En el IV aniversario de la muerte de Juan Pablo II, Benedicto XVI ha exhortado a los jóvenes a no reducir la esperanza cristiana a simple ideología

Benedicto XVI ha presidido ayer a las seis de la tarde la Capilla Papal por el difunto Siervo de Dios Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, en el cujuanpabloii_03arto aniversario de la muerte de su predecesor. Conmemoración que ha contado con la participación de los jóvenes de la diócesis de Roma.
El Pontífice se ha dirigido ayer tarde especialmente a los jóvenes para advertirles y exhortarles, en el actual contexto cultural y social, a no reducir la esperanza cristiana a simple ideología, a eslogan de grupo, a revestimiento exterior, porque Jesús “quiere que sus discípulos sean esperanza… quiere que cada uno de vosotros sea una pequeña fuente de esperanza para su prójimo, y que todos juntos se transformen en un oasis de esperanza para la sociedad a la que pertenecéis”.
El Santo Padre ha recordado la importancia primordial que para Juan Pablo II tenía la responsabilidad educativa. También Benedicto XVI ha asumido esta inquietud de su predecesor y en distintas ocasiones se ha detenido a tratar el tema de la urgencia educativa que hoy en día concierne a las familias, la iglesia, la sociedad y especialmente a las nuevas generaciones. “Durante su crecimiento –ha manifestado el Pontífice- los jóvenes necesitan a adultos capaces de proponer sus principios y valores; sienten la necesidad de personas que sepan enseñar con la vida, antes que con las palabras, a consumirse por ideales elevados”.
En su homilía el Papa ha recordado que precisamente en este día, hace cuatro años, el Siervo de Dios Juan Pablo II, concluía su peregrinación terrenal, tras un largo periodo de gran sufrimiento. “Celebramos la Santa Eucaristía en sufragio de su alma, mientras damos gracias al Señor por haberlo dado a la Iglesia, por tantos años, como celante y generoso Pastor”.
Tras saludar a los fieles presentes Benedicto XVI ha reflexionado sobre el Evangelio de San Juan que hoy la liturgia nos propone manifestando cuán difícil es, meditando esta página del Evangelio, dar testimonio de Cristo. Y a este punto ha recordado al Siervo de Dios Karol Wojtyla – Juan Pablo II, que desde joven se mostró intrépido y ardoroso defensor de Cristo. Juan Pablo II conseguía comunicar una fuerte carga de esperanza, fundada en la fe en Jesucristo, el cual “es el mismo ayer, hoy y siempre”. Queridos jóvenes, les ha asegurado el Papa, no se puede vivir sin esperar. La esperanza no se fundamenta en uno mismo, necesita de una “roca” en la que apoyarse.

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