El Papa invita a que se siga orando por las vocaciones

seminaristasSegún ha difundido el VIS, ayer se hizo público el mensaje del Santo Padre para la XLVI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que este año se celebra el 3 de mayo, cuatro domingo de Pascua y cuyo tema es: «La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana». El texto se ha publicado en inglés, francés, italiano, alemán, español, portugués y polaco.
Ofrecemos a continuación extractos del documento:
¡»Resuena constantemente en la Iglesia la exhortación de Jesús a sus discípulos: «Rogad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies». ¡Rogad! La apremiante invitación del Señor subraya cómo la oración por las vocaciones ha de ser ininterrumpida y confiada».
«La vocación al sacerdocio y a la vida consagrada constituye un especial don divino, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada ser humano y para toda la humanidad».
«En la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, que escoge a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo, y sean sus ministros y testigos privilegiados. (…) Respondiendo a la llamada del Señor y dóciles a la acción del Espíritu Santo, una gran multitud de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado completamente en la Iglesia al servicio del Evangelio. Damos gracias al Señor porque también hoy sigue llamando a obreros para su viña».
¡ «Aunque es verdad que en algunas regiones de la tierra se registra una escasez preocupante de presbíteros, y que dificultades y obstáculos acompañan el camino de la Iglesia, nos sostiene la certeza inquebrantable de que el Señor, que libremente escoge e invita a su seguimiento a personas de todas las culturas y de todas las edades, según los designios inescrutables de su amor misericordioso, la guía firmemente por los senderos del tiempo hacia el cumplimiento definitivo del Reino».
«Nuestro primer deber ha de ser por tanto mantener viva, con oración incesante, esa invocación de la iniciativa divina en las familias y en las parroquias, en los movimientos y en las asociaciones comprometidas en el apostolado, en las comunidades religiosas y en todas las estructuras de la vida diocesana».
«Por parte de cuantos han recibido la llamada, se requiere una escucha atenta y un prudente discernimiento, una adhesión generosa y dócil al designio divino, una profundización seria en lo que es propio de la vocación sacerdotal y religiosa para corresponder a ella de manera responsable y convencida».
«En la Eucaristía, don perfecto que realiza el proyecto de amor para la redención del mundo, Jesús se inmola libremente para la salvación de la humanidad. (…) Los presbíteros (…) están destinados a perpetuar ese misterio salvífico a lo largo de los siglos. (…) En la celebración eucarística es el mismo Cristo el que actúa en quienes Él ha escogido como ministros suyos; los sostiene para que su respuesta se desarrolle en una dimensión de confianza y de gratitud que despeje todos los temores, también cuando es más fuerte la experiencia de la propia flaqueza, o se hace más duro el contexto de incomprensión o incluso de persecución».
«Creer en el Señor y aceptar su don, comporta fiarse de Él con agradecimiento, adhiriéndose a su proyecto salvífico. Actuando así, «la persona llamada» lo abandona todo gustosamente y acude a la escuela del divino Maestro; comienza entonces un fecundo diálogo entre Dios y el ser humano, un misterioso encuentro entre el amor del Señor que llama y la libertad del ser humano que le responde en el amor».
«Ese relación de amor entre la iniciativa divina y la respuesta humana se presenta también, de manera admirable, en la vocación a la vida consagrada. (…) Atraídos por Él, desde los primeros siglos del cristianismo, muchos hombres y mujeres han abandonado familia, posesiones, riquezas materiales y todo lo que es humanamente deseable, para seguir generosamente a Cristo y vivir sin ataduras su Evangelio, que se ha convertido para ellos en escuela de santidad radical».
«La respuesta del ser humano a la llamada divina, cuando se tiene conciencia de que es Dios quien toma la iniciativa y corresponde a Él llevar a término su proyecto de salvación, (…) se manifiesta en una rápida adhesión a la invitación del Señor. (…) Sin abdicar en ningún momento de la responsabilidad personal, la respuesta libre del hombre a Dios se transforma así en «corresponsabilidad», en responsabilidad en y con Cristo, en virtud de la acción de su Espíritu Santo; se convierte en comunión con quien nos hace capaces de dar fruto abundante».
«Emblemática respuesta humana, llena de confianza en la iniciativa de Dios, es el «Amén» generoso y total de la Virgen de Nazaret, pronunciado con humilde y decidida adhesión a los designios del Altísimo. (…) Quisiera encomendar a Ella a cuantos descubren la llamada de Dios para encaminarse por la senda del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada».
«Queridos amigos, no os desaniméis ante las dificultades y las dudas; confiad en Dios y seguid fielmente a Jesús y seréis los testigos de la alegría que brota de la unión íntima con Él».

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