Amplio respaldo episcopal y popular a Mons. Asenjo en su llegada a la Archidiócesis de Sevilla

asenjoamigoEsta mañana se ha celebrado en la Catedral el acto de recepción y toma de posesión de Mons. Juan José Asenjo Pelegrina como Arzobispo Coadjutor de la Archidiócesis de Sevilla. Cuarenta y cuatro prelados acompañaron a Mons. Asenjo en el comienzo de su oficio en la Archidiócesis hispalense. Tres cardenales -los de Madrid, Barcelona y Toledo, además de mons. Amigo Vallejo-, nueve arzobispos y treinta obispos se sumaron al nuncio apostólico en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, en una jornada que no se vivía en Sevilla desde que Mons. Amigo Vallejo tomara posesión como arzobispo coadjutor el 29 de junio de 1982.
Esta mañana, otro prelado accedió al primer templo de la Archidiócesis por la Puerta de la Asunción para iniciar una celebración litúrgica cargada de simbolismo. A las doce del mediodía, y acompañado por el cardenal Amigo, Mons. Juan José Asenjo fue recibido por el deán y los miembros del Cabildo Catedral. Tras besar la reliquia del Lignun Crucis, se dirigió a la Capilla de la Antigua donde se postró ante el Santísimo. En la procesión de entrada, los prelados estuvieron precedidos por cerca de seiscientos sacerdotes procedentes fundamentalmente de las diócesis de Sevilla y Córdoba, si bien no faltaron presbíteros de Sigüenza, Madrid, Toledo y otras diócesis españolas.
El capítulo de autoridades estuvo presidido por el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono; los alcaldes de Sevilla y Córdoba, Alfredo Sánchez Monteseirín y Rosa Aguilar -entre otras localidades-; el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón; el general jefe de la Fuerza Terrestre y de la Región Militar Sur, Virgilio Sañudo; los consejeros de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán y Evangelina Naranjo; el vicepresidente de la Generalitat Valenciana, Juan Gabriel Cotino; el representante del Poder Judicial en Sevilla, Antonio Reinoso; entre las numerosas autoridades políticas que se dieron cita esta mañana en el primer templo de la Archidiócesis.
Como marca el Código de Derecho Canónico, se dio lectura a las letras apostólicas. Este documento, firmado por el Papa Benedicto XVI, recoge el nombramiento de Mons. Asenjo como arzobispo coadjutor de la sede hispalense, y en él se hace mención expresa de la petición que en su día hizo el cardenal al Santo Padre: “Nuestro Venerable Hermano Carlos, Cardenal de la Santa Iglesia Romana Amigo Vallejo, de la Orden de los Hermanos Menores, Arzobispo Metropolitano de la antigua, insigne y para Nos queridísima Sede Hispalense, pidió recientemente un Coadjutor para mejor ejercer su ministerio pastoral. Y Nos, Sucesor de san Pedro y Padre universal, queriendo acceder a esta petición del Prelado, a ti, Venerable Hermano, que estás dotado de manifiestas cualidades y eres muy experto en los asuntos eclesiales, te consideramos idóneo para asumir tal oficio”.
El documento apostólico fue mostrado al cardenal y al Colegio de Consultores antes de que Carlos González, secretario general y canciller, levantara acta, procediéndose a la celebración de la Eucaristía, que fue presidida por Mons. Amigo, con el nuevo arzobispo coadjutor a su derecha como primer concelebrante.
En su homilía, el cardenal Amigo subrayó que “nunca agradeceremos suficientemente al Santo Padre Benedicto XVI el habernos concedido un arzobispo coadjutor. Será, no solo una inestimable ayuda, sino un verdadero pastor que cuidará de esta Iglesia de Sevilla”, destacó.
Tras recordar las figuras de los santos Isidoro y Leandro, el beato Marcelo Spínola y santa Ángela de la Cruz, como referentes de la comunidad eclesial sevillana, mons. Amigo subrayó que la designación de mons. Asenjo es “motivo de un enorme gozo para todos nosotros”. A continuación destacó las cualidades humanas y episcopales del nuevo arzobispo coadjutor -“tan relevantes como conocidas”, apostilló- e hizo especial mención de su “experiencia en la relación con las más diversas instituciones, amplio conocimiento de las estructuras diocesanas y del gobierno pastoral de una diócesis, acercamiento y asimilación de la cultura religiosa de Andalucía”. “Todo ello constituye un más que extraordinario aval de eficiencia episcopal y de gobierno pastoral”, añadió.
El cardenal finalizó su homilía con unas palabras dedicadas a Córdoba, diócesis de procedencia de mons. Asenjo: “la Iglesia de insignes obispos y grandes prelados, de heroicos mártires, de tantos santos, apóstoles, misioneros… Una Iglesia antigua y con notable pujanza evangelizadora y cultural en la actualidad”.
Al término de la celebración, y después de la intervención del nuncio, tomó la palabra mons. Juan José Asenjo, que comenzó dando gracias a Dios por elegirle “para hacerme hijo suyo en el bautismo, me regaló el don siempre inmerecido del sacerdocio, me concedió la plenitud del sacramento del orden y que hoy me trae a vosotros para continuar en esta Iglesia su obra de salvación”. Tras saludar al cardenal, nuncio, obispos y autoridades presentes, mons. Asenjo tuvo un recuerdo para su madre, que permanece todavía en Córdoba, sus familiares, y su localidad natal, Sigüenza. Destacó que viene a servir a una Iglesia “con una historia esplendorosa, que a lo largo de los siglos ha dado admirables frutos de santidad”.
“Al iniciar en esta mañana mi ministerio para colaborar con el señor cardenal al servicio de la Archidiócesis de Sevilla, tengo la conciencia muy viva de que no me pertenezco a mí mismo, sino a Jesucristo y, desde hoy a esta Iglesia, pues la expropiación de uno mismo en favor del pueblo de Dios al que sirve es una característica connatural al ministerio del obispo y de los presbíteros”, subrayó. Seguidamente, pidió a la asamblea que rezara por él, ahora que comienza su responsabilidad en la diócesis hispalense, al tiempo que estableció sus preferencias en el gobierno pastoral: “pedid al Señor que ame a todos los fieles con idénticas entrañas de misericordia y que, si por alguien tengo que mostrar alguna preferencia, que sea por los niños y jóvenes, las familias, los enfermos, los pobres, los que no cuentan, los inmigrantes y todos aquellos que son las primeras víctimas de la crisis económica”.

La santidad es “la necesidad más apremiante de la Iglesia y del mundo”

Mons. Asenjo mostró su disponibilidad a “colaborar lealmente con el señor cardenal en la edificación de una comunidad cristiana viva, orante y fervorosa, que vive gozosamente la comunión con el Señor y con los hermanos, una comunidad cristiana que, como la Iglesia de los orígenes, da testimonio de Jesucristo con mucho valor, una comunidad evangelizadora con la palabra y, sobre todo, con el testimonio convincente de la propia vida. Una comunidad cristiana, por fin, empeñada en transparentar a Jesucristo, anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos como Señor, salvador y mediador único y única esperanza para el mundo”. Resumió el cometido que tiene ante sí con una inequívoca declaración de intenciones: “Vengo a esta Iglesia a trabajar junto al señor cardenal en la pastoral de la santidad, la necesidad más apremiante de la Iglesia y del mundo en esta hora”. El arzobispo coadjutor finalizó su alocución poniendo su ministerio en manos de la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad y de la Archidiócesis, cuya imagen presidió el altar del Jubileo.
Mons. Asenjo tardó en retirarse a la sacristía, ya que fue abordado por numerosos fieles de las diócesis relacionadas con su vida y ministerio religioso. En declaraciones a los medios de comunicación, Mons. Juan José Asenjo subrayó que en adelante trabajará junto al Cardenal Amigo Vallejo en promover «la pastoral de la santidad», porque al mundo lo cambiarán los santos y no los técnicos.
«Renuevo y actualizo con toda la intensidad de que soy capaz las actitudes de amor a Jesucristo y a su Santa Iglesia con que inicié hace casi doce años el ministerio episcopal en la Arquidiócesis de Toledo, y que he procurado mantener, con la ayuda de Dios, en mi servicio a la Iglesia en Córdoba», dijo Mons. Asenjo ante la multitud que siguió la ceremonia por circuito cerrado.
El Prelado recordó luego sus raíces: «a mi madre que permanece todavía en Córdoba, a mis hermanos y sobrinos, a mis primos y familiares, a mi ciudad natal, Sigüenza, y a mi diócesis de origen, Sigüenza-Guadalajara, representada por su Obispo, D. José Sánchez, y su Consejo Episcopal, y por tantos hermanos y amigos, sacerdotes, consagrados y laicos, que en tan gran número, están presentes en esta magnífica catedral».
«La posesión del oficio de Arzobispo Coadjutor de Sevilla, que acabo de recibir, me vincula plenamente a esta Iglesia, a la que deberé amar, servir y dedicar todas mis energías», agregó Mons. Asenjo y saludó luego «a los sacerdotes, consagrados, seminaristas, miembros de la Acción Católica, de los grupos y movimientos apostólicos y a las hermandades y cofradías; a los voluntarios de Caritas y Manos Unidas y a toda la comunidad diocesana».
«Vengo a servir –dijo– a una Iglesia tempranamente evangelizada y con una historia esplendorosa, que a lo largo de los siglos ha dado admirables frutos de santidad». «Todo ello es para mí motivo de esperanza y, al mismo tiempo, invitación apremiante a la responsabilidad y a colaborar con el Sr. Cardenal Arzobispo en la conservación y acrecentamiento de este legado con la ayuda de Dios», añadió.
El nuevo Arzobispo Coadjutor de Sevilla destacó que «ser pastor con el estilo de Jesús significa fatiga, sudor, esfuerzo, vigilias, solicitud y entrega de la propia vida. Al iniciar en esta mañana mi ministerio para colaborar con el Sr. Cardenal al servicio de la Arquidiócesis de Sevilla, tengo la conciencia muy viva de que no me pertenezco a mí mismo, sino a Jesucristo y, desde hoy a esta Iglesia».
«Pedid al Señor que los sacerdotes encuentren en mí al padre y hermano siempre dispuesto a acogerles, escucharles y alentarles en su fidelidad y su tarea evangelizadora y santificadora y que ellos sean siempre los primeros destinatarios de mi solicitud paternal», dijo Mons. Asenjo; y agregó que espera valorar «el papel de los laicos y favorezca su participación activa en la vida de la Iglesia y en el apostolado».
«Por voluntad de Dios, vengo a Sevilla a colaborar lealmente con el Sr. Cardenal en la edificación de una comunidad cristiana viva, orante y fervorosa, que vive gozosamente la comunión con el Señor y con los hermanos, una comunidad cristiana que, como la Iglesia de los orígenes, da testimonio de Jesucristo con mucho valor, una comunidad evangelizadora con la palabra y, sobre todo, con el testimonio convincente de la propia vida, una comunidad cristiana», agregó.
«Vengo a esta Iglesia a trabajar junto al Sr. Cardenal en la pastoral de la santidad, la necesidad más apremiante de la Iglesia y del mundo en esta hora» dijo luego, al destacar que «el mundo no curará sus heridas ni aliviará el sufrimiento de tantos hermanos nuestros con las fórmulas de los sociólogos o de los técnicos, sino desde la revolución silenciosa de la santidad y del amor».
manifestó su “enorme agradecimiento” a los cordobeses y a sus amigos de Sigüenza y Toledo que se habían desplazado hasta Sevilla para acompañarle en una jornada tan intensa y llena de emociones. Finalmente, tuvo también palabras de cariño para los sevillanos, por la acogida que le han dispensado.

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