Celebración en Cataluña del 50 aniversario de Manos Unidas

700 voluntarios de Manos Unidas en Cataluña celebraron el pasado fin de semana en Montserrat el 50 aniversario de esta institución de la Iglesia.
Las delegadas diocesanas fueron recibiendo a los grupos llegados en autobuses hasta la plaza de Sta. María y les entregaban los distintivos del grupo, entre muestras de afecto y alegría.
La Eucaristía fue presidida por el cardenal-arzobispo de Barcelona Mons. Sistach, y concelebrada por el Padre Abad de Montserrat, Josep Mª Soler, y casi la totalidad de los obispos de Cataluña, además de un buen número de sacerdotes que acompañaban a los voluntarios, en un gesto claramente de apoyo y reconocimiento al trabajo de Manos Unidas.
Mons. Martínez Sistach recordó, en la homilía, los rasgos identificativos de Manos Unidas: lucha contra el hambre, no solo de pan, sino también de cultura y de Dios; concienciar a la sociedad sobre este hecho y buscar recursos para financiar proyectos de desarrollo. También dijo que, cuando los cristianos quieren agradecer alguna cosa a Dios, a menudo lo hacen a través de su madre, lógico, por lo tanto, que esta celebración tuviera lugar en el santuario de la Virgen de Montserrat. Después comentó el evangelio de las bodas de Caná, haciendo un paralelismo entre la actitud de la Virgen y Manos Unidas. Entre otras cosas, señaló:
«María aceptó la invitación a un hecho social. Los cristianos están presentes en la sociedad y sus instituciones, para impregnarlas del amor de Dios».
Al acabar la Eucaristía, los voluntarios se congregaron en la plaza. La lluvia, generosa en ese momento, dificultó un poco el acto, pero aun así, se continuó con el programa previsto. Maria Balart, delegada de Tortosa, con voz fuerte y clara, con convencimiento y entusiasmo, leyó el manifiesto que hace 50 años, las mujeres de Acción Católica lanzaban al mundo «Declaramos la guerra al hambre», que los participantes en el encuentro escuchaban cobijados con paraguas, impermeables y bajo los porches de la plaza, y que corroboraron con un fuerte aplauso. A continuación intervino el grupo de danzas «l’Esbart Dansaire El Olmo de Llanars del Ripollès».
En el acto institucional que siguió, Rosa Pradas, delegada de Barcelona, se dirigió a los asistentes para reconocer el trabajo de muchas personas a lo largo de estos años y sobre todo el de los voluntarios de Manos Unidas, palabras que fueron interrumpidas una y otra vez, por fuertes aplausos. Seguidamente se leyó el comunicado que el obispo Pere Casaldàliga envió para el acontecimiento, y por último, Begoña de Burgos López, presidenta nacional de Manos Unidas, saludó y felicitó a los asistentes por la tarea realizada.
Las celeraciones continuaron con la conferencia de Teresa Forcades, religiosa benedictina, titulada «Todo es relativo menos Dios y los pobres». En su intervención, resaltó la predilección de Dios por los pobres, recordó, con cifras y ejemplos bastante claros, la magnitud de la pobreza hoy día, y explicó que el problema del hambre en el mundo no es un problema de recursos, sino de voluntad política, dado que se producen recursos suficientes para que todo el mundo esté bien alimentado.
Al finalizar el encuentro, Pilar Menéndez, delegada de Lleida, comunicó que la Paeria ha concedido la Medalla de la Ciudad a Manos Unidas de Lleida, en su 50º aniversario, y que les será entregada en el transcurso de la Fiesta Mayor de este año.
Esta celebración fue un día de fiesta para Manos Unidas y de gran satisfacción por parte de los voluntarios, por los 50 años de solidaridad y lucha contra el hambre en el mundo. Pero también, de una gran preocupación porque la pobreza, el hambre y la falta de oportunidades crece día tras día. Hasta el fin de la pobreza, Manos Unidas continuará trabajando y manos-unidas-2cumpliendo años de solidaridad.

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