El arzobispo de Tarragona comenta el sacramento del matrimonio en el Catecismo

jaumapujolepUN DESIGNIO ETERNO
15 de febrero de 2009

Siguiendo los comentarios al Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica hemos llegado ya al último de los Sacramentos: el Matrimonio. Me permitiréis que el comentario a esos puntos lo haga con más detenimiento, dada la importancia que hoy tiene una recta comprensión de la institución matrimonial para la vida de la Iglesia y de toda la sociedad.
En el momento de escribir estos comentarios se me ocurre si no sería más oportuno empezar por el final, es decir, no por el matrimonio sino por la familia, que es su consecuencia, la comunión de personas más primaria, más natural y más extendida. Pienso que si se entiende qué es la familia quizá es más fácil entender qué es el matrimonio. El cristianismo es una religión eminentemente familiar, desde muchos puntos de vista, teóricos y prácticos; tiene una idea fuerte de familia y un gran aprecio por esta institución natural que ha sido santificada por un sacramento de Cristo. Amor, matrimonio y familia serán, pues, los ejes de estos comentarios.
El primero de los puntos del Compendio sobre el Matrimonio se refiere al designio de Dios sobre el hombre y la mujer, es decir, lleva la cuestión al principio. Hay un designio de Dios sobre el ser humano; lo que el hombre es, su naturaleza, sus valores esenciales como el amor, la amistad, la donación, la manera de vivir las relaciones interpersonales, etc., se pueden vivir mejor o peor, pero nosotros no decidimos qué son ni cómo son. Puedo tener más o menos amigos, puedo cuidar o maltratar a los amigos, pero no puedo decidir por mi cuenta qué es la amistad.
El matrimonio y la familia pertenecen al designio eterno de Dios, que es quien nos ha creado. Del mismo modo que quien consume una medicina no decide cómo la debe tomar ni qué efectos debe tener, nosotros debemos descubrir también los designios de Dios para el hombre y para su felicidad. Un designio eterno, decía, pero también salvífico: no olvidemos que el mismo Jesús cuando se encarna lo hace en el seno de una familia. Las acciones de Jesús, como sus palabras, son fuente de enseñanza para todos los hombres puesto que Él es verdadero Dios pero también verdadero Hombre.
Dios es amor, crea por amor, y llama al hombre al amor, a amar. Por lo tanto, al crear el matrimonio como institución natural destina al hombre y a la mujer a una íntima comunión de vida y de amor de forma que, como recoge el Evangelio, ya no son dos sino una sola carne, una familia.
La institución matrimonial y su consecuencia necesaria, la familia, no se mueven sólo en el campo de la sociología o de los instintos; pertenecen al plan de Dios que quiere nuestra felicidad. Que desde el punto de vista histórico y concreto estos planes estén alterados por la fuerza perturbadora de las propias debilidades o por los condicionamientos sociales, no impide que podamos conocer este designio de Dios y, con su ayuda, llevarlo a cabo. Un Dios trinitario que, no lo olvidemos, también vive en familia.
† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo de Tarragona

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