Las vocaciones sacerdotales y religiosas. Carta pastoral de Mons. Martínez Sistach

Mons. Martínez SistachLa Iglesia celebra cada año una Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Los cristianos recordamos muy bien la exhortación de Jesús a sus discípulos “Orad al dueño de la mies para que envíe más segadores a su mies”. Hemos de poner el acento en la palabra de Jesús “Orad” que remarca la urgente invitación del Señor para que la plegaria sea ininterrumpida y confiada.
Benedicto XVI ha escrito un rico mensaje con motivo de esta Jornada exponiendo cómo la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa constituye un especial don de Dios, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada hombre y para cada mujer.
En este Año Paulino que estamos celebrando con motivo del segundo milenio del nacimiento del Apóstol de los gentiles, conviene recordar estas palabras de San Pablo: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en Cristo con todo tipo de bendiciones espirituales en el cielo. Nos eligió en Él antes de crear el mundo, para que fuéramos santos, irreprensibles ante sus ojos”. El Papa comenta que “en la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, quien elige a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo y sean sus ministros y testigos privilegiados”.
Desde el inicio de la Iglesia, el Señor continuamente ha llamado a chicos y chicas para que le sigan en estas vocaciones. Una multitud numerosa de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado totalmente a la Iglesia y al servicio del Evangelio. Hoy, el Señor continúa llamando, y hoy también hay jóvenes que responden con generosidad a la llamada de Dios.
La vocación al sacerdocio y la vocación a la vida consagrada consisten en la llamada de Dios y la respuesta de la persona llamada. El Señor tiene siempre la iniciativa, pero es también necesaria la respuesta a la llamada.
En este sentido Benedicto XVI, en su mensaje antes mencionado, indica que por parte de todos los que son llamados “se requiere una escucha atenta y discernimiento prudente, adhesión generosa y dócil al designio divino, profundización seria en aquello que es propio de la vocación sacerdotal y religiosa para corresponder a ella de manera responsable y convencida”.
Es bonito constatar que en el proceso vocacional, la persona que se siente llamada por Dios lo abandona todo con agrado y acude a la escuela de Jesús. Empieza entonces un diálogo fecundo entre Dios y la libertad de la persona llamada, un misterioso encuentro entre el amor del Señor que llama y la libertad de la persona que le responde en el amor, sintiendo resonar en su alma estas palabras de Jesús: “No me habéis elegido vosotros a mí; soy yo quien os he elegido a vosotros y os he confiado la misión de ir por todo el mundo dando fruto, y un fruto que perdure”.
Toda vocación es una historia de amor. La confianza en la iniciativa de Dios que llama, modela y da valor a la respuesta humana.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal Arzobispo de Barceloma

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