Mons. Asenjo invita a recuperar en Cuaresma práctica del Vía crucis

viacxrucisMons. Juan José Asenjo, arzobispo coadjutor de Sevilla y administrador apostólico de Córdoba, ha exhortado a los fieles en una carta -que reproducimos al final de esta noticia- a que, con motivo de la Cuaresma, recuperen la devoción del Vía Crucis, ya que es «una práctica piadosa, de gran riqueza espiritual, que puede ayudarnos mucho en nuestro camino de conversión» del corazón.
De hecho, según subraya Mons. Asenjo, el Vía Crucis ha estado «bendecido secularmente por la Iglesia y primado con numerosas indulgencias» y, su práctica, «ha hecho muchísimo bien a generaciones y generaciones de cristianos, que, ya en la Edad Antigua y en la alta Edad Media, peregrinaban a los santos lugares de Palestina y recorrían con piedad, fervor y compunción de corazón los escenarios de la Pasión del Señor, meditando en cada uno de los acontecimientos redentores».

Por ello, el Administrador Apostólico de Córdoba invita a «recuperar esta devoción allí donde se haya perdido y practicarla con fervor creciente allí donde, gracias a Dios, no ha desaparecido del todo».
El Prelado argumentó que «la contemplación de las distintas escenas del camino de Jesús hacia el Calvario, revividas con la lectura de los textos bíblicos correspondientes y la apoyatura de la cálida reflexión de un buen autor ascético, nos ayudará a penetrarnos, como nos pide San Pablo, de los mismos sentimientos de Cristo, el cual siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, tomó la condición de esclavo».

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Recuperar el Vía Crucis

juanjoseasenjo Hemos iniciado el tiempo santo de Cuaresma, que yo deseo provechoso y santificador para todos y cada uno de los fieles y comunidades de la Diócesis. Estoy seguro de que muchos de vosotros estáis tomando muy en serio las invitaciones a la conversión del corazón, que en estos días nos hace la Iglesia. Otros, sin embargo, podemos sentir la tentación de contentarnos con un cambio cosmético y superficial, sin penetrar con sinceridad y verdad en las entretelas de nuestro corazón, que es de donde surge la bondad y la maldad, que después afloran en nuestras actitudes y en nuestros labios. El Señor nos invita en esta Cuaresma a rasgar los corazones y no las vestiduras, como nos decía el profeta Joel en el pasado Miércoles de Ceniza, a convertirnos, a cambiar nuestros criterios y actitudes y a volver a Él y a nuestros hermanos con la decisión y la humildad del hijo pródigo, que se levanta con determinación de la tristísima situación en que se encuentra, para volver a la casa del Padre, solicitar su perdón y reencontrar la paz y la alegría.
Una práctica piadosa, de gran riqueza espiritual, que puede ayudarnos mucho en nuestro camino de conversión en esta Cuaresma es el ejercicio de Vía Crucis, bendecido secularmente por la Iglesia y primado con numerosas indulgencias. La práctica del Vía Crucis ha hecho muchísimo bien a generaciones y generaciones de cristianos, que ya en la Edad Antigua y en la alta Edad Media peregrinaban a los santos lugares de Palestina y recorrían con piedad, fervor y compunción de corazón los escenarios de la Pasión del Señor, meditando en cada uno de los acontecimientos redentores.
A principios del siglo XV esta devoción eminentemente cuaresmal y enraizada en la entraña más profunda de la religiosidad cordobesa, se traslada a Occidente. Fue precisamente el Beato dominico Álvaro de Córdoba, oriundo de Zamora, pero afincado en nuestra ciudad, maestro de teología, predicador insigne, reformador de la Orden de Santo Domingo, y gloria de nuestro santoral, quien más contribuyó a popularizarla. En efecto, a la vuelta de una peregrinación a Tierra Santa, erigió en el convento de Scala Coeli, en la Sierra de Córdoba, el primer Vía Crucis, construyendo unas pequeñas capillas en las que mandó pintar las principales escenas de la Pasión del Señor, que él mismo recorría cada día con lágrimas en los ojos.
Os invito a recuperar esta devoción allí donde se haya perdido y practicarla con fervor creciente allí donde, gracias a Dios, no ha desa-parecido del todo. La contemplación de las distintas escenas del camino de Jesús hacia el Calvario, revividas con la lectura de los textos bíblicos correspondientes y la apoyatura de la cálida reflexión de un buen autor ascético, nos ayudará a penetrarnos, como nos pide San Pablo, de los mismos sentimientos de Cristo, el cual siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, tomó la condición de esclavo, abajándose hasta la muerte y una muerte de cruz (Fil 2, 5-8).
De eso se trata en el ejercicio del Vía Crucis, en el que nos adentramos en la meditación de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo y admiramos la infinitud de su amor por la humanidad y por cada uno de nosotros. Al contemplar los momentos estelares de la epopeya de nuestra salvación, al meditar en su humildad y silencio en el juicio inicuo de los sumos sacerdotes; al considerar la cobardía cómplice de Pilatos, al que tantas veces emulamos; al verle cargar resueltamente con la cruz, aceptando amorosamente la voluntad del Padre celestial; al verle desplomarse por tres veces, hundido por el peso de la cruz y de nuestros pecados; al meditar en los dolores acerbísimos de la flagelación y de la coronación de espinas, de la crucifixión y de la lanzada del soldado que abre su corazón; al contemplar, en suma, su muerte redentora por nuestros pecados, hemos de movernos a la conversión, al cambio de vida y a la vuelta a Dios.
Al mismo tiempo, hemos de decidirnos de una vez por todas a responder con amor a su entrega generosa y preguntarnos, como hace San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales: “Qué he hecho por Cristo, que hago por Cristo, qué debo hacer por Cristo”. Del mismo modo, la contemplación del amor inmenso de Jesús por nosotros debe llevarnos a renovar y fortalecer nuestra fraternidad, a amar y servir a nuestros hermanos, especialmente los más pobres y necesitados, con los que Él se identifica. Así nos lo dice el apóstol San Juan: “Si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 4,11).
Dios quiera que la práctica del Vía Crucis aliente nuestra conversión y nos ayude a vivir una santa Cuaresma como preludio de las celebraciones de la Pasión y Muerte de nuestro Señor.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

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