Mons. del Hoyo: «La Iglesia pide que sea apreciado también como trabajo todo lo que la mujer hace en su casa»

mujertrabajadoraEl obispo de Jaén destaca, en una carta con motivo de la celebración del «Día de la Mujer trabajadora» el 8 de marzo, la gratitud que la Humanidad tiene con la mujer y pide la igualdad de derechos de la mujer en el ámbito laboral a la par que manifiesta que la Doctrina Social de la Iglesia «La Iglesia pide que sea apreciado también como trabajo todo lo que la mujer hace en su casa».

A la mujer trabajadora
Carta pastoral del Obispo de Jaén, D. Ramón del Hoyo López.

Sucedió en un 8 de marzo de 1908. Un grupo de 129 mujeres morían abrasadas en la fábrica “Cotton” de Nueva York por defender sus derechos.
Después de más de un siglo, no olvidamos aquel lamentable y trágico suceso, aunque hoy fijemos nuestra mirada en el presente de la mujer trabajadora, al celebrar su día internacional, en memoria de aquella fecha.

1. La mujer deja “su marca”

La humanidad tiene una gran deuda de gratitud con la mujer en todos los campos de la vida: en la familia, en la Iglesia, en la sociedad, en el mundo laboral, de la cultura, de la política.
La mujer está dotada de una profunda intuición en favor de la vida, de su crecimiento y protección. Su sentido de lo concreto y su capacidad de entrega acrecientan su fortaleza ante la adversidad. Poseen una constancia sin límites y una visión muy certera del futuro.
Las teorías del igualitarismo privan de su grandeza a la mujer y la rebajan de hecho. La relación hombre-mujer no puede basarse en una especie de competencia mutua o contraposición, sino en una mutua relación complementaria, desde el reconocimiento de sus divergencias. Se enriquecen mutuamente. Hombre y mujer son iguales, sin embargo, en cuanto a su naturaleza y dignidad.

2. Eran mujeres y, de su muerte, nació vida

No podemos ignorar logros muy positivos en favor de la mujer, desde aquel fatídico 8 de marzo, en los campos antes señalados de su presencia. Más, sin duda, en unos continentes y países que en otros.
Fijándonos en estadísticas desde nuestro entorno, referente a la mujer trabajadora, destacamos algunos datos:
– El hecho de ser mujer conlleva, en muchos casos, una tasa mayor de paro, algo más del doble que en los hombres, y una mayor probabilidad de entrar en el pozo de la pobreza. En la actualidad de cada tres pobres, dos son mujeres.
– Dos tercios del trabajo en España no está remunerado y, el 80% del mismo, lo desarrollan mujeres.
– La economía sumergida suele tener también rostro femenino, sobre todo en la mujer inmigrante. En no pocos casos sus jornadas laborales llegan hasta el agotamiento.
– Es intolerable la violencia doméstica a manos de esposos o compañeros sentimentales. Preocupante, también, su falta de ocio, descanso, formación.
Este día internacional de la mujer trabajadora es un clamor en favor del reconocimiento de la dignidad y grandeza de la mujer, de apoyo a su entrega y vocación, de ánimo para que defiendan con sus vidas la filosofía del amor y no del egoísmo, de oración ante el Señor de la vida por su generosidad.

3. Junto a vosotras

Los cristianos defendemos la prioridad del ser sobre el tener, de la persona sobre el trabajo mismo.
La mujer cristiana hace presente, en todos los ámbitos de la sociedad y del mundo, el sabor y el aroma del Evangelio de Jesucristo. Su trabajo será siempre camino y moneda de santificación personal y de humanización.
Destacamos de las Palabras del Pontífice Pablo VI el siguiente itinerario de la mujer trabajadora cristiana:
“Proteger la vocación propia de la mujer y, al mismo tiempo, reconocer su independencia en cuanto persona y la igualdad de sus derechos a participar en la vida económica, social, cultural, política.” (Octogesima adveniens, 13)
No olvidemos, tampoco, que la enseñanza social de la Iglesia pide que sea apreciado también como trabajo todo lo que la mujer hace en su casa, toda su actividad de madre y de educadora. Este trabajo también debe ser revalorizado si la sociedad no quiere actuar en daño propio.
Frente a sistemas que impiden “ser personas”, “hombre y mujer”, negándoles su trascendencia, rebajándolos a meros instrumentos y números, seguiremos construyendo juntos nuestra verdadera identidad: imágenes de Dios creados para amar. Es esta dignidad radical la que nos hace a todos los humanos iguales en derechos y obligaciones. Otros caminos terminan por rebajar y empobrecer a la persona.
La muerte de aquel grupo de trabajadoras proporciona vida e ilusión renovada en sus mismos ideales. Que esta Jornada internacional llegue hasta nuestras casas, templos y monasterios, centros de formación y laborales, pueblos y ciudades. Que penetre en tantos corazones femeninos cristianos de esta Diócesis de Jaén, para que sean soporte vivo del evangelio de Cristo, en la construcción de esta Iglesia particular.

Con mi saludo y bendición.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén

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