Domingo de Pascua: Resurreción

resurrec2Por José María Gil Tamayo
Hoy es el domingo más importante del año: el Domingo de Resurrección. ¡Feliz Pascua! Celebramos la resurrección de Cristo. No es un muerto ilustre que se nos pierde en la noche de los tiempos. Jesús vive para siempre. Y en su resurrección nos ha abierto a todos los seres humanos las puertas de la esperanza: saber que, a pesar de nuestros cansancios y dificultades, del materialismo que nos invade y hace que todo nos lo planteemos de tejas para abajo, es posible aspirar a la vida con mayúscula: a la vida eterna. Gracias a Cristo resucitado, la muerte no tiene la última palabra. Es posible la esperanza. Con ella se nos invita a participar de su mismo destino, armados con esta virtud teologal, por la que, se dice en el Catecismo, “aspiramos al Cielo y a la vida eterna como nuestra felicidad” a la par se “asume las esperanzas que inspira las actividades de los hombres”.
Pero, según cantan los datos de las encuestas sociológicas, el personal no está para mucho anhelo y deseo sobrenatural, antes al contrario se ha instalado en la finitud y no quiere saber nada de tejas para arriba, sino profesar el bienestar, estado del que se desea hacer partícipe hasta los muertos. Nos hemos habituado a que no se nos hable del más allá. Parece un tema tabú. Cuando se habla de la muerte muchos desvían la incluso a señalar el aumento del coste de los servicios funerarios e industrias auxiliares, así como de las modas y modalidades sobre el particular, a gusto del consumidor que no del finado. Muerte, cielo, y la gloria bendita… ni nombrarlos, incluso en la prédica del entierro donde abunda el elogio fúnebre y el consuelo de la feligresía ocasional, escasea, en cambio, esta parte del Credo.
Así está el patio postmoderno. Por citar sólo a los creyentes en Dios, según las estadísticas, sólo un 40 por ciento de ellos creen en la vida eterna, porcentaje que aumenta, como es natural, a medida que se es más viejo, por si acaso…
Ciertamente estos datos constituyen una escandalosa contradicción con la fe en el Dios cristiano y no deja de tener consecuencias para la propia existencia terrena, efectos que van desde la pérdida del sentido de la vida hasta el decaimiento de la solidaridad, pasando por la carencia de ilusión y el aumento del miedo a afrontar el futuro con decisiones duraderas. Con este panorama, especialmente presente en Europa, nada tiene de extraño que la Iglesia se haya propuesto a sí misma dar la vuelta a esta situación, haciendo de la recuperación de la esperanza, humana y sobrenatural, y de su hermano menor que es el optimismo una tarea prioritaria y urgente. Con este panorama, nada tiene de extraño que el Papa Benedicto XVI nos esté insistiendo en la necesidad de recuperar la esperanza e incluso haya dedicado su última encíclica (Spe salvi a ello, a la Esperanza que nos salva que es Cristo mismo. Así lo promueven también muchos de los últimos documentos magisteriales y pastorales, por ejemplo Ecclesia in Europa del recordado Juan Pablo II y el vigente Plan Pastoral Una Iglesia esperanzada, de los obispos españoles.
A los verdaderos creyentes toca, por su parte, pasar del dicho al hecho, o sea recuperar el artículo final del Credo: y en la vida eterna. Amén. El tiempo pascual que hoy hemos comenzado puede ser una ocasión estupenda para ello. ¡Feliz domingo de resurrección!

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37471 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).