El nuncio del Papa invita a reafirmar en estos momentos la adhesión y cariño a Benedicto XVI

nuncioDiscurso de Mons. Manuel Monteiro de Castro en la sesión de apertura de la 93ª Asamablea Plenaria de la Conferencia Epoiscopal Española.
Agradezco muy cordialmente al Eminentísimo señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española la invitación que me ha dirigido para intervenir en esta sesión inaugural de la nonagésima tercera Asamblea Plenaria. Transmito a todos ustedes, a las Iglesias que pastorean en el nombre del Señor y a todos los presentes, el saludo y la bendición del Santo Padre, a quien humildemente represento en España.
1. Permítanme que en estas palabras de saludo glose brevemente la Carta de Su Santidad Benedicto XVI a los Obispos de la Iglesia Católica, de 10 de marzo, sobre la remisión de la excomunión de los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre. La decisión de levantar la excomunión a estos cuatro Obispos, hecha pública el 21 de enero, suscitó, como saben, una oleada de críticas y protestas, incluso dentro de la Iglesia “cuya amargura –como él mismo dice–, mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento”. No fue comprendida la medida de gracia que buscaba, antes que nada, la unidad de la Iglesia. A ello se sobreañadió el conflicto creado por las declaraciones de uno de los cuatro Obispos que negaba el Holocausto.

Gracias a Dios, el Santo Padre se vio confortado por las muestras de confianza y de afecto y de comunión en la oración de muchos Episcopados, de muchos Obispos a título particular y de innumerables fieles. El Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española le envió una carta el día 12 de febrero agradeciéndole su ministerio al servicio de la verdad del Evangelio y de la unidad en la caridad. Me consta que el Santo Padre ha apreciado vivamente los sentimientos de estrecha comunión y de sincero afecto de los miembros de la Conferencia Episcopal Española.

El Santo Padre recuerda una vez más la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo: “conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia”. El Papa no dejará de promover, por tanto, las acciones que estime necesarias para lograr esta finalidad, entre ellas, promover la unidad de los cristianos, de los que anuncian que Dios es amor y creen que Cristo es el único Salvador del mundo. Su carta, escrita desde lo más profundo del corazón, hace patentes los sentimientos del Santo Padre, de dolor por la recepción injusta de un gesto de misericordia en busca de la unidad, de agradecimiento a quienes han estado con él y de profunda determinación de continuar su misión de “confirmar a los hermanos” (Lc. 22, 32) y de “dar razón de la esperanza” (1 Ped 3, 15).

Invito a todos ustedes y a los fieles que están bajo su cuidado, a mantener mediante la oración, como Moisés en la montaña oraba por el pueblo de Israel que luchaba en la llanura (cfr. Ex 17, 8-16), la misión y acciones del Santo Padre en su labor evangelizadora al servicio de la unidad de la Iglesia.

2. También me quiero referir al anuncio hecho por el Santo Padre de la convocatoria de un “Año Sacerdotal” con motivo del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, que comenzará en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el 19 de junio próximo. Esta ocasión servirá para que mediante la profundización teológico-espiritual, los sacerdotes renueven la conciencia de su propia identidad y fortalezcan su tensión misionera y, al mismo tiempo, muestren una particular atención a la “indispensable y prioritaria promoción de las vocaciones al ministerio ordenado”. Es obligación del Obispo promover las vocaciones, y no sólo al sacerdocio, pero su interés quedará infecundo si no cuenta con la implicación directa, personal y entusiasmada de los mismos sacerdotes. Estos deben comprender que la fecundidad de su acción pastoral se mide, entre otros parámetros, por la promoción de vocaciones al sacerdocio y, en general, a la vida consagrada.

Quiera Dios que las acciones que se programen para este Año Sacerdotal contribuyan a la renovación interior de los sacerdotes en el redescubrimiento alegre de la propia identidad, de la fraternidad en el propio presbiterio, de la relación sacramental con el propio Obispo. Que el ejemplo y la intercesión de San Juan María Vianney y, también en España, de San Juan de Ávila, enciendan en el corazón de los sacerdotes un renovado espíritu conforme al Corazón de Cristo.

Encomiendo a María Santísima, Estrella de la Evangelización, los frutos de esta Asamblea.

Que el Señor les bendiga hoy y siempre

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