“Peligra la digna subsistencia de muchos de nuestros hermanos”, Nota de los Obispos de Extremadura

cola-del-paro2Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, reunidos en sesión ordinaria el día 26 de Febrero de 2009, hemos reflexionado sobre las necesidades de la Iglesia comunes en nuestras respectivas Diócesis, y sobre los problemas más actuales y destacados de la sociedad en que vivimos.
Movidos por el mandato del Señor sentimos la responsabilidad de ofrecer la luz de Jesucristo a cuantos desean recorrer los caminos que conducen a la verdad, a la vida y a la libertad.
Dirigimos nuestra palabra en primer lugar a los fieles cristianos de nuestras Diócesis. Les animamos a fortalecer su fe y su esperanza uniéndose al Señor con especial intensidad en el tiempo de Cuaresma que acabamos de iniciar. Les invitamos encarecidamente a intensificar su formación cristiana y a poner ahínco en la conversión personal para ser auténticos testigos de Cristo con la palabra y con el testimonio de vida. Les encarecemos que consideren lo que supone haber sido enviados por el Señor para ser valientes mensajeros que proclamen por doquier, en este mundo y en este momento histórico, la grandeza de Dios y la inmensidad de su amor, la dignidad de la vida humana creada por Dios mismo a su imagen y semejanza.
Urge que todos los cristianos asumamos, sin miedos ni reticencias, la misión de participar decididamente en la nueva evangelización según la vocación de cada uno como padres de familia, como educadores, como catequistas, como empresarios, como obreros, como intelectuales, como políticos, como entregados a la preciosa labor del cultivo de la salud y del tratamiento de la enfermedad, y como compañeros de quienes caminan a nuestro lado. La mejor obra de caridad que podemos brindar a nuestros hermanos es manifestarles con claros perfiles el rostro de Jesucristo, redentor universal, primera referencia de nuestra identidad humana y sobrenatural, y motivo de la esperanza que no defrauda.
Junto a los notables progresos actuales que nos brindan cada día condiciones de vida más dignas y satisfactorias, vivimos momentos de especial dificultad que repercuten de modo preocupante en diversos ámbitos de la vida personal, familiar, empresarial, en la industria, en el comercio, etc, y que reducen los recursos materiales, a veces hasta carecer de los bienes básicos. Con todo ello peligra la digna subsistencia de muchos de nuestros hermanos paisanos e inmigrantes. La penuria económica y la privación del trabajo motivan reacciones, explicables en muchos casos, pero no tolerables como comportamiento de nadie. La dureza de la situación provoca, a la vez, un disgusto que repercute en el optimismo personal e institucional, y en la esperanza necesaria para afrontar día a día el reto que nos presenta la vida.
Aunque los males materiales tienen sus causas y sus vías de solución, al menos en parte, en las estructuras y en los procedimientos técnicos y políticos, no cabe duda de que todo lo que deriva del quehacer humano obedece, en buena parte también, a las actitudes personales en general, y especialmente a las de quienes intervienen de modo más directo en los ámbitos que sufren momentos de crisis. Las actitudes negativas provocan repercusiones negativas en la vida de las personas y de las instituciones, pudiendo llegar, incluso, a poner en crisis el orden social.
Por todo ello, queremos hacer una llamada sencilla, fraterna y clara, que haga llegar a todos cuantos nos escuchen, la invitación a revisar las actitudes que motivan nuestros comportamientos en cualquier ámbito de la vida. Nuestra llamada quiere invitar también al esfuerzo personal y a la colaboración institucional necesarios para resolver en su raíz los males que nos afectan.
Y, como la penuria material que hace sufrir una notable escasez de recursos básicos a muchas personas y familias requiere una respuesta pronta, generosa y bien arbitrada, invitamos a todos a ser generosos con las organizaciones eclesiales y sociales que se ocupan de atender a los más necesitados. Es un deber de justicia para con ellos que pretende paliar, de algún modo, la privación del derecho a una vida digna, al trabajo estable y correctamente retribuido, a la consideración social, y a disponer de los recursos necesarios para formar la propia familia, y para orientar su vida por el camino del desarrollo integral y del progreso armónico.
El cambio de actitudes en el ejercicio de nuestras respectivas funciones, y el esmero en el trato con los hermanos, especialmente con los más débiles, deben ser las notas que caractericen la postura cristiana ante los acontecimientos que lamentablemente afectan ahora al mundo, y que todos estamos viviendo en las diversas formas y grados en que se manifiesta la crisis de todos conocida.
Pedimos al Señor nos dé la luz y la energía necesarias para afrontar con dignidad, constancia y esperanza la responsabilidad que a cada uno compete en esta crítica situación social.
+ Santiago García Aracil,
Arzobispo de Mérida-Badajoz
+ Amadeo Rodríguez Magro,
Obispo de Plasencia
+ Francisco Cerro Chaves,
Obispo de Coria-Cáceres

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