Sábado Santo: “¡Señor, auméntanos la fe!”

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Por José María Gil Tamayo
Hoy es Sábado Santo. Un día, hasta que llegue la noche de la Vigilia Pascual, bastante extraño –si pudiéramos llamarlo así- para los cristianos. Recuerda el tiempo que pasó Cristo en el sepulcro. No hay celebración litúrgica de la Eucaristía y parece un día vacío, triste. Esto me ha hecho pensar en lo que serían nuestros días sin Dios, sin el sentido que da la fe. La vida estaría a oscura.
Jesucristo se define a sí mismo como la Luz del Mundo. Quien le sigue a Él, dice en el Evangelio, no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Precisamente en la liturgia de esta noche será bendecido el Cirio Pascual que representa a Cristo y que iluminará la oscuridad de los templos y con ellas la nuestra. De este cirio bendito encenderán los fieles sus propias velas para simbolizar que prendidos de Cristo nosotros también hemos de llevar esta luz al mundo.
Eso es la fe: dejarse iluminar con la luz de Dios, contemplar la existencia con los ojos de Dios. Es mirar la vida, la muerte, el amor, a los demás, el trabajo, la muerte, con los ojos y los criterios de Dios. Es tener una nueva dimensión del vivir que supera la pura lógica humana y nos llena de paz.
La fe sobrenatural dignifica al hombre, lo plenifica, le abre horizontes insospechados, le da las razones últimas, el sentido de lo que somos y hacemos. Es encontrar la tercera dimensión del vivir, la que nos da profundidad y nos salva de un mundo plano…
Aunque la fe ha sido representada en la iconografía cristiana la mayoría de las veces con una figura humana con los ojos vendados, pienso que tiene más de iluminación, de luz, que de oscuridad. A este respecto me gusta referir un trozo de una de las pocas alocuciones (13.9.1978) de Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, quien, citando al poeta Trilussa, dijo que éste, “en cierta poesía suya dejo dicho: «aquella viejecita ciega, que encontré la tarde que me perdí en medio del bosque / me dijo: Si el camino no lo sabes / te acompaño yo, que lo conozco. / Si tienes el valor de acompañarme, / de vez en cuando te daré una voz: hasta allá en el fondo, donde hay un ciprés; / hasta allá en la cima, donde hay una cruz.
» Yo respondí: Bueno… pero encuentro extraño /pueda guiarme quien no ve… / La ciega , entonces, me cogió la mano / y suspiró: –Camina–. Era la fe”. Hasta aquí el poema, pero el buen Papa Luciani comentó: Como poesía, graciosa; como teología, defectuosa. Defectuosa, porque cuando se trata de la fe, el gran conductor es Dios”.
Como ven está todo bien dicho, y además, Dios no se pierde ni nos pierde. Y ustedes, amigos, ¿como están?, ¿se encuentran perdidos?, ¿les faltan luces?
Esta noche de Pascua puede ser una buena oportunidad para pedirle al Señor que nos ilumine, que nos dé luz, que nos aumente el don de la fe. Es una vieja petición de los apóstoles que no ha perdido vigencia para nosotros…

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