«De las palmas a la cruz», carta del obispo de Girona

cruz_jmjRamos. De la aclamación a la condena
Del gran recibimiento y aclamación, al gran rechazo y la condena.

Ambos hechos los recordamos y celebramos el Domingo de Ramos o Domingo de Pasión, pórtico de la Semana Santa que culminará con el gozoso aleluya pascual, que anuncia y canta la resurrección de quien, aclamado y condenado, ha vencido a la muerte y es el Señor de la vida; mejor dicho, es LA VIDA.
Ambas experiencias de este domingo, vividas por Jesús y sus primeros discípulos, se repiten en la experiencia personal y comunitaria, puesto que somos Iglesia, de quienes a lo largo de los siglos han sido y continuamos siendo hoy sus discípulos.

Se nos valora porque confiamos en Cristo, lo amamos, lo seguimos y, al mismo tiempo, somos rechazados, denigrados y, también con frecuencia, experimentamos la realidad de ser expulsados de la ciudad. En aquel momento se nos dice a gritos: desapareced, desapareced, retiraos a las sacristías…
Al mismo tiempo, todos nosotros vivimos momentos de euforia, de aclamación, damos la bienvenida a Cristo en nuestras vidas para pasar, a continuación, al rechazo, a la condena, a echarlo de nuestra vida, a cargarle la cruz con nuestras incoherencias y pecados.
Más aún, puede que en el transcurso de la lectura de la Pasión nos sintamos identificados con los personajes que van apareciendo en la narración, con sus actitudes y reacciones. ¿Cuáles son hoy nuestras actitudes ante el Señor? ¿A quien nos parecemos? ¿A Pedro, que lo negó, pero lloró su pecado? ¿A los discípulos, que, acobardados, le dejaron solo? ¿A la valientes mujeres, que supieron permanecer en su sitio y cumplir con su deber? ¿O quizás, en algunos momentos, a los jueces y verdugos? ¿Nos hemos lavado alguna vez las manos como Pilatos por el hecho de no asumir responsabilidades? ¿O nos hemos identificado con Simón de Cirene, que le ayudó aunque fuese obligado a ello? ¿O quizás nos comportamos como el pueblo silencioso y acobardado, sin reaccionar?
¿No es verdad que necesitamos el perdón, acercarnos a confesar hechos, omisiones, actitudes… y recibir la absolución para vivir la Pascua?
Al mismo tiempo este semana os pido, os suplico, porque deseo lo mejor para vosotros, que el Jueves Santo participéis en la Misa de la Cena del Señor; y el viernes en la celebración de su muerte para arrodillaros ante la cruz con Jesús, amar la cruz salvadora y sentiros totalmente amados. Porque, no os quepa la menor duda, las heridas de Jesús sanan las nuestras.
Buscad el tiempo necesario para participar en las celebraciones, no os arrepentiréis.
Solo así el próximo domingo irrumpirá LA PASCUA EN NUESTRAS VIDAS.

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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