El arzobispo de Tarragona dedica su carta de esta semana al matrimonio cristiano

matrimonioCASARSE DE VERDAD. Todos hemos asistido en diversas ocasiones a la celebración del matrimonio y, por lo tanto, entendemos qué es lo que hay que hacer para casarse. No parece algo especialmente complicado. Cosa diversa es llegar al matrimonio bien preparados y vivir la nueva vida que empieza —vida conyugal y familiar— con plenitud y con sentido vocacional. Nos pararemos hoy en algunos aspectos de la celebración propiamente dicha del matrimonio.
El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica señala que, puesto que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, su celebración litúrgica es pública, en presencia del sacerdote (o del testigo cualificado de la Iglesia) y de los otros testigos. A veces se oye decir que casarse es cosa de los que contraen y que las otras instancias no tienen nada que decir. Si bien es cierto que los novios son los auténticos protagonistas, no puede decirse que el matrimonio sea una cosa estrictamente privada. Tanto la Iglesia como el Estado deben conocer esta nueva situación, puesto que los nuevos esposos son sujetos de derechos y de obligaciones. Basta con pensar qué extraño es un matrimonio clandestino o secreto para entender esta dimensión social, y a la vez festiva, del matrimonio.
También tiene su interés entender la razón por la cual celebrar el matrimonio “dentro” de la Misa es tan adecuado. Si los nuevos esposos se dan el uno al otro con la ofrenda de la propia vida, es decir, con totalidad, nada más lógico que celebrar esta unión oblativa dentro del sacrificio de la Misa que renueva la entrega total de Cristo por todos los hombres.
Pero la cuestión fundamental llega cuando nos preguntamos qué es lo que hace realmente el matrimonio, qué hace falta hacer realmente para poder decir “estamos casados”. Cómo es sabido, hace falta establecer este nuevo vínculo matrimonial expresando un “consentimiento”, que es la voluntad, expresada por un hombre y una mujer, de entregarse mutua y definitivamente, con objeto de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. Por lo tanto, como que el consentimiento hace el matrimonio, es indispensable e insustituible. Además, para hacer válido el matrimonio, el consentimiento debe tener como objeto el verdadero matrimonio y ser un acto humano, consciente y libre, no determinado por ninguna violencia o coacción. Entendemos por lo tanto que hace falta prepararse muy bien antes de recibir este sacramento. Ese es el motivo de los cursos de preparación al matrimonio. Si para ser unos buenos profesionales en cualquier campo nos preparamos durante mucho tiempo, haciendo estudios que pueden llegar a durar varios años, ¡cómo no dedicar unos momentos a prepararse bien para ser unos buenos esposos y unos buenos padres!
Con la llegada de la primavera y del buen tiempo volvemos a ver a tantas parejas que se acercan a la casa de Dios para contraer matrimonio: encomendémosles a Dios nuestro Señor y a su Madre porque puedan hacer del hogar familiar una auténtica “Iglesia doméstica”.
† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo de Tarragona

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37386 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).