Obispo de Plasencia: «La crisis no es una invitación a replegarnos en nosotros mismos, sino a pensar en los más afectados»

rodriguezmagro«Un canto al ayuno» es el título elegido por Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia, en su carta cuaresmal en la que hace una glosa del mensaje del Papa Benedicto XVI para este tiempo litúrgico. D. Amadeo llama especialmente la atención en el sentido penitencial y solidario de esta práctica cristiana que hace tomar conciencia de las situaciones de precariedad de tantos seres humanos a la vez que inita a la solidaridad parea remediarla: «Siempre, pero en especial en este tiempo de crisis, la cuaresma habrá de ser para nosotros una invitación a tomar conciencia -dice el obispo de Plasencia- de la situación de los más afectados. La crisis no es una invitación a replegarnos en nosotros mismos, en nuestro miedo ante lo que nos está amenazando. Para los católicos ha de suponer una toma de conciencia de algo que quizás teníamos un tanto olvidado: que millones de hombre y mujeres no sentirán la crisis, y esta no les afectará, porque nunca han dejado de estar en situación de precariedad». A continuación ofrecemos el tecto completo de la carta de Mons. Rodríguez Magro:

«Un canto al ayuno»

limosna2Es cierto que la cuaresma ya no tiene el arraigo social que tuvo en otras épocas, sin embargo, no es menos cierto que para muchos sí tiene arraigo espiritual y eclesial. Sois cada día más los que os sumáis a la experiencia cuaresmal, pues sois muchos los que de un modo u otro preparáis con esmero los acontecimientos pascuales. Incluyo aquí a todos los que miráis hacia el horizonte de la Pascua y queréis que ese misterio salvador de Jesucristo pase por vuestra vida y renueve vuestros corazones y vuestras conductas. A todos vosotros os escribo estas letras en las que os invito a vivir la cuaresma con intensidad interior, conciente de que es ahí, en nuestro corazón que se abre al amor de Jesucristo y vive con gratitud el misterio de su pasión, muerte y resurrección, donde hay que preparar a fondo los acontecimientos que nos esperan en la Semana Santa.
El ayuno del corazón
Lo hago con el Papa Benedicto XVI, y con él llamo vuestra atención sobre uno de los medios, junto con la oración y la limosna, de vivir la experiencia cuaresmal. En su Carta de preparación a la Cuaresma 2009 hace un canto al ayuno que, como él dice: “representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos”. En su llamada a hacer un provechoso itinerario cuaresmal, apoyados en el ayuno, nos recuerda que para Jesús fue un medio de preparar y realizar su misión. Sitúa el Papa el ayuno en su verdadera motivación, que no ha de ser otra que vivir la amistad con el Señor; pues el ayuno verdadero es aquel que nos ayuda a situar nuestra voluntad en la voluntad de Dios. Y por eso el verdadero ayuno es el del corazón, que se alimenta de la palabra de Dios y hace de ella el verdadero pan de la vida. No olvida tampoco el Papa otros medios, como el Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía.
Sobre todo recuerda que el ayuno nos hace entrar en un clima penitencial. Prescindir de todo lo que no es necesario es un gran medio para nuestra purificación cuaresmal y nos abre a la unión con el Señor: el ayuno abre en el corazón del creyente el camino hacia Dios; es decir, nos purifica para que nuestra vida se sitúe en unión con él. Por eso, el primer efecto es el bienestar del alma, pues el ayuno es una gran terapia que cura todo lo que impide conformarse con la voluntad de Dios. El ayuno en definitiva pone nuestra vida, incluido nuestro cuerpo, en situación de encuentro con el Señor.
Ante la crisis, solidaridad
Citado por el Papa, San Pedro Crisólogo dice que “el ayuno es el alma de la oración y la misericordia es la vida del ayuno”. Une de este modo los tres medios de vivir la cuaresma. En efecto, el ayuno sitúa la vida cristiana en un doble horizonte: por un lado ante Aquel que por amor se entregó por nosotros; pero también la sitúa ante los hermanos: el ayuno mortifica nuestro egoísmo y abre el corazón al amor a Dios y al prójimo.
Siempre, pero en especial en este tiempo de crisis, la cuaresma habrá de ser para nosotros una invitación a tomar conciencia de la situación de los más afectados. La crisis no es una invitación a replegarnos en nosotros mismos, en nuestro miedo ante lo que nos está amenazando. Para los católicos ha de suponer una toma de conciencia de algo que quizás teníamos un tanto olvidado: que millones de hombre y mujeres no sentirán la crisis, y esta no les afectará, porque nunca han dejado de estar en situación de precariedad. Es más, lo que ahora sucede es que algunos más se sumarán a los niveles de los que viven permanentemente en crisis.
Para que este mensaje sea práctico, os digo: usemos sobriamente de las cosas, de todo aquello que no es necesario y aprendamos a vivir en austeridad. Y cuantos tengamos responsabilidad sobre los demás, especialmente sobre nuestros niños y jóvenes, hemos de enseñarles a vivir de otra manera, en la que el capricho no tenga lugar y en la que sí esté instalada la generosidad efectiva con los más necesitados. Desde luego, nada de eso será hondo y radical, si nuestra mortificación y nuestra caridad no tienen una raíz religiosa; si todo no nace de una motivación de fe. Sólo el que siendo rico se hizo pobre por nosotros nos enseñará a ser solidarios con hondura de corazón.
Con todo mi afecto.
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

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