Cardenal García-Gasco: “Los católicos no pueden aceptar el silenciamiento de Dios en la vida pública”

garciagascoEl cardenal Agustín García-Gasco, administrado apostólico de Valencia, advierte en su carta de esta semana que “el triunfo del laicismo radical como ideología de Estado pasa también por el silenciamiento de Dios en la vida pública”, aunque en ocasiones “ese silenciamiento se disfrace bajo nobles finalidades”. Ante ello, según informa a algencia AVAN, el purpurado defiende que “el compromiso social y político de los católicos no puede en modo alguno aceptar esa censura intelectual y moral” y recuerda que “esta sociedad no es patrimonio del Estado, sino de las personas, de los ciudadanos. Entre ellos están también los ciudadanos de religión católica”.

Frente al “laicismo de Estado”, el Cardenal invita a proclamar “alto y claro, y no simplemente susurrar” la libertad y dignidad de cada persona humana, sus derechos innatos fundamentales, la verdad de la vida y de la familia, y exhorta también a “romper con la cultura de la vaciedad y la desesperanza, para construir el nuevo modo de vivir que surge del Evangelio”.

El purpurado, que titula su carta “Cultura del Amor frente a laicismo de Estado”, considera que la historia reciente “muestra la debilidad y el fracaso de una cultura social y política basada en el laicismo radical”, y destaca que “ningún Estado es Dios ni puede pretender ocupar su lugar ante la persona humana”. De igual modo, tampoco las relaciones familiares pueden ser comprendidas “desde un esquema de egoísmo materialista” y considera que “mientras el Estado es incapaz de amar, la familia es el santuario del amor y de la vida personales, la fuente primaria de humanización de la entera sociedad”.

Más adelante, el Cardenal invita a los católicos a ejercer, frente al “laicismo de Estado” su compromiso social y político desde la libertad, que “sirve también para liberarnos de las presiones que intentan reducir la libertad religiosa a la conciencia singular o, como mucho, a la intimidad privada y familiar, sin derecho a que cada persona pueda expresarse legítimamente en sus ámbitos profesionales, artísticos y culturales, sociales y políticos”. A este respecto propone “varias direcciones precisas” hacia las que dirigir ese “compromiso social y político del fiel laico”:

En primer lugar, “asegurar a todos y a cada uno el derecho a una cultura humana y civil, que viene exigido por la dignidad de la persona, sin distinción de raza, sexo, nacionalidad, religión o condición social”. Se trata de un “principio básico” que implica “el derecho de las familias y de las personas a una escuela libre y abierta; la libertad de acceso a los medios de comunicación social, sin monopolios ni controles ideológicos; la libertad de investigación, de divulgación del pensamiento, de debate y de confrontación”.

En segundo lugar, el compromiso del cristiano laico ha de ser con la “búsqueda de la verdad en el contenido de la cultura”. A este respecto el Cardenal invita a rechazar “todas las visiones reductivas del hombre y de la vida, porque el compromiso cristiano está con la verdad y contra las diversas formas históricas de falsedad, mentira y alienación humanas”.

En tercer lugar, los cristianos “deben trabajar generosamente para dar su pleno valor a la dimensión religiosa de la cultura, que eleva la calidad de vida humana en el plano social y en el individual” . Según el purpurado, “cuando se niega, se relega, o se excluye la dimensión religiosa de una persona o de un pueblo se niegan también legítimos valores artísticos y culturales que entroncan en el derecho a la personalidad”.
Al término de su carta, el cardenal Agustín García-Gasco anima a “romper con la cultura de la vaciedad y la desesperanza, para construir el nuevo modo de vivir que surge del Evangelio”, en el que se fomente “una cultura de la dignidad humana para todos con libertad, con verdad y con apertura a Dios” y concluye que “éste es el horizonte de progreso irrenunciable”.

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