresía y calculada mentira.
Es admirable el artículo que ha escrito en las páginas de un rotativo nacional el pro-fesor Olegario González de Cardedal para defender al Papa. Cuando con apertura a la ver-dad, con rigor intelectual y con amor en la entraña uno toma la pluma para hablar de algo o de alguien, salen las cosas que el profesor González de Cardedal nos ha descrito en su de-fensa de quien es amigo, colega de cátedra y colaborador en el servicio teológico a la Iglesia.
No es infrecuente que quienes acusan de intolerancia o de crispación a los demás, suelen ser los crispadores intolerantes que ponen su ignorancia al servicio de la mentira, a favor de la ideología que les paga o del rencor que les recome. Lo cierto es que estas perso-nas que así se mueven, no construyen nada, ni tampoco dejan nada detrás. Al mirar la larga historia cristiana, se ve la diferencia entre los santos que han dejado tras de sí una preciosa herencia de vida, de amor concreto, de sabiduría sencilla, de cultura bella, de creatividad solidaria y social, y los que han puesto su horizonte y su medida en sí mismos, dando como resultado la tristeza llena de mezquindad.
Gracias, Santo Padre, por seguir acompañándonos con su sabia, bella, sencilla y ver-dadera doctrina evangélica y eclesial; gracias por su cercanía a los pobres de las pobrezas modernas; gracias por su libertad; gracias por sus heridas; gracias por su amor a Jesucristo y a la Iglesia, amando lo que ellos aman y como ellos lo aman. Gracias por esa fecunda ancianidad, andariega por los senderos de la verdadera belleza, y andariega también por los de las tragedias humanas o naturales. Gracias por confirmar nuestra fe llamándonos a la fidelidad.
El Señor os bendiga y os guarde.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca

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