Carta abierta del obispo de Girona a los jóvenes con motivo del Día del Seminario

misiones_brasilia1Esta es la pregunta que, mirando a los ojos, quisiera formular a muchos de vosotros, jóvenes: ¿QUIERES SER SACERDOTE?
Algunos devolveréis esta mirada con ironía: Pero, ¿de qué vas? No me interesa, no me apetece, lo que quiero es una vida feliz.
Por mi parte seguiría preguntando: ¿Cómo deseas gastar tu vida y al mismo tiempo ser feliz? Piensa que solo tienes una y no sabes cuanto te va a durar. Todo cuanto haces es irrepetible.
Seguro que tu respuesta sería: “Pienso gastar mi vida de la mejor forma posible, la mejor para ser feliz”. Lo entiendo y estoy de acuerdo con ello y es lo que deseo para ti.
Esta es la gran cuestión: Como gastar la vida siendo fiel a uno mismo y como sentirse realizado, amado, y alcanzar la máxima felicidad. Pero al tomar la decisión hay que tener presente no únicamente el YO personal, sino también pensar en LOS DEMÁS.
Te ofrezco participar en un proyecto muy especial y que vale la pena: EL PROYECTO DE JESÚS, y con una muy relevante misión.
¿ En que consiste este proyecto?
Ofrecer a toda persona y no únicamente a las buenas y correctas: amor sin límites, perdón por todo lo que les impide ser felices, incluso lo que ni siquiera ellos son capaces de perdonarse; serenidad, fortaleza, auténtica paz, pese a todas las dificultades y conflictos de la condición humana.
Ofrecer la certeza, vivida desde la esperanza, que la muerte y el mal no tienen la última palabra sobre la persona y la humanidad, porque Él, Jesucristo, ha triunfado sobre la muerte y la ha vencido. La certeza que la humanidad avanza hacia la plenitud en Dios.

Más aún, Jesús en persona, por mediación tuya, quiere acercarse a todos: niños, jóvenes, adultos…
Por esta razón se dirige a ti. Atiéndele: te necesito para que me prestes tu corazón y así yo pueda quererlos a todos con amor tierno y fiel; necesito tus ojos para mirar con estimación profunda a toda persona, especialmente a los niños y a los más necesitados; preciso de tus manos para enjugar muchas lágrimas, acariciar muchos rostros endurecidos y trabajar a favor de la vida, perdonar y guiar a quien necesite reencontrar su camino. También tus pies, para hacerme presente donde soy un desconocido, o donde sólo les suena mi nombre y se han olvidado de mí, o me han arrinconado, pensando que no sirvo para nada. Me han dedicado muchos edificios pero, sin ti, carecerán de vida, serán piezas de museo.
Necesito tu palabra para proclamar de nuevo el Evangelio, es decir, la Buena Nueva; decirles a todos que nada está perdido, que quiero ofrecerles vida, fuerza, luz y, por encima de todo, deseo que se sientan totalmente amados, aun en sus propias limitaciones y miserias. ¿Te das cuenta? Se trata de devolver la dignidad a tantos y tantos jóvenes desorientados y manipulados a fin que sientan el calor de mi perdón; se trata de confortar a los enfermos, de transformar el pan en mi Cuerpo, en pan de vida para los caminantes de este mundo. Para todo ello cuento contigo.

Si tu no lo haces ¿quién devolverá la vida y la ilusión a tantas pequeñas y no tan pequeñas parroquias? Los más jóvenes no podrán pedir: padre, ayúdenos; los enfermos no me tendrán a su lado en el lecho del dolor; y no me haré presente en muchos pueblos, sencillamente porque en ellos no se oficiará la misa.
Piensa que también te necesitan los padres, los laicos y los religiosos, para que les ayudes a educar a sus hijos, a promover la catequesis entre los niños, adolescentes y jóvenes; para que acompañes a las parejas en la preparación y celebración del matrimonio; y te seguirán necesitando para que en su vida familiar sepan ayudarse a crecer. También ellos, con tu ayuda, tienen que ser evangelizadores en las familias, en el mundo laboral, en la profesión y también en el siempre complicado mundo de la política.

Pero puedes tener la seguridad que ellos también te ayudarán, te aconsejarán y te amarán, como se quiere a un hermano mayor, a un hijo, a un padre.
¿ Te das cuenta del alcance del proyecto que te propongo?
Darás mucho de ti mismo, pero ni te puedes imaginar lo que recibirás a cambio, no se puede cuantificar.
Atiende la pregunta que te formula Jesús: ¿Quieres ayudarme y ser sacerdote?

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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