Benedicto XVI pide, ante un millón de personas, el cese de la violencia y de las guerras en África

papa_angola4Multitudinaria ceremonia litúrgica presidida ayer por el Santo Padre en Luanda. Centenares de miles de angoleños, un millón, según algunas fuentes, han acogido esta mañana a Benedicto XVI en la explanada de Cimangola de Luanda, capital del país, donde el Pontífice ha celebrado la Santa Misa en el evento más multitudinario programado en el curso de su viaje apostólico a África. A la misa de ayer han asistido 71 obispos de Angola, Sudáfrica, Zimbabue, Lesotho, Mozambique, Congo, Namibia, Santo Tomé, Namibia, perteneciente al Grupo Interregional de Obispos del Sur de África (IMBISA), países a cuya intención estaba dedicada la Liturgia eucarística de este cuarto domingo de Cuaresma, según informa Radio Vaticano.
La homilía el Papa la ha dedicado a “la reconciliación nacional de Angola” cuya memoria estaba reservada a la jornada de hoy, día de oración y de sacrificio. “La guerra -ha dicho el Papa- puede destruir todo aquello que tiene un valor: familias, enteras comunidades, el fruto de la fatiga de los hombres, las esperanzas que guían y sostienen sus vidas y su trabajo”. Esta es una experiencia demasiado recurrente y familiar en África: “el poder destructivo de la guerra civil, la caída en el torbellino del odio y de la venganza”.
“Cuando la Palabra del Señor -una Palabra que mira a la edificación de las personas, de la comunidad, de la entera familia- es desatendida, cuando la Ley de Dios viene “ridiculizada, despreciada y escarnecida, el resultado puede ser sólo destrucción e injusticia: la humillación de nuestra común humanidad y la traición de nuestra vocación a ser hijos e hijas del Padre misericordioso, hermanos y hermanas de su amado Hijo”.
“El Evangelio nos enseña que la reconciliación -una verdadera reconciliación-, puede ser sólo fruto de una conversión, de un cambio en el corazón, de un nuevo modo de pensar. Nos enseña que sólo el poder del amor de Dios puede cambiar nuestros corazones y hacernos triunfar sobre el poder del pecado”. Este es el núcleo de las enseñanzas del Apóstol Pablo que Benedicto XVI ha querido recordar a los angoleños. “Es importante decir que sólo la gracia de Dios puede crear en nosotros un corazón nuevo. Sólo el amor puede cambiar nuestro “corazón de piedra”: sólo Dios puede hacer nuevas todas las cosas”.
He venido a África precisamente para predicar este mensaje de perdón, de esperanza y de una nueva vida en Cristo. Hace tres días, en Yaoundé, he tenido la alegría de hacer público el Instrumentum laboris de la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, que será dedicada al tema: La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz. Os pido que recéis hoy en unión con todos los hermanos y hermanas de África por esta intención: que cada cristiano en este gran Continente experimente el toque sanador del amor misericordioso de Dios y que la Iglesia en África se convierta para todos, gracias al testimonio de sus hijos e hijas, en lugar de auténtica reconciliación.
“Familias unidas, profundo sentido religioso, gozosa celebración del don de la vida, reverencia por la sabiduría de los ancianos y por las aspiraciones de los jóvenes”. Estos son “los profundos valores humanos presentes en la cultura y en las tradiciones”, que el Santo Padre ha pedido que confirmen los angoleños, siendo fieles al don de la luz de Cristo recibido en el Bautismo. También le ha pedido el Papa que sean agradecidos por el testimonio precioso que han dejado en Angola tantos misioneros, profesores, catequistas, sacerdotes, religiosos y religiosas. Una luz “de sacrificio y amor” enturbiada, sin embargo, algunas veces, por las tinieblas y la maldad de los hombres.
“Trágicamente las nubes del mal han oscurecido también África, comprendida la amada nación de Angola. Pensemos en el flagelo de la guerra, en los frutos feroces de las luchas tribales, las rivalidades étnicas, la avidez que corrompe el corazón del hombre, esclaviza a los pobres y priva a las generaciones futuras de los recursos que necesita para crear una sociedad más solidaria y justa”.
El Papa ha añadido que ese “insidioso espíritu de egoísmo” suplanta los grandes ideales de generosidad y abnegación y lleva «inevitablemente al hedonismo, a la droga, a la irresponsabilidad sexual, a la debilidad del vínculo matrimonial, a la destrucción de la familia y a la eliminación de vidas humanas mediante el aborto».
“La Palabra de Dios es, sin embargo, una palabra de esperanza sin límites y los mandamientos no son una carga, sino una fuente de libertad”, ha afirmado Benedicto XVI animando a los angoleños y a todos los africanos en general a no tener miedo y a demostrar el amor a los vecinos, «sin tener en cuenta la raza, la lengua o la etnia».
«África es un continente de esperanza, pero que tiene sed de justicia, de paz, de un sano e integral desarrollo que puede asegurar a su pueblo un futuro de progreso y paz», ha asegurado Benedicto XVI que ha hecho un llamamiento también a los jóvenes, a los que ha recordado que son el futuro del país, «la promesa de un mañana mejor». Luego ha saludado a todos los pueblos de África con un apremiante mensaje de esperanza y reconciliación:
«Levantaos, poneros en camino. Mirar al futuro con esperanza, construir algo destinado a durar y dejaréis a las generaciones futuras una herencia de reconciliación, justicia y paz».
Benedicto XVI al inicio de la Santa misa había expresado su pesar por la muerte de dos jóvenes ayer en el estadio «Dos Coqueiros» de Luanda. Dos jóvenes que querían asistir al encuentro de los muchachos angoleños con el Pontífice y que fueron aplastados en una avalancha en el momento que se abrieron las puertas del estadio y se produjo una estampida de la muchedumbre.
«Quiero comenzar esta eucaristía con un sufragio particular por los dos jóvenes que perdieron la vida para entrar en el estadio ‘Dos Coqueiros’. Los pongo en manos de Jesús para que los acoja en su reino. Expreso mi solidaridad a sus familiares y amigos y mi más vivo pesar por el hecho que habían venido a verme», ha afirmado el Papa. Benedicto XVI ha manifestado asimismo su solidaridad a los heridos, unos cuarenta, a los que deseó un rápido restablecimiento.

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