Ni maldad ni perversidad en vuestro corazón

Abramos el alma a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que elimine de nuestro corazón el veneno del pecado y de la muerte e infunda la savia vital del Espíritu Santo: la vida divina y eterna. Ésta es la exhortación que Benedicto XVI ha dirigido a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro del Vaticano para participar en la santa misa de la solemnidad de la Pascua de Resurrección.

En este día de gozo, que marca la salvación del hombre, el Papa ha deseado que este anuncio se extienda en el mundo, que el canto del «Aleluya» esté en boca de todos, un canto elevado al cielo sobre todo con el corazón y con la vida, con un estilo de vida ázimo, es decir, simple, humilde, y fecundo de buenas acciones.

La deshorientación y el miedo de la vida cotidiana, el Hijo de Dios que ha vencido sobre el odio y la muerte, tiene que ser nuestra estrella polar. Nos tiene que invitar a ser pasta nueva. Habéis sido liberados de todo residuo del viejo fermento del pecado, ha concluido el Papa, en vuestros corazones ya no hay maldad o perversidad.

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