El cardenal Cordes presenta en Roma el Mensaje del Papa para la Cuaresma

8_josecordesEsta martes, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se presentó el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2009, que este año se titula: “Jesús, después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre”.
Intervinieron en la presentación el cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”, monseñor Karel Kasteel, y monseñor Giampietro Dal Toso, respectivamente secretario y subsecretario del mismo dicasterio y Josette Sheeran, Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA).
La directora ejecutiva del PAM, Josette Sheeran, dijo que “una de cada seis personas padece hambre en el mundo. (…) El problema tiene que ver con la distribución de alimentos, pero también con la avidez, la discriminación, las guerras y otras tragedias”.
Tras afirmar que “hoy, un niño muere de hambre cada seis segundos”, se preguntó: “¿Qué se puede hacer para aliviar la humillación, el dolor y la injusticia del hambre? ¿Existen soluciones que ayuden a las personas a huir de la trampa del hambre de una vez por todas? La respuesta es un claro “sí”. Tenemos los medios y la tecnología para hacerlo; y se ha hecho en muchos lugares del mundo”.

La señora Sheeran puso los ejemplos de Darfur (Sudán), donde “el mundo ha impedido -por menos de 50 centésimos por persona al día- una muerte de masa por hambre” y Senegal, donde el “aumento de precios alimentarios mundiales expuso al 40% de las familias campesinas al riesgo del hambre y la malnutrición”.
Para contrarrestar esta y otras crisis, “el año pasado -dijo-, el PAM compró alimentos por un valor de más de mil millones de dólares para los propios programas, directamente en los países en desarrollo, ayudándoles a cortar de raíz el círculo vicioso de la pobreza”.
“Los programas de alimentación escolar del PAM en el mundo -subrayó- (…) representan un medio eficaz y sostenible para proporcionar instrucción y alimentos, reforzando al mismo tiempo el papel social de las mujeres y de las chicas”, como sucede por ejemplo con el programa que se está aplicando en Afganistán.
La directora ejecutiva del PAM explicó que este organismo “colabora con instituciones caritativas y ONGs de todo el mundo”. Por ejemplo, “trabaja con las Caritas locales en las diócesis de casi 40 países en programas de “alimento a cambio de trabajo”, sanitarios y educativos. Trabajamos también -terminó- con el Catholic Relief Services, colaborando en quince países”.
Por su parte, el cardenal Cordes señaló que “año tras año, las palabras del Papa nos recuerdan el compromiso de abrir nuestros corazones y nuestras manos a quienes lo necesitan”, observando a continuación que “para no degradarse a ideologías o a puro ejercicio mental la ayuda debe ser siempre concreta para afrontar directamente la miseria”.
El purpurado citó en este sentido su reciente viaje a uno de los barrios más pobres de Manila (Filipinas) y su exhortación a los obispos de ese país a “no rendirse ante la miseria de la humanidad, sino a intentar remediarla en lo posible”, y agregó: “Esta perspectiva de realismo me permite colocar el documento pontificio en el horizonte más vasto de la fe y de su relación con el estilo de vida actual”.
En una época caracterizada por la atención al bienestar y a la buena forma física a primera vista “el mensaje cuaresmal entra de algún modo en contradicción con esa tendencia social”, pero “el cuerpo puede convertirse en un tirano” y “su deseo de bienestar y placer quizá reduzca la libertad, y la voluntad del ser humano no podrá gestionarlo”.
“El ayuno quiere dar un corte neto a nuestra vida, (…) trasciende la dimensión terrenal y persigue un objetivo más allá de este mundo”, que en otras religiones como la budista o la musulmana es “la entrada en el Nirvana o la obediencia a Alá, Señor del cielo y la tierra”.
“Sin embargo, el ayuno en estas dos religiones no puede identificarse con el ayuno cristiano”, explicó el cardenal, porque en ambas “es la lucha contra el poder de la materia sobre el ser humano” y “está influenciado por la concepción dualista. El ayuno tiene una connotación negativa: se trata de librarnos de la carga de las cosas creadas. Pero así se corre el peligro de aislar al ser humano, encerrándolo en sí mismo. Para el cristiano, en cambio, el deseo místico no es nunca el descenso en el propio ser, sino el descenso en la profundidad de la fe, donde encuentra a Dios”.
Por eso, “el ayuno en esta Cuaresma no es negativo: ¿Cómo podríamos despreciar nuestra carne si el Hijo de Dios la asumió haciéndose hermano nuestro? Despojarse y renegarse son plenamente positivos: apuntan al encuentro con este Cristo”.
Por último, el presidente de “Cor Unum” recordó el nacimiento, después de la Segunda Guerra Mundial y de las exhortaciones del Concilio Vaticano II, de las “Acciones cuaresmales”, con las que las diócesis más pudientes ayudan a través de las colectas en Cuaresma a las más pobres. No obstante, el “bien inmenso y (…) la esperanza” que aportan esas iniciativas, observó el cardenal, “sería superficial si el sentido de la preparación para la Pascua se limitase sólo a la colecta”.
De ahí la importancia del “aspecto espiritual” del mensaje de este año, con el que el Papa “no quiere añadir simplemente una más a las tantas iniciativas humanitarias de nuestros días”. Para los fieles, dar cuanto se ha ahorrado renunciando “a lo bueno y útil (…) debe tener un significado cristiano: contener el propio yo debe dejar espacio para ofrecerse a Dios, porque sólo Él es, a fin de cuentas, la felicidad que anhelamos”.

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