El Papa se hizo presente en el funeral por las víctimas de terremoto a través del cardenal Bertone y de su secretario personal Mons. Gäswein

fneralitaliaVATICAN POPE EASTEREl papa Benedicto XVI imploró hoy el «descanso eterno para las víctimas» del terremoto del lunes en el centro de Italia y pidió por la «pronta recuperación de los heridos».
El Papa hazó llegar su ternura y afecto, compartiendo el dolor de los que lloran por el trágico terremoto en Los Abruzos. Su Secretario particular ha leído el mensaje del Papa, dando comienzo a la Misa exequial presidida por el cardenal Bertone, por 205, de los 289 fallecidos.
Con un mensaje de Benedicto XVI – trasmitiendo su cariño y ternura y compartiendo la angustia de cuantos lloran por el trágico terremoto en la región italiana de Los Abruzos – dió comienzo ayer mañana la celebración eucarística extraordinaria de las exequias por 205, de los 289 fallecidos. El Secretario particular del Santo Padre, Mons. George Gäswein ha dado lectura a este mensaje: «En estas horas dramáticas, en que una inmensa tragedia ha asolado esta tierra, me siento espiritualmente presente en medio de vosotros para compartir vuestra angustia e implorar de Dios el reposo eterno para los fallecidos, el pronto restablecimiento para los heridos y para todos el ánimo de proseguir en la esperanza, sin desfallecer ante el desaliento».
terremotitalia1Recordando que le ha pedido a su Secretario de Estado que presida esta celebración litúrgica extraordinaria, en la que la comunidad cristiana se ha abrazado en torno a sus difuntos, para darles el último saludo, el Papa ha encomendado tanto al cardenal Tarcisio Bertone, como a su Secretario particular, la tarea de llevar personalmente la expresión de su profunda participación en el luto de todos los que lloran por sus seres queridos, fallecidos en esta calamidad: «En momentos como éstos, como fuente de luz y de esperanza queda la fe, que precisamente en estos días nos habla del sufrimiento del Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros. Que su pasión, su muerte y su resurrección sean para todos manantial de consuelo y que abran el corazón de cada uno a la contemplación de aquella vida en la que ‘no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado’ (Ap 21, 4)».
Con la certeza de que con el empeño de todos se puede hacer frente a las necesidades más urgentes, Benedicto XVI ha reiterado que ha seguido el desarrollo del devastador fenómeno telúrico, desde la primera sacudida del terremoto, que se sintió también en el Vaticano.
Y destacando la importancia de la creciente ola de solidaridad, gracias a la cual se fueron organizando los primeros auxilios, en vista de una acción cada vez más incisiva del estado, de las instituciones eclesiales y de privados, Benedicto XVI ha hecho hincapié en la necesidad de seguir en este empeño: «La Santa Sede tiene la intención de hacer lo que le corresponde, en unión con las parroquias, los institutos religiosos y las asociaciones laicales. Éste es el momento del compromiso, en sintonía con los organismos del estado, que ya están trabajando loablemente. Sólo la solidaridad puede consentir superar pruebas tan dolorosas». Luego, junto con su bendición, Benedicto XVI, ha encomendado a todos a la Madre de Dios: «Encomiendo a la Virgen Santa a las personas y a las familias envueltas en esta tragedia y, por medio de su maternal intercesión, ruego al Señor que enjugue toda lágrima y alivie toda herida, al tiempo que envío a cada uno una especial y consoladora Bendición Apostólica».
Después de leer este mensaje del Papa, su Secretario particular ha dicho que además de los óleos bendecidos, ayer, en la Misa Crismal, el Santo Padre ha enviado el cáliz para la celebración eucarística exequial, como homenaje y espiritual participación en estos momentos de dolor. Asimismo Benedicto XVI ha enviado un donativo especial para las necesidades más urgentes.
Y, con un gesto particular para los niños alojados en las tiendas, el Papa les hará llegar numerosos huevos de chocolate para el próximo Domingo de Pascua. Un comunicado de la Oficina Diocesana de Comunicaciones Sociales de L’Aquila señala que el Secretario particular de Benedicto XVI, en el momento de emprender su viaje de regreso a Roma le ha donado al arzobispo su reloj, en señal de amistad y cercanía. La información termina comunicando que la casulla morada que llevaba esta mañana el Cardenal Secretario de Estado del Papa ha sido donada por la Oficina de Celebraciones del Santo Padre al arzobispo Giuseppe Molinari.
También en su intensa homilía, el cardenal Tarcisio Bertone ha reiterado que Benedicto XVI ha estado, desde el primer momento – y sigue estando – al lado de estos hermanos y hermanas de Los Abruzos. Ante el enigma indescifrable de la muerte, ocasión preciosa para comprender cuál es el valor y el sentido verdadero de la vida, tocamos con mano que, aunque todo puede cesar, queda el amor. Queda sólo Dios que es Amor.
El amor que es la fuerza que vence todo, ha recordado el Cardenal Secretario de Estado de Benedicto XVI, exhortando a rogar a Jesús, que lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, «que nos ayude a transformar esta muerte en un acto de fe, de esperanza y de amor, amor que se hace compartir y fraternidad».
«Lo que nos mantiene unidos en esta hora de dolor – como pueblo en camino hacia la Eternidad – es el consuelo que nos viene de la fe, aquel dulce alivio que mana del encontrar el rostro del Hombre de la Cruz, aquella cercanía amorosa con todos los crucificados de la historia que están esperando la inauguración de la Jerusalén Celeste, donde todas las cosas encuentran su belleza originaria y donde todas las lágrimas serán enjugadas», ha hecho hincapié el Card. Bertone, que ha concluido su homilía alentando a los que sufren a reanudar el camino junto con María, Estrella de la Esperanza, «llevando juntos el dolor de la ausencia que no se puede colmar de los difuntos, con una presencia más asidua, fraterna y de amistad hacia sus familiares, que ahora son con mayor autenticidad ‘nuestras familias’, en la gran familia de los Hijos de Dios».

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