Mons. Asenjo preside en Córdoba la dedicación del nuevo templo parroquial de S. Rafaela Mª del Corazón de Jesús

sta-rafaela-iglesiacordobaMás de setecientas personas asistieron el pasado domingo a la Consagración del nuevo templo parroquial de Santa Rafaela María del Sagrado Corazón de Jesús de Córdoba, presidida por D. Juan José Asenjo, Administrador Apostólico de Córdoba y Arzobispo Coadjutor de Sevilla. El Arquitecto ha sido José Antonio Gómez Luengo, y el Arquitecto técnico Rafael Prados Castillejo, Gerente de Patrimonio de la Diócesis. El templo, realizado por la empresa constructora Neptisa, tiene una superficie construida de 2097 m2, y ha sido financiado íntegramente por el Obispado.
La luz ha tomado un protagonismo casi exclusivo en el diseño del templo, que a través de los huecos superiores invade la nave principal donde toda la comunidad se reúne gozosa a celebrar la liturgia dominical.
En el presbiterio que conforma el retablo, están presentes los dos símbolos transcendentes del cristianismo, la Cruz y la Resurrección, ésta última simbolizada por el resplandor dorado que produce la luz que baja del lucernario cenital. El presbiterio se enriquece aún más con las hermosas esculturas del Cristo crucificado, la Inmaculada Concepción y Santa Rafaela María (replica exacta de la obra que se está realizando para la Basílica de San Pedro), realizadas en mármol blanco de carrara por el artista escultor Marco Augusto.
Entre la zona penitencial y la capilla del Sagrario se sitúa el baptisterio, y sobre la pila bautismal otro lucernario permite la entrada de luz cenital simbolizando la bajada de la gracia sobre el bautizado y que también recibe el que sale de la zona penitencial tras la confesión.
La capilla del Sagrario tiene una luz más tenue a través de unas vidrieras con alegorías eucarísticas, como corresponde a una zona donde la oración y meditación se realiza de un modo más personal e individual.
En el lateral de la nave, un gran ventanal ofrece al interior la visión de una vegetación que colabora a dar serenidad y en cierta medida sentimiento de trascendencia (evocando a la naturaleza) a los fieles en su oración, pero que también establece una apertura visual, matizada por la celosía y las plantas, hacia el barrio sugiriendo una invitación a la participación en las liturgias comunitarias. Otro ventanal situado en la parte alta del fondo comunica la nave con la galería que da acceso a los salones parroquiales estableciendo una íntima relación entre el culto del templo y la zona donde se desarrolla la pastoral y catequesis. También puede ser utilizado como coro.

RITO DE CONSAGRACIÓN

La ceremonia comenzó a las 19:00h. con la entrada en procesión de D. Juan José Asenjo y los presbíteros concelebrantes, portando las reliquias de los Santos mártires de Córdoba.
Posteriormente, el Arquitecto del templo expresó que “ha sido muy gratificante la posibilidad de transmitir mi vivencia espiritual marcada por la luz como símbolo de Dios, a su arquitectura”. Tras la intervención de Gómez Luengo, D. Juan José bendijo el agua y asperjó con ella al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar los muros y el nuevo altar de la nueva iglesia.

Liturgia de la palabra
Tras la liturgia de la palabra, D. Juan José Asenjo señaló en su homilía que “el templo material que hoy consagramos es símbolo del templo espiritual que es la Iglesia”. En él -recalcó- “nosotros somos las piedras vivas, bien asentadas en la piedra angular que es Cristo. Qué Él os conceda ser una comunidad fervorosa y orante, que vive en la cercanías de su Señor y que participa con fervor en la Eucaristía; unida y fraterna, que se preocupa de los pobres con iniciativas concretas y eficaces; que se preocupa de los enfermos y de los que sufren”. Pidió a los fieles anunciar a Jesucristo, “con el testimonio luminoso y atrayente de vuestra vida intachable, fraterna y solidaria, con vuestra rectitud moral en vuestro trabajo y en el cumplimiento de vuestras obligaciones cívicas y con la ejemplaridad en el cumplimiento de los deberes familiares y profesionales”. Pero, también, señaló con la palabra: “No os debe dar miedo ni vergüenza hablar del Señor a vuestros hermanos, mostrándole como el único Señor de nuestras vidas, como el salvador único y la única esperanza para el mundo, como fuente de sentido, de paz y de alegría”.

Oración de dedicación y unciones
Acabadas las letanías de los Santos, D. Juan José Asenjo colocó bajo el altar algunas reliquias de los Santos Mártires de Córdoba y se recitó la oración de dedicación por la que pidió “que los fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo”.
Posteriormente, ungió el altar vertiendo el crisma en el medio y en sus cuatro ángulos. El altar es símbolo de Cristo, el “Ungido” que, en el altar de su cuerpo, ofrece el sacrificio de su vida por la salvación de todos. A continuación, ungió los muros de la iglesia, signando con el santo crisma las cuatro cruces distribuidas con la ayuda de cuatro presbíteros.
Terminada las unciones, se quemó incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que se perpetúa allí sacramentalmente, sube hasta Dios; también para expresar que las oraciones de los fieles llegan a Dios. Asimismo, se incensó al pueblo de Dios, templo vivo en el que cada uno es un altar espiritual, y las naves de la iglesia, que es casa de oración.
Se procedió al revestimiento del altar, cubriéndolo con el mantel, adornándolo con flores, colocando los candelabros con los cirios y la cruz. A continuación, D. Juan José Asenjo entregó a unos padres un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta: “Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad”. El matrimonio se dirigió al altar y encendió los cirios para la celebración de la Eucaristía.
Encendidos todos los cirios, las candelas colocadas donde se hicieron las unciones y las lámparas de la iglesia, comenzó la liturgia eucarística. Tras la comunión, se dejó sobre la mesa del altar el copón con el Santísimo Sacramento. Tras unos instantes de oración, D. Juan José Asenjo volvió al altar e incensó el Santísimo Sacramento; seguidamente, tomó el copón con las manos cubiertas con el velo humeral, colocándolo en el Sagrario dejando la puerta abierta, volviendo a incensarlo. Después de unos momentos de oración, cerró la puerta del Sagrario.
Sin duda, una de las ceremonias más ricas en simbolismo de toda la liturgia católica. “Al consagrarlo, lo dedicamos sólo a Dios. La consagración va a hacer de él un lugar especialmente santo, un lugar privilegiado de la presencia de Dios”, manifestó D. Juan José Asenjo.

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