El Obispo de Segorbe-Castellón recuerda en su carta los requisistos del ayuno y la abstinencia cuaresmal

monscasimiro“Al inicio de la cuaresma os recuerdo que los católicos mayores de catorce años y no enfermos estamos obligados a abstenernos de comer carne los viernes de cuaresma; y que los mayores de edad hasta cumplir los cincuenta y nueve años estamos obligados a ayunar –hacer una sola comida al día, aunque se permite tomar algún alimento por la mañana y por la tarde- el Miércoles de ceniza y el día de Viernes Santo. Para alanzar su fin penitencial deberán hacerse con verdadero espíritu y no por mero formalismo: sólo así nos llevarán a las obras de piedad y de caridad”, con estas recomendaciones termina Mons. Casimiro López, obispo de Segorbe-Castellón, una carta pastoral dirigida a su fieles y que reproducimos a continuación en la que explica el verdadero sentido de la Cuaresma.

Tiempo de Cuaresma

Con la imposición de la ceniza, el miércoles de ceniza, comienza la Cuaresma. El tiempo cuaresmal nos renueva en la esperanza en Aquel que nos hace pasar de la muerte a la vida. Durante cuarenta días, Dios mismo a través de su Palabra proclamada en la liturgia de la Iglesia nos llama a la conversión de mente, corazón y vida al amor misericordioso de Dios y al amor comprometido con el prójimo. En estos días resuena con fuerza la llamada a la penitencia y a la reconciliación con Dios y con los hermanos, en especial en el sacramento de la Penitencia.
En este año jubilar paulino, en que la Iglesia universal contempla la figura de San Pablo, el Apóstol nos exhorta como a los cristianos de Corinto: “En nombre de Cristo os pedimos que os dejéis reconciliar con Dios” (2 Co 5, 20). Y también: “Mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Co 6, 2). Contemplando la imagen de Cristo, que sufre y muere en la Cruz por amor a todos nosotros, dejemos que nuestros corazones se conviertan a Dios y al prójimo.
San Pablo experimentó el momento decisivo de su vida, su conversión, en el camino de Damasco, después de un periodo en que persiguió ‘con saña’ a la Iglesia y a los cristianos. Aquella experiencia hizo que su vida sufriera un brusco viraje, un cambio total de perspectiva, llegando a considerar ‘basura’ todo aquello que antes constituía su máximo ideal. ¿Qué sucedió en aquel camino? No ocurrió otra cosa sino un encuentro personal de Pablo con Jesucristo, muerto y resucitado, que transformó todo su ser, su mente, su corazón y su vida.
El Papa Benedicto XVI ha escrito que se comienza a ser cristiano en el encuentro personal con Cristo; sólo seremos auténticos cristianos si hacemos experiencia personal de Cristo. Ciertamente que Cristo no se nos mostrará de esa forma irresistible y luminosa como a Pablo; pero también nosotros podemos encontramos con el mismo Cristo Vivo en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, y, sobre todo, en la Eucaristía, donde el Señor está verdaderamente presente, y nos espera. Sólo desde este encuentro con el Resucitado nos convertiremos realmente en cristianos, en discípulos y testigos de Cristo y su Evangelio.
Como ayuda a la conversión, la Iglesia nos exhorta en este tiempo al ejercicio de las prácticas cuaresmales del ayuno, la oración y la limosna. Las tres son inseparables y cada una ha llevar a las otras. Muchas veces las miramos con indiferencia y menosprecio, en especial la ley de la abstinencia y del ayuno. Y, sin embargo, siguen teniendo su sentido. Al inicio de la cuaresma os recuerdo que los católicos mayores de catorce años y no enfermos estamos obligados a abstenernos de comer carne los viernes de cuaresma; y que los mayores de edad hasta cumplir los cincuenta y nueve años estamos obligados a ayunar –hacer una sola comida al día, aunque se permite tomar algún alimento por la mañana y por la tarde- el Miércoles de ceniza y el día de Viernes Santo. Para alanzar su fin penitencial deberán hacerse con verdadero espíritu y no por mero formalismo: sólo así nos llevarán a las obras de piedad y de caridad.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.