Aborto y Semana Santa, carta de monseñor José Ignacio Munilla

jose-ignacio-munilla1¿Qué tiene que ver el aborto con la Semana Santa? La respuesta a esta pregunta requiere la matización de un “depende”… Si por Semana Santa entendemos unas escenificaciones callejeras de interés turístico nacional, entonces, ciertamente, no tiene nada que ver. Pero, si la Semana Santa es la memoria viva de la Muerte y Resurrección de Jesucristo, entonces, no lo dudemos, es absolutamente imposible separarlos. El aborto está íntimamente unido a la Pasión de Cristo, de la misma manera que lo están la guerra, el hambre y tantas otras injusticias, consecuencia de nuestro pecado, por cuya redención Jesucristo entregó su vida en la Cruz.
A quienes han afirmado que no hay conexión entre el aborto y esta festividad religiosa, les aconsejaría la lectura de un libro que nos marcó a muchos en nuestra juventud, con un título bien significativo: Dios llora en la Tierra.

Aunque duela, la libertad “libera”

Jesús nos enseñó que “la verdad nos hace libres” (cfr. Jn 8,32); pero mientras llega ese momento, ¡escuece bastante! Lo hemos podido comprobar a propósito de la campaña de la Conferencia Episcopal Española en defensa de la vida.
El lince está dando mucho que hablar, y confiemos en que también nos ayude a “reconsiderar”. Lo cierto es que hay verdades incuestionables: un huevo de águila tiene más protección jurídica en España que un ser humano en el seno de su madre. No se trata de una afirmación agresiva desde la trinchera, como algunos pretenden vender, sino de una simple constatación de la realidad.
La comparación entre el animal y el ser humano no “devalúa al lince” –como afirma algún político, en el colmo del despropósito- sino que, en todo caso, enaltece la causa ecologista. Lo increíble es que tengamos que recurrir al lince para dignificar al ser humano. En el fondo, estamos ante una constatación de que cuando nuestra cultura da la espalda a Dios, el hombre es destronado de su condición de “rey de la creación”, hasta el punto de ser rebajado a la suerte del esclavo.

La mujer, santuario de la vida

Pienso sinceramente que la Iglesia está haciendo lo que Dios espera de ella en este momento clave de la historia: desgastar su prestigio y sus energías en la defensa de la vida de los más inocentes. La cultura de la muerte pretende distorsionar la realidad, contraponiendo la defensa de la vida del hijo, al supuesto derecho de la mujer a una “maternidad a la carta”. Pero lo cierto es que apostar por el hijo, es apostar por la madre. Al decir esto, no estoy pensando exclusivamente en las heridas traumáticas que se manifiestan en el “Síndrome Post-Aborto”… Los males derivados del aborto para la mujer son muchos y devastadores:
¿Cómo se puede hablar del aborto como de un derecho de la mujer a “decidir en libertad”, cuando sabemos de sobra que tras la mayoría de las interrupciones violentas del embarazo, se esconde la presión e incluso el chantaje del varón? ¿Cómo se puede reivindicar el aborto en el contexto de la promoción de la mujer, cuando en numerosos países se está produciendo un grave desequilibrio entre la población masculina y la femenina, por motivo del recurso al aborto para la selección del sexo? El caso de China es paradigmático: por cada 119 niños, nacen tan solo 100 niñas. Se calcula que en el año 2020 habrá en ese país 300 millones más de hombres que de mujeres.
La reivindicación del feminismo radical, que ha ligado la promoción de la mujer a la liberación de su maternidad, ha resultado ser su propia tumba. Por el contrario, una de las dimensiones que más dignifica a la mujer, es su condición de ser “santuario de la vida”.

El sacrificio del inocente

Si queremos vivir en verdad y en intensidad nuestra Semana Santa, no podemos dejar en el olvido la acción de gracias por el don de la vida; la llamada a la responsabilidad en su cuidado; ni tampoco la denuncia profética ante el sacrificio de los inocentes. También Jesucristo fue el “inocente” sobre el que descargamos las culpas los pecadores. El diálogo del buen ladrón con su compañero de suplicio, es bien significativo: «¿Ni siquiera temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido; en cambio, éste nada malo ha hecho» (Lc 23, 41).
Lo cierto es que, mientras discutimos, el aborto ha llegado a ser la primera causa de mortalidad en España. En toda nuestra dilatada historia, si excluimos la peste negra en la Edad Media, ninguna guerra, enfermedad o catástrofe, ha acabado con tantas vidas humanas. Lo que está en juego es algo tan básico, como nuestra capacidad de conmovernos por la suerte del inocente. ¡Es cuestión de humanidad, de solidaridad y de misericordia!

+ José Ignacio Munilla, obispo de Palencia

Mons. José Ignacio Munilla
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Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre nace en San Sebastián el 13 de noviembre de 1961. Inició los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Toledo y los concluyó en San Sebastián. Obtuvo la licenciatura en Teología, especialización en Espiritualidad, en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Fue ordenado sacerdote en San Sebastián el 29 de junio de 1986. CARGOS PASTORALES Ha desempeñado el ministerio pastoral en Zumárraga: en los años 1986-1990 ha sido vicario parroquial en la Parroquia de la Asunción y en 1990 es párroco de El Salvador. Es también miembro del Consejo Presbiteral. El 24 de junio de 2006 fue nombrado Obispo Palencia y tomó posesión de la diócesis el 4 10 de septiembre de 2006. El 21 de noviembre de 2009 fue nombrado Obispo de San Sebastián,tomando posesión de la diócesis el 9 de enero de 2010. En la reunión plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE)que se celebró en Saint Gallen, Suiza, del 27 al al 30 de septiembre de 2012, fue nombrado presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de los obispos europeos. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde la Asamblea Plenaria de marzo de 2017. Cargo que desempeña desde 2011. Durante el trienio 2005-2008 fue miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Desde 2008 y hasta 2013 fue miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Subcomisión de Juventud).