Carta del obispo de Girona sobre el Día del Seminario

mn_pardoDios ama tanto al mundo (22 marzo 09)“¡ No es cierto que Dios ama al mundo y menos a las personas, como afirma Jesús!”
En numerosas ocasiones he escuchado estas palabras, pronunciadas con lágrimas en los ojos, con la manos apretadas de rabia y rostros crispados por el dolor y la incredulidad.
Las he escuchado de labios de padres ante la muerte de sus hijos todavía jóvenes víctimas de accidentes, de menores muertos de meningitis o al tragarse simplemente un hueso de melocotón; de labios de los amigos de un joven muerto por picadura de abeja en el interior de la garganta. También en momentos de gran sufrimiento por la inesperada presencia de una enfermedad sin esperanza de curación, ante el diagnóstico de un cáncer. No obstante, son tantas las reuniones en las que se ha reflexionado sobre hechos dolorosos, las víctimas inocentes de las guerras, del hambre o de las catástrofes naturales y de tantas miserias humanas.

Al mismo tiempo las he llevado a la oración, en compañía de Jesús, en el silencio de la iglesia con las primeras luces del amanecer… y ante la imagen de Cristo me quejaba: ¿Por qué, Señor, por qué? ¡Nos lo pones muy difícil! ¿Cómo puedo proclamar la Buena Nueva de tu amor y decir que hay que confiar en Ti?
¿ Por qué la muerte de aquel niño, o la de aquellos tres jóvenes calcinados en accidente de tráfico cuyas exequias mañana tendré que oficiar? ¿O la de aquella joven madre que deja tres huérfanos menores? ¿O la muerte de mi hermano Emili, a los 18 años, en accidente de tractor?
Y mirando a Cristo crucificado sentía que podía caer en la gran tentación de preguntarle una y otra vez:: ¿Acaso erraste el camino? Fue precisamente al contemplar la cruz cuando entendí la respuesta de Dios ante todos los sufrimientos y dolores que le presentaba: mira a mi Hijo, que se anonadó hasta el punto de hacerse obediente y morir en la cruz, para que el mal, el dolor, la muerte y todo lo que la acompaña no tengan la última palabra en la vida, sino que sea Yo quien la tenga.

Entonces comprendí el sentido de su invitación: mira el rostro de mi Hijo Amado y en él descubrirás también el de quienes recuerdas, lloras y me pides que acoja. Contempla en él el rostro de tantas víctimas del mal, de la injusticia, de tantos inocentes muertos, ya nacidos o antes de nacer, víctimas de la suma de tantos egoísmos.
Los “¿por qué?” carecían de respuesta, difícilmente los podemos comprender, pese a referirnos a las humanas limitaciones y al pecado, que provoca que la fragilidad se convierta en mal. Sin embargo, la respuesta existe: EL FUTURO QUE DIOS QUIERE ES UN FUTURO DE VIDA, DE VIDA EN PLENITUD Y PARA SIEMPRE. LA RESPUESTA VERDADERA ES LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.

Ya podemos saborear esta Vida ahora mismo, desde nuestra condición humana, si nos dejamos revestir de Cristo y permitimos que nos configure a su imagen mediante los sacramentos; y, al mismo tiempo, enjugar lágrimas con su fuerza, compartir el dolor con amor, estar al lado de quienes sufren, luchar contra los “pequeños y grandes males” de nuestro corazón y de nuestro entorno y ayudar a vivir, codo a codo, la esperanza en JESUCRISTO, EL SALVADOR.
Entiendo Señor, que es verdad que DIOS AMA TANTO AL MUNDO.

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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