Primer saludo de Mons. Braulio Rodríguez a sus nuevos diocesanos de Toledo

braulioarztoledoFeliz Pascua para todos, hermanos, en esta fiesta de las fiestas de Cristo Resucitado:
En otras tres ocasiones he saludado con todo mi corazón a los fieles de Osma-Soria, Salamanca y Valladolid, Iglesias donde fui enviado por el Santo Padre para ser su Obispo. Ahora me toca hacerlo a los que formáis esa porción del Pueblo de Dios que es la Archidiócesis de Toledo. Lo hago en el día en que se hace público mi nombramiento por la Sede Apostólica como nuevo Arzobispo de Toledo, donde sucedo al Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio Cañizares Llovera, a quien saludo con afecto de hermano en la sucesión apostólica. El Papa Benedicto XVI así lo ha querido. Con todo mi amor filial agradezco vivamente a aquél en quien hoy vive Pedro semejante muestra de confianza. Con su persona y su testimonio de fe me siento reconfortado y fortalecido.

El Obispo, sucesor de los Apóstoles, siente la extraordinaria desproporción entre lo que se le pide como Vicario de Cristo para sus fieles y lo que él puede dar. Se trata de representar a Cristo como padre y pastor, a quien debe seguir como discípulo por Él llamado. Por ello, os pido, hermanos, que comencéis ya a orar por mí, para que sea buen obispo, al frente de esa porción del Pueblo de Dios que es la Iglesia de Toledo, con la inestimable colaboración de los sacerdotes. Pedid a Jesucristo por mí; también a la Madre del Señor y a los grandes santos y santas toledanos. Me viene a la memoria san Ildefonso, tan preclaro como guía de su pueblo, cuando la Liturgia de la Iglesia en España era celebrada en el venerable rito Hispano, que, gracias a Dios sigue vivo en Toledo, donde recibió el sobrenombre de Mozárabe: es un servicio inestimable a nuestro pueblo. Se agolpan también en mi memoria tantos venerables pastores toledanos; pienso ahora en el Venerable Cardenal Sancha, que pronto será beatificado.

Desde Valladolid siento la cercanía de Don Marcelo González Martín, Cardenal de la Santa Iglesia, con cuya amistad fui enriquecido ya desde mis primeros años de sacerdote. Su buen quehacer de pastor, su entrega a esta Iglesia de Toledo ha seguido, con su reciedumbre castellana, la estela de tantos grandes arzobispos, que me sirven sin duda de estímulos en mi ministerio. Quiero saludar al Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Álvarez Martínez, Arzobispo Emérito. Quiero agradecerle sus desvelos tan eficaces en el pastoreo de esta Iglesia. Por fin, quiero igualmente reconocer la labor ingente del D. Antonio Cañizares Llovera, entrañable amigo y hermano. Hemos compartido inquietudes y tareas pastorales en esta hermosa Castilla, siendo él Obispo de Ávila, en esta Archidiócesis de Valladolid. De él espero, en la sucesión apostólica, cuantos consejos quiera darme para ser buen pastor, siervo de Jesucristo. No olvido al Excmo. Y Rvdmo. Sr. D. Joaquín Carmelo Borobia Isasa, querido Obispo Auxiliar en los últimos años. Él sabe la cercanía y aprecio a su persona por mi parte; ahora su ayuda en estos momentos la necesito y así se lo haré saber.

No os olvido a vosotros, hermanos toledanos, sacerdotes, religiosos, consagrados, fieles laicos. Juntos –así lo pido al Señor- vamos a comenzar esta aventura sorprendente de caminar en la tarea eclesial, de una Iglesia que está en marcha con vitalidad sorprendente. No olvidéis que la Iglesia es un misterio que nos desborda, pero también es una realidad visible y muy concreta que formamos todos en Jesucristo: Él no tiene sucesor; sin el Resucitado no hay Iglesia. Por eso cautiva que en cada Iglesia particular o Diócesis acontezca la Iglesia de Dios, una, santa, católica y apostólica. ¡He aquí lo que posibilita vivir en cada momento la vida de la Iglesia: la infinita belleza del Cristo total, su Presencia salvadora!

Quiero deciros algo que llevo muy dentro: lo importante no es lo que yo ahora pudiera prometeros; lo decisivo es que soy consciente de que tengo que mostraros a Cristo, y que no me importa lo vuestro, sino vuestras personas, todas y cada una. Quiero ser para todos, sacerdotes y fieles; quiero formar parte de vosotros, de modo sencillo. El amor de Cristo os impulsa a evangelizar, a cuidar de los más débiles, de cuantos están sufriendo y dan rostro a Cristo pobre y Siervo. Os pido, hermanos, sobre todo a los presbíteros, que me ayudéis a serviros bien, a realizar el “servicio del amor” que Cristo ha traído.

Saludo igualmente a las autoridades autonómicas, provinciales y locales; a la Corporación municipal de Toledo y su Alcalde, pues seré ciudadano y vecino de esta preciosa ciudad. Como ustedes, yo también quiero servir a este pueblo toledano desde mi servicio eclesial. Saludos a las demás autoridades, a quienes conoceré en un futuro muy próximo. Sé la importancia que tiene la Iglesia Católica en el dinamismo de la sociedad toledana; es una importancia que le viene de la historia de nuestra patria, pero también de lo que hoy la Iglesia hace y sirve en orden a un mundo más humano, más justo y más verdadero.

Con todo mi afecto quiero ya bendeciros en la alegría de la Pascua recién estrenada

Valladolid, 16 de abril de 2009, Jueves de Pascua

+ Braulio Rodríguez Plaza,
Arzobispo electo de Toledo
y Administrador diocesano de Valladolid

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