Benedicto XVI destaca el valor espiritual y civil de la existencia del Estado Vaticano

papavaticanoAl mediodía de ayer, en la Sala Clementina del Vaticano, el Santo Padre recibió, según ha difundido Radio Vaticano, a los participantes en el Congreso de estudios organizado con ocasión del 80° aniversario de la fundación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Benedicto XVI ha aludido en su discurso al tema sobre el que han detenido su atención: “Un pequeño territorio para una gran misión”; el Papa les ha dicho que han reflexionado juntos sobre el valor espiritual y civil que tiene este pequeño Estado soberano, puesto enteramente al servicio de la gran misión encomendada por Jesucristo al apóstol Pedro y a sus sucesores.
El Santo Padre ha agradecido al cardenal Giovanni Lajolo, no sólo las palabras que le ha dirigido en nombre de los presentes, sino también el empeño que, tanto él como sus colaboradores del Gobernatorato, han puesto para solemnizar la significativa meta de los ochenta años de existencia y de actividad del Estado Vaticano. Además el Papa ha expresado su viva complacencia por las celebraciones y por las diversas iniciativas conmemorativas de estos días, tendentes a profundizar y hacer conocer mejor la historia y la fisonomía de la Civitas Vaticana.
Benedicto XVI ha dicho que a 80 años de su fundación, la Ciudad del Vaticano constituye una realidad pacíficamente adquirida, aunque no siempre bien comprendida en sus razones de ser y en las múltiples tareas que está llamada a realizar. Y añadió que para quien trabaja diariamente al servicio de la Santa Sede, o para quien vive en la ciudad, es un hecho descontado el que exista en el corazón de Roma un pequeño Estado soberano. Pero no es conocido para todos el hecho de que sea fruto de un proceso histórico bastante atormentado, el que ha hecho posible su constitución, motivada por altos ideales de fe y de clarividente conciencia de las finalidades que debía satisfacer.
El Papa también ha explicado que cuando se vuelve con la memoria al 11 de febrero de 1929, no se puede dejar de pensar con profundo reconocimiento en quien fue el principal artífice y protagonista de los Pactos Lateranenses, su venerado Predecesor Pío XI. Y ha destacado que precisamente durante estos días su nombre ha resonado varias veces, porque él fue “con lúcida clarividencia e indómita voluntad el verdadero fundador y el primer constructor de lo Estado de al Ciudad del Vaticano”. Y ha agregado que, por otra parte, los estudios históricos aún en curso sobre su pontificado nos permiten percibir cada vez más la grandeza del Papa Achille Ratti, quien guió a la Iglesia en los difíciles años entre las dos guerras mundiales.
Benedicto XVI ha recordado que el Papa Pío XI con mano firme dio un fuerte impulso a la acción eclesial en sus múltiples dimensiones, como la expansión misionera; la atención por la formación de los ministros de Dios; la promoción de la actividad de los fieles laicos en la Iglesia y en la sociedad; y la intensa relación con la comunidad civil. Porque como ha dicho el Santo Padre, durante su pontificado el “Papa Bibliotecario” tuvo que hacer frente a las dificultades y a las persecuciones que la Iglesia sufría en países como México y España; y a la lucha que contra ella emprendieron los totalitarismos surgidos y consolidados en aquellos años. Y ha añadido: “verdaderamente quedamos admirados ante la obra sabia y fuerte de este Pontífice, que para la Iglesia quiso sólo esa libertad que le permitiera desarrollar integralmente su misión”.
Benedicto XVI ha añadido que el Estado de la Ciudad del Vaticano, fue considerado por Pío XI “un instrumento para garantizar la necesaria independencia de toda potestad humana, para dar a la Iglesia y a su Supremo Pastor la posibilidad de cumplir plenamente el mandato recibido de Cristo Señor”. Y ha recordado que diez años después, – el 11 de febrero de 1939 – se vio cuánto, esta pequeña pero completa realidad de Estado fuera útil y beneficiosa para la Santa Sede, para la Iglesia, así como para Roma y el mundo entero, cuando estalló la II guerra mundial; una guerra que llegó con sus violencias y sufrimientos hasta las puertas del Vaticano”.
Por esta razón el Papa ha manifestado que se puede afirmar que a lo largo de los ocho decenios de su existencia, el Estado Vaticano se ha demostrado un instrumento dúctil y siempre a la altura de las exigencias que a él le imponen y siguen imponiendo tanto la misión del Papa, como las necesidades de la Iglesia, o las siempre cambiantes condiciones de la sociedad. “Precisamente por esto – ha dicho Benedicto XVI- , bajo la guía de mis venerados Predecesores – desde el Siervo de Dios Pío XII hasta el Papa Juan Pablo II -, se ha realizado, y aún se actúa bajo la mirada de todos, una constante adecuación de las normas, de las estructuras y de los medios de este singular Estado construido en torno a la Tumba de Apóstol Pedro.
La Civitas Vaticana – ha expresado además el Papa- es en verdad un punto casi invisible en los planisferios de la geografía mundial, un Estado pequeño e inerme carente de ejércitos temibles, aparentemente irrelevante en las grandes estrategias geopolíticas internacionales. Y, sin embargo, ha sido y es el centro de irradiación de una constante acción a favor de la solidaridad y del bien común.

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