Mons. Rodríguez Plaza a los vallisoletanos: «Me he sentido acogido y acompañado por vosostros»

braulio2Mensaje a los fieles católicos de la Iglesia de Valladolid Me dirijo a vosotros, católicos vallisoletanos, que durante más de seis años habéis sido la preocupación y la alegría de mi vida de obispo. He representado entre vosotros y para vosotros a Jesucristo, nuestro bien, en mi tarea episcopal, que siempre he considerado un servicio eclesial. Pero el Santo Padre, Benedicto XVI, ha querido nombrarme arzobispo de Toledo y ése será en el futuro mi ministerio en la Iglesia católica. Pido al Señor que me dé fortaleza para ser buen obispo, sucesor de los Apóstoles, en la Iglesia toledana.

Casi siete años como arzobispo de Valladolid han dejado una profunda huella en mi vida. Han sido para mí una experiencia cristiana honda, en el difícil empeño de suceder a D. José Delicado Baeza, mi querido antecesor en la sucesión apostólica, a quien agradezco de corazón todo cuanto ha hecho por mí. Habrá más tiempo para merecidos agradecimientos a cuantos formáis la Iglesia de Valladolid, sobre todo a mis más cercanos colaboradores, los sacerdotes, pero también a los fieles laicos y a los religiosos y consagrados.

Me habéis oído muchos decir, cuando con cariño me preguntabais cómo me iba en Valladolid, que yo no pediría un cambio de sede, porque para un obispo su Iglesia diocesana es la mejor: es la que le ha dado el Señor. Tengo, además, que confesar que me he sentido acogido y acompañado por sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles laicos. Vuestras personas las llevo dentro.

No desconozco ninguna de las parroquias y comunidades de Valladolid; he estado en todos y cada uno de sus pueblos. Sabéis que la vida del obispo la llenáis vosotros, no otros intereses. Es, pues, un momento especial para mí comunicaros que he sido nombrado obispo de otra Iglesia. Me cuesta dejaros; es la verdad, sin retórica. Desde que supe el deseo del Santo Padre y acepté la misión que me ha encomendado, he vivido cada momento y el encuentro o la conversación con cada persona de manera distinta.

Me apena también no haber respondido bien en mi ministerio por mi debilidad. Me conozco y sé cuales son mis debilidades y mis flaquezas. Os pido perdón, si no he hecho mejor determinados actos, decisiones, momentos de gobierno. No hay por qué sentir vergüenza de reconocer que he podido hacerlo mal en ésta o aquella circunstancia concreta. Quien nos conoce bien, Jesucristo, nos eligió a todos acogiendo nuestras personas como existencias perdonadas. Pero su amor triunfa sobre nuestra debilidad. Perdonadme vosotros también: sólo los que se quieren se perdonan.

Un afectuoso saludo a vosotros, queridos católicos de Valladolid. También quiero saludar a otros cristianos que aquí he conocido, y a hombres y mujeres de buena voluntad, aunque no compartan nuestra fe. Quiero tener presentes a las familias, a los padres y a los hijos, a mayores y jóvenes, a los enfermos, y a cuantos sufren por tantas cosas, sobre todo a los inmigrantes que aquí han encontrado un hogar, aun en medio de tantas dificultades presentes. Pienso de modo especial en los católicos que, desde sus países, se han integrado en nuestras comunidades cristianas, y no olvido a los que ahora estáis sin trabajo por una crisis de la que no sois responsables.

Recuerdo que, al ser nombrado arzobispo de Valladolid, escribí una carta a las monjas contemplativas. ¡Cuánto habéis pedido por mí! ¿Os acordaréis de hacerlo alguna vez en el futuro? Gracias, de corazón. Quiero igualmente tener muy presentes a los sacerdotes, religiosos y otros consagrados, a los movimientos apostólicos, a cuantos trabajáis en nuestras comunidades cristianas. Viéndoos, han sido muchas las veces que me habéis animado a redoblar mis esfuerzos, sobre todo en la transmisión de la fe, en la evangelización sin reducciones, en hacer hincapié en la Iniciación Cristiana, para que pueda darse lo más grande: encontrarse con Jesucristo, el que murió, pero resucitó y está vivo y presente entre nosotros. La Pascua y su gracia renovada os den la alegría y la paz.

† Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo electo de Toledo y administrador diocesano de Valladolid

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