Mons. Casimiro López señala que el secularismo no se debe sólo a un ambiente hostil, sino también a la falta de fe viva de muchos cristianos

casimirolopezMons. Casimiro López, obispo de Segorbe-Castellón, ha escrito a sus diocesanos una carta cuaresmal con el título “Convertíos y creed en el Evangelio”. En ella el obispo invita a una verdadera vivencia de este tiempo litúrgico de renovación cristiana y denuncia que los cristianos no pueden escudarese en la existencia de un ambiente hostil para disminuir su exigencia personal y comunitaria de fe, sino que han de reactivar su vida cristiana con más santidad: “Porque el enfriamiento y alejamiento de la fe y vida cristianas de muchos no son consecuencia de determinadas políticas o de corrientes sociales o culturales. Es cierto que este ambiente favorece la incredulidad, el abandono de la fe y de la práctica cristiana. Pero entre sus causas más profundas está la falta de una fe personal y viva en Cristo Jesús, que sea de verdad el centro de la vida de los cristianos”, señala don Casimiro e invita a poner remedio en esta Cuaresma con la conversión y la fe en el Evangelio. Ofrecemos a continuación el texto completo de su carta cuaresmal.

“Convertíos y creed en el Evangelio”

La llamada apremiante de Jesús a la conversión no ha dejado de sonar desde aquel “primer” discurso suyo hasta nuestros días. “Convertíos y creed en el Evangelio”: así comienza Jesús su predicación según el Evangelio de San Marcos. Una llamada, que nos recuerda la Iglesia en especial en este tiempo de la Cuaresma, en que nos preparamos para la celebración de la Pascua, el misterio central de la fe cristiana.
Puede que esta llamada a la conversión en la Cuaresma nos resulte tan conocida que la escuchemos con indiferencia. Puede que nos hayamos instalado de tal modo en un estilo de vida, muy acomodado a lo que se lleva pero alejado de Dios, de Jesucristo y de su Evangelio, que ya no sintamos ni tan siquiera necesidad de Dios ni de conversión. Con frecuencia nos quejamos de la dificultad de vivir y la transmitir la fe cristiana en un ambiente social y cultural adverso al cristianismo y ante determinadas políticas laicistas y anticristianas. Esta queja suena muchas veces a excusa. Porque el enfriamiento y alejamiento de la fe y vida cristianas de muchos no son consecuencia de determinadas políticas o de corrientes sociales o culturales. Es cierto que este ambiente favorece la incredulidad, el abandono de la fe y de la práctica cristiana. Pero entre sus causas más profundas está la falta de una fe personal y viva en Cristo Jesús, que sea de verdad el centro de la vida de los cristianos.

En este tiempo de Cuaresma, los cristianos tenemos que hacer un alto en el camino y reflexionar sobre nuestra fe y vida cristiana. La invitación a la conversión a Dios en Jesucristo y a creer en el Evangelio es una llamada y un proceso permanente en la vida de todo cristiano, que en la cuaresma se hace más apremiante e incisiva.

La conversión exige una transformación de la mente y del corazón, un cambio radical en el modo de pensar y de sentir, de ser y de vivir. Necesitamos unos ojos nuevos para ver con los ojos de Cristo, una mente nueva para pensar como El y un corazón nuevo para sentir como El. Necesitamos renovarnos interiormente despojándonos del ‘hombre viejo’ para revestirnos del “hombre nuevo creado a imagen de Dios para llevar una vida santa” (Ef 4, 22-24). La inclinación al dominio, al tener y a la autosuficiencia nos lleva a construir nuestro propio reino de espaldas a Dios, a instalarnos en él marginando a Dios y a su Reino.

Convertirse significa abandonar la propia suficiencia y la falsa seguridad en sí mismo y en los propios caminos en la búsqueda de la libertad y de la felicidad para retornar a Dios, a Jesucristo y a su Evangelio. O mejor: convertirse es dejarse encontrar por Dios en Cristo, dejarse abrazar por El, dejarse perdonar los pecados y reconciliar por Dios en su Iglesia, cambiar de orientación en la propia existencia y buscar el apoyo en Dios. La conversión del hijo pródigo consiste en hallar el camino para regresar al hogar paterno y a los brazos abiertos de su padre. Esta es la buena noticia: Dios nos ama y se acerca como Salvador. Si nos abrimos a Dios, si Le dejamos entrar en vuestra vida, entonces todo cambiará en nosotros: la tristeza en alegría, la desesperanza en fe, el miedo en fortaleza, la esclavitud en libertad, el egoísmo en amor.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 335 Articles
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.