El obispo Jesús Sanz analiza en su carta semanal el crecimiento de la practica religiosa unida al compromiso social

mons-sanz-montesCon el título «Un corazón inquieto y solidario», el franciscano Mons. Jesús Sanz, obispo de Huesca y Jaca, analiza en su carta de esta semana el incremento de la práctica religiosa unida al compromiso social loque supone, en su opición, un signo claro de vitalidad y autenticidad cristiana al unir de forma inseparable el amor a Dios y al prójimo.
Ofrecemos a continuación el texto de la carta de Mons. Jesús Sanz:

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Me lo dicen algunos sacerdotes de nuestras diócesis: que últimamente ven más gente en las iglesias, que empiezan a merodear de nuevo los jóvenes a los que no se les veía, que algunos sacramentos como la confesión vuelve a ser solicitada, que en tantos sitios se constata que viene más gente a la misa.
Podría ser una especie de consuelo estadístico para desesperados de la religión, o tal vez la proyección de sus deseos en sondeos de ficción. Pero no, no es así. En los últimos meses se está dando una impresionante «subida» en dos factores: la vuelta a la práctica religiosa y el compromiso social de los cristianos. Y cuando ambas cosas van juntas siempre me ha parecido que estábamos en el buen camino. Porque práctica de la fe sin compromiso, acaba en abstracción o en beatería. Y compromiso social sin fe eclesial sincera, termina por ser un simple altruismo o una ideología.
Las dos cosas van juntas, como junto va el amor: a Dios y a los que Él ama. Tan juntos que siendo distintos son inseparables, como nos ha recordado el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica sobre Dios Amor.
El gran San Agustín dejó escrito en la primera página de sus famosas «Confesiones» (libro que hay que leer por su actualidad en cada tiempo): nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti. Tenemos un corazón inquieto, porque el Creador nos lo ha hecho así. Siempre habrá oportunistas que se empeñen en engañar nuestro corazón con sus trampas, con sus mentiras, con sus chantajes, con sus reformas y sus revoluciones. La historia de la humanidad da buena cuenta de ello en todos los fracasos de un mundo hecho sin Dios y por lo tanto contra el hombre, como decía el gran teólogo Henri de Lubac.
Pero el corazón humano tiene esa inquietud escrita en su latido: ha nacido para la Verdad, para la Bondad y la Belleza, y sea cual sea el camino, la decisión, la ley o el extravío que nos aleje de ese pálpito para el que se nos dio el corazón, no dejará de gritar de tantos modos su santa rebeldía. Por este motivo, tras momentos de confusión, de cansancio, de extrañeza, de fuga y descarrío, la libertad de la persona humana vuelve a su lugar, al hogar entrañable en donde volvemos a ser hijos. Dios siempre nos estará esperando con los brazos abiertos, como espera el padre de la parábola del hijo pródigo. Es muy hermoso ver nuestras iglesias ya desahuciadas por agoreros del maleficio laicista, que humildemente se hacen espacio donde el encuentro con Dios, con la comunidad cristiana y con uno mismo, suponen un lugar en donde el corazón inquieto encuentra el más verdadero y más libre cobijo.
Pero no sólo es esta vuelta al Señor y a su Iglesia, sino que también se da ese compromiso solidario con las personas que concretamente están pasándolo mal. Nuestras organizaciones de Cáritas, Conferencias de San Vicente de Paúl, etc., han puesto en marcha un sinfín de iniciativas llenas de creatividad, que salen al paso de quienes sin ninguna picaresca no saben cómo llegar a final de mes para pagar los alimentos, las medicinas, o las deudas de la vivienda. No sólo un terremoto puede arrasar la vida y dejarte sin nada, sino que hay otro terremoto menos violento pero que con la misma persistencia te arranca la existencia y te quita la dignidad. La gente más afectada por la crisis no necesita fotos de salón, ni estrategias de partido, le sobran las palabras, y más si son mentirosas, demagógicas u oportunistas. La gente necesita ayuda concreta, soluciones viables, es decir, un verdadero compromiso. Así lo está comprendiendo la sociedad que toma iniciativas, y así lo entendemos en la Iglesia como apuesta cristiana de una solidaria caridad.
El Señor os bendiga y os guarde.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca

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