Monseñor Osoro: “Desde que soy arzobispo electo de Valencia rezo cada día por los seminaristas valencianos”

osoroEl arzobispo electo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, en declaraciones a la agencia de noticias AVAN y al semanario diocesano PARAULA, asegura que desde que recibió su nombramiento «rezo cada día por los seminaristas valencianos». El prelado tomará posesión de la diócesis de Valencia el próximo 18 de abril.
Desde que conoció su designación por el papa Benedicto XVI, el pasado 8 de enero, monseñor Osoro «ha desarrollado una intensa actividad preparatoria y de conocimiento de la archidiócesis de Valencia, ha mantenido ya reuniones con los obispos auxiliares, vicarios y miembros de la Curia diocesana, a los que ha recibido en Oviedo”, según fuentes del Arzobispado citadas por ambos medios. De igual modo, «también ha mantenido encuentros con los sacerdotes valencianos residentes en Roma durante un viaje a la Santa Sede».

En la entrevista, el arzobispo electo de Valencia detalla su vida de la que asegura que lo mejor que ha recibido fue la fe en Jesucristo que le inculcaron sus padres, un perito electricista y un ama de casa. «Era una familia normal, cristiana, donde el valor de Dios en la vida era absoluto; no había otra cosa más importante» , asegura el prelado que revela que ya con cinco años se ofreció para ser sacerdote cuando unos frailes preguntaron en Castañeda quien quería serlo.

Sintió la vocación explicando una ecuación de segundo grado siendo maestro

No obstante, monseñor Osoro cuenta que sintió su vocación sacerdotal un día cuando, siendo maestro de escuela en Cantabria «estaba explicando la ecuación de segundo grado en un aula y miré hacia los chicos para explicar lo que yo había escrito en el encerado. Ahí fue donde dio un vuelco mi corazón. Pensé: esto que estoy enseñando es importante, pero a mí me parece que Dios me está llamando a dar algo más», y decidió acudir a su director espiritual, y luego al Seminario.

El arzobispo electo de Valencia considera que el haber sido maestro le ha servido luego como sacerdote y obispo. «Te da una capacidad especial de comunicación con los demás», y precisa que «cuando eres maestro cristiano, hay algo muy importante: no solamente transmites conocimientos, sino que transmites vida».

En otro momento de la entrevista, preguntado sobre si hay «persecución en ciertas Universidades españolas a todo lo que suene a católico, o se margina a los profesionales católicos de la enseñanza o se les discrimina en la toma de decisiones», el prelado admite que «se plantea en muchos sitios esa situación » y considera que “parece como si el hecho de ser cristiano sólo hubiera que vivirlo en lo privado y no hacer experiencia pública de mi vivencia de fe y mi ser cristiano». Sin embargo, «los cristianos estamos llamados a hacer experiencia pública de nuestra fe y no podemos guardarlo y esconderlo para nosotros mismos».

“Hay que estar preparados para el martirio”

El testimonio público de fe «no es fácil, es cierto, pero esto ha ocurrido siempre, desde el inicio mismo de la Iglesia, y hay que estar preparado para ello. Hay que estar preparado para el martirio. Siempre ha habido dificultades. Pero no podemos dejar de hacerlo».

Según el prelado, «de la misma forma que Cristo se hizo presente en la historia, la fe cristiana hay que hacerla presente en la historia, no es para vivirla para el interior de mi corazón o de mi vida y hay que hacerla pública» . De lo contrario, «una fe que no se hace vida y que no formula, incluso, expresiones en el arte o en la cultura, no es la fe de Nuestro Señor Jesucristo, y esto nos está exigiendo mucho a los cristianos».

Monseñor Osoro, que fue durante 20 años rector del Seminario de Monte Corban, en Santander, considera que en los Seminarios «la importancia de la experiencia del Señor en la vida de uno es clave en la formación sacerdotal. Y no sólo para la vida intelectual». Según el prelado, “hay que aprender a estudiar Teología `de rodillas´; no sólo hay que estudiar Teología y “saber cosas”. » Hay que trasladar a los jóvenes seminaristas a esa formulación que lleva también a la necesidad de la oración, del diálogo con el Señor en la realidad pastoral de la vida» . Monseñor Osoro señala que «desde que soy arzobispo electo de Valencia, todos los días rezo ya por los seminaristas de los Seminarios Mayor y Menor de Valencia» .

Valoración del Concilio Vaticano II

Preguntado por su valoración sobre la aportación del Concilio Vaticano II a la Iglesia, monseñor Osoro asegura que «fue un momento de despertar en la convicción de que los cristianos debían estar presentes en medio del mundo y en los problemas de la gente, y de dar una respuesta a las situaciones que vivía la gente, aunque eso no quiere decir que no nos pasásemos en algún momento en esas situaciones».

Según el arzobispo electo de Valencia, «es verdad que el Concilio Vaticano II trajo cosas muy buenas para la Iglesia, la presencia pública de los cristianos, la presencia en los grandes acontecimientos de la historia, la presencia en todos los movimientos sociales que había entonces… pero también a algunos les llevó a perder su perspectiva cristiana y a vincularse más a movimientos sociales dejando o abandonando la adscripción cristiana».
Monseñor Osoro recuerda con especial cariño cuando fue director de la Casa de los Muchachos, de Torrelavega, una institución que abrió para 18 chicos procedentes de familias desestructuradas «para los cuales sigo siendo su padre, su madre, su abuela, su abuelo… ¡todo! Hoy, todos ellos tienen sus familias. Fueron años muy felices para mí».
Sobre el cardenal García-Gasco: “para mí ha sido y sigue siendo un padre y un amigo”
De igual manera, describe su impresión sobre varios arzobispos y cardenales españoles a los que mejor ha conocido. «Don Fernando Sebastián es un hombre de una inteligencia privilegiada, de una capacidad especial para analizar los problemas; Don Antonio Rouco es el hombre cercano, de un amor entrañable a la Iglesia y con una capacidad también especial para ver cómo deben ser las relaciones de la Iglesia con el mundo; Don Antonio Cañizares me dio clases en sus primeros momentos, es un gran amigo y un hombre de una eclesialidad profunda, con un cariño especial a la Iglesia y con una capacidad intelectual fuera de serie; y Don Agustín García-Gasco, al que conozco desde hace muchos años, ha sido y sigue siendo un padre y un amigo».

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