Mons. Mazuelo, obispo electo de Jerez: “El Señor me ayudará a ser testigo de su amor”

mazuelosCon motivo de su reciente nombramiento ODISUR ha entrevistado a Mons. Mazuelos, quien tomará posesión de la Diócesis y será ordenado Obispo el próximo 6 de junio en la Catedral.

En primer lugar, enhorabuena por su nombramiento. ¿Cómo fue, precisamente, el momento en el que se le comunicó? ¿Qué fue lo primero que pensó?
Muchas gracias. El momento en que se me comunicó, como recojo en mi saludo a la Diócesis de Asidonia Jerez, fue la experiencia de sentirme pequeño ante el reto y la responsabilidad que suponía la misión que el Santo Padre me encomendaba. Al mismo tiempo tenía que dar una respuesta y entonces se me vino a la mente toda la historia de mi vida sacerdotal en donde todos los destinos han sido para mí desafíos en principio imposibles, pero que con la ayuda de Dios en todos he podido estar en paz y feliz. Así que me dije, si el Señor me llama seguro que, con su gracia, puedo con esta misión y en la certeza de su elección encontré el descanso.

Echando la vista atrás, nos remontamos a 1985, año en que entró en el Seminario de Sevilla, después de haber estudiado medicina y haberla ejercido durante un tiempo. ¿Cómo tomó esta decisión tan importante, prepararse para ser sacerdote, dejando incluso una profesión, un trabajo?
Cuando estudiaba medicina reinaba el espíritu crítico, sobre todo con la Iglesia, de aquellos años de la transición donde despuntaba el relativismo moral y se pregonaba entre los jóvenes universitarios el lema de Jesús sí, Iglesia no. También yo participé de ese espíritu que nos sorprendió a los católicos sin una formación ni bíblica ni intelectual capaz de dar razón de nuestra esperanza. Pero la experiencia fue más bien de vacío y de sinsentido, algo normal cuando uno ha crecido viviendo de cerca los grandes valores de la familia como iglesia doméstica. En este ambiente tuve la suerte de conocer el camino neocatecumenal, que me ayudó a redescubrir mi bautismo y a consolidar la fe transmitida por mis padres y sobre todo a vivir la riqueza de la Iglesia que tiene el tesoro de Jesús de Nazaret como alguien que está vivo. Descubrí a través de la Iglesia, de sus sacramentos y de la palabra por ella proclamada a la luz del Magisterio, el amor de Dios manifestado en su Hijo. Pues bien, fue este amor el que llenó de sentido mi existencia. Y yo, que había estudiado medicina con un espíritu de ayuda y de curación, me vi sorprendido por el Señor que me llamaba, no a arreglar de forma temporal la vida terrena de los hombres, sino a portar a Cristo, que es el auténtico médico que ama y cura a todo hombre y le dona gratuitamente la vida terrena en plenitud y las primicias de la vida eterna en esta tierra, así como la esperanza y la ayuda para alcanzarla en la otra vida. Así que ante este amor no era posible decir que no al sacerdocio.

Siguiendo con su historia personal, su formación continuó en Roma, donde consiguió el doctorado en Teología Moral por la Universidad Lateranense, con una tesis en bioética. Una especialización que ha puesto al servicio de la Iglesia a través de diversos cursos y conferencias, así como distintas publicaciones y colaboraciones. Desde su formación, desde su experiencia… ¿cómo afronta en la actualidad la sociedad la cuestión fundamental de la vida, con propuestas como el cambio de la ley del aborto o el caso de Eluana Englaro?
Pienso que tanto la ley del aborto como el caso de Eluana ponen sobre la mesa el respeto a la vida y la igualdad de todos los seres humanos. Mire, poner el aborto como un derecho implica afirmar que ciertos seres humanos en función de su edad o de su condición genética no tienen derechos, o mejor, sus derechos están sometidos a la decisión de otras personas. Por tanto, podríamos decir que hay seres humanos que su dignidad depende de que otros se la quieran otorgar. Es este también el caso de Eluana. Como podemos ver, podríamos decir que tanto la ley como la aceptación de dejar deshidratarse a una persona en nombre de su calidad de vida no supone mas que establecer una clasificación de los seres humanos en respetables o eliminables según se disponga por el positivismo jurídico.

Y concluyendo este breve recorrido que hemos hecho por su historia personal, ahora su próximo destino será la Diócesis de Asidonia-Jerez; ¿cómo afronta este nuevo servicio que la Iglesia le encomienda?

El nuevo servicio que la iglesia me encomienda lo afronto con ilusión, esperanza y con la certeza de que el Señor me ayudará a ser testigo de su amor ante todos.

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