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Mensaje de los obispos de la CEMCS en la XLVI JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

20 de mayo de 2011
Solemnidad de la Ascensión del Señor

Comunicación al servicio de la Evangelización

Presentación
El Papa Benedicto XVI ha hecho público su mensaje “Silencio y Palabra: camino de Evangelización” para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, que este año alcanza su 46ª edición desde que la estableciera su predecesor Pablo VI, en 1965 recogiendo el mandato del Decreto Conciliar Inter Mirifica “para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social” (IM, 18). El marco en el que se inscribe tradicionalmente esta Jornada Mundial es la Solemnidad de la Ascensión.

Mensaje del Papa: Palabra y silencio
El Santo Padre invita a la conveniente alternancia entre el silencio y la palabra para una comunicación que permita la comunión entre las personas. En el silencio se permite, por un lado, la escucha atenta de lo que el otro comunica y se expresa el respeto y el deseo de saber más de quien escucha. Al mismo tiempo, el silencio permite una reflexión y elaboración suficiente de los discursos y una articulación de las ideas para que puedan servir mejor a las personas con quienes uno se comunica. La palabra es el momento de la comunicación eficaz en sus diversas formas, escrita, hablada o transmitida por los diversos medios de comunicación.
Si como señala Benedicto XVI, en toda comunicación es importante la preparación por medio del silencio, lo es más todavía en la de quienes han hecho de la comunicación su modo de vida. Periodistas, profesores, comunicadores, sacerdotes, etc. necesitan del silencio, no sólo para preservar la calidad del mensaje que se disponen a transmitir, sino también para hacerse conscientes y responsables de una misión que consiste en acercar a oyentes y lectores la verdad conocida.

Misión de la comunicación y verdad
Esa responsabilidad aumenta si se tiene en cuenta que la comunicación humaniza al hombre, pues le hace destinatario del caudal de conocimiento y de verdad que se ha ido acumulando en la historia o que se sigue elaborando hoy mismo en otros lugares distantes. Como señaló Juan Pablo II, la comunicación debe “atestiguar la verdad sobre la vida, sobre la dignidad humana, sobre el verdadero sentido de nuestra libertad y mutua interdependencia” (Mensaje para la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1999, n. 2).

Comunicar la verdad e incomunicar la mentira
Comunicar es esencialmente comunicar la verdad, salir al paso de las preguntas, dudas e inquietudes del hombre y ponerle en relación con aquello que necesita conocer. Como señala Benedicto XVI, “el hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo” (Mensaje para la XLVI Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 2012). En la medida en que esa comunicación se realiza, el hombre queda humanizado. Todo contacto con la verdad sobre cualquier realidad da a conocer al hombre su lugar en la sociedad y su misión en la misma. Es precisamente la humanización de la sociedad uno de los fines de la comunicación y al mismo tiempo uno de los parámetros con los que se puede medir la calidad de la comunicación. Una sociedad conocedora de la verdad es una sociedad más libre, más justa y más humana.
En el otro extremo, la mentira, la transmisión del error, la duda, no producen comunicación sino más bien incomunicación y, con ella, deshumanización. Quienes transmiten la mentira, por dejadez, falta de rigor o de honestidad, traicionan la misión que les ha sido confiada de servir de puente de unión entre la verdad y los hombres de nuestro tiempo y provocan la deshumanización de la sociedad. Lo mismo ocurre cuando la comunicación busca sembrar la discordia, la insidia o la maledicencia. Entonces esa comunicación pierde su dignidad y contradice su dimensión humanizadora. Se puede decir que “la comunicación debe ser siempre veraz, puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica entre las personas” (Ética en las Comunicaciones sociales, n. 20. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales), y, por extensión, que el límite de la libertad de expresión es la mentira, la insidia o la asechanza.

Comunicar camino hacia Dios
Cuando se produce la comunicación, es decir cuando se transmite la verdad, la belleza o la bondad de la vida ordinaria se está mostrando al hombre el camino para ser auténticamente hombre y en última instancia, se dispone el corazón del ser humano al conocimiento de la Verdad, la Bondad y la Belleza que es Dios.
Por eso, la comunicación tiene su máxima expresión y cumple del mejor modo su dimensión humanizadora, en el anuncio de Jesucristo, camino, verdad y vida. En este plano más elevado de la comunicación se puede afirmar que la comunicación contribuye definitivamente a la evangelización.
Fue el Señor quien envió a los discípulos a proclamar la buena noticia del Evangelio: el mismo Cristo, hecho hombre, salvador del mundo. Las palabras del Resucitado, momentos antes de su ascensión al Cielo, “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 15, 15), suponen para todos los cristianos una misión ineludible, a la que habrá que incorporar todos los medios disponibles, desde los medios clásicos como la prensa, la radio o la televisión, a los nuevos ámbitos de comunicación originados a partir de internet y de las redes sociales.

Felicitación y aliento a los periodistas
En este contexto, queremos también felicitar a todos los comunicadores y profesionales de los diversos medios que han hecho de la verdad su trabajo habitual y agradecer el servicio que prestan a sus conciudadanos. De su compromiso personal y profesional depende en buena medida el progreso de una sociedad que necesita de la verdad para poder servir mejor a todos sus miembros.
A Aquél que es la Verdad, nuestro Señor Jesucristo, encomendamos esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Social pidiendo que nos sirva para reconocer y estímular el cumplimiento de esta misión, a la vez que invocamos de corazón su ayuda y bendición para todos los profesionales de la comunicación.