Mons. Rodríguez Magro explica el «misterio» de la vocación sacertdotal y el ejemplo de san Pablo

rodriguezmagro1El “misterio” de la vocación

En el recorrido del año litúrgico, junto a la celebración de los misterios de la vida de Jesucristo, la Iglesia llama también nuestra atención sobre esos “misterios cercanos” que se van manifestando en su vida. Domingo a domingo, a través de Jornadas especiales, nos va mostrando algunos de los asuntos más queridos por ella. El “misterio de la vocación sacerdotal” se celebra en torno a la fiesta de San José; es el Día del Seminario, el lugar en el que viven en familia tanto el grupo de chicos que llamamos Seminario mayor, como los que conocemos por Seminario menor. Tanto en el uno como en el otro conviven adolescentes y jóvenes a los que el Señor, con su llamada, ha orientado hacia el sacerdocio. Naturalmente es distinto en su orientación vocacional el Seminario menor del mayor; en éste los jóvenes ya maduran la llamada del Señor y sus respuestas, que ya es un sí personal al seguimiento de Jesucristo. Sin embargo, hablo de los dos seminarios, porque es importante que tanto padres, como catequistas, sacerdotes y toda la comunidad diocesana sepáis que la Iglesia tienen un lugar en el que cultivar la vocación sea cual sea la edad en la que el Señor llama a los chicos: si es en la infancia, en el Preseminario, si es en la adolescencia, en el Seminario Menor; si es en la juventud y ya en cierta madurez, el Seminario mayor.
Bajo la inspiración de San Pablo
Este año el Seminario, siempre con el patrocinio de San José, se sitúa bajo la inspiración de San Pablo, apóstol por la gracia de Dios. Pablo, en efecto, es testigo de una llamada peculiar del Señor Resucitado, que se produce en especiales circunstancias, pero que, en definitiva, tiene las mismas características de las demás. En la vocación de Pablo el Señor toma la iniciativa, sale a su encuentro, toca su corazón, cambia su vida y le llama. Y eso lo hace por gracia: es pura generosidad de Dios, que se fija en este nuevo apóstol, sin que preceda ningún mérito por su parte. Nada tiene el que ha sido llamado para merecer lo que recibe. Ser apóstol será para Pablo dejar que el Señor, que se ha fijado en lo necio del mundo (cf 1 Cor 1,27), vaya moldeando a lo largo de toda su vida su vasija de barro (cf 2 Cor 4,7). Por eso Pablo se muestra asombrado por la delicadeza de Dios y todo lo que hace lo refiere al que lo ha llamado. Así lo afirma él con bellas palabras: “Por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia de Dios no ha sido estéril en mi” (1 Cor 15,10). Ese sentimiento de gratitud en la llamada se convierte siempre en el ministerio apostólico en ardor, entusiasmo, coraje, fuerza. La fuerza del apóstol le viene del que le ha elegido.
Apóstoles de hoy y de mañana
Pues bien, los apóstoles de hoy y del mañana están muy cerca de nosotros: son, queridas familias, vuestros hijos; son, queridos catequistas los chicos que vosotros acompañáis en su crecimiento en la fe; son, queridos sacerdotes, los niños y los jóvenes que andan en torno a vuestras parroquias y que vosotros tratáis asiduamente en las tareas pastorales. Todos son llamados a la vocación cristiana, y entre ellos están los llamados al sacerdocio. Como sabéis muy bien, el Señor se vale de nosotros para animar en el corazón de los chicos el deseo de seguirle; son nuestros gestos, nuestras actitudes y nuestras palabras las que, en ocasiones, despiertan el interés por el seguimiento de Jesús. Es por eso que hemos de tener nuestra sensibilidad vocacional muy despierta y nuestra mirada ha de saber detectar lo que está pasando en el corazón de nuestros chicos: o bien para poner llamada en su sensibilidad religiosa o bien o para colaborar con lo que el Señor ya está haciendo en ellos. Porque os puedo asegurar que la llamada del Señor sigue muy activa y son bastantes los jóvenes que la escuchan, si las condiciones de la vida cristiana son favorables al cultivo vocacional.
Asombro por la llamada del Señor
Es necesario que todos en la Iglesia recuperemos el asombro por la llamada gratuita del Señor. Es necesario que, como Pablo, consideremos ganancia que el Señor llame a nuestros niños y jóvenes a seguirle; porque hoy el problema es que, junto a los padres que consideran una gracia de Dios la vocación sacerdotal de sus hijos, los hay también que consideran una pérdida social, laboral y económica que sus hijos sigan el camino de la vocación sacerdotal, y por eso a veces se convierten en un obstáculo para la llamada del Señor. De ahí que, para que la vocación no se malogre, hemos de cultivar un clima favorable a la sensibilidad vocacional, en el que todos nos convirtamos en protectores y animadores del diálogo entre el Señor que llama y el joven que responde con el seguimiento. Ojalá se despertara, lo deseo de corazón para nuestra Diócesis, una fuerte sensibilidad hacia el valor de la vocación, y todos, los llamados y los que colaboran en la llamada, pudiéramos decir: ser apóstol, ser sacerdote, es una gracia de Dios.
En suma, queridos diocesanos, el seminario es nuestro, y por eso lo necesitamos y nos necesita. Escuchad con atención lo que os digan los sacerdotes en las misas del día 22 de Marzo, domingo, en las que se nos recordará el valor de la vocación sacerdotal y en el que se hará la colecta para ayudar a nuestro seminario, pues también así se colabora con la gracia de Dios.
Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

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