El Papa asegura que Cristo es la verdadera y mejor esperanza en tiempos de crisis

benedicto-xvi-celebracionEn tiempos de profunda crisis social y económica, o en medio del odio o la violencia, Benedicto XVI ha asegurado ayer en su homilía de la misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor que Cristo es la auténtica esperanza.
«Es el amor divino, encarnado en Cristo, la ley fundamental y universal de la creación. No en sentido poético sino real», ha recordado Benedicto XVI presidiendo la celebración de la Santa Misa en la basílica vaticana, en esta solemnidad de la Epifanía. ‘Manifestación’ de Nuestro Señor Jesucristo, que es misterio multiforme.
Tras hacer hincapié en que «en el Jesús terrenal se encuentra el culmen de la creación y de la historia», el Papa ha reiterado que «en Cristo resucitado se va más allá. El pasaje, a través de la muerte, a la vida eterna anticipa el punto de ‘recapitulación’ de todo en Cristo. Y, como afirma el mismo Jesús apareciéndose a sus discípulos después de la resurrección: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra’» (Mt 28,18).

Por otro lado también ayer el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido un apremiante llamamiento durante el Ángelus por la paz en Tierra Santa, por la liberación de los niños secuestrados en la República Democrática del Congo, y por la defensa de los Derechos de la Infancia en el mundo.
Recordando que mañana las Iglesias Orientales celebran la Santa Navidad, el Papa ha expresado una vez más su pesar por las violencias en Tierra Santa y Oriente Medio en especial sigue de cerca los enfrentamientos armados en la franja de Gaza.

«Esta certeza sostiene el camino de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, a lo largo de los senderos de la historia», ha enfatizado Benedicto XVI, refiriéndose, en particular, al momento actual de la humanidad: «No hay sombra, por tenebrosa que sea, que pueda oscurecer la luz de Cristo. Por ello en los creyentes en Cristo nunca prevalece la desesperanza. También hoy, ante la gran crisis social y económica que sufre la humanidad; ante el odio y la violencia destructiva que no cesan de ensangrentar muchas regiones de la tierra; ante el egoísmo y la pretensión del hombre de erguirse como dios de sí mismo, que conduce a veces a peligrosos desbarajustes del diseño divino sobre la vida y la dignidad del ser humano, sobre la familia y la armonía de la creación».

En este contexto, el Papa ha evocado su Encíclica sobre la Esperanza cristiana: «Nuestro esfuerzo por liberar a la vida humana y al mundo de los envenenamientos y contaminaciones que podrían destruir el presente y el futuro, conserva su valor y su sentido, como he señalado en la Encíclica Spe Salvi, aunque en apariencia no tengamos éxito o nos veamos impotentes ante la superioridad de fuerzas hostiles. Porque ‘lo que nos da ánimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios’». (n. 35)
En este año 2009, que en el cuarto centenario de las primeras observaciones telescópicas de Galileo Galilei, se ha dedicado de forma especial a la astronomía, ha recordado una vez más el Papa, no podemos dejar de prestar atención al símbolo de la estrella, tan importante en la narración evangélica de los Magos, que con toda probabilidad eran astrónomos. Y que, desde su punto de observación – en Oriente con respecto a Palestina, quizá en Mesopotamia – habían visto aparecer un nuevo astro. Interpretando este fenómeno del cielo como anuncio del nacimiento de un rey. Episodio que para los Padres de la Iglesia es como ‘una revolución’ cosmológica, causada por la entrada del Hijo de Dios en el mundo.
El Santo Padre ha recordado que el pensamiento cristiano compara el cosmos con un ‘libro’. Como decía también Galileo, considerándolo como la obra de un Autor que se expresa mediante la sinfonía de la creación. Sinfonía en la que el ‘solo’ el tema encomendado a un solo instrumento o a una voz es tan importante, que de él depende el significado de toda la obra. Y que es precisamente Jesús, al que corresponde un signo real: el aparecer de una nueva estrella en el firmamento.
En este Año Paulino, la fiesta de la Epifanía invita a la Iglesia – y, en ella, a cada comunidad y a cada fiel – a imitar, como hizo el Apóstol de las gentes, el servicio que la estrella brindó a los Magos de Oriente guiándolos hasta Jesús, ha destacado asimismo Benedicto XVI, reiterando luego la importancia de la Palabra de Dios, en la perspectiva de la reciente Asamblea del Sínodo de los Obispos, para que la Iglesia y cada uno de los cristianos puedan ser la luz que guía hacia Cristo. El Papa ha terminado invitando a rezar por estas intenciones: «Queridos hermanos y hermanas, rezad por nosotros, Pastores de la Iglesia, para que, asimilando cotidianamente la Palabra de Dios, podamos transmitirla fielmente a los hermanos. Y también nosotros rezamos por todos vosotros los fieles, porque cada cristiano está llamado por medio del bautismo y la Confirmación a anunciar a Cristo luz del mundo, con la palabra y el testimonio de su propia vida. Que la Virgen María, Estrella de la evangelización, nos ayude a cumplir juntos esta misión y que, desde el cielo, interceda por nosotros san Pablo, Apóstol de las gentes. Amén»

Durante el Ángelus el Papa hizo un apremiante llamamiento por la paz en Tierra Santa

Por otro lado también ayer el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido un apremiante llamamiento durante el Ángelus por la paz en Tierra Santa, por la liberación de los niños secuestrados en la República Democrática del Congo, y por la defensa de los Derechos de la Infancia en el mundo.
Recordando que mañana las Iglesias Orientales celebran la Santa Navidad, el Papa ha expresado una vez más su pesar por las violencias en Tierra Santa y Oriente Medio en especial sigue de cerca los enfrentamientos armados en la franja de Gaza. “Mientras una vez más repito que el odio y el rechazo del diálogo conducen a la guerra –ha exhortado el Papa- hoy querría mostrar mi apoyo a las iniciativas y a los esfuerzos de cuantos, defendiendo la paz, están intentando ayudar a israelíes y palestinos para que acepten sentarse en la mesa de negociaciones para dialogar. ¡Que Dios apoye el compromiso de estos valerosos ‘constructores de la paz’!”.
Ante miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, Benedicto XVI ha señalado asimismo que la fiesta de hoy de la Epifanía está dedicada a los más pequeños, que son “la riqueza y la bendición del mundo”. En especial el Papa se ha dirigido a todos esos niños a los que les viene negada una infancia serena, llamando la atención sobre las decenas de niños y jóvenes que, en estos últimos meses incluso en el periodo de Navidad, han sido secuestrados por bandas armadas que han atacado sus casas causando numerosas víctimas y heridos en la República Democrática del Congo.
El Pontífice ha hecho un llamamiento a “los autores de tal brutalidad inhumana, para que hagan regresar a estos jóvenes a sus familias devolviéndoles un futuro de seguridad y desarrollo al que tienen derecho al igual que esa querida población. Al mismo tiempo manifiesto mi cercanía espiritual a las Iglesias locales, también afectadas personal y materialmente, mientras exhorto a los Pastores y a los fieles a ser fuertes y firmes en la esperanza”.
Benedicto XVI ha proseguido su alocución después del rezo mariano del Ángelus recordando que los episodios de violencia contra menores que se registran en otras partes del mundo, son “todavía si cabe más despreciables” considerando que en 2009 se celebra el vigésimo aniversario de la Convención de los Derechos de la Infancia. “Un compromiso –ha subrayado el Papa- que la comunidad internacional está llamada a renovar, la defensa, tutela y promoción de la infancia en el mundo entero. Que el Señor ayude a cuantos –que son numerosos- trabajan cotidianamente al servicio de las nuevas generaciones, ayudándoles a ser protagonistas de su futuro”.
Asimismo el Papa ha recordado que hoy se celebra la Jornada de la Infancia Misionera, representando una oportunidad para poner en evidencia cómo los niños y jóvenes pueden desarrollar un papel importante en la difusión del Evangelio y en las obras de solidaridad hacia sus coetáneos más necesitados.
Previamente, en su alocución antes de la oración mariana del Ángelus, Benedicto XVI ha explicado el significado de la celebración de hoy de la Epifanía del Señor. El Papa ha puesto de relieve como la llegada de los Magos supuso estupor no sólo en Herodes, sino también en la propia población de Jerusalén.
“Jesús lloró por Jerusalén –ha narrado Benedicto XVI- porque no había reconocido el tiempo de su llegada”. Éste es precisamente uno de los puntos clave de la teología de la historia: el drama del amor fiel de Dios en la persona de Jesús que “vino a su casa y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). A la luz de la Biblia, esta actitud de hostilidad, o ambigüedad, o superficialidad, representa la de cada hombre y la del mundo –en sentido espiritual-, cuando se cierra al misterio del verdadero Dios, el cual se presenta ante nosotros con la mansedumbre del amor. “Jesús, el ‘rey de los judíos’, es el Dios de la misericordia y de la fidelidad –ha proseguido el Santo Padre- Él quiere reinar en el amor y en la verdad y pide que nos convirtamos, abandonando las obras malvadas y recorriendo con decisión el camino del bien”.
Y tras el rezo del Ángelus y el responso por los fieles difuntos, Benedicto XVI como es tradicional ha saludado en varios idiomas, felicitando en particular a todos los niños y a los adultos “para que conserven el espíritu de la infancia”. En español éstas han sido las palabras que el Papa ha dirigido a los peregrinos de nuestra lengua: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En esta solemnidad de la Epifanía contemplamos a Cristo que se manifiesta como único Señor y Salvador de todos los pueblos. Al igual que los Magos de Oriente, también nosotros queremos venir a adorar al Niño Jesús recién nacido y ofrecerle nuestra vida como ofrenda de amor y de fe. Que Dios os bendiga en este día de Fiesta”.

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