<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Agencia SIC &#187; Principal</title>
	<atom:link href="http://www.agenciasic.es/tag/principal/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.agenciasic.es</link>
	<description>Conferencia Episcopal Española</description>
	<lastBuildDate>Fri, 03 Feb 2012 13:46:37 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator>
		<item>
		<title>Benedicto XVI &#8220;Aprendamos también nosotros en la oración a poner ante Dios las fatigas y los sufrimientos&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/02/02/benedicto-xvi-aprendamos-tambien-nosotros-en-la-oracion-a-poner-ante-dios-las-fatigas-y-los-sufrimientos/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-aprendamos-tambien-nosotros-en-la-oracion-a-poner-ante-dios-las-fatigas-y-los-sufrimientos</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/02/02/benedicto-xvi-aprendamos-tambien-nosotros-en-la-oracion-a-poner-ante-dios-las-fatigas-y-los-sufrimientos/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 09:41:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1126086</guid>
		<description><![CDATA[Esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano siguiendo la temática de la semana pasada dedicó su catequesis a la Oración de Jesús, en esta ocasión en el huerto del Getesemaní, en la proximidad de su muerte. El Sucesor de Pedro se refirió a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervii2.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervii2.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia aula Nervii2" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1126093" /></a>Esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano siguiendo la temática de la semana pasada dedicó su catequesis a la Oración de Jesús, en esta ocasión en el huerto del Getesemaní, en la proximidad de su muerte.<br />
El Sucesor de Pedro se refirió a que Jesús a través de gestos y palabras asume sobre Sí mismo todas las penas de la humanidad. Esa noche, dijo el Papa hablando en italiano, Jesús se prepara para la oración personal. Pero esta vez sucede algo nuevo: parece que no quiere permanecer solo. Mucha veces Jesús se retiraba de la multitud y de los discípulos, permaneciendo en lugares desiertos o subiendo al monte. En Getsemaní, en cambio, invita a Pedro, Santiago y Juan para que permanezcan cercanos a Él. Son los discípulos que ha llamado a estar con Él en el monte de la Transfiguración.<br />
El Papa explicó que esa noche Jesús rezará al Padre permaneciendo solo porque su relación con Él es del todo única y singular: es la relación del Hijo Unigénito. Y casi se diría que sobre todo en aquella noche nadie puede verdaderamente aproximarse al Hijo, que se presenta al Padre en su identidad absolutamente única y exclusiva. Jesús, sin embargo si bien llega solo al lugar donde se detendrá a orar, quiere que por lo menos tres discípulos permanezcan cerca, en una relación más estrecha con Él. Se trata de una cercanía de espacio, una solicitud de solidaridad en el momento en el que siente que la muerte se aproxima, pero sobre todo es una cercanía en la oración para expresar, de alguna manera, la sintonía con Él, en el momento en el que se dispone a cumplir a fondo la voluntad del Padre y es una invitación a cada discípulo a seguirlo en el camino de la Cruz.</p>
<p>Al saludar a los peregrinos polacos en su idioma el Papa les dijo que “la oración de Jesús en el huerto del Getsemaní es una expresión de la total sumisión de la propia voluntad y a la entrega de su vida a Dios Padre”. Y añadió que todos estamos invitados a tener esa confianza y a cumplir la voluntad de Dios. “Sin embargo –agregó el Papa– los testigos especiales de semejante entrega son en la Iglesia las personas consagradas”. Por esta razón pidió que al celebrar mañana su jornada, “pidamos a Dios que con el poder del Espíritu Santo los fortalezca en el camino del cumplimiento de su voluntad”.<br />
Al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, Benedicto XVI se dirigió de modo particular a los Obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, procedentes de diversos países de Europa, África y Asia, a quienes animó a “trabajar con entusiasmo al servicio del Evangelio, a pesar de las dificultades que a veces puedan encontrar en su misión”. El Papa también saludó “con afecto” a los Carabineros de la región de Umbría y a los representantes de la Marina Militar de Grottaglie. A todos ellos, llamándolos “queridos amigos”, el Obispo de Roma les agradeció su presencia y los exhortó a “vivir con fidelidad su trabajo y a enriquecerlo con su personal testimonio cristiano”.<br />
Al dirigir, por último, su habitual saludo a los jóvenes, enfermos y recién casados presentes en esta audiencia, el Santo Padre destacó la figura de san Juan Bosco, que recordamos ayer y que “nos lleva –dijo– a considerar cuán importante es educar a las nuevas generaciones en los auténticos valores humanos y espirituales de la vida”. Sobre los queridos jóvenes el Papa invocó la protección particular del Santo de la juventud y manifestó su deseo de que encuentren siempre “educadores sabios y guías seguras”. A los queridos enfermos el Pontífice les recordó que su sufrimiento, ofrecido con generosidad al Señor, puede hacer fecundo el empeño que la Iglesia dedica al mundo juvenil. Mientras a los recién casados les pidió que se preparen para ser “los primeros e insustituibles educadores de los hijos que el Señor les dará”.</p>
<p><strong>Texto íntegro de la catequesis en español</strong></p>
<p>Queridos hermanos y hermanas:<br />
Deseo hablar hoy sobre la oración de Jesús en Getsemaní, en la que acompañado por tres de sus discípulos y sintiendo la proximidad de su muerte, ora íntimamente al Padre.Jesús a través de gestos y palabras, llevando a plenitud el designio de amor, asume sobre si todas las penas de la humanidad, las preguntas y las suplicas de la historia de la Salvación. Pone de manifiesto su total obediencia, abandono y confianza en el Padre. Si bien experimenta la angustia y el miedo ante la muerte, así como la turbación por el mal que debe cargar sobre sí, se abandona totalmente y las presenta al Padre que las acoge y lo escucha resucitándolo de entre los muertos.<br />
Aprendamos también nosotros en la oración a poner ante Dios las fatigas y los sufrimientos, los esfuerzo de cada día para seguirlo. Supliquémosle que nos haga sentir su cercanía y nos done su luz. Confiemos en su Providencia divina para conformar así su voluntad a la nuestra, repitiendo cada día el “si” de Jesús, el “si” de María.<br />
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Queridos amigos pidamos al Señor para que seamos capaces de vigilar con Él en oración, de cumplir su voluntad cada día aunque comporte sacrificio. Que estemos dispuestos a vivir una intimidad cada vez más grande con Él. Muchas gracias.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/02/02/benedicto-xvi-aprendamos-tambien-nosotros-en-la-oracion-a-poner-ante-dios-las-fatigas-y-los-sufrimientos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benedicto XVI, en su audiencia de los miércoles, recuerda la oración sacerdotal de Jesús</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/25/benedicto-xvi-en-su-audiencia-de-los-miercoles-recuerda-la-oracion-sacerdotal-de-jesus/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-en-su-audiencia-de-los-miercoles-recuerda-la-oracion-sacerdotal-de-jesus</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/25/benedicto-xvi-en-su-audiencia-de-los-miercoles-recuerda-la-oracion-sacerdotal-de-jesus/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 16:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1125607</guid>
		<description><![CDATA[En el marco de la celebración, de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol; en la conclusión la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano y dedicó su catequesis a la oración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-Nervii.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-Nervii.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia Nervii" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125608" /></a>En el marco de la celebración, de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol; en la conclusión la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano y dedicó su catequesis a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión.<br />
El Santo Padre recordó en su catequesis que Jesús intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía y ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia a la vez que suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria.</p>
<p><strong>Texto completo de la catequesis de Benedicto XVI</strong><br />
Queridos hermanos y hermanas:La catequesis de hoy está dedicada a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión. En ella, y evocando la fiesta judía del Yom kippùr, Jesús se presenta como Sumo Sacerdote que pide por sí mismo, por los sacerdotes y por el pueblo y, a la vez, como la víctima que se ofrece al Padre en expiación. En primer lugar, pide para Él la glorificación, invocando al Padre para que acepte su sacrificio. Después, intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía. Por último, Jesús ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia. Suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria. De ese modo, inaugura la Iglesia que se define como pueblo enviado, consagrado, llamado al conocimiento de Dios y nacido en la cruz.</p>
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular, a los grupos provenientes de España, México, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a orar como nos enseña Jesús, pidiendo a Dios que manifieste su voluntad en nuestras vidas, nos consagre y abra nuestro corazón al mundo y a la misión. Que el don de la unidad que esta Semana hemos suplicado con insistencia nos ayude a dar razón de nuestra esperanza ante los que nos rodean. Muchas gracias. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/25/benedicto-xvi-en-su-audiencia-de-los-miercoles-recuerda-la-oracion-sacerdotal-de-jesus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Discurso del Papa a la Rota Romana: invitación a  &#8220;un trabajo fiel, cotidiano y comprometedor&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/23/discurso-del-papa-a-la-rota-romana/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=discurso-del-papa-a-la-rota-romana</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/23/discurso-del-papa-a-la-rota-romana/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 10:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1125346</guid>
		<description><![CDATA[El Santo Padre Benedicto XVI ha celebrado en Roma la apertura del Año judicial en la Santa Sede con un encuentro con los miembros del Tribunal de la Rota Romana a los que dirigió un importante discurso. El Santo Padre les manifestó que representa siempre un motivo de alegría recibirlos en el ámbito del encuentro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Rota-Romana.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Rota-Romana.png" alt="" title="Benedicto XVI Rota Romana" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125350" /></a>El Santo Padre Benedicto XVI ha celebrado en Roma la apertura del Año judicial en la Santa Sede con un encuentro con los miembros del Tribunal de la Rota Romana a los que dirigió un importante discurso. El Santo Padre les manifestó que representa siempre un motivo de alegría recibirlos en el ámbito del encuentro anual con motivo de la inauguración del año judicial. Tras saludar al Colegio de los Prelados Auditores, comenzando por su Decano, Mons. Antoni Stankiewicz, a quien agradeció las palabras que le había dirigido previamente, el Papa extendió sus saludos a los Oficiales, Abogados y demás colaboradores presentes en esta audiencia.<br />
En esta circunstancia, Benedicto XVI renovó su estima por el delicado y precioso ministerio que desarrollan en la Iglesia y que requiere siempre “un empeño renovado” dada la incidencia que tiene para la “salus animarum” del Pueblo de Dios. Y se refirió ante todo a uno de los importantes eventos eclesiales que viviremos dentro de algunos meses, a saber, el Año de la Fe, que siguiendo las huellas de su venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, ha querido convocar en el 50° aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II.<br />
Este grande Pontífice –tal como el Papa ha escrito en su Carta apostólica de convocación– estableció por primera vez un período de reflexión “consciente de las graves dificultades de su tiempo y, sobre todo, con respecto a la profesión de la verdadera fe y de su recta interpretación”. Por esta razón, teniendo en cuenta una exigencia semejante, pasando al ámbito que interesa más directamente a su servicio a la Iglesia, el Papa se detuvo sobre un aspecto primario del ministerio judicial, a saber, el de la interpretación de la ley canónica en orden a su aplicación.<br />
Y afirmó que el nexo con el tema de la recta interpretación de la fe no se reduce a una mera asonancia semántica, teniendo en cuenta que el derecho canónico encuentra en las verdades de la fe su fundamento y su mismo sentido, y que la “lex agendi” no puede dejar de reflejar la “lex credendi”. Por tanto, agregó el Papa, la “cuestión de la interpretación de la ley canónica constituye un argumento muy vasto y complejo, ante el cual se limitó a hacer algunas observaciones.<br />
Hacia el final de su discurso, el Santo Padre les dijo que estas reflexiones adquieren una relevancia peculiar en el ámbito de las leyes referentes al acto constitutivo del matrimonio y de su consumación y a la recepción del Orden sagrado. Y añadió que en este ámbito la sintonía con el verdadero sentido de la ley de la Iglesia se vuelve una cuestión de amplia y profunda incidencia práctica en la vida de las personas y de las comunidades, que requiere una especial atención. Porque como dijo el Papa, se deben aplicar todos los medios jurídicamente vinculantes que tienden a asegurar la unidad en la interpretación y en la aplicación de las leyes que es requerida por la justicia.<br />
Al concluir este momento de encuentro y reflexión, el Papa recordó la reciente innovación, a la que había aludido Mons. Stankiewicz antes de la alocución del Pontífice, en virtud de la cual se han trasladado a una oficina de este Tribunal Apostólico las competencias acerca de los procedimientos de dispensa del matrimonio “rato” y “no consumado” y las causas de nulidad de la sagrada Ordenación. Benedicto XVI manifestó su certeza en la generosa respuesta que se dará a este nuevo empeño eclesial. Y tras animarlos en su valiosa obra, que requiere –dijo– “un trabajo fiel, cotidiano y comprometedor”, los encomendó a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Speculum iustitiae, y les impartió su Bendición Apostólica.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/23/discurso-del-papa-a-la-rota-romana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benedicto XVI al Camino Neocatecumenal: &#8220;Llevar a Cristo a todos los seres humanos da vida a toda obra evangelizadora&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/21/benedicto-xvi-al-camino-neocatecumenal-llevar-a-cristo-a-todos-los-seres-humanos-da-vida-a-toda-obra-evangelizadora/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-al-camino-neocatecumenal-llevar-a-cristo-a-todos-los-seres-humanos-da-vida-a-toda-obra-evangelizadora</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/21/benedicto-xvi-al-camino-neocatecumenal-llevar-a-cristo-a-todos-los-seres-humanos-da-vida-a-toda-obra-evangelizadora/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 10:07:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia en el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1125299</guid>
		<description><![CDATA[Benedicto XVI ha recibido hoy en audiencia a más de 7.000 miembros del Camino Neocatecumenal. En el curso del acto, el Santo Padre envío 17 nuevas misiones “ad gentes” en todo el mundo: doce en Europa; cuatro en América y una en África. Cada una de estas misiones está formada por tres o cuatro familias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Camino-Neocatecumenal.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Camino-Neocatecumenal.png" alt="" title="Benedicto XVI Camino Neocatecumenal" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125303" /></a>Benedicto XVI ha recibido hoy en audiencia a más de 7.000 miembros del Camino Neocatecumenal. En el curso del acto, el Santo Padre envío 17 nuevas misiones “ad gentes” en todo el mundo: doce en Europa;  cuatro  en América y  una en África. Cada una de estas misiones está formada por tres o cuatro familias numerosas, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, que con un sacerdote se trasladan a vivir a una zona descristianizada o donde el Evangelio no se  ha anunciado.</p>
<p>Estos son algunos fragmentos del discurso del Papa a los miembros del Camino Neocatecumenal presentes en el Aula Pablo VI:</p>
<p>   “En estas décadas de vida del Camino, vuestro firme compromiso ha sido proclamar a Cristo resucitado, (&#8230;) abandonando a menudo seguridades personales y materiales (&#8230;). Llevar a Cristo a los seres humanos y los seres humanos a Cristo: esto es lo que da  vida a toda obra evangelizadora. Vosotros lo hacéis mediante un camino que ayuda a redescubrir, a los que ya  han recibido el bautismo, la belleza de la vida de la fe, la  alegría de ser cristianos (&#8230;) Sabemos que es un compromiso no siempre fácil. A veces estáis presente en lugares donde hay necesidad de un primer anuncio del Evangelio; sin embargo, y a menudo, la misión “ad gentes” se lleva a cabo en regiones que, a pesar de haber conocido a Cristo, se han vuelto indiferentes a la fe: el secularismo ha eclipsado  el sentido de Dios y oscurecido los valores cristianos. En este caso, vuestro compromiso y testimonio es como la levadura que, con paciencia, respetando los tiempos, con el ‘sensus Ecclesiae’, hace crecer la masa”.</p>
<p>  “La Iglesia ha reconocido en el camino un don especial que el Espíritu Santo ha dado a nuestro tiempo; la aprobación de los Estatutos y del ‘Directorio Catequético’ son una señal. Os animo a ofrecer vuestra contribución original a la causa del Evangelio. En vuestra valiosa obra,  buscad siempre  una profunda comunión con la Sede Apostólica y con los pastores de las Iglesias particulares  a las que pertenecéis: la unidad y la armonía del cuerpo de la Iglesia son un testimonio importante de Cristo y su Evangelio en el mundo  en que vivimos”.</p>
<p> “Hace poco  os han leído el decreto con que se aprueban las celebraciones presentes  en el “Directorio Catequético del Camino Neocatecumenal”, que no son estrictamente litúrgicas, pero forman parte del itinerario de crecimiento en la fe. Es otro elemento que os demuestra cómo os acompaña  la Iglesia, con atención y paciente discernimiento, que comprende vuestra  riqueza, pero se preocupa también por la comunión y la armonía de todo el  ‘Corpus Ecclesiae’. (&#8230;) En la acción litúrgica de la Iglesia está la presencia activa de Cristo resucitado que  hace hoy presente y operante para nosotros, el  mismo Misterio pascual para nuestra salvación. (&#8230;) Esta obra del Señor Jesús, que es el verdadero contenido de la liturgia, este entrar en la presencia del misterio pascual, es también obra de la Iglesia, que, por ser  su cuerpo, es un individuo único con Cristo”.</p>
<p>  “Esto vale de modo muy especial para la celebración de la Eucaristía que, siendo el culmen de la vida cristiana, es también el fulcro de su redescubrimiento, al cual tiende el neocatecumenado. (…) Precisamente para favorecer el acercamiento a la riqueza de la vida sacramental por parte de las personas que se han alejado de la Iglesia o que no han recibido una formación adecuada, los neocatecumenales pueden celebrar la Eucaristía dominical en una pequeña comunidad”. (…)</p>
<p>  “La celebración en las pequeñas comunidades, regulada por los Libros litúrgicos, que hay que seguir fielmente, y con las particularidades aprobadas en los Estatutos del Camino, tiene la función de ayudar a cuantos recorren el itinerario neocatecumenal a percibir la gracia de estar incorporados al misterio salvífico de Cristo. (…) Al mismo tiempo, la progresiva maduración de la fe de cada persona y de la pequeña comunidad debe favorecer su incorporación en la vida de la gran comunidad eclesial, que encuentra su forma ordinaria en la celebración litúrgica de la parroquia, en la cual y por la cual actúa el Neocatecumenado”.  </p>
<p>  “Pero también durante el camino es importante no separarse de la comunidad parroquial, precisamente en la celebración de la Eucaristía, que es el verdadero lugar de la unidad de todos, donde el Señor nos abraza en los diversos estados de nuestra madurez espiritual y nos une en el único pan que nos hace un único cuerpo”.</p>
<p>  Para terminar, el Santo Padre agradeció a los neocatecumenales sus manifestaciones de cercanía y afecto, y les pidió que lo recuerden en sus oraciones.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/21/benedicto-xvi-al-camino-neocatecumenal-llevar-a-cristo-a-todos-los-seres-humanos-da-vida-a-toda-obra-evangelizadora/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benedicto XVI anima a dar un testimonio moral público de la vida cristiana</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/20/benedicto-xvi-anima-a-dar-un-testimonio-moral-publico-de-la-vida-cristiana/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-anima-a-dar-un-testimonio-moral-publico-de-la-vida-cristiana</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/20/benedicto-xvi-anima-a-dar-un-testimonio-moral-publico-de-la-vida-cristiana/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 09:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1125162</guid>
		<description><![CDATA[Benedicto XVI se reunió ayer con un grupo de obispos estadounidenses de visita ad limina apostolorum en el Vaticano. Durante el encuentro, Benedicto XVI animó a salir al paso de las amenazas planteadas por un laicismo radical, y reafirmar el derecho de la Iglesia a dar un testimonio moral público. Después de recordar la oportunidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Visita-ad-limina-USA.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Visita-ad-limina-USA-300x200.jpg" alt="" title="Benedicto XVI Visita ad limina USA" width="300" height="200" class="alignleft size-medium wp-image-1125173" /></a>Benedicto XVI se reunió ayer con un grupo de obispos estadounidenses de visita <em>ad limina apostolorum </em>en el Vaticano. Durante el encuentro, Benedicto XVI animó a salir al paso de las amenazas planteadas por un laicismo radical, y reafirmar el derecho de la Iglesia a dar un testimonio moral público.<br />
Después de recordar la oportunidad, que le brindó su viaje apostólico a Estados Unidos, de reflexionar sobre la experiencia histórica estadounidense de la libertad religiosa, el Papa comentó la larga tradición del justo respeto entre fe y razón. Una relación en la que la Iglesia, precisó, desempeña un papel crucial para contrarrestar las corrientes culturales que  «sobre la base de un individualismo extremo, tratan de promover conceptos de libertad separados de la verdad moral».</p>
<p>La tradición de la Iglesia «no habla a partir de una fe ciega — reafirmó el Pontífice— sino desde una perspectiva racional que vincula nuestro compromiso de construir una sociedad auténticamente justa, humana y próspera con la certeza fundamental de que el universo posee una lógica interna accesible a la razón humana».</p>
<p>En este sentido, la Iglesia propone un razonamiento  «basado en la ley natural» con la profunda convicción de que esa ley no constituye en absoluto una amenaza para la libertad sino  «una lengua que nos permite comprendernos a nosotros mismos y la verdad de nuestro ser, y forjar así un mundo más justo y más humano».</p>
<p>Y eso es lo que la Iglesia quiere testimoniar. Y lo quiere hacer públicamente, como corresponde a su naturaleza. A los católicos comprometidos les compete la misión de defender este testimonio frente a las amenazas planteadas por el laicismo radical difundido en las esferas política y cultural.</p>
<p>Afrontando las cuestiones de la libertad religiosa y de la protección de la vida, Benedicto XVI subrayó los esfuerzos realizados por los obispos invitando a los laicos católicos de Estados Unidos a dar un testimonio cada vez más coherente y, por tanto, creíble de sus propias convicciones para ofrecer «una importante contribución a la renovación de la sociedad en su conjunto»</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/20/benedicto-xvi-anima-a-dar-un-testimonio-moral-publico-de-la-vida-cristiana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benedicto XVI anima a &#8220;estar disponibles a la voz del Señor&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/18/benedicto-xvi-anima-a-estar-disponibles-a-la-voz-del-senor/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-anima-a-estar-disponibles-a-la-voz-del-senor</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/18/benedicto-xvi-anima-a-estar-disponibles-a-la-voz-del-senor/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 08:53:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1124959</guid>
		<description><![CDATA[Aprender a reconocer la voz de Dios y seguirla, es el tema que Benedicto trató en la reflexión previa a la oración mariana dominical del Ángelus, que rezó desde la ventana de su estudio, con los peregrinos congregados en la Plaza del Santuario de San Pedro, en la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aprender a reconocer la voz de Dios y seguirla, es el tema que Benedicto trató en la reflexión previa a la oración mariana dominical del Ángelus, que rezó desde la ventana de su estudio, con los peregrinos congregados en la Plaza del Santuario de San Pedro, en la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado con representantes de las comunidades de emigrantes de Roma.<br />
<a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png" alt="" title="Benedicto XVI Discurso" width="207" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1123699" /></a>La respuesta de Samuel a Dios: “Habla Señor que tu siervo escucha”, guiado por Elí, y la indicación de Juan Bautista a sus discípulos Juan y Andrés: “Ese es el Cordero de Dios” de las lecturas del domingo, inspiraron al Sucesor de Pedro a subrayar la importancia del acompañamiento y guía espiritual en el camino de fe, y en particular en la respuesta al llamado a la consagración al servicio de Dios y de su pueblo. Esta llamada-dijo el Papa- presupone el anuncio y el testimonio de un “hermano mayor”, que nos muestran “que es bello y posible construir toda la vida sobre el amor de Dios”.<br />
Seguir a Jesús, convivir con élEn su saludo a los peregrinos de lengua española exhortó a “estar disponibles a la voz del Señor”.</p>
<p><strong>Texto completo de la reflexión de Benedicto XVI</strong><br />
¡Queridos hermanos y hermanas!<br />
En las Lecturas bíblicas de este domingo – el segundo del Tiempo Ordinario – surge el tema de la vocación: en el Evangelio es la llamada de los primeros discípulos por parte de Jesús; en la primera Lectura es la llamada del profeta Samuel. En ambos relatos resalta la importancia de la figura que desarrolla el papel de mediador, ayudando a las personas llamadas a reconocer la voz de Dios y a seguirla. En el caso de Samuel, se trata de Elí, sacerdote del templo de Silo, donde antiguamente estaba custodiada el arca de la alianza, antes de ser transportada a Jerusalén. Una noche Samuel, que era aún un muchacho y que desde pequeño vivía al servicio del templo, por tres veces consecutivas sintió llamarse en sueños y corrió hacia Elí. Pero no era él quien lo llamaba. A la tercera vez Elí entendió, y dijo a Samuel: “y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha” (1 Sam 3,9). Así ocurrió, y desde ese momento Samuel aprendió a reconocer las palabras de Dios y se convirtió en su fiel profeta. En el caso de los discípulos de Jesús, la figura mediadora es aquella de Juan Bautista. En efecto, en torno a Juan había un vasto círculo de discípulos, y entre estos se encontraban las dos parejas de hermanos Simón y Andrés, Santiago y Juan, pescadores de Galilea. Justamente a dos de estos el Bautista les indicó a Jesús, el día después de su bautismo en el río Jordán. Se los señaló diciendo: “Este es el Cordero de Dios” (Jn 1,36), que equivalía que decir: Este es el Mesías. Y aquellos dos siguieron a Jesús, permanecieron largo tiempo con El y se convencieron que verdaderamente era Cristo. De inmediato lo dijeron a los otros, y así se formó el primer núcleo de aquello que llegaría a ser el colegio de los Apóstoles.<br />
A la luz de estos dos textos, quisiera subrayar el papel decisivo de la guía espiritual en el camino de fe y, en particular, en la respuesta a la vocación de especial consagración para el servicio de Dios y de su pueblo. La misma fe cristiana, por sí sola, presupone el anuncio y el testimonio: de hecho ella consiste en la adhesión a la buena noticia que Jesús de Nazaret ha muerto y resucitado, que es Dios. Y así también la llamada a seguir a Jesús más de cerca, renunciando a formar la propia familia para dedicarse a la gran familia de la Iglesia, pasa normalmente a través del testimonio y la propuesta de un “hermano mayor”, de hecho un sacerdote. Esto sin olvidar el papel fundamental de los padres, que con su fe genuina y gozosa y su amor conyugal muestran a los hijos que es bello y posible construir toda la vida sobre el amor de Dios.<br />
Queridos hermanos, pidamos a la Virgen María por todos los educadores, especialmente los sacerdotes y los padres, para que tengan plena conciencia de la importancia de su papel espiritual, para favorecer en los jóvenes, además del crecimiento humano, la respuesta a la llamada de Dios, a decir: “habla, Señor, tu siervo te escucha”.</p>
<p><strong>Palabras después del Angelus</strong><br />
Queridos hermanos y hermanas,hoy celebramos la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Millones de personas están involucradas en el fenómeno de las migraciones, pero ellas ¡no son números! Son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz. En mi Mensaje para esta ocasión he vuelto a llamar la atención sobre el tema “Migraciones y nueva evangelización”, subrayando que los emigrantes son no solo destinatarios, sino también protagonistas del anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo. En este contexto me alegra dirigir un cordial saludo a los representantes de las comunidades de emigrantes de Roma, presentes hoy en la Plaza de San Pedro.<br />
Deseo recordar que del 18 al 25 de este mes de enero se desarrollará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Invito a todos, a nivel personal y comunitario, a unirse espiritualmente y, donde sea posible, también de manera tangible, para invocar de Dios el don de la plena unidad entre los discípulos de Cristo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/18/benedicto-xvi-anima-a-estar-disponibles-a-la-voz-del-senor/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Discurso de Benedicto XVI ante el Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/10/discurso-de-benedicto-xvi-ante-el-cuerpo-diplomatico-acreditado-ante-la-santa-sede/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=discurso-de-benedicto-xvi-ante-el-cuerpo-diplomatico-acreditado-ante-la-santa-sede</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/10/discurso-de-benedicto-xvi-ante-el-cuerpo-diplomatico-acreditado-ante-la-santa-sede/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 08:29:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1124331</guid>
		<description><![CDATA[Benedicto XVI mantuvo ayer su tradicional encuentro con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. En este encuentro, celebrado al comienzo del año y tras las fiestas navideñas, Benedicto XVI se encontró con 160 diplomáticos entre los que se encontraban 115 embajadores ante la Santa Sede. Las palabras de Benedicto XVI fueron las siguientes: Excelencias, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-y-cuerpo-diplomático.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-y-cuerpo-diplomático.png" alt="" title="Benedicto XVI y cuerpo diplomático" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1124332" /></a>Benedicto XVI mantuvo ayer su tradicional encuentro con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. En este encuentro, celebrado al comienzo del año y tras las fiestas navideñas, Benedicto XVI se encontró con 160 diplomáticos entre los que se encontraban 115 embajadores ante la Santa Sede. Las palabras de Benedicto XVI fueron las siguientes:</p>
<p>Excelencias, Señoras y Señores:</p>
<p>Siempre es un placer recibirles, distinguidos miembros del Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, en el marco espléndido de esta Sala Regia, para expresarles personalmente mi ferviente felicitación por el año que hemos empezado.</p>
<p>Ante todo agradezco a vuestro Decano, el Embajador Alejandro Valladares Lanza, así como al Vicedecano, el Embajador Jean-Claude Michel, por las deferentes palabras con las que se han hecho intérpretes de vuestros sentimientos al mismo tiempo que saludo de manera especial a todos los que participan por primera vez en este encuentro. A través de vosotros, extiendo mi felicitación a todas las naciones que representáis, y con las que la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas. </p>
<p>El año pasado tuvimos la alegría de que Malasia se uniera a esta comunidad. El diálogo que mantenéis con la Santa Sede favorece el intercambio de impresiones y de información, así como la colaboración en los ámbitos de carácter bilateral o multilateral de particular interés. Vuestra presencia hoy nos recuerda la importante contribución de la Iglesia en vuestras sociedades, en sectores como la educación, la sanidad y la asistencia. Los Acuerdos aprobados en el 2011 con Azerbaiyán, Montenegro y Mozambique, son signos de la cooperación entre la Iglesia católica y los Estados. El primero ya ha sido ratificado; deseo que pronto suceda lo mismo con los otros dos y que se concluyan los que se están negociando. Asimismo, la Santa Sede desea entablar un diálogo fructífero con los Organismos internacionales y regionales, señalando a este respecto con satisfacción que los países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han acogido el nombramiento de un Nuncio Apostólico acreditado ante esa organización. No puedo dejar de mencionar que, al menos desde el pasado diciembre, la Santa Sede ha reforzado su larga colaboración con la Organización Internacional para las Migraciones, convirtiéndose en miembro de pleno derecho. Se trata de un testimonio del compromiso de la Santa Sede y de la Iglesia católica, junto a la comunidad internacional, en la búsqueda de soluciones adecuadas a este fenómeno que presenta múltiples aspectos, desde la protección de la dignidad de las personas a la solicitud por el bien común de las comunidades que los reciben y de aquellas de donde provienen.</p>
<p>A lo largo del año que acaba de terminar he encontrado personalmente a numerosos Jefes de Estado y de Gobierno, así como a las distinguidas representaciones de vuestras naciones que participaron en la ceremonia de beatificación de mi amado predecesor, el Papa Juan Pablo II. Representaciones de vuestros países han tenido la amabilidad de estar también presentes con ocasión del sesenta aniversario de mi ordenación sacerdotal. A todos ellos, así como a los que he encontrado en mis viajes apostólicos en Croacia, San Marino, España, Alemania y Benín, renuevo mi agradecimiento por la delicadeza que me han manifestado. Además, dirijo un recuerdo especial a los países de América Latina y del Caribe que en el 2011 han celebrado el bicentenario de su independencia. El 12 de diciembre pasado, han querido subrayar su vínculo con la Iglesia católica y con el Sucesor del Príncipe de los Apóstoles participando con distinguidas representaciones de la comunidad eclesial y de autoridades institucionales en la solemne celebración en la Basílica de San Pedro, durante la cual anuncié mi intención de viajar próximamente a México y Cuba. Deseo en fin saludar a Sudán del Sur que, en el pasado mes de julio, se ha constituido como Estado soberano. Me alegro de que este paso se haya dado de modo pacífico. Por desgracia, en los últimos meses se han sucedido tensiones y enfrentamientos, y deseo que todos unan sus esfuerzos para que las poblaciones de Sudán y Sudán del Sur alcancen un período de paz, libertad y desarrollo.</p>
<p>Señoras y Señores Embajadores: el encuentro de hoy se desarrolla tradicionalmente al final de las fiestas de Navidad, en las que la Iglesia celebra la venida del Salvador. Él viene en la obscuridad de la noche, y por tanto su presencia es fuente inmediata de luz y alegría (cf. Lc 2,9-10). Verdaderamente, allí donde no resplandece la luz divina el mundo está en sombras. Realmente, el mundo está en la oscuridad allí donde el hombre no reconoce ya su vínculo con el Creador, poniendo en peligro asimismo su relación con las demás criaturas y con la creación misma. El momento actual está marcado lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática.</p>
<p>En este sentido, no puedo dejar de mencionar ante todo las graves y preocupantes consecuencias de la crisis económica y financiera mundial. Ésta no solo ha golpeado a las familias y empresas de los países económicamente más avanzados, en los que ha tenido su origen, creando una situación en la que muchos, sobre todo jóvenes, se han sentido desorientados y frustrados en sus aspiraciones de un futuro sereno, sino que ha marcado también profundamente la vida de los países en vías de desarrollo. No nos debemos desanimar sino reemprender con decisión nuestro camino, con nuevas formas de compromiso. La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica: no solo para intentar encauzar las partes individuales o las economías nacionales, sino para dar nuevas reglas que aseguren a todos la posibilidad de vivir dignamente y desarrollar sus capacidades en bien de toda la comunidad.</p>
<p>A continuación deseo recordar que los efectos de la situación actual de incertidumbre afectan de modo particular a los jóvenes. Su malestar ha sido la causa de los fermentos que en los últimos meses han golpeado, a veces duramente, diversas regiones. Me refiero sobre todo a África del Norte y a Medio Oriente, donde los jóvenes que, al igual que otros, sufren la pobreza y el desempleo y temen la falta de expectativas seguras, han puesto en marcha lo que se ha convertido en un vasto movimiento de reivindicación de reformas y de participación más activa en la vida política y social. En este momento es difícil trazar un balance definitivo de los sucesos recientes y cuáles serán sus consecuencias para el equilibrio de la región. A pesar del optimismo inicial, se abre paso el reconocimiento de las dificultades de este momento de transición y cambio, y me parece evidente que el modo adecuado de continuar el camino emprendido pasa por el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales. El respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones y las leyes, debe contribuir a acabar con la violencia y prevenir el riesgo de que la debida atención a las demandas de los ciudadanos y la necesaria solidaridad social se transformen en meros instrumentos para conservar o conquistar el poder. Invito a la comunidad internacional a dialogar con los actores de los procesos en marcha, en el respeto de los pueblos y siendo conscientes de que la construcción de sociedades estables y reconciliadas, que se oponen a toda discriminación injusta, en particular de orden religioso, constituye un horizonte que es más amplio y va más allá de las simples elecciones. Siento una gran preocupación por la población de los países que sufren todavía tensiones y violencias, en particular Siria, en la que espero se ponga rápidamente fin al derramamiento de sangre y se inicie un diálogo fructífero entre los actores políticos, favorecido por la presencia de observadores independientes. En Tierra Santa, donde las tensiones entre palestinos e israelitas repercuten en el equilibrio de todo el Medio Oriente, es necesario que los responsables de estos dos pueblos adopten decisiones valerosas y clarividentes en favor de la paz. He sabido con agrado que, gracias a una iniciativa del reino de Jordania, el diálogo se ha retomado. Espero que continúe hasta que se llegue a una paz duradera, que garantice el derecho de los dos pueblos a vivir con seguridad y en Estados soberanos, dentro de unas fronteras definidas y reconocidas internacionalmente. La comunidad internacional, por su parte, debe estimular su propia creatividad y las iniciativas de promoción de estos procesos de paz, respetando los derechos de cada parte. Sigo también con gran atención la marcha de los acontecimientos en Irak, deplorando los atentados que han causado recientemente la pérdida de numerosas vidas humanas, y animo a sus autoridades a proseguir con firmeza por el camino de una plena reconciliación nacional.</p>
<p>El beato Juan Pablo II recordaba que «el camino de la paz es a la vez el camino de los jóvenes»,1que ellos son «la juventud de las naciones y de la sociedad, la juventud de cada familia y de toda la humanidad».2 Los jóvenes, pues, nos llevan a considerar con seriedad sus requerimientos de verdad, justicia y paz. Por esta razón les he dedicado el Mensaje anual para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, titulado Educar a los jóvenes en la justicia y la paz.La educación es un tema crucial para todas las generaciones, ya que de ella depende tanto el sano desarrollo de cada persona como el futuro de toda la sociedad. Por esta razón, representa una tarea de primer orden en estos tiempos difíciles y delicados. Además de un objetivo claro, que es el que los jóvenes conozcan plenamente la realidad y por tanto la verdad, la educación necesita de lugares. El primero es la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. No se trata de una simple convención social, sino más bien de la célula fundamental de toda la sociedad. Consecuentemente, las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad. El marco familiar es fundamental en el itinerario educativo y para el desarrollo de los individuos y los estados; por tanto, se necesitan políticas que valoricen y favorezcan la cohesión social y el diálogo. En la familia la persona se abre al mundo y a la vida y, como tuve ocasión de recordar en mi viaje a Croacia, «la apertura a la vida es signo de apertura al futuro».3 En este contexto de apertura a la vida, he recibido con satisfacción la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que prohíbe patentar los procedimientos que utilicen células madre embrionarias humanas, así como la resolución de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, que condena la selección prenatal del sexo.</p>
<p>De forma más genérica, y mirando sobre todo al mundo occidental, estoy convencido de que las medidas legislativas que tantas veces no solo permiten sino que favorecen el aborto, ya sea por motivos de conveniencia o por razones médicas discutibles, se oponen a la educación de los jóvenes y por tanto al futuro de la humanidad.</p>
<p>Continuando con nuestra reflexión, un papel igualmente esencial para el desarrollo de la persona corresponde a las instituciones educativas. Ellas son las primeras instancias que colaboran con la familia, y para desempeñar adecuadamente esta tarea propia sus objetivos han de coincidir con los de la realidad familiar. Es necesario realizar políticas de formación que hagan accesible a todos la educación escolar y que, además de promover el desarrollo cognitivo de la persona, se haga cargo del crecimiento armonioso de la personalidad, incluyendo su apertura al Transcendente. La Iglesia católica se ha mostrado siempre particularmente activa en el área de las instituciones escolares y académicas, cumpliendo una apreciable labor al lado de las instituciones estatales. Deseo por tanto que esta contribución sea reconocida y valorada también por las legislaciones nacionales.</p>
<p>A este respecto, se comprende que una labor educativa eficaz requiera igualmente el respeto de la libertad religiosa. Ésta se caracteriza por una dimensión individual, así como por una dimensión colectiva y una dimensión institucional. Se trata del primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona. Este derecho, con demasiada frecuencia y por distintos motivos, se sigue limitando y violando. Al tratar este tema no puedo dejar de honrar la memoria del ministro paquistaní Shahbaz Bhatti, cuyo combate infatigable por los derechos de las minorías culminó con su trágica muerte. Desgraciadamente no se trata de un caso aislado. En muchos países, los cristianos son privados de sus derechos fundamentales y marginados de la vida pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. A veces son obligados a abandonar los países que han contribuido a edificar, a causa de continuas tensiones y de políticas que frecuentemente los relegan a meros espectadores secundarios de la vida nacional. En otras partes del mundo, se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida social, como si fuera causa de intolerancia, en lugar de contribuir de modo apreciable a la educación en el respeto de la dignidad humana, la justicia y la paz. Asimismo, el terrorismo con motivaciones religiosas se ha cobrado el pasado año numerosas víctimas, sobre todo en Asia y África, y por esto, como recordé en Asís, los responsables religiosos deben repetir con fuerza y firmeza que «esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción».4 La religión no puede ser utilizada como pretexto para eludir las reglas de la justicia y del derecho en favor del «bien» que ella misma persigue. A este respecto, me satisface recordar, como hice en mi País natal, que la visión cristiana del hombre ha sido una verdadera fuerza inspiradora para los Padres constitucionales de Alemania, como lo fue también para los Padres fundadores de la Europa unida. Quisiera mencionar también algunos signos alentadores en el ámbito de la libertad religiosa. Me refiero a la modificación legislativa gracias a la cual la personalidad jurídica pública de las minorías religiosas ha sido reconocida en Georgia; pienso también en la sentencia de la Corte Europea de los Derechos Humanos a favor de la presencia del crucifijo en las aulas de las escuelas italianas. Y justamente deseo recordar de modo particular a Italia, en la conclusión del 150 aniversario de su unificación política. Las relaciones entre la Santa Sede y el Estado italiano han atravesado momentos difíciles después de la unificación. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, ha prevalecido la concordia y la voluntad recíproca de cooperar, cada uno en su propio ámbito, para favorecer el bien común. Espero que Italia sigua apostando por una relación equilibrada entre la Iglesia y el Estado, constituyendo así un ejemplo que las otras naciones puedan mirar con respeto e interés.</p>
<p>En el continente africano, que he visitado de nuevo en mi reciente viaje a Benín, es esencial que la colaboración entre las comunidades cristianas y los gobiernos permita abrir un camino de justicia, paz y reconciliación, donde los miembros de todas las etnias y religiones sean respetados. Es doloroso constatar que, en distintos países del continente, este objetivo está todavía muy lejano. Me refiero de modo particular al aumento de la violencia en Nigeria, como nos lo han recordado los atentados cometidos contra algunas iglesias en el tiempo de Navidad, a las secuelas de la guerra civil en Costa de Marfil, a la persistente inestabilidad de la Región de los Grandes Lagos y a la urgencia humanitaria en los países del Cuerno del África. Pido una vez más a la Comunidad internacional su ayuda solícita para encontrar una solución a la crisis que después de tantos años perdura en Somalia.</p>
<p>Por último, quiero hacer hincapié en que una educación correctamente entendida debe favorecer el respeto a la creación. No se pueden olvidar las graves calamidades naturales que, a lo largo del 2011, han afectado a distintas regiones del Sudeste asiático y los desastres ecológicos como el de la central nuclear de Fukushima en Japón. La salvaguarda del medio ambiente, la sinergia entre la lucha contra la pobreza y el cambio climático constituyen ámbitos importantes para la promoción del desarrollo humano integral. Por consiguiente, deseo que después de la 17ª sesión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se ha concluido recientemente en Durban, la Comunidad internacional, como una auténtica «familia de naciones» y, por tanto, con un gran sentido de solidariedad y responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras, se prepare para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible («Río + 20»).</p>
<p>Excelencias, Señoras y Señores</p>
<p>El nacimiento del Príncipe de la paz nos enseña que la vida no termina en la nada, que su destino no es la corrupción, sino la inmortalidad. Cristo ha venido para que los hombres tengan vida y vida abundante (cf. Jn, 10,10). «Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente».5 Animada por la certeza de la fe, la Santa Sede sigue ofreciendo su aportación a la Comunidad internacional, según la doble intención que el Concilio Vaticano II –del que este año se celebra el 50 aniversario– ha definido claramente: proclamar la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en él está presente, y ofrecer al género humano una sincera colaboración para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación.6 En este espíritu, os renuevo a todos, a los miembros de vuestras familias y a vuestros colaboradores mis felicitaciones más cordiales por el nuevo año. Gracias por vuestra atención.</p>
<p>____________________</p>
<p>1 Juan Pablo II, Carta ap. &#8220;Dilecti Amici&#8221;, 31 marzo 1985, n. 15.<br />
2 Ibídem, n. 1.<br />
3 Homilía en la santa Misa con ocasión de la Jornada nacional de las familias católicas croatas, Zagreb, 5 junio 2011.<br />
4 Intervención para la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, Asís, 27 octubre 2011.<br />
5 Spe salvi, n. 2.<br />
6 Cf. Gaudium et spes, n. 3</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/10/discurso-de-benedicto-xvi-ante-el-cuerpo-diplomatico-acreditado-ante-la-santa-sede/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mensaje de Benedicto XVI en Epifanía: &#8220;Cristo es la gran estrella&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/mensaje-de-benedicto-xvi-en-epifania-cristo-es-la-gran-estrella/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-de-benedicto-xvi-en-epifania-cristo-es-la-gran-estrella</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/mensaje-de-benedicto-xvi-en-epifania-cristo-es-la-gran-estrella/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 22:45:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia en el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1124159</guid>
		<description><![CDATA[Benedicto XVI recuerda que ¡Cristo es la explosión del Amor de Dios, cuyo corazón inquieto de Padre nos busca y espera, a pesar de nuestro orgullo necio! En la Epifanía &#8211; fiesta de la luz – la Iglesia acompaña con la liturgia «la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Epifanía1.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Epifanía1.png" alt="" title="Benedicto XVI Epifanía" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1124161" /></a>Benedicto XVI recuerda que ¡Cristo es la explosión del Amor de Dios, cuyo corazón inquieto de Padre nos busca y espera, a pesar de nuestro orgullo necio! En la Epifanía &#8211; fiesta de la luz – la Iglesia acompaña con la liturgia «la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28,20), reiteró el Papa en su homilía de la Santa Misa de esta solemnidad, en la que confirió a dos sacerdotes la ordenación episcopal, consagrándolos pastores del pueblo de Dios. Los nuevos obispos son Mons. Charles John Brown, Nuncio apostólico en Irlanda y a Mons. Marek Solczyński, Nuncio apostólico en Georgia y Armenia.</p>
<p>En la Basílica de San Pedro, vibraron también esta mañana las palabras del Papa, recordando que los Magos siguieron la estrella. A través del lenguaje de la creación encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creación no es suficiente por sí mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les podía mostrar definitivamente el camino. «Creación y Escritura, razón y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qué clase de estrella fue la que guió a los Magos. Se piensa en una conjunción de planetas, en una Super nova, es decir, una de esas estrellas muy débiles al principio pero que debido a una explosión interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y así sucesivamente. Que los científicos sigan discutiéndolo», dijo Benedicto XVI, culminando su homilía y enfatizando que Cristo es la verdadera estrella:<br />
«La gran estrella, la verdadera Super nova que nos guía es el mismo Cristo. Él es, por decirlo así, la explosión del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su corazón. Y podemos añadir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, así como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo así, una explosión de luz, a través de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos guíen hacia aquel que anhela nuestro ser. Queridos amigos, cuando habéis dado vuestro «sí» al sacerdocio y al ministerio episcopal, habéis seguido la estrella Jesucristo. Y ciertamente han brillado también para vosotros estrellas menores, que os han ayudado a no perder el camino. En las letanías de los santos invocamos a todas estas estrellas de Dios, para que brillen siempre para vosotros y os muestren el camino. Al ser ordenados obispos estáis llamados a ser vosotros mismos estrellas de Dios para los hombres, a guiarlos en el camino hacia la verdadera luz, hacia Cristo. Recemos por tanto en este momento a todos los santos para que siempre podáis cumplir vuestra misión mostrando a los hombres la luz de Dios. Amén».<br />
Evocando la narración del evangelio de Mateo, junto con la visión del profeta Isaías. El camino de los Magos de Oriente es «solo un comienzo», Benedicto XVI hizo hincapié en que «antes habían llegado los pastores, las almas sencillas que estaban más cerca del Dios que se ha hecho niño y que con más facilidad podían «ir allí» (cf. Lc 2,15) hacia él y reconocerlo como Señor. Ahora, en cambio, también se acercan los sabios de este mundo. Vienen grandes y pequeños, reyes y siervos, hombres de todas las culturas y pueblos. Los hombres de Oriente son los primeros, a través de los siglos los seguirán muchos más. Después de la gran visión de Isaías, la lectura de la carta a los Efesios expresa lo mismo con sobriedad y sencillez: que también los gentiles son coherederos (cf. Ef 3,6). El Salmo 2 lo formula así: «Te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra» (Sal 2,8).</p>
<p>Con las palabras de Jesús, «ir delante del rebaño pertenece a la misión del pastor (cf. Jn 10,4)», Benedicto XVI hizo hincapié en la figura de los Magos y algunas características esenciales del ministerio episcopal: </p>
<p>«El Obispo debe de ser también un hombre de corazón inquieto, que no se conforma con las cosas habituales de este mundo sino que sigue la inquietud del corazón que lo empuja a acercarse interiormente a Dios, a buscar su rostro, a conocerlo mejor para poder amarlo cada vez más. El Obispo debe de ser también un hombre de corazón vigilante que perciba el lenguaje callado de Dios y sepa discernir lo verdadero de lo aparente. El Obispo debe de estar lleno también de una valiente humildad, que no se interese por lo que la opinión dominante diga de él, sino que sigua como criterio la verdad de Dios, comprometiéndose por ella: «opportune – importune». Debe de ser capaz de ir por delante y señalar el camino. Ha de ir por delante siguiendo a aquel que nos ha precedido a todos, porque es el verdadero pastor, la verdadera estrella de la promesa: Jesucristo. Y debe de tener la humildad de postrarse ante ese Dios que haciéndose tan concreto y sencillo contradice la necedad de nuestro orgullo, que no quiere ver a Dios tan cerca y tan pequeño. Debe de vivir la adoración del Hijo de Dios hecho hombre, aquella adoración que siempre le muestra el camino».<br />
La liturgia de la ordenación episcopal recoge lo esencial de este ministerio con ocho preguntas dirigidas a los que van a ser consagrados, y que comienzan siempre con la palabra: «Vultis? – ¿queréis?». Las preguntas orientan a la voluntad mostrándole el camino a seguir: </p>
<p>«Quisiera aquí mencionar brevemente algunas de las palabras clave de esa orientación, y en las que se concreta lo que poco antes hemos reflexionado sobre los Magos en la fiesta de hoy. La misión de los obispos es «predicare Evangelium Christi», «custodire» y «dirigere», «pauperibus se misericordes praebere» e «indesinenter orare». El anuncio del evangelio de Jesucristo, el ir delante y dirigir, custodiar el patrimonio sagrado de nuestra fe, la misericordia y la caridad hacia los necesitados y pobres, en la que se refleja el amor misericordioso de Dios por nosotros y, en fin, la oración constante son características fundamentales del ministerio episcopal. La oración constante significa no perder nunca el contacto con Dios; sentirlo en la intimidad del corazón y ser así inundados por su luz. Solo el que conoce personalmente a Dios puede guiar a los demás hacia él. Solo el que guía a los hombres hacia Dios, los lleva por el camino de la vida».<br />
El corazón inquieto, del que habló el Papa, evocando a san Agustín, «es el corazón que no se conforma en definitiva con nada que no sea Dios, convirtiéndose así en un corazón que ama. Nuestro corazón está inquieto con relación a Dios y no deja de estarlo aun cuando hoy se busque, con «narcóticos» muy eficaces, liberar al hombre de esta inquietud. Pero no solo estamos inquietos nosotros, los seres humanos, con relación a Dios»: </p>
<p>«El corazón de Dios está inquieto con relación al hombre. Dios nos aguarda. Nos busca. Tampoco él descansa hasta dar con nosotros. El corazón de Dios está inquieto, y por eso se ha puesto en camino hacia nosotros, hacia Belén, hacia el Calvario, desde Jerusalén a Galilea y hasta los confines de la tierra. Dios está inquieto por nosotros, busca personas que se dejen contagiar de su misma inquietud, de su pasión por nosotros. Personas que lleven consigo esa búsqueda que hay en sus corazones y, al mismo tiempo, que dejan que sus corazones sean tocados por la búsqueda de Dios por nosotros. Queridos amigos, ésta era la misión de los apóstoles: acoger la inquietud de Dios por el hombre y llevar a Dios mismo a los hombres. Y esta es vuestra misión siguiendo las huellas de los apóstoles: dejaros tocar por la inquietud de Dios, para que el deseo de Dios por el hombre se satisfaga».</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/mensaje-de-benedicto-xvi-en-epifania-cristo-es-la-gran-estrella/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benedicto XVI &#8220;La Navidad celebra el hecho histórico del nacimiento de Jesús en Belén&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/benedicto-xvi-la-navidad-celebra-el-hecho-historico-del-nacimiento-de-jesus-en-belen/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=benedicto-xvi-la-navidad-celebra-el-hecho-historico-del-nacimiento-de-jesus-en-belen</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/benedicto-xvi-la-navidad-celebra-el-hecho-historico-del-nacimiento-de-jesus-en-belen/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 23:22:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1124154</guid>
		<description><![CDATA[En la mañana de ayer, en el Aula Pablo VI del Vaticano en la primera Audiencia General del año y ante miles de peregrinos Su Santidad Benedicto XVI dedicó su catequesis al tiempo litúrgico natalicio: “el Verbo asume nuestra humanidad y la naturaleza humana, por su parte, es elevada a la dignidad divina. En la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervi.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervi.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia aula Nervi" width="113" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1124155" /></a>En la mañana de ayer, en el Aula Pablo VI del Vaticano en la primera Audiencia General del año y ante miles de peregrinos Su Santidad Benedicto XVI dedicó su catequesis al tiempo litúrgico natalicio: “el Verbo asume nuestra humanidad y la naturaleza humana, por su parte, es elevada a la dignidad divina. En la Eucaristía se hace presente de modo real este asombroso intercambio”. </p>
<p>Queridos hermanos y hermanas:<br />
En esta primera Audiencia del nuevo año quisiera detenerme a considerar dos temas propios de este tiempo litúrgico natalicio. El primero es la alegría, que nace del asombro del corazón al contemplar la extraordinaria acción de Dios que se hace niño. La teología y la espiritualidad de la Navidad hablan de este misterio como de un admirable intercambio entre Dios y el hombre: el Verbo asume nuestra humanidad y la naturaleza humana, por su parte, es elevada a la dignidad divina. En la Eucaristía se hace presente de modo real este asombroso intercambio. En ella, el Señor se entrega a sí mismo como nuestro alimento, para que recibiendo su cuerpo y su sangre participemos en su vida divina y llevemos una existencia de auténticos hijos de Dios. Otro aspecto característico de la Navidad es la luz. La venida de Cristo rasga las tinieblas del mundo, llena la noche santa de un resplandor celeste y difunde sobre el rostro de los hombres el esplendor de Dios Padre. En estos días santos, se nos invita a dejar que Cristo ilumine la mente y el corazón con la luz de su nacimiento, para que mediante el testimonio de nuestra vida la difundamos por todo el mundo.<br />
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Bolivia y otros países latinoamericanos. Deseo a todos que en este tiempo de Navidad os detengáis a contemplar este Misterio de Dios que se hace hombre en la humildad y pobreza, y que lo acojáis en vuestros corazones viviendo de su misma vida y manifestando a los demás la alegría, la novedad y la luz que su nacimiento ha traído a nuestra existencia y al mundo entero. Felices Fiestas.</p>
<p><strong>Texto completo de la catequesis del Papa:</strong></p>
<p>Queridos hermanos y hermanas:<br />
Me complace daros la bienvenida a esta primera Audiencia general del nuevo año y con todo mi corazón os ofrezco a vosotros y a vuestras familias mis mejores y mis más afectuosos deseos de buen año: Dios, que en el nacimiento de Cristo, su Hijo, ha inundado todo el mundo de alegría, derrame la paz sobre las obras y los días.<br />
Estamos en el tiempo litúrgico de Navidad, que comienza la noche del 24 de diciembre con la víspera de Navidad y termina con la celebración del Bautismo del Señor. El arco de estos días es corto, pero lleno de celebraciones y de misterios y reúne todo en torno a dos grandes fiestas del Señor: Navidad y Epifanía. El nombre de estas dos solemnidades indica sus respectivas características. La Navidad celebra el hecho histórico del nacimiento de Jesús en Belén.<br />
La Epifanía, nacida como fiesta en Oriente, indica un hecho, pero sobre todo un aspecto del Misterio: Dios se revela en la naturaleza humana de Cristo y éste es el sentido del verbo griego epiphaino (hacerse visible). En esta perspectiva, la Epifanía nos lleva a una serie de eventos cuyo objetivo es la manifestación del Señor: de manera particular la adoración de los Magos, que reconocen a Jesús como el Mesías esperado, pero también el Bautismo en el río Jordán con su teofanía, la voz de Dios desde lo alto, y el milagro de las bodas de Caná, como primera &#8220;señal&#8221; obrada por Cristo.<br />
Una hermosa antífona de la Liturgia de las Horas, relaciona estos tres eventos en torno al tema de la boda entre Cristo y la Iglesia, y dice: &#8220;Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque Cristo en el río Jordán ha lavado sus pecados; los Magos corren con dones, con los regalos a la boda, y los invitados se regocijan de ver el agua convertida en vino &#8220;(Antífona de Laudes). Casi podemos decir que en la fiesta de Navidad se destaca el ocultamiento de Dios en la humildad de la condición humana, en el Niño de Belén. En la Epifanía, en cambio, se evidencia y manifiesta su aspecto, la aparición de Dios a través de esta misma humanidad.<br />
En esta Catequesis quisiera recordar brevemente algunos de los temas típicos de la celebración de la Navidad del Señor para que cada uno de nosotros puede beber de la fuente inagotable de este Misterio que da abundantes frutos de vida.<br />
Ante todo nos preguntamos: ¿cuál es la primera reacción ante esta extraordinaria acción de Dios que se hace niño, que se hace hombre? Pienso que la primera reacción no puede ser otra que la de la alegría. “Alegrémonos todos en el Señor, porque ha nacido en el mundo el Salvador”: así inicia la Misa de la noche de Navidad, y acabamos de oír las palabras del Ángel a los pastores: “os traigo una gran alegría” (Lc 2,10). Es el tema que abre el Evangelio, y es el tema que lo cierra porque Jesús Resucitado reprochará a los apóstoles precisamente de estar tristes (cfr Lc 24,17).<br />
Incompatible con el hecho de que Él es un hombre para siempre.<br />
Pero demos dar un paso adelante: ¿de dónde viene esta alegría? Yo diría que nace del asombro del corazón de ver cómo Dios está cerca de nosotros, como Dios piensa en nosotros, de cómo Dios actúa en la historia, por lo tanto es una alegría que proviene de la contemplación del rostro de aquel humilde niño porque sabemos que es el Rostro de Dios para siempre presente en nuestra humanidad, para nosotros y con nosotros.<br />
La Navidad es alegría, porque vemos y por fin estamos convencidos de que Dios es el bien, la vida, la verdad del hombre y se rebaja hasta ser hombre, para elevarnos hacia Él: Dios se hace tan cercano que podemos verle y tocarle. La Iglesia ante este inefable misterio y los textos de la liturgia de esta época con asombro y alegría. Todas las canciones de Navidad expresan esta alegría. La Navidad es el punto en que el cielo y la tierra están unidos, y las distintas expresiones que escuchamos en estos días destacan la magnitud de lo sucedido: lo distante -Dios parece lejísimo-, se convirtió en cercano&#8221;. Lo inaccesible quiere ser alcanzado, Él que existe antes del tiempo, empezó a ser en el tiempo, el Señor del universo, velando la grandeza de su majestad, tomó la forma de siervo &#8220;- exclama San León Magno en su segundo Sermón de Navidad (Sermón de Navidad 2, 2.1). En aquel Niño, necesitado de todo, como todos los niños, lo que es Dios: la eternidad, la fuerza, la santidad, la vida, la alegría, se unió a lo que somos nosotros: la debilidad, el pecado, el sufrimiento, la muerte.<br />
La teología y la espiritualidad de la Navidad utilizan una expresión para describir este hecho, hablan de admirabile commercium, es decir de un admirable intercambio entre la divinidad y la humanidad. San Atanasio de Alejandría dice: &#8220;el Hijo de Dios se ha hecho hombre para hacernos Dios &#8221; (De Encarnatione, 54, 3: PG 25, 192), pero es sobre todo con San León el Grande y sus célebres Homilías de Navidad que esta realidad se convierte en objeto de profunda meditación. Afirma, en efecto, el Santo Pontífice: &#8220;Si hacemos un llamamiento a la inefable condescendencia de la divina misericordia que llevó al Creador de los hombres a hacerse hombre, ésta se elevará a la naturaleza de Aquel que nosotros adoramos en la nuestra&#8221; (Sermón 8 de Navidad: CCL 138,139). El primer acto de este intercambio admirable se realiza en la humanidad misma de Cristo. El Verbo ha asumido nuestra propia humanidad y, a su vez, la naturaleza humana ha sido elevada a la dignidad divina.<br />
El segundo acto del intercambio consiste en nuestra participación, real e íntima, en la naturaleza divina de la Palabra. Como dice San Pablo: «cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos» (Gal 4,4 &#8211; 5). Por lo tanto, la Navidad es la fiesta en la que, Dios se hace tan cercano al hombre, que comparte su mismo acto de nacer, para revelarle su dignidad más profunda: la de ser hijo de Dios. Así es el sueño de la humanidad, que comenzó en el Paraíso: quisiéramos ser como Dios. Y este anhelo se realiza de una manera inesperada &#8211; pero no se realiza por la grandeza del hombre, que no puede hacerse Dios, sino por la humildad de Dios que desciende y con su humildad eleva al hombre a la verdadera grandeza de su ser. El Concilio Vaticano II ha dicho en este contexto que: «En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et Spes, 22) De lo contrario, es un enigma, ¿qué quiere este hombre criatura? Sólo viendo que Dios está con nosotros, podemos ver la luz para nuestro ser, ser felices por ser hombres y vivir con confianza y alegría. Y ¿dónde se hace presente de una manera real este admirable intercambio, para que obre en nuestra vida y haga que ésta sea una existencia de verdaderos hijos de Dios? En la Eucaristía. Cuando participamos en la Santa Misa, presentamos a Dios el pan y el vino, fruto de la tierra, para que Él los acepte y los transforme, donándonos a sí mismo y haciéndose nuestro alimento, para que, recibiendo su Cuerpo y su Sangre, participemos en su vida divina.<br />
Quisiera, en fin, detenerme sobre otro aspecto de la Navidad. Cuando el Ángel del Señor se aparece a los pastores en la noche del Nacimiento de Jesús, el evangelista Lucas señala que «la gloria del Señor los envolvió con su luz» (2,9), y el Prólogo del Evangelio de Juan habla del Verbo hecho carne como de la luz verdadera que viene al mundo, la luz capaz de iluminar a todo hombre (cf. Jn 1,9). La liturgia de la Navidad se llena de luz. La venida de Cristo disipa las tinieblas del mundo, llena la Noche Santa de fulgor celestial y difunde en los rostros de los hombres el resplandor de Dios Padre.<br />
También hoy, envueltos con la luz de Cristo, la liturgia de la Navidad nos invita con insistencia a dejarnos iluminar la mente y el corazón por el Dios que ha mostrado el resplandor de su Rostro. El primer prefacio de Navidad proclama: «En el misterio del Verbo encarnado ha aparecido a los ojos de nuestra mente la luz nueva de tu esplendor, para que, conociendo a Dios visiblemente, por medio suyo seamos arrebatados por el amor de las realidades invisibles». En el misterio de la Encarnación de Dios, después de haber hablado y de intervenir en la historia, a través de mensajeros y signos, «se apareció», salió de su luz inaccesible para iluminar al mundo.<br />
En la Solemnidad de la Epifanía, el 6 de enero, que celebraremos dentro de pocos días, la Iglesia propone una lectura muy significativa del profeta Isaías:<br />
«¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora». (60,1-3). Es una invitación dirigida a la Iglesia, la Comunidad de Cristo, pero también a cada uno de nosotros, a tomar conciencia cada vez más viva de la misión y de la responsabilidad hacia el mundo de testimoniar y llevar la luz nueva del Evangelio. En el comienzo de la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, encontramos las siguientes palabras: «Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura» (1).<br />
El Evangelio es la luz que no se debe ocultar, sino que hay ponerla en la lámpara. La Iglesia no es la luz, sino que recibe la luz de Cristo, la acoge para estar iluminada por ella y para difundirla en todo su esplendor. Y esto también debe suceder en nuestra vida personal. Una vez más cito a San León Magno, quien dijo en la Noche Santa «Reconoce, cristiano, tu dignidad, y hecho partícipe de la naturaleza divina, no quieras nunca más volver a caer en la condición miserable de un tiempo, con una conducta indigna. Recuerda quién es la Cabeza, y de qué Cuerpo eres miembro. Recuerda, que arrebatado del poder de las tinieblas, has sido trasladado a la luz y al Reino de Dios» (Sermón de Navidad 1, 3,2: CCL 138.88).<br />
Queridos hermanos y hermanas, la Navidad es detenerse a contemplar el Misterio de Dios que se hace hombre en la humildad y en la pobreza, pero sobre todo acoger, una vez más, nuevamente, en nosotros a ese Niño, que es Cristo Señor, para vivir de su misma vida, para que sus sentimientos, sus pensamientos y sus acciones, sean nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones. Celebrar la Navidad es, por lo tanto, expresar la alegría, la novedad y la luz que este Nacimiento ha traído a toda nuestra existencia, para que nosotros también podamos ser portadores de la alegría, de la verdadera novedad, de la luz de Dios a los demás. Una vez más, deseo a todos ¡que el tiempo navideño sea bendecido por la presencia de Dios!</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/06/benedicto-xvi-la-navidad-celebra-el-hecho-historico-del-nacimiento-de-jesus-en-belen/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Vísperas y Te Deum en la solemnidad de Santa María en Roma</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2012/01/01/visperas-y-te-deum-en-la-solemnidad-de-santa-maria-en-roma/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=visperas-y-te-deum-en-la-solemnidad-de-santa-maria-en-roma</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2012/01/01/visperas-y-te-deum-en-la-solemnidad-de-santa-maria-en-roma/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 01 Jan 2012 09:16:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123805</guid>
		<description><![CDATA[Las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima, con la entonación del Te Deum, la Bendición Eucarística celebrada en la Basílica vaticana y la sucesiva visita al Pesebre colocado en la Plaza de San Pedro han cerrado el año civil en la vida de la Diócesis de Roma. En su homilía Benedicto XVI ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Celebración.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Celebración.png" alt="" title="Benedicto XVI Celebración" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1123807" /></a>Las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima, con la entonación del Te Deum, la Bendición Eucarística celebrada en la Basílica vaticana y la sucesiva visita al Pesebre colocado en la Plaza de San Pedro han cerrado el año civil en la vida de la Diócesis de Roma. En su homilía Benedicto XVI ha recordado que la fe en el Verbo hecho hombre es el corazón de la misión de la Iglesia: “En el tejido de la humanidad lacerado por tantas injusticias, maldades y violencias, irrumpe de manera sorprendente la novedad gozosa y liberadora de Cristo Salvador, que en el misterio de su Encarnación y de su Nacimiento nos hace contemplar la bondad y la ternura de Dios”<br />
Con el canto del Te deum atravesamos el umbral del 2012 para colocar en las manos del Señor “las tragedias de este mundo y las esperanzas en un futuro mejor”. Benedicto XVI explicó este último del año la intensidad de este himno después de haber recordado la espera confiada de un nuevo año que nos hace pensar en cuanto sea breve y fugaz la vida, que es atravesada por una pregunta: ¿Cuál es el sentido que debemos dar a nuestros días, en particular a los que son dolorosos? La respuesta está escrita en el rostro de un Niño que hace dos mil años nació en Belén y que hoy es el Viviente”. “Jesucristo es la clave el centro y el fin de toda la historia humana”.<br />
En sus palabras el Obispo de Roma ha subrayado la necesidad de sostener a los padres de familia definiéndolos los “primeros educadores a la fe de sus hijos”, por ello ha exhortado a promover itinerarios dirigidos a acompañar a las comunidades parroquiales y las realidades eclesiales en la mejor comprensión de los Sacramentos mediante los cuales el hombre se hace partícipe de la vida misma de Dios. </p>
<p><strong>Texto completo de la homilía de Benedicto XVI en las Primeras vísperas y Te Deum de la solemnidad de Santa María Madre de Dios<br />
</strong><br />
Señores Cardenales,<br />
Venerables Hermanos en el Episcopado y en el Presbiterado,Distinguidas Autoridades,<br />
Queridos hermanos y hermanas<br />
Estamos reunidos en la Basílica Vaticana para celebrar las primeras Vísperas de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y para dar gracias al Señor al final del año, cantando juntos el Te Deum. Os agradezco a todos que hayáis querido uniros a mi en esta ocasión tan llena de sentimientos y de significado. Saludo en primer lugar a los señores Cardenales, a los Venerables Hermanos en el Episcopado y en el Presbiterado, a los religiosos y religiosas, las personas consagradas y los fieles laicos que representan a toda la comunidad eclesial de Roma. Saludo de modo especial a las Autoridades presentes, comenzando por el Alcalde de Roma, al que agradezco por el cáliz que ha donado, según una hermosa tradición que se renueva cada año. Deseo de corazón que, con el esfuerzo de todos, la fisonomía de nuestra Ciudad esté cada vez más en consonancia con los valores de fe, cultura y civilización que corresponden a su vocación e historia milenaria.<br />
Otro año llega a su término, mientras que, con la inquietud, los deseos y las esperanzas de siempre, aguardamos uno nuevo. Si pensamos en la experiencia de la vida, nos deja asombrados lo breve y fugaz que es en el fondo. Por eso, muchas veces nos asalta la pregunta: ¿Qué sentido damos a nuestros días? Más concretamente, ¿qué sentido damos a los días de fatiga y dolor? Esta es una pregunta que atraviesa la historia, más aún, el corazón de cada generación y de cada ser humano. Pero hay una respuesta a este interrogante: se encuentra escrita en el rostro de un Niño que hace dos mil años nació en Belén y que hoy es el Viviente, resucitado para siempre de la muerte. En el tejido de la humanidad, desgarrado por tantas injusticias, maldades y violencias, irrumpe de manera sorprendente la novedad gozosa y liberadora de Cristo Salvador, que en el misterio de su encarnación y nacimiento nos permite contemplar la bondad y ternura de Dios. El Dios eterno ha entrado en nuestra historia y está presente de modo único en la persona de Jesús, su Hijo hecho hombre, nuestro Salvador, venido a la tierra para renovar radicalmente la humanidad y liberarla del pecado y de la muerte, para elevar al hombre a la dignidad de hijo de Dios. La Navidad no se refiere sólo al cumplimiento histórico de esta verdad que nos concierne directamente, sino que nos la regala nuevamente de modo misterioso y real.</p>
<p>Resulta sumamente sugestivo, en el ocaso del año, escuchar nuevamente el anuncio gozoso que el apóstol Pablo dirigía a los cristianos de Galacia: «Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Ga 4,4-5). Estas palabras tocan el corazón de la historia de todos y la iluminan, más aún, la salvan, porque desde el día en que nació el Señor la plenitud del tiempo ha llegado a nosotros. Así pues, no hay lugar para la angustia frente al tiempo que pasa y no vuelve; ahora es el momento de confiar infinitamente en Dios, de quien nos sabemos amados, por quien vivimos y a quien nuestra vida se orienta en espera de su retorno definitivo. Desde que el Salvador descendió del cielo el hombre ya no es más esclavo de un tiempo que avanza sin un porqué, o que está marcado por la fatiga, la tristeza y el dolor. El hombre es hijo de un Dios que ha entrado en el tiempo para rescatar el tiempo de la falta de sentido o de la negatividad, y que ha rescatado a toda la humanidad, dándole como nueva perspectiva de vida el amor, que es eterno.<br />
La Iglesia vive y profesa esta verdad y quiere proclamarla en la actualidad con renovado vigor espiritual. En esta celebración tenemos motivos especiales para alabar a Dios por su misterio de salvación, que actúa en el mundo mediante el ministerio eclesial. Tenemos muchos motivos de agradecimiento al Señor por todo lo que nuestra comunidad eclesial, en el corazón de la Iglesia universal, realiza al servicio del Evangelio en esta Ciudad. En este sentido, junto al Cardenal Vicario, Agostino Vallini, los Obispos auxiliares, los Párrocos y todo el presbiterio diocesano, deseo agradecer al Señor, de modo particular, por el prometedor camino comunitario dirigido a adecuar la pastoral ordinaria a las exigencias de nuestro tiempo, a través del proyecto «Pertenencia eclesial y corresponsabilidad pastoral». Su objetivo es el de poner la evangelización en el primer lugar, para hacer más responsable y fructífera la participación de los fieles en los sacramentos, de tal manera que cada uno pueda hablar de Dios al hombre contemporáneo y anunciar el Evangelio de manera incisiva a los que nunca lo han conocido o lo han olvidado.<br />
La quaestio fidei es también para la diócesis de Roma el desafío pastoral prioritario. Los discípulos de Cristo están llamados a reavivar en sí mismos y en los demás la nostalgia de Dios y la alegría de vivirlo y testimoniarlo, partiendo de la pregunta siempre tan personal: ¿Por qué creo? Hay que dar el primado a la verdad, acreditar la alianza entre fe y razón como las dos alas con las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la Verdad (cf. Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio, Prologo); hacer fecundo el diálogo entre cristianismo y cultura moderna; hacer descubrir de nuevo la belleza y actualidad de la fe, no como acto en sí, aislado, que atañe a algún momento de la vida, sino como orientación constante, también de las opciones más simples, que lleva a la unidad profunda de la persona haciéndola justa, laboriosa, benéfica, buena. Se trata de reavivar una fe que instaure un nuevo humanismo capaz de generar cultura y compromiso social.<br />
En este marco de referencia, en la Asamblea diocesana de junio pasado, la diócesis de Roma inició un camino de profundización sobre la iniciación cristiana y sobre la alegría de engendrar nuevos cristianos a la fe. En efecto, el corazón de la misión de la Iglesia es anunciar la fe en el Verbo que se ha hecho carne, y toda la comunidad eclesial debe descubrir con renovado ardor misionero esta tarea imprescindible. Las jóvenes generaciones, que acusan más la desorientación agravada además por la crisis actual, no solo económica sino también de valores, tienen necesidad sobre todo de reconocer a Jesucristo como «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 10).</p>
<p>Los padres son los primeros educadores de la fe de sus hijos, desde su más tierna edad; por tanto, es necesario sostener a las familias en su misión educativa, a través de iniciativas adecuadas. Al mismo tiempo, es deseable que el camino bautismal, primera etapa del itinerario formativo de la iniciación cristiana, además de favorecer una consciente y digna preparación para la celebración del sacramento, cuide de manera adecuada los años inmediatamente sucesivos al Bautismo, con itinerarios apropiados que tengan en cuenta las condiciones de vida de las familias. Animo pues a las comunidades parroquiales y a las demás realidades eclesiales a seguir reflexionando para promover una mejor comprensión y recepción de los sacramentos, a través de los cuales el hombre se hace partícipe de la vida misma de Dios. Que la Iglesia de Roma pueda contar siempre con fieles laicos dispuestos a ofrecer su propia aportación en la edificación de comunidades vivas, que hagan posible el que la Palabra de Dios irrumpa en el corazón de los que todavía no han conocido al Señor o se han alejado de él. Al mismo tiempo, es oportuno crear ocasiones de encuentro con la Ciudad, que permitan un diálogo provechoso con cuantos buscan la verdad.<br />
Queridos amigos, desde el momento en que Dios envió a su Hijo unigénito para que obtuviésemos la filiación adoptiva (cf. Ga 4,5), no hay tarea más importante para nosotros que la de estar totalmente al servicio del proyecto divino. A este respecto, deseo animar y agradecer a todos los fieles de la diócesis de Roma, que sienten la responsabilidad de devolver el alma a nuestra sociedad. Gracias a vosotras, familias romanas, células primeras y fundamentales de la sociedad. Gracias a los miembros de las múltiples Comunidades, Asociaciones y Movimientos comprometidos en la animación de la vida cristiana de nuestra Ciudad.<br />
«Te Deum laudamus!». A ti, oh Dios, te alabamos. La Iglesia nos sugiere terminar el año dirigiendo al Señor nuestro agradecimiento por todos sus beneficios. Nuestra última hora, la última hora del tiempo y de la historia, termina en Dios. Olvidar este final de nuestra vida significaría caer en el vacío, vivir sin sentido. Por eso la Iglesia pone en nuestros labios el antiguo himno Te Deum. Es un himno repleto de la sabiduría de tantas generaciones cristianas, que sienten la necesidad de elevar sus corazones, conscientes de que todos estamos en las manos misericordiosas del Señor.</p>
<p>«Te Deum laudamus!». Así canta también la Iglesia que está en Roma, por las maravillas que Dios ha realizado y realiza en ella. Con el alma llena de gratitud nos disponemos a cruzar el umbral del 2012, recordando que el Señor vela sobre nosotros y nos cuida. Esta tarde queremos confiarle a él el mundo entero. Ponemos en sus manos las tragedias de nuestro mundo y le ofrecemos también las esperanzas de un futuro mejor. Depositamos estos deseos en las manos de María, Madre de Dios, Salus Populi Romani.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2012/01/01/visperas-y-te-deum-en-la-solemnidad-de-santa-maria-en-roma/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Fiesta de las familias en Madrid</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2011/12/30/fiesta-de-las-familias-en-madrid/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=fiesta-de-las-familias-en-madrid</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2011/12/30/fiesta-de-las-familias-en-madrid/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 16:50:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia en España]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123797</guid>
		<description><![CDATA[Cientos de miles de personas han participado esta tarde en la Fiesta de las Familias celebrada en la plaza de Colón de Madrid. Desde las 14.30 se han podido escuchar los testimonios de numerosos jóvenes y familias durante el rezo del Rosario. A las 16.30 h. ha comenzado la Santa Misa, presidida por el Cardenal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Familia-Cristiana1.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Familia-Cristiana1-199x300.jpg" alt="" title="Familia Cristiana" width="199" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-1123798" /></a>Cientos de miles de personas han participado esta tarde en la Fiesta de las Familias celebrada en la plaza de Colón de Madrid. Desde las 14.30 se han podido escuchar los testimonios de numerosos jóvenes y familias durante el rezo del Rosario. A las 16.30 h. ha comenzado la Santa Misa, presidida por el Cardenal de Madrid, Mons. Rouco Varela, al que acompañaron una treintena de obispos llegados de algunos países de Europa y de toda España.<br />
Durante la celebración Mons. Rouca ha leído el mensaje del Papa Benedicto XVI a los congregados en Colón.</p>
<p><strong>Texto del saludo de Benedicto XVI</strong></p>
<p>Al venerado hermano Antonio Mª Cardenal Rouco Varela, Arzobispo de Madrid:<br />
Me es grato saludar cordialmente a Vuestra Eminencia, así como a los participantes en esa solemne Eucaristía celebrada en el centro de Madrid con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, para dar gracias a Dios por este gran misterio que ilumina todo hogar cristiano y dar muestra a la humanidad entera de esperanza y alegría. Invito a todos a considerar esta celebración como continuación de la Navidad: Jesús se hizo hombre para traer al mundo la bondad y el amor de Dios; y lo hizo allí donde el ser humano está más dispuesto a desear lo mejor para el otro, a desvivirse por él, y a anteponer el amor por encima de cualquier otro interés y pretensión. Así, vino a una familia de corazón sencillo, nada presuntuoso, pero henchido de ese afecto que vale más que cualquier otra cosa. Según el Evangelio, los primeros de nuestro mundo que fueron a ver a Jesús, los pastores, “vieron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lc12,6). Aquella familia, por decirlo así, es la puerta de ingreso en la tierra del Salvador de la humanidad, el cual, al mismo tiempo, da a la vida de amor y comunión hogareña la grandeza de ser un reflejo privilegiado del misterio trinitario de Dios.<br />
Esta grandeza es también una espléndida vocación y un cometido decisivo para la familia, que mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II, describía hace treinta años como una participación “viva y responsable en la misión de la Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo al servicio de la Iglesia y de la sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y amor” (Familiaris Consortio, 50). Os animo, pues, especialmente a las familias que participan en esa celebración, a ser conscientes de tener a Dios a vuestro lado y de invocarlo siempre para recibir de él la ayuda necesaria para superar vuestras dificultades, una ayuda cierta, fundada en la gracia del sacramento del matrimonio. Dejaos guiar por la Iglesia, a la que Cristo ha encomendado la misión de propagar la buena noticia de la salvación a través de los siglos, sin ceder a tantas fuerzas mundanas que amenazan el gran tesoro de la familia, que debéis custodiar cada día.<br />
El Niño Jesús, que crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, en la intimidad del hogar de Nazaret (cf. Lc2,40), aprendió también en él de alguna manera el modo humano de vivir. Esto nos lleva a pensar en la dimensión educativa imprescindible de la familia, donde se aprende a convivir, se transmite la fe, se afianzan los valores y se va encauzando la libertad, para lograr que un día los hijos tengan plena conciencia de la propia vocación y dignidad, y de la de los demás. El calor del hogar, el ejemplo doméstico, es capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. Esta dimensión educativa de la familia puede recibir un aliento especial en el Año de la Fe, que comenzará dentro de unos meses. Con este motivo, os invito a revitalizar la fe en vuestras casas y tomar mayor conciencia del Credo que profesamos.<br />
Cuando sigo evocando con emoción inolvidable la alegría de los jóvenes reunidos en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, pido a Dios, por intercesión de Jesús, María y José, que no dejen de darle gracias por el don de la familia, que sean agradecidos también con sus padres, y que se comprometan a defender y hacer brillar la auténtica dignidad de esta institución primaria para la sociedad y tan vital para la Iglesia. Con estos sentimientos, os imparto de corazón la Bendición Apostólica”.<br />
Vaticano, 27 de diciembre de 2011.<br />
Benedicto XVI</p>
<p><strong>Texto de la homilía de Mons. Rouco Varela<br />
</strong><br />
Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:<br />
1. “¡Gracias a la familia cristiana hemos nacido!”. Así reza el lema de esta nueva convocatoria para la celebración de la Eucaristía de la Fiesta de la Sagrada Familia en la madrileña Plaza de Colón en este año tan singular 2011: año de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Un acontecimiento que ha significado para la Iglesia y la sociedad, especialmente en Madrid y en España, un verdadero torrente de gracia del Señor. Los jóvenes del mundo fueron con el Santo Padre sus principales protagonistas. El Evangelio fue proclamado, celebrado y testimoniado por ellos con la fuerza contagiosa de la alegría que surge siempre irresistible del encuentro con Jesucristo, el Hermano, el Amigo, el Señor, cuando se le busca y vive en la Iglesia, la Familia de los Hijos de Dios. El Papa, Vicario de Cristo y Pastor visible de la Iglesia Universal, los convocó y nos convocó, los presidió y nos presidió para celebrar una fiesta de la fe, de la esperanza y de la caridad cristiana que ha conmovido el corazón de nuestro pueblo y el de todos los hombres de buena voluntad. Fue una verdadera fiesta de la vida entendida y experimentada en toda su plenitud. ¡Una experiencia prodigiosa de la vida nueva en Cristo!<br />
2. Estos jóvenes de la JMJ-2011 nos han pedido participar en la celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia, este año, con una presencia destacada y significativa. Adujeron una hermosa y emotiva finalidad: el poder agradecer a sus padres que hayan querido ser para ellos instrumentos necesarios y generosos de la transmisión del don de la vida recibida de Dios; cumpliendo su santa voluntad, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazareth y cobijándose espiritualmente en ese sublime hogar en el que Jesús, María y José abrían en la historia el camino definitivo de Dios para que los hombres tuviesen verdadera vida y, ésta, abundante: la vida que vence a la muerte más allá del tiempo y para toda la eternidad. ¡En Jesús, el Verbo e Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen María, como enseña San Juan en el Prólogo de su Evangelio, “estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió… el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,4-5.10-11). Los jóvenes de la JMJ-2011 lo han conocido y acogido a través de sus familias. Por ello quieren agradecer hoy a sus padres pública y solemnemente que en su casa se les hubiera abierto la puerta de la vida en plenitud; primero, de la vida que se concibe y engendra naturalmente en el seno materno por el encuentro amoroso del padre y de la madre y, luego, de la vida que brota y se genera espiritualmente por la fe y el Bautismo en las entrañas de la Iglesia-Madre. Todo fue posible porque sus padres habían decidido formar una familia cristiana en la que sus hijos −¡los hijos de su carne y de su sangre!− pudieran ser hijos de Dios. De hecho, creyendo en su nombre y bautizados, “han nacido de Dios” (Jn 1, 13).<br />
3. Los tiempos han sido y son difíciles para las familias, nacidas con el proyecto de constituirse y configurarse como una íntima comunidad de amor conyugal −del esposo a la esposa y viceversa−, fiel, indisoluble y abierto sin desnaturalizaciones voluntarias y sin reservas irresponsables al don de los hijos en conformidad gozosa con el plan de Dios. ¡Cuánto cuesta hoy a una sociedad tan intensamente influida y condicionada por una visión materialista y egocentrista del hombre y de su historia comprender y aceptar el Evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia! No se quiere caer en la cuenta de que si el amor conyugal no es planteado, vivido y realizado en todo momento como una mutua donación entre marido y mujer generosa y gratuitamente abierta a la donación de la vida a los hijos, pierde su autenticidad y, más pronto o más tarde, se pierde a sí mismo.<br />
Queridos jóvenes, artífices de la JMJ-2011: en el mundo de ideas, de estilos y formas de comportamiento, de diversión, de información y de comunicación en el que os encontráis, sois muy conscientes de la dura y crítica situación por la que atraviesa la valoración y la propuesta de la vocación cristiana para el matrimonio y la familia. Pero también sois conocedores de la honda verdad que el matrimonio cristiano encierra y de la bondad y de la belleza que lo impregna. Y sabéis, sobre todo, que de su afirmación valiente con vuestras palabras y con el ejemplo de vuestras vidas depende vuestro futuro y el futuro de vuestros contemporáneos: ¡un futuro de verdadera y nueva humanidad, justa, solidaria, fraterna… en paz! El contenido del Evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia es muy claro. En el modelo de la Familia de Nazareth resplandece con la luz nueva del Evangelio de la gracia y de la santidad. Vosotros, unidos al Papa y a vuestros pastores, junto con vuestras familias, estáis llamados a darlo a conocer, a propagarlo y a testimoniarlo con palabras, gestos y ejemplos auténticamente evangélicos con urgencia también nueva.</p>
<p>4. La vida es un bien sagrado que el ser humano recibe de Dios. El hombre no es el dueño de la vida sino su servidor: desde el momento en el que es concebida en las entrañas maternas hasta el instante de la muerte natural. Ninguna instancia humana puede disponer de la vida de un ser humano inocente. Aún continúa vibrante el eco de las palabras del Beato Juan Pablo II en su Homilía de la Misa de las familias en la vecina Plaza de Lima, el 2 de noviembre del año 1982, tercer día de su primera visita a España. Hablando “del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar”, añadía: “por ello, quien negare la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad”. ¡Cuán otro sería el panorama demográfico, social y humano de las actuales sociedades europeas, incluida naturalmente la española, si se hubiese escuchado entonces, hace veintinueve años las palabras valientes de aquel Papa santo que pisaba por primera vez las tierras de España como testigo excepcional de la esperanza! El número de niños a los que en nuestras sociedades, de raíces cristianas, se les ha impedido nacer en estas tres últimas décadas, es sencillamente estremecedor.<br />
El derecho a la vida de la persona humana, desde que es engendrada hasta que muere naturalmente, es un derecho fundamental en un doble sentido: constituye, por una parte, la base ética primordial de todo ordenamiento jurídico que quiera considerarse justo, proporcionándole un fundamento prepolítico indispensable para el orden constitucional; y, por otra, en cuanto anterior a él, ha de ser respetado, protegido y promovido por el derecho positivo en todas sus expresiones legislativas. ¡Se trata de un verdadero derecho natural!<br />
“El Evangelio de la vida −enseñaba el Beato Juan Pablo II en su Carta Encíclica Evangelium Vitae de 25 de marzo de 1995− está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las etnias y culturas” (EV, 1). La JMJ-2011 de Madrid fue, sin duda alguna, una jubilosa acogida y proclamación del “Evangelio de la Vida”. Sus jóvenes, presentes hoy aquí en la Plaza madrileña de Colón, están dispuestos a ser sus testigos como quería su Papa amigo: “con intrépida fidelidad”.</p>
<p>5. La familia es “una comunión de personas”. En la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II Familiaris Consortio de 22 de noviembre de 1981 se concreta y define su relación esencial −¡fontal!− con el matrimonio, con las siguientes palabras: “En el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de relaciones interpersonales −relación conyugal, paternidad-maternidad, filiación, fraternidad− mediante las cuales toda persona humana queda introducida en ‘la familia humana’ y en ‘la familia de Dios’, que es la Iglesia” (FC, 15). La configuración institucional de esas relaciones de “comunión personal”, en sus elementos y rasgos esenciales, es también un bien sagrado que el ser humano y la sociedad reciben de Dios. “El orden” de la relación −matrimonio/familia− está implícito y prefigurado en la naturaleza humana, según la forma en la que es querida por Dios. El hombre tampoco puede disponer de la institución matrimonial y familiar a su antojo como si fuese su dueño. Habrá de respetar el designio de Dios, autor por igual de la vida y de esa comunidad matrimonial-familiar, fuente de la misma y lugar primero en el que la verdad del amor humano es vivida y trasmitida íntegramente, es decir, como amor realizado en la unidad y en la indisolubilidad esponsal, en la apertura fecunda al don de los hijos y en el compromiso constante con su educación y formación como personas llamadas a la filiación divina. ¡No hay duda! la institución matrimonial y familiar tiene también su fundamento inamovible en el orden de la naturaleza anterior y previo a la constitución de la sociedad y de su ordenamiento jurídico positivo. Respetar, proteger y promover a la familia en el cumplimiento de su misión es una cuestión de vital importancia para el bien común de las personas y de los pueblos. Así lo apreciaba Juan Pablo II en la “Familiaris Consortio”. Decía el Papa, hace ya treinta años: “en un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios” (FC, 3). ¡Cuán otra sería la situación humana y espiritual de las sociedades europeas de hoy, sin excluir a no pocos sectores de la comunidad eclesial, si se hubieran tomado en serio las enseñanzas de la Familiaris Consortio! ¡Cuántos dramas personales y familiares se hubieran podido evitar y cuántas jóvenes vidas desorientadas y desestructuradas hubieran podido lograrse! Y, por lo demás, ¿qué sería hoy de tantas personas en paro y de tantos jóvenes que no encuentran el primero empleo sin la ayuda de sus familias?<br />
Uno de los aspectos más bellos de la JMJ-2011 de Madrid ha sido precisamente el descubrimiento gozoso y alegre de la vocación para el matrimonio cristiano por parte de muchos jóvenes. ¿Cómo no van, pues, aquí y hoy a manifestar su decidido propósito de ser igualmente testigos fervorosos, valientes y lúcidos, privada y públicamente, del Evangelio del matrimonio y de la familia con sus palabras y con su comportamiento diario? ¡Lo seréis! ¡Lo serán! Benedicto XVI se lo ha pedido en su Mensaje. ¡No le defraudarán!</p>
<p>6. La substancia de la verdad tanto del don y del derecho a la vida, como la del matrimonio y de la familia, es ciertamente accesible al conocimiento de la razón. El Papa recordaba ante el Pleno del Parlamento alemán en Berlín el pasado 22 de septiembre la importancia para el momento actual de la humanidad de admitir la necesidad de “escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente”. En una situación histórica, subrayaba Benedicto XVI, “en el que el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable”, resulta muy urgente reconocer que “existe también la ecología del hombre”, “que es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana”. Si hay un campo de la experiencia y de la realidad humana, en el que apremie la aplicación de este principio del reconocimiento de la naturaleza para su justo ordenamiento, es el del don de la vida, del matrimonio y de la familia. Sí, con la luz de la razón se puede conocer la verdad de lo que significa el valor de la vida humana y la recta concepción del matrimonio y de la familia para el bien del hombre y de la sociedad. La luz de la fe presupone este conocimiento, lo aclara y lo eleva hasta la altura del modelo de la Sagrada Familia de Nazareth: la familia que fue “la puerta de ingreso en la Tierra del Salvador de la humanidad” (Mensaje de Benedicto XVI. Misa de las Familias 30.XII.2011). María es Virgen y Madre antes del parto, en el parto y después del parto. José la acompañó castamente antes y después de que el Hijo Jesús viera la luz del mundo. El hijo es el Hijo de Dios que viene a ser el Hermano de muchos humanos ¡Su Salvador! El amor se vive en esta familia como una permanente y fidelísima acogida de la voluntad de Dios Padre, al servicio incondicional de los designios de su amor misericordioso para la humanidad caída y necesitada de ser perdonada y ansiosa de recobrar la esperanza. La verdad de la vida humana, del matrimonio y de la familia se convertía en Nazareth y desde Nazareth en “Evangelio”: en “la Buena Noticia” de la salvación. Que esa noticia bien conocida y experimentada por vosotros, queridos jóvenes, en la inolvidable experiencia de la JMJ de Madrid, sea escuchada y percibida en lo que es y significa para las nuevas generaciones de este mundo global. Es una de las más importantes tareas que el Señor os confía en esta hora clave de la historia y de vuestras propias vidas. ¡Pertenece al corazón mismo de la nueva Evangelización a la que el Santo Padre os ha llamado! Será una eficaz formula misionera para acabar con “el cansancio de ser cristianos que experimentamos en Europa”, del que hablaba el Santo Padre en su Discurso de Navidad a la Curia Romana. La JMJ-2011 en Madrid −aseguraba en ese mismo discurso− “ha sido una medicina contra el cansancio de creer”. Si permanecéis firmes en vuestro Sí a Cristo y lo lleváis a vuestros compañeros, vivo y jubiloso, y a vuestras familias, ese cansancio se convertirá en alegría: ¡en la alegría de creer! Si se cree, profesa y educa en la fe dentro del matrimonio y de la familia, si se acepta el don de la vida como un gran paso del amor, entonces quedará la puerta abierta al amor de Jesucristo que nos dará la fuerza para superar todas las crisis; también ésta, la presente, que tanto nos duele y angustia.<br />
Permitidme que os recuerde, finalmente, a vosotros y a vuestras familias, las palabras con las que concluye el Santo Padre su Mensaje para esta Eucaristía de la Sagrada Familia de 2011: “Cuando sigo evocando con emoción inolvidable la alegría de los jóvenes reunidos en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, pido a Dios, por intercesión de Jesús, María y José, que no dejen de darle gracias por el don de la familia, que sean agradecidos con sus padres, y que se comprometan a defender y hacer brillar la auténtica dignidad de esta institución primaria para la sociedad y tan vital para la Iglesia”.<br />
¡Que Jesús, María y José, os lo conceda y nos lo conceda a todos!<br />
Amén.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2011/12/30/fiesta-de-las-familias-en-madrid/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mensaje Urbi et Orbi de Benedicto XVI</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2011/12/26/mensaje-urbi-et-orbi-de-benedicto-xvi/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-urbi-et-orbi-de-benedicto-xvi</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2011/12/26/mensaje-urbi-et-orbi-de-benedicto-xvi/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 08:42:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123727</guid>
		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero Cristo nos ha nacido. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres que él ama. Que llegue a todos el eco del anuncio de Belén, que la Iglesia católica hace resonar en todos los continentes, más allá de todo confín de nacionalidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Urbi-et-Orbi.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Urbi-et-Orbi-300x114.jpg" alt="" title="Benedicto XVI Urbi et Orbi" width="300" height="114" class="alignleft size-medium wp-image-1123731" /></a>Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero</p>
<p>Cristo nos ha nacido. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres que él ama. Que llegue a todos el eco del anuncio de Belén, que la Iglesia católica hace resonar en todos los continentes, más allá de todo confín de nacionalidad, lengua y cultura. El Hijo de la Virgen María ha nacido para todos, es el Salvador de todos.</p>
<p>Así lo invoca una antigua antífona litúrgica: «Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro». Veni ad salvandum nos. Este es el clamor del hombre de todos los tiempos, que siente no saber superar por sí solo las dificultades y peligros. Que necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto. Queridos hermanos y hermanas, esta mano es Cristo, nacido en Belén de la Virgen María. Él es la mano que Dios ha tendido a la humanidad, para hacerla salir de las arenas movedizas del pecado y ponerla en pie sobre la roca, la roca firme de su verdad y de su amor (cf. Sal 40,3).</p>
<p>Sí, esto significa el nombre de aquel niño, el nombre que, por voluntad de Dios, le dieron María y José: se llama Jesús, que significa «Salvador» (cf. Mt 1,21; Lc 1,31). Él fue enviado por Dios Padre para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y en la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ponerse en concurrencia con Dios y ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte (cf. Gn 3,1-7). Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: «Veni ad salvandum nos &#8211; Ven a salvarnos».</p>
<p>Ya el mero hecho de esta súplica al cielo nos pone en la posición justa, nos adentra en la verdad de nosotros mismos: nosotros, en efecto, somos los que clamaron a Dios y han sido salvados (cf. Est 10,3f [griego]). Dios es el Salvador, nosotros, los que estamos en peligro. Él es el médico, nosotros, los enfermos. Reconocerlo es el primer paso hacia la salvación, hacia la salida del laberinto en el que nosotros mismos nos encerramos con nuestro orgullo. Levantar los ojos al cielo, extender las manos e invocar ayuda, es la vía de salida, siempre y cuando haya Alguien que escucha, y que pueda venir en nuestro auxilio.</p>
<p>Jesucristo es la prueba de que Dios ha escuchado nuestro clamor. Y, no sólo. Dios tiene un amor tan fuerte por nosotros, que no puede permanecer en sí mismo, que sale de sí mismo y viene entre nosotros, compartiendo nuestra condición hasta el final (cf. Ex 3,7-12). La respuesta que Dios ha dado en Jesús al clamor del hombre supera infinitamente nuestras expectativas, llegando a una solidaridad tal, que no puede ser sólo humana, sino divina. Sólo el Dios que es amor y el amor que es Dios podía optar por salvarnos por esta vía, que es sin duda la más larga, pero es la que respeta su verdad y la nuestra: la vía de la reconciliación, el diálogo y la colaboración.</p>
<p>Por tanto, queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo, dirijámonos en esta Navidad 2011 al Niño de Belén, al Hijo de la Virgen María, y digamos: «Ven a salvarnos». Lo reiteramos unidos espiritualmente tantas personas que viven situaciones difíciles, y haciéndonos voz de los que no tienen voz.</p>
<p> Invoquemos juntos el auxilio divino para los pueblos del Cuerno de África, que sufren a causa del hambre y la carestía, a veces agravada por un persistente estado de inseguridad. Que la comunidad internacional no haga faltar su ayuda a los muchos prófugos de esta región, duramente probados en su dignidad.</p>
<p>Que el Señor conceda consuelo a la población del sureste asiático, especialmente de Tailandia y Filipinas, que se encuentran aún en grave situación de dificultad a causa de las recientes inundaciones.</p>
<p>Y que socorra a la humanidad afligida por tantos conflictos que todavía hoy ensangrientan el planeta. Él, que es el Príncipe de la paz, conceda la paz y la estabilidad a la Tierra en la que ha decidido entrar en el mundo, alentando a la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos. Que haga cesar la violencia en Siria, donde ya se ha derramado tanta sangre. Que favorezca la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán. Que dé un renovado vigor a la construcción del bien común en todos los sectores de la sociedad en los países del norte de África y Oriente Medio.</p>
<p>Que el nacimiento del Salvador afiance las perspectivas de diálogo y la colaboración en Myanmar, en la búsqueda de soluciones compartidas. Que nacimiento del Redentor asegure estabilidad política en los países de la región africana de los Grandes Lagos y fortaleza el compromiso de los habitantes de Sudán del Sur para proteger los derechos de todos los ciudadanos</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas, volvamos la vista a la gruta de Belén: el niño que contemplamos es nuestra salvación. Él ha traído al mundo un mensaje universal de reconciliación y de paz. Abrámosle nuestros corazones, démosle la bienvenida en nuestras vidas. Repitámosle con confianza y esperanza: «Veni ad salvandum nos».</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2011/12/26/mensaje-urbi-et-orbi-de-benedicto-xvi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>En su discurso de Navidad, Benedicto XVI llama a la JMJ &#8220;medicina contra el cansancio de creer&#8221;</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2011/12/24/en-su-discurso-de-navidad-benedicto-xvi-llama-a-la-jmj-medicina-contra-el-cansancio-de-creer/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=en-su-discurso-de-navidad-benedicto-xvi-llama-a-la-jmj-medicina-contra-el-cansancio-de-creer</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2011/12/24/en-su-discurso-de-navidad-benedicto-xvi-llama-a-la-jmj-medicina-contra-el-cansancio-de-creer/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 18:21:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123698</guid>
		<description><![CDATA[Benedicto XVI hizo el pasado jueves su discurso de Navidad ante los Cardenales, arzobispos y miembros de la Curia Romana. En este encuentro, el Santo Padre recordó alguno de los eventos del año y se detuvo con especial interés en la JMJ, a la que definió como &#8220;magnífica experiencia&#8221;, &#8220;ha sido también una medicina contra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png" alt="" title="Benedicto XVI Discurso" width="207" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1123699" /></a>Benedicto XVI hizo el pasado jueves su discurso de Navidad ante los Cardenales, arzobispos y miembros de la Curia Romana. En este encuentro, el Santo Padre recordó alguno de los eventos del año y se detuvo con especial interés en la JMJ, a la que definió como &#8220;magnífica experiencia&#8221;, &#8220;ha sido también una medicina contra el cansancio de creer&#8221; y &#8220;una nueva evangelización vivida&#8221;. En sus palabras señaló que &#8220;cada vez con más claridad se perfila en las Jornadas Mundiales de la Juventud un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristiano&#8221;, que caracterizó en cinco puntos. El texto completo es el siguiente:</p>
<p>Señores Cardenales,<br />
Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Presbiterado,<br />
queridos hermanos y hermanas</p>
<p>Vivimos hoy en un momento especialmente intenso. La santa Navidad está ya muy cerca y lleva a la gran familia de la Curia romana a reunirse para este hermoso intercambio de felicitaciones, que conllevan el deseo recíproco de vivir con alegría y auténtico fruto espiritual la fiesta de Dios que se hizo carne y puso su morada entre nosotros (cf. Jn 1,14). Esta es para mí una ocasión no sólo para expresar mi felicitación personal, sino también para manifestar a cada uno de vosotros mi agradecimiento y el de la Iglesia por vuestro generoso servicio; os ruego que lo transmitáis también a todos los colaboradores de nuestra gran familia. Doy las gracias de modo particular al Cardenal Decano, Angelo Sodano, que se ha hecho portavoz de los sentimientos de todos los presentes y de los que trabajan en las diferentes oficinas de la Curia, del Governatorato, incluidos los que desempeñan su ministerio en las Representaciones Pontificias repartidas por todo el mundo. Todos estamos comprometidos en que el anuncio que los ángeles proclamaron en la noche de Belén, «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14), resuene en toda la tierra para llevar gozo y esperanza.</p>
<p>En este final del año, Europa se encuentra en una crisis económica y financiera que, en última instancia, se funda sobre la crisis ética que amenaza al Viejo Continente. Aunque no están en discusión algunos valores como la solidaridad, el compromiso por los demás, la responsabilidad por los pobres y los que sufren, falta con frecuencia, sin embargo, la fuerza que los motive, capaz de inducir a las personas y a los grupos sociales a renuncias y sacrificios. El conocimiento y la voluntad no siguen siempre la misma pauta. La voluntad que defiende el interés personal oscurece el conocimiento, y el conocimiento debilitado no es capaz de fortalecer la voluntad. Por eso, de esta crisis surgen preguntas muy fundamentales: ¿Dónde está la luz que pueda iluminar nuestro conocimiento, no sólo con ideas generales, sino con imperativos concretos? ¿Dónde está la fuerza que lleva hacia lo alto nuestra voluntad? Estas son preguntas a las que debe responder nuestro anuncio del Evangelio, la nueva evangelización, para que el mensaje llegue a ser acontecimiento, el anuncio se convierta en vida.</p>
<p>En efecto, el gran tema de este año, como también de los siguientes, es cómo anunciar el Evangelio. ¿De qué manera la fe, en cuanto fuerza viva y vital, puede llegar a ser hoy realidad? Todos los acontecimientos eclesiales del año que está por concluir han estado relacionados en definitiva con este tema. Se han realizado viajes a Croacia, a España, para la Jornada Mundial de la Juventud, a mi Patria, Alemania, y finalmente a África, Benín, para la entrega del Documento postsinodal sobre justicia, paz y reconciliación; un documento del que ha de nacer una realidad concreta en las diversas Iglesias particulares. Han sido inolvidables también los viajes a Venecia, a San Marino, a Ancona, para el Congreso eucarístico, y a Calabria. Y ha tenido lugar, en fin, la importante jornada del encuentro entre las religiones y entre las personas en búsqueda de verdad y de paz en Asís; una jornada concebida como un nuevo impulso en la peregrinación hacia la verdad y la paz. La institución del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización nos remite anticipadamente al Sínodo que sobre el mismo tema tendrá lugar en el próximo año. También tiene que ver con ello el Año de la Fe, en recuerdo del comienzo del Concilio, hace cincuenta años. Cada uno de estos acontecimientos ha tenido su propio matiz. En Alemania, el país de origen de la Reforma, la cuestión ecuménica, con todas sus dificultades y esperanzas, ha tenido naturalmente una importancia particular. Indisolublemente unida a esto, hay siempre en el centro de las discusiones una pregunta: ¿Qué es una reforma de la Iglesia? ¿Cómo sucede? ¿Cuáles son sus caminos y sus objetivos? No sólo los fieles creyentes, sino también otros ajenos, observan con preocupación cómo los que van regularmente a la iglesia son cada vez más ancianos y su número disminuye continuamente; cómo hay un estancamiento de las vocaciones al sacerdocio; cómo crecen el escepticismo y la incredulidad. ¿Qué debemos hacer entonces? Hay una infinidad de discusiones sobre lo que se debe hacer para invertir la tendencia. Y, ciertamente, es necesario hacer muchas cosas. Pero el hacer, por sí solo, no resuelve el problema. El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa es la crisis de fe. Si no encontramos una respuesta para ella, si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán ineficaces.</p>
<p>En este sentido, el encuentro en África con la gozosa pasión por la fe ha sido de gran aliento. Allí no se percibía ninguna señal del cansancio de la fe, tan difundido entre nosotros, ningún tedio de ser cristianos, como se percibe cada vez más en nosotros. Con tantos problemas, sufrimientos y penas como hay ciertamente en África, siempre se experimentaba sin embargo la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar. Encontrar esta fe dispuesta al sacrificio, y precisamente alegre en ello, es una gran medicina contra el cansancio de ser cristianos que experimentamos en Europa.</p>
<p>La magnífica experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, ha sido también una medicina contra el cansancio de creer. Ha sido una nueva evangelización vivida. Cada vez con más claridad se perfila en las Jornadas Mundiales de la Juventud un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristiano, que quisiera intentar caracterizar en cinco puntos.</p>
<p>1. Primero, hay una nueva experiencia de la catolicidad, la universalidad de la Iglesia. Esto es lo que ha impresionado de inmediato a los jóvenes y a todos los presentes: venimos de todos los continentes y, aunque nunca nos hemos visto antes, nos conocemos. Hablamos lenguas diversas y tenemos diferentes hábitos de vida, diferentes formas culturales y, sin embargo, nos encontramos de inmediato unidos, juntos como una gran familia. Se relativiza la separación y la diversidad exterior. Todos quedamos tocados por el único Señor Jesucristo, en el cual se nos ha manifestado el verdadero ser del hombre y, a la vez, el rostro mismo de Dios. Nuestras oraciones son las mismas. En virtud del encuentro interior con Jesucristo, hemos recibido en nuestro interior la misma formación de la razón, de la voluntad y del corazón. Y, en fin, la liturgia común constituye una especie de patria del corazón y nos une en una gran familia. El hecho de que todos los seres humanos sean hermanos y hermanas no es sólo una idea, sino que aquí se convierte en una experiencia real y común que produce alegría. Y, así, hemos comprendido también de manera muy concreta que, no obstante todas las fatigas y la oscuridad, es hermoso pertenecer a la Iglesia universal, a la Iglesia católica, que el Señor nos ha dado.</p>
<p>2. De aquí nace después un modo nuevo de vivir el ser hombres, el ser cristianos. Una de las experiencias más importantes de aquellos días ha sido para mí el encuentro con los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud: eran alrededor de 20.000 jóvenes que, sin excepción, habían puesto a disposición semanas o meses de su vida para colaborar en los preparativos técnicos, organizativos y de contenido de la JMJ, y precisamente así habían hecho posible el desarrollo ordenado de todo el conjunto. Al dar su tiempo, el hombre da siempre una parte de la propia vida. Al final, estos jóvenes estaban visible y «tangiblemente» llenos de una gran sensación de felicidad: su tiempo que habían entregado tenía un sentido; precisamente en el dar su tiempo y su fuerza laboral habían encontrado el tiempo, la vida. Y entonces, algo fundamental se me ha hecho evidente: estos jóvenes habían ofrecido en la fe un trozo de vida, no porque había sido mandado o porque con ello se ganaba el cielo; ni siquiera porque así se evita el peligro del infierno. No lo habían hecho porque querían ser perfectos. No miraban atrás, a sí mismos. Me vino a la mente la imagen de la mujer de Lot que, mirando hacia atrás, se convirtió en una estatua de sal. Cuántas veces la vida de los cristianos se caracteriza por mirar sobre todo a sí mismos; hacen el bien, por decirlo así, para sí mismos. Y qué grande es la tentación de todos los hombres de preocuparse sobre todo de sí mismos, de mirar hacia atrás a sí mismos, convirtiéndose así interiormente en algo vacío, «estatuas de sal». Aquí, en cambio, no se trataba de perfeccionarse a sí mismos o de querer tener la propia vida para sí mismos. Estos jóvenes han hecho el bien –aun cuando ese hacer haya sido costoso, aunque haya supuesto sacrificios– simplemente porque hacer el bien es algo hermoso, es hermoso ser para los demás. Sólo se necesita atreverse a dar el salto. Todo eso ha estado precedido por el encuentro con Jesucristo, un encuentro que enciende en nosotros el amor por Dios y por los demás, y nos libera de la búsqueda de nuestro propio «yo». Una oración atribuida a san Francisco Javier dice: «Hago el bien no porque a cambio entraré en el cielo y ni siquiera porque, de lo contrario, me podrías enviar al infierno. Lo hago porque Tú eres Tú, mi Rey y mi Señor». También en África encontré esta misma actitud, por ejemplo en las religiosas de Madre Teresa que cuidan de los niños abandonados, enfermos, pobres y que sufren, sin preguntarse por sí mismas y, precisamente así, se hacen interiormente ricas y libres. Esta es la actitud propiamente cristiana. También ha sido inolvidable para mí el encuentro con los jóvenes discapacitados en la fundación San José, de Madrid, encontré de nuevo la misma generosidad de ponerse a disposición de los demás; una generosidad en el darse que, en definitiva, nace del encuentro con Cristo que se ha entregado a sí mismo por nosotros.</p>
<p>3. Un tercer elemento, que de manera cada vez más natural y central forma parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud, y de la espiritualidad que proviene de ellas, es la adoración. Fue inolvidable para mí, durante mi viaje en el Reino Unido, el momento en Hydepark, en que decenas de miles de personas, en su mayoría jóvenes, respondieron con un intenso silencio a la presencia del Señor en el Santísimo Sacramento, adorándolo. Lo mismo sucedió, de modo más reducido, en Zagreb, y de nuevo en Madrid, tras el temporal que amenazaba con estropear todo el encuentro nocturno, al no funcionar los micrófonos. Dios es omnipresente, sí. Pero la presencia corpórea de Cristo resucitado es otra cosa, algo nuevo. El Resucitado viene en medio de nosotros. Y entonces no podemos sino decir con el apóstol Tomás: «Señor mío y Dios mío». La adoración es ante todo un acto de fe: el acto de fe como tal. Dios no es una hipótesis cualquiera, posible o imposible, sobre el origen del universo. Él está allí. Y si él está presente, yo me inclino ante él. Entonces, razón, voluntad y corazón se abren hacia él, a partir de él. En Cristo resucitado está presente el Dios que se ha hecho hombre, que sufrió por nosotros porque nos ama. Entramos en esta certeza del amor corpóreo de Dios por nosotros, y lo hacemos amando con él. Esto es adoración, y esto marcará después mi vida. Sólo así puedo celebrar también la Eucaristía de modo adecuado y recibir rectamente el Cuerpo del Señor.</p>
<p>4. Otro elemento importante de las Jornadas Mundiales de la Juventud es la presencia del Sacramento de la Penitencia que, de modo cada vez más natural, forma parte del conjunto. Con eso reconocemos que tenemos continuamente necesidad de perdón y que perdón significa responsabilidad. Existe en el hombre, proveniente del Creador, la disponibilidad a amar y la capacidad de responder a Dios en la fe. Pero, proveniente de la historia pecaminosa del hombre (la doctrina de la Iglesia habla del pecado original), existe también la tendencia contraria al amor: la tendencia al egoísmo, al encerrarse en sí mismo, más aún, al mal. Mi alma se mancha una y otra vez por esta fuerza de gravedad que hay en mí, que me atrae hacia abajo. Por eso necesitamos la humildad que siempre pide de nuevo perdón a Dios; que se deja purificar y que despierta en nosotros la fuerza contraria, la fuerza positiva del Creador, que nos atrae hacia lo alto.</p>
<p>5. Finalmente, como última característica que no hay que descuidar en la espiritualidad de las Jornadas Mundiales de la Juventud, quisiera mencionar la alegría. ¿De dónde viene? ¿Cómo se explica? Seguramente hay muchos factores que intervienen a la vez. Pero, según mi parecer, lo decisivo es la certeza que proviene de la fe: yo soy amado. Tengo un cometido en la historia. Soy aceptado, soy querido. Josef Pieper, en su libro sobre el amor, ha mostrado que el hombre puede aceptarse a sí mismo sólo si es aceptado por algún otro. Tiene necesidad de que haya otro que le diga, y no sólo de palabra: «Es bueno que tú existas». Sólo a partir de un «tú», el «yo» puede encontrarse a sí mismo. Sólo si es aceptado, el «yo» puede aceptarse a sí mismo. Quien no es amado ni siquiera puede amarse a sí mismo. Este ser acogido proviene sobre todo de otra persona. Pero toda acogida humana es frágil. A fin de cuentas, tenemos necesidad de una acogida incondicionada. Sólo si Dios me acoge, y estoy seguro de ello, sabré definitivamente: «Es bueno que yo exista». Es bueno ser una persona humana. Allí donde falta la percepción del hombre de ser acogido por parte de Dios, de ser amado por él, la pregunta sobre si es verdaderamente bueno existir como persona humana, ya no encuentra respuesta alguna. La duda acerca de la existencia humana se hace cada vez más insuperable. Cuando llega a ser dominante la duda sobre Dios, surge inevitablemente la duda sobre el mismo ser hombres. Hoy vemos cómo esta duda se difunde. Lo vemos en la falta de alegría, en la tristeza interior que se puede leer en tantos rostros humanos. Sólo la fe me da la certeza: «Es bueno que yo exista». Es bueno existir como persona humana, incluso en tiempos difíciles. La fe alegra desde dentro. Ésta es una de las experiencias maravillosas de las Jornadas Mundiales de la Juventud.</p>
<p>Nos llevaría muy lejos hablar ahora también del encuentro de Asís de manera detallada, como merecería la importancia del acontecimiento. Agradezcamos sencillamente a Dios porque nosotros –representantes de las religiones del mundo y también representantes del pensamiento en búsqueda de la verdad – pudimos encontrarnos aquel día en un clima de amistad y de respeto recíproco, en el amor por la verdad y en la responsabilidad común por la paz. Podemos esperar que de este encuentro haya nacido una nueva disponibilidad para servir la paz, la reconciliación y la justicia.</p>
<p>Por último, quisiera agradecer de corazón a todos vosotros por el apoyo para llevar adelante la misión que el Señor nos ha confiado como testigos de su verdad, y os deseo a todos la alegría que Dios, en la encarnación de su Hijo, nos ha querido dar. Feliz Navidad a todos vosotros. Gracias.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2011/12/24/en-su-discurso-de-navidad-benedicto-xvi-llama-a-la-jmj-medicina-contra-el-cansancio-de-creer/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Celebraciones litúrgicas de Benedicto XVI en Navidad</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2011/12/21/celebraciones-liturgicas-de-benedicto-xvi-en-navidad/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=celebraciones-liturgicas-de-benedicto-xvi-en-navidad</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2011/12/21/celebraciones-liturgicas-de-benedicto-xvi-en-navidad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 08:38:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123531</guid>
		<description><![CDATA[La Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice ha hecho público el calendario de las ceremonias que presidirá Benedicto XVI en este período de Navidad 2011-2012. La primera de estas es la Misa del Gallo en la Basílica Vaticana a las 10 de la noche del 24 de diciembre. Al mediodía del día siguiente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/06/Benedicto-XVI-1.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/06/Benedicto-XVI-1-226x300.jpg" alt="" title="Benedicto XVI-1" width="226" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-1118068" /></a>La Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice ha hecho público el calendario de las ceremonias que presidirá Benedicto XVI en este período de Navidad 2011-2012.<br />
La primera de estas es la Misa del Gallo en la Basílica Vaticana a las 10 de la noche del 24 de diciembre. Al mediodía del día siguiente, 25 de diciembre, el Pontífice dirigirá su mensaje navideño al mundo e impartirá la bendición Urbi et Orbi desde el balcón central de la Basílica Vaticana.<br />
La siguiente celebración de este periodo presidida por el Santo Padre, será la del 31 de diciembre, a las cinco de la tarde en la Basílica Vaticana, donde el Papa presidirá las primeras vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, después de la cual tendrá lugar la exposición del Santísimo Sacramento, el tradicional canto del himno del “Te Deum” como conclusión del año civil, y la bendición Eucarística.<br />
El domingo 1 de enero Benedicto XVI celebrará a las 9 y media en la Basílica Vaticana la Santa Misa de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios. El primer día del año tiene lugar también la Jornada Mundial de la Paz, que en su edición número 45 tiene por tema “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”.<br />
El viernes 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa celebrará a las 9 y media la Santa Misa en la Basílica Vaticana y durante la misma conferirá la ordenación episcopal a Mons. Charles John Brown, Nuncio Apostólico en Irlanda y a Mons. Marek Solczyński, Nuncio Apostólico en Georgia y Armenia.<br />
La última de las celebraciones presididas por el Pontífice en este periodo será el domingo 8 de enero en la Capilla Sixtina, donde Benedicto XVI celebrará la Santa Misa y administrará el sacramento del Bautismo a algunos niños.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2011/12/21/celebraciones-liturgicas-de-benedicto-xvi-en-navidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de Oración por la paz</title>
		<link>http://www.agenciasic.es/2011/12/18/mensaje-de-benedicto-xvi-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-la-paz/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-de-benedicto-xvi-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-la-paz</link>
		<comments>http://www.agenciasic.es/2011/12/18/mensaje-de-benedicto-xvi-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-la-paz/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 07:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.agenciasic.es/?p=1123260</guid>
		<description><![CDATA[“Educar a los jóvenes en la justicia y la paz” es el lema que el Papa Benedicto XVI propone este año para la Jornada Mundial de Oración por la Paz. Desde 1968, cada uno de enero, y por iniciativa del Papa, la Iglesia dedica el comienzo del año a rezar por la paz. Texto del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/11/Benedicto-XVI-Concierto.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/11/Benedicto-XVI-Concierto.png" alt="" title="Benedicto XVI Concierto" width="122" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1121780" /></a>“Educar a los jóvenes en la justicia y la paz” es el lema que el Papa Benedicto XVI propone este año para la Jornada Mundial de Oración por la Paz. Desde 1968, cada uno de enero, y por iniciativa del Papa, la Iglesia dedica el comienzo del año a rezar por la paz.</p>
<p><strong>Texto del mensaje</strong> </p>
<p>1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.</p>
<p>¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.</p>
<p>En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencidos de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.</p>
<p>Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.</p>
<p>Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.</p>
<p>Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.</p>
<p>Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención</p>
<p>en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).</p>
<p>Los responsables de la educación</p>
<p>2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hacer crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.</p>
<p>¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.</p>
<p>Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.</p>
<p>Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.</p>
<p>Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.</p>
<p>Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.</p>
<p>No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.</p>
<p>También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.</p>
<p>Educar en la verdad y en la libertad</p>
<p>3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? &#8211; ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre se refiere a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.</p>
<p>Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.</p>
<p>La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].</p>
<p>Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.</p>
<p>El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.</p>
<p>Educar en la justicia</p>
<p>4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].</p>
<p>No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].</p>
<p>«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.</p>
<p>Educar en la paz</p>
<p>5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.</p>
<p>Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).</p>
<p>La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.</p>
<p>Levantar los ojos a Dios</p>
<p>6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).</p>
<p>Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.</p>
<p>Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).</p>
<p>Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante a las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.</p>
<p>Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.</p>
<p>A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».</p>
<p>Vaticano, 8 de diciembre de 2011</p>
<p>BENEDICTUS PP XVI</p>
<p>Notas</p>
<p>[1] Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011), 3.</p>
<p>[2] Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.</p>
<p>[3] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.</p>
<p>[4] Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.</p>
<p>[5] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.</p>
<p>[6]Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.</p>
<p>[7] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.</p>
<p>[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.</p>
<p>[9] Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.agenciasic.es/2011/12/18/mensaje-de-benedicto-xvi-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-la-paz/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

