El arzobispo de Tarragona: «Manos Unidas da cada día una lección de solidaridad evangélica en un mundo dividido»

mons-jaume-pujolCon motivo de la celebración este año del cincuentenario de la fundación de Manus Unidas, organización católica española que trabaja para erradicar el hambre en el mundo y que el próximo domingo celebra su jornada anual, el arzobispo de Tarragona Mons. Jaume Pujol, ha escrito su carta de esta semana a glosar la significaión de esta efeméride y a a animar a vivbir el espiritu de la solidaridad cristiana con quienes todavía padecen en nuestro mundo el gran drama del hambre y y subdesarrollo. A continuación reproducimos para nuestros lectores la carta de Mons. Jamue Pujol.

BODAS DE ORO DE MANOS UNIDAS
8 de febrero de 2009

Este año comienzan los actos de celebración del 50 aniversario de Manos Unidas a los que quiero adherirme. Lo hago con el entusiasmo con el que bendigo cada año esta organización tan querida y la satisfacción de comprobar como, medio siglo después, tiene una vitalidad mayor que nunca.
Volvamos la mirada atrás y nos encontraremos con los orígenes. Bien pudiéramos decir: “y al principio fue la mujer”. En efecto, fue un grupo de animosas mujeres de Acción Católica las que, atendiendo un llamamiento de la FAO contra el hambre en el mundo, pasaron de las lamentaciones a la acción y se lanzaron a hacer lo que podían, que pareció poco y sería mucho. Aquel primer año recaudaron donativos en parroquias y colegios con destino a África y a India. Lo hicieron estableciendo una jornada, que ya es tradición en la sociedad española: el segundo domingo de febrero.
Desde entonces millones de personas en todo el mundo han sido beneficiadas por otras personas que nunca conocerán, que han entregado lo más valioso que tenemos —el tiempo— a favor de aquellos seres lejanos que consideran de su familia, por ser miembros de la familia universal de los hijos de Dios.
En un mundo propicio a establecer fronteras y soberanías, Manos Unidas da cada día una lección de solidaridad que tiene el fondo evangélico de cómo vivían los primeros cristianos, de los que nos dice el Nuevo testamento que tenían “un solo corazón y una sola alma”.
Pablo VI fundó un Consejo Pontificio que precisamente tiene por nombre “Cor Unum”, encargado de velar por las necesidades asistenciales de la Iglesia. El secretario de este organismo vaticano, monseñor Karel Kasteel, ha querido sumarse a la celebración del cincuentenario de Manos Unidas, afirmando que quienes la fundaron “hicieron algo maravilloso para la Iglesia”.
Actualmente hay 71 delegaciones con un total de 96.000 personas, entre socios, voluntarios y colaboradores. Es pues una fuerza de choque importante, movida por el amor, que ayuda a quienes necesitan ser ayudados para llevar a cabo proyectos que en Europa ni siquiera nos planteamos como prioritarios: encontrar agua mediante pozos, levantar dispensarios, alfabetizar en aldeas perdidas, enseñar nuevos cultivos más productivos…
Las personas de Manos Unidas no se plantean ayudar y evangelizar como si fueron términos contrapuestos, como a veces han sido planteados: su forma de evangelizar es auxiliando a la pobreza, y su forma de ayudar es llevando el mensaje evangélico que nos induce a amar a los demás como a nosotros mismos y más aún, como Cristo les ama.
En la actual crisis financiera se habla a menudo de créditos basura y de rescates bancarios. En la crisis espiritual que vive el mundo, la basura es el egoísmo y el rescate procede de la generosidad de quienes se vuelcan en los demás. Manos Unidas lleva 50 años trabajando en esta dirección y estoy seguro de que seguirá haciéndolo para gloria de Dios y servicio a la humanidad.
† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona

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