El cardenal Herranz clausura en Tarragona el Año santo en presencia del presidente Montilla

montillaobisposcatalanesEl cardenal Julián Herranz ha clausurado este domingo en la catedral de Tarragona el Año Santo de San Fructuoso. En el acto de clausura estuvieron presente la mayoría de los obispos de Cataluña entre los que se encontraban el arzobispo de Tarragona Mons. Joan Pujo, el cardenal Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, y el nuncio Mons. Manuel Monteiro,así como representantes de la Iglesia Ortodoxa. La representación civil estuvo encabezada por el presidente de la Generalitat, José Montilla, quien remarcó, según señala Europa Press, las buenas relaciones existentes entre el Govern y la Iglesia Católica, que –según dijo– son “correctas y fluidas”.
Montilla subrayó también el “papel creciente” de la Iglesia catalana y manifestó que existen valores “ampliamente compartidos” con la sociedad como la libertad, la justicia, el esfuerzo y la solidaridad, que se deben poner “de relieve en tiempos como los actuales, de crisis”. Además, añadió que todo gobierno tiene “la obligación” de mantener relaciones “fluidas” con la religión mayoritaria, la católica en el caso de Catalunya.
La ceremonia, de dos horas de duración, se inició con el cierre de la puerta principal de la Catedral, simbolizando así el cierre del Año Jubilar. En la homilía se recordó a las víctimas del temporal que ayer azotó a Catalunya, especialmente a los niños fallecidos en Sant Boi de Llobregat (Barcelona).
El Cardenal Herranz leyó una carta del Papa en motivo de la clausura, en la que Benedicto XVI ruega que este evento “dé nuevos impulsos a una acción pastoral intensa” que haga sentir a todos “la alegría y responsabilidad” de ser miembros vivos de la Iglesia.
El Año Jubilar, considerado un “éxito” por el arzobispado y con la visita de más de 150.000 peregrinos, conmemoraba los 1.750 años del martirio de San Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio en el Anfiteatro romano de Tarragona.
Ofrecemos a nuestros lectores a continuación el texto de la homilía del cardenal Herranz:

EUCARISTIA EN LA SOLEMNE CLAUSURA DEL 1750 ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE SAN FRUCTUOSO, OBISPO, Y DE SUS DIÁCONOS AUGURIO Y EULOGIO
Homilía
Estimats germans i germanes:
El Senyor sap quant m’agradaria poder fer en català aquesta homilia, la bonica llengua de Mossèn Cinto Verdaguer i de Balmes. Malauradament, la meva pobra pronunciació feriria els vostres oïdes, i no vull afegir un martiri més al dels Protomàrtirs de Tarragona. Sé que teniu un gran cor, i espero que em perdonareu si segueixo l’homilia en castellà, una llengua germana.
Estamos aquí reunidos, en esta espléndida catedral de la archidiócesis paulina de Tarragona, para la clausura del Año Jubilar del 1750 Aniversario del Martirio del Obispo San Fructuoso y de sus dos diáconos Augurio y Eulogio, víctimas de la persecución contra los cristianos decretada por el Emperador Valeriano. Es un aniversario que coincide con el también Año Jubilar dedicado por el Papa al nacimiento de San Pablo, cuya Conversión al cristianismo celebramos hoy, y que según una sólida y avalada tradición fue evangelizador desde Tarraco de la Hispania citerior, cumpliendo el deseo por él mismo expresado en su Carta a los cristianos de Roma (Cfr. Rom. 15, 24).
“La conmemoración de estos mártires —nos ha escrito el Santo Padre en el hermoso Mensaje leído al comienzo de esta solemne Eucaristía— nos lleva a pensar en una comunidad que, habiendo recibido en los albores del cristianismo el mensaje evangélico trasmitido por los Apóstoles, supo confesar, vivir y celebrar su fe sin temor, incluso en un ambiente de incomprensión y hostilidad. El testimonio de quienes dieron su sangre por Cristo sigue iluminando y fortaleciendo la fe de la Iglesia”. El Papa nos describe así —queridos hermanos— la victoria de los Protomártires de Tarragona, que sigue iluminando nuestras vidas y la misión evangelizadora de la Iglesia.
¿“Victoria” ser martirizados?, ¿“Victoria” perder la vida por Cristo? Hoy, a la ideología materialista y agnóstica de algunos sectores, llamar “victoria” a un gesto así parecerá fanatismo, estupidez o locura. Pero fue y será siempre una espléndida victoria. Porque, como con sereno coraje enseñó a los primeros cristianos el Apóstol Juan ante la hostilidad de los paganos: “Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5, 4). Especialmente el martirio cristiano es la pacífica victoria de la fe, de la verdad y el amor sobre la violencia ideológica de la mentira y del odio. Lo ha recordado el Santo Padre, celebrando hace un mes la Fiesta de San Esteban, Protomartir de la Iglesia universal: “Alabemos a Dios —decía el Papa— porque esta victoria permite también hoy a tantos cristianos no responder al mal con el mal, sino con la fuerza de la verdad y del amor” (Alocución en el Angelus, 26 de deciembre de 2008).
¡La verdad y el amor! La verdad liberadora de Cristo —verdad sobre la paternidad de Dios y sobre la dignidad del hombre— y el amor misericordioso de Dios por la humanidad: esas son las componentes esenciales del mensaje cristiano, del Evangelio, que desde la primera Iglesia de Jerusalen se ha extendido a lo largo de los siglos a la Iglesia universal, extendida de oriente a occidente. ¡Con qué íntimo gozo hemos escuchado la lectura del Evangelio de San Marcos sobre el mandado misionero encomendado por Cristo a los Apóstoles: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc. 16, 15)! A continuación se han leído las palabras de San Fructuoso pronunciadas momentos antes de la muerte: “Ahora debo orar por la Iglesia Católica extendida de oriente a occidente”. Los Protomártires de Tarragona murieron así: rezando por esta Iglesia particular, y a la vez, por toda la Iglesia, por la Iglesia Católica, universal, que el fervor misionero de los Apóstoles y de sus sucesores habían extendido ya en el siglo III “de oriente a occidente”, por todo el mundo entonces conocido. ¡Que hermoso es, queridos hermanos, considerar una vez más las profundas raíces que tiene la fe cristiana en la cultura, la historia y las estructuras sociales de Cataluña, de España y de Europa!
En la misma Carta a los Romanos en que hablaba de su próxima venida a España, San Pablo escribía como hemos oído en la segunda lectura de la Misa: “Hermanos, he recibido de Dios la gracia de ser servidor de Jesucristo” (Rom. 15, 15-16). Siguiendo el ejemplo del Apóstol Pablo, San Fructuoso —servidor también de Jesucristo— dijo serenamente a sus verdugos rechazando el culto al Emperador que se quería imponer civilmente contra la fe cristiana: “Yo adoro al único Dios que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen”. Por eso, con razón, el querido Pastor actual de esta Iglesia de Tarragona ha escrito y predicado a lo largo del Año Jubilar: “El objetivo general es Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor (…) La fe de Fructuoso es nuestra fe; el testimonio de Fructuoso, admirable hasta el martirio, es el testimonio que estamos llamados a dar ante este mundo que con frecuencia olvida la fuente de agua viva y busca el agua en aljibes agrietados (cfr. Jr. 2, 13)” (S. E. Mons. Jaume Pujol, Carta Pastoral con motivo del Año Jubilar, 25 de diciembre de 2007, p. 5).

II. Sí, queridos hermanos y hermanas: en este nuestro mundo, donde los cristianos procuramos ser, con la ayuda de Dios, sembradores de “verdad y de amor” y, por tanto de paz y de alegría, sin pesimismos inútiles, ni falsos respetos humanos, hay también quienes, por no conocer a Cristo o por haberse alejado de El, buscan saciar su sed de felicidad en los “aljibes agrietados” de falsos conceptos de libertad y de verdad.
Efectivamente, Jesucristo dijo: “Si permaneceis en mi palabra, conocereis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8, 31-32); en cambio los profetas de la falsa felicidad pagana y libertaria invierten engañosamente los términos afirmando: “no penseis que la verdad os hará libres, sino que la libertad os hará verdaderos”. Pero lo que ellos entienden por “libertad” no es una verdad sino una mentira, sugestiva pero engañosa. Para ellos libertad equivale al derecho del individuo a satisfacer sin límites sus propios deseos e instintos: es decir, a no admitir o aceptar ninguna norma moral que pueda limitar la búsqueda egoística del placer personal.
Nosotros, cristianos, fieles como San Pablo y San Fructuoso a la Buena Nueva de Jesucristo y con ella a al dignidad humana y sobrenatural de la persona, decimos a los hermanos nuestros engañados por esta ideología paganizante: No, hermanos, así no seréis verdaderamente libres, así os convertiréis en esclavos. En esclavos del dinero, del sexo, de la droga, del poder, de los muchos ídolos a los que rinde incautamente culto quien rechazando a Cristo pierde a la vez su propia dignidad. No, hermanos, así no seréis ni verdaderamente libres, ni verdaderamente felices. Porque la verdadera libertad —inseparable de la dicha también terrena— la libertad de la que el hombre ha sido dotado por su Creador, no es la libertad “de hacer cualquier cosa que se desee” sino “la capacidad que le ha sido dada permanentemente de buscar lo verdadero con la inteligencia y de adherir con el corazón al bien (Juan Pablo II, Mensaje para la “Jornada Mundial de la Paz”, 8 de diciembre de 1987).
El Año Jubilar de los Protomártires de Tarragona ha sido clausurado, pero no se clausura, al contrario se proyecta en el futuro, su finalidad evangelizadora, su impulso renovador en las comunidades cristianas y en toda la sociedad. Porque es muy necesario impulsar, con nuevo ardor de santidad de vida y de vibración apostólica, el servicio cristiano a la Verdad. La verdad sobre el destino del hombre, que no es el de un ser para la nada, el de un trozo de carne para la sepultura, sino la eternidad de un ser inmortal. La verdad sobre la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios y redimida por Cristo, que venció en la Cruz el pecado y la muerte. La verdad sobre la felicidad y el amor humano, sobre el amor hermoso, que tienen en la persona humana —cuerpo y alma— una dimensión espiritual muy superior a la sola dimensión biológica del puro “sexo”. La verdad sobre el matrimonio, que no es constituido biológicamente por cualquier pareja humana, heterosexual u homosexual, sino la unión estable de un hombre y una mujer abierta a la fecundidad. La verdad sobre la familia, fundada sobre esta identidad biológica del matrimonio. Pero también la verdad sobre el valor social —y por tanto merecedor de respeto y de tutela jurídica— de la religión y, más concretamente, de la Revelación de Jesucristo que dijo de sí mismo, y de esa verdad viven gozosamente desde hace dos mil años los cristianos de esta bendita tierra de Tarragona, de Cataluña y de España: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14, 6).

III. Narran los Hechos de los Apóstoles que mientras Pablo, perseguidor de los cristianos, iba camino de Damasco “una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?». Él preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?». Y la voz le respondió: «Yo soy Jesús, a quién tú persigues» (Act. 9, 3-5)”. E inmediatamente la pregunta de Pablo, fruto de su conversión: «¿Qué debo hacer, Señor?» (Act. 22, 10). Desde ese momento Pablo convirtió su vida en una completa entrega a la voluntad divina. Por eso pudo hacer gozosamente, pasados los años, estas confidencias de enamorado que se recogen en la antífona de la Comunión: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me ha amado y se entregó por mí» (Gal 2, 20).
Recordando estas palabras del Apóstol, ha dicho el Santo Padre que el Año Paulino es un año de peregrinación, pero “no solamente en el sentido de un camino exterior hacia lugares paulinos, sino también, y sobre todo, en el sentido de una peregrinación con el corazón, junto a San Pablo, hacia Jesucristo” (Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2008). Termina hoy el Año Jubilar de los Protomártires de Tarragona y terminará en junio el Año Jubilar de San Pablo, pero no termina —al contrario, pedimos al Señor que sea cada día más profunda— esa peregrinación nuestra “con el corazón hacia Jesucristo”, que nos pide el mismo Vicario de Cristo.
Pero, ¿cómo ha de ser sobre todo esa peregrinación interior, del alma hacia Dios, que ha de durar toda nuestra vida? Es evidente que el camino no puede ser otro que el indicado por el mismo Señor: la Palabra de Dios y los Sacramentos. Su Palabra, especialmente la lectura y la meditación de los Santos Evangelios, de la vida y de las enseñanzas del mismo Cristo; y la recepción de los sacramentos por Él instituidos, especialmente el Sacramento de la Penitencia, o confesión sacramental, que asegura con la gracia divina la reconciliación, la alegría y la paz; y el Sacramento de la Eucaristía, que une toda nuestra vida al sacrificio de Cristo en la Santa Misa, mientras que en la sagrada Comunión Cristo se convierte por amor nuestro en alimento del alma y pan de vida eterna.
* * *
Terminemos con una oración, que confiamos a la intercesión de Santa María y de los Santos Protomártires de Tarragona:
SEÑOR, el Santo Padre nos recuerda en su Mensaje que “el sentido y la plenitud de nuestra existencia, la razón de la mayor esperanza y más íntimo gozo, es la relación con Dios, fuente de la vida (cfr. Spes salvi, 27)”; te rogamos por eso que grabes bien en nuestras almas la necesidad y el deseo de seguir este camino interior de peregrinación hacia Ti: Palabra de Dios y Sacramentos, en primer lugar la activa participación en la Eucaristía dominical.
SEÑOR, que has querido glorificar a tu Hijo con la conversión de San Pablo y con la vida y pasión de los Santos Mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio, haz que su ejemplo de fe indómita y de fervor misionero, nos lleve a anunciar con nuevo ardor —en nuestro ambiente familiar y social— la Buena Nueva de Jesucristo: su Verdad que libera; su Luz, que responde a las grandes preguntas sobre la vida y el destino del hombre; su Amor infinitamente misericordioso, que da paz y alegría al alma; sus promesas de vida eterna, que además de ayudar a amar las nobles realidades humanas, aseguran, aún en medio de las contradicciones y del dolor, la esperanza y la felicidad verdaderas.
SEÑOR, que has querido unir inseparablemente la Eucaristía y la Reconciliación al Sacramento del Orden, haz que según tu misericordia y tu promesa no falten a la Iglesia los numerosos y santos Pastores que tus fieles necesitan; haz que en esta Archidiócesis, con renovado fervor y como fruto particular de este Año Jubilar, colaboremos todos — especialmente los sacerdotes, los padres de familia y todos los educadores de la juventud— en la Obra de las vocaciones sacerdotales, en la pastoral vocacional que urge promocionar, porque Tú lo mismo lo recuerdas: “la mies es mucha y los obreros son pocos” (Mt 9, 37).
MARÍA SANTÍSIMA, Madre de Cristo y Madre nuestra, Reina de los Mártires, en tus manos ponemos confiados estos propósitos de progreso espiritual y apostólico, para el bien personal nuestro, de nuestras familias y de todas las comunidades cristianas. Confórtanos con tu maternal protección.
Amen.
Card. JULIÁN HERRANZ
Tarragona, 25 de enero de 2009

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