Mons. Francisco Cases, obispo de Canarias, animar a rezar por las vocaciones sacerdotales

Mons. Francisco Cases El obispo de Canarias, Mons. Francisco Cases ha hecho pública una carta pastoral con el título «Apóstol, por Gracia de Dios» con motivo ddel próximo día del Seminario. En su carta anima a los sacerdotes a agradecer a Dios el don recibido de la vocación y exhorta a los fieles a la oración continuada por el aumento de las vocaciones al ministerio sacerdotal.

APÓSTOL, POR GRACIA DE DIOS
Día del Seminario 2009

25 de Febrero de 2009

Mis queridos Hermanos y Amigos, Sacerdotes de la Diócesis:
El Día del Seminario de 2009 nos llega marcado con el sello del Año Paulino: APÓSTOL, POR GRACIA DE DIOS. Esta realidad y este lema me lleva a dirigirme a Vds. casi como en exclusiva, para animarles a sentir y vivir nuestra entrega sacerdotal como una gran gracia recibida, que nos constituye frente a la comunidad de la Iglesia como una gracia de Dios para todos. Hemos sido agraciados con el don inmenso del Sacerdocio, y somos un regalo para nuestras comunidades. Será bueno que nos dejemos interpelar por este planteamiento de la Jornada del Seminario para agradecer desde lo más profundo del corazón lo que somos y lo que Dios nos invita a hacer en su Iglesia. También para la pastoral vocacional es una gracia que se nos note agradecidos a Dios por lo que somos, y felices en el ejercicio del ministerio.
Y desde esta visión de lo que hemos recibido, vernos a nosotros mismos y vivir constantemente como regalo para nuestras comunidades, como caricia y don de Dios para todos. Nuestro servicio a todos es el signo visible del cuidado que el Padre tiene de todos; nuestro amor gratuito, solícito y misericordioso es la transparencia del cariño del Padre. El sacerdote –nos recuerda Pastores Dabo Vobis-, en cuanto que representa a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, se sitúa no sólo en la Iglesia, sino también frente a la Iglesia… El sacerdote aparece como signo de la prioridad absoluta y gratuidad de la gracia que Cristo resucitado ha dado a su Iglesia. Por medio del sacerdocio ministerial la Iglesia toma conciencia en la fe de que no proviene de sí misma, sino de la gracia de Cristo en el Espíritu Santo (PDV 16). Es muy gratificante verse agraciado, y resulta muy exigente verse como don para todos.
Cristo necesita seguir agraciando a la Iglesia, con las vidas de jóvenes que puedan seguir haciendo lo que, por gracia, estamos haciendo nosotros. Y somos nosotros principalmente los que hacemos llegar la voz del Buen Pastor que llama a estar con Él y a seguirle en el cuidado de sus ovejas. Con Vds. y como Vds. estoy preocupado por el número y la edad de los Presbíteros, por el número y la calidad de los Seminaristas, y con Vds. y como Vds. me pregunto qué hemos de hacer. Y me lo pregunto, consciente de que el tema alcanza no sólo a las vocaciones a la vida sacerdotal, sino también a la vida consagrada, y a la vida cristiana comprometida en el servicio y en el testimonio de un laicado adulto. No podemos dudar de que la voz del Pastor sigue llamando, no podemos pecar de desconfianza. Necesitamos potenciar un tipo de acción pastoral que provoque en todos, y en especial en los niños y en los jóvenes, el encuentro personal con el Señor, de donde únicamente puede arrancar una vida cristiana que crece hacia la madurez. Y con ese encuentro personal con el Señor, debemos provocar y facilitar la integración en la comunidad eclesial. Un cristiano no vive sin más de valores, sino de Cristo; y no vive solo, sino en familia, la familia de Jesucristo, su Iglesia. Es hora de acentuar estas realidades tan básicas y fundamentales.
Hace muy pocos días leía estas bellas líneas de Benedicto XVI, que me cuestionaron muy seriamente. ¿Rezamos de verdad insistentemente, y enseñamos a rezar a nuestras comunidades por las vocaciones? ¿Estamos convencidos de que esta es la primera y la más urgente y eficaz medida? ¿Amamos bastante al Seminario, rezando por todos los que forman la comunidad educativa, y sintiéndonos cerca de todas sus intenciones? Para lograr presbíteros según el corazón de Cristo –dice el Santo Padre-, se ha de poner la confianza en la acción del Espíritu Santo, más que en estrategias y cálculos humanos, y pedir con gran fe al Señor, «Dueño de la mies», que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio (cf. Lc 10,2), uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a quienes están en el seminario con vistas a las sagradas órdenes. Por otro lado, la necesidad de sacerdotes para afrontar los retos del mundo de hoy, no debe inducir al abandono de un esmerado discernimiento de los candidatos, ni a descuidar las exigencias necesarias, incluso rigurosas, para que su proceso formativo ayude a hacer de ellos sacerdotes ejemplares (Discurso a la Asamblea de la Pontificia Comisión para América Latina, 20 de febrero de 2009)

Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo

+ Francisco, Obispo de Canarias

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