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	<title>Agencia SIC &#187; Santa Sede</title>
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	<description>Conferencia Episcopal Española</description>
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		<title>Presentado el mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 15:59:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia en el mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, acompañado por los monseñores Giampietro Dal Toso y Segundo Tejada Muñoz, respectivamente secretario y subsecretario de ese dicasterio, presentaron el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2012. “Sabemos que el Mensaje de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/09/Vaticano.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/09/Vaticano.png" alt="" title="Vaticano" width="250" height="187" class="alignleft size-full wp-image-1118734" /></a>Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, acompañado por los monseñores Giampietro Dal Toso y Segundo Tejada Muñoz, respectivamente secretario y subsecretario de ese dicasterio, presentaron el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2012.</p>
<p>“Sabemos que el Mensaje de Cuaresma -dijo el cardenal Sarah- contribuye a tener vivo en los fieles el sentido de la atención al bien del prójimo, de la comunión, del interés, de la compasión y de la división fraterna de los sufrimientos del indigente (…) Pero, más allá de este hecho tan importante, hay otro aspecto de la vida cristiana que el texto de este año pone de relieve. Se trata de la corrección fraterna”.</p>
<p>“La caridad nos enseña que nuestra responsabilidad hacia los demás no se centra sólo en su bien material, sino también en el moral y espiritual (…) No podemos callar que una determinada ideología que ha exaltado los derechos del individuo pueda desembocar en el aislamiento y la soledad de las personas (…) Cuando, en nombre del individualismo, se niega la llamada a la comunión, nuestra humanidad sale perjudicada, engañada por el espejismo de una felicidad imposible, obtenida en soledad. Por eso, podemos ayudarnos recíprocamente descubriendo que somos responsables los unos de los otros”.</p>
<p>“A la luz de corrección encaminada hacia la verdad y la caridad -prosiguió el purpurado- se lee también la acción de la Iglesia en el mundo contemporáneo (…) A veces se piensa incluso que sea el deseo de poder o su nostalgia lo que dicta la preocupación de la Iglesia, su oponerse con decisión a algunas manifestaciones de la cultura actual. No: lo que mueve a la Iglesia es su sincero interés por el bien de la persona en concreto y del mundo. Su acción no se inspira en la condena ni en la recriminación, sino en la justicia y la misericordia que tienen el valor de llamar a las cosas por su nombre. Sólo así se iluminan las raíces del mal que no dejan de fascinar también a las mentes del mundo moderno. Esta tarea se llama misión profética”.</p>
<p>En el Antiguo Testamento, explicó el cardenal Sarah “el profeta es un hombre llamado y enviado por Dios para anunciar al pueblo su voluntad (…) Está claro que el aldabonazo a una mayor justicia social forma parte de la misión de la Iglesia” que “no puede callar ante el hecho de que muchos mueran por la falta del mínimo indispensable mientras otros se enriquecen explotando a los demás. (…) Pero sería demasiado poco que la dimensión profética de nuestro hablar y actuar se limitase a estos fenómenos externos sin apuntar a las raíces morales de estas injusticias. La corrupción, la acumulación de dinero, la violencia, el vivir a espaldas de la colectividad sin aportar nada son auténticos cánceres que socavan la sociedad desde el interior. Tampoco podemos callar que (…) en la base de la crisis financiera está la avaricia, la búsqueda desenfrenada del dinero sin escrúpulos y sin considerar a los que tienen menos y deben soportar las consecuencias de las decisiones equivocadas de otros. Este apego al dinero es pecado. La Iglesia es profética cuando denuncia este pecado que perjudica a la persona y a la sociedad”.</p>
<p>“Pero el Santo Padre (…) nos indica una dimensión aún más profunda: la Iglesia se hace profeta en el mundo de hoy para denunciar en particular la ausencia de Dios (…) Nuestra sociedad secularizada ha llegado a vivir y a organizarse sin tener presente a Dios debido a que está envuelta en una pobreza todavía más trágica de la material, una pobreza que consiste en el rechazo y la exclusión total de Dios de la vida social y económica, de la revuelta contra las leyes divinas y contra las de la naturaleza (…) La primera responsabilidad de la Iglesia es recordar a cada generación que esta dimensión espiritual es fundamental. El profeta de hoy debe decir al mundo que Dios existe y que sin este Padre que nos llama a la solidaridad y a la división, la vida muerte y la fraternidad se disuelve en una utopía vacía. Debe decir que el ser humano tiene una vocación sobrenatural. Que hay una conciencia en la que habla la voz de Dios a quien un día tendremos que responder”.</p>
<p>“El Mensaje que presentamos hoy-finalizó- quiere sacudir las conciencias sobre los derechos/deberes de nuestros hermanos, pero también respecto a nuestros deberes con los “derechos” de Dios. Y todo esto debe ocurrir en el contexto de la comunión cristiana en la que rige el principio de la reciprocidad y de la corrección fraterna, preocupándonos por el bien temporal de los seres humanos, pero también por su salvación escatológica”. </p>
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		<title>Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 15:10:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Queridos hermanos y hermanas La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/11/Benedicto-XVI-Concierto.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/11/Benedicto-XVI-Concierto.png" alt="" title="Benedicto XVI Concierto" width="122" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1121780" /></a>«Fijémonos los unos en los otros<br />
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas</p>
<p>La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.</p>
<p>Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.</p>
<p>1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.</p>
<p>El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).</p>
<p>La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.</p>
<p>El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.</p>
<p>2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.</p>
<p>Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.</p>
<p>Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).</p>
<p>3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.</p>
<p>Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.</p>
<p>Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).</p>
<p>Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.</p>
<p>Vaticano, 3 de noviembre de 2011</p>
<p>BENEDICTUS PP. XVI</p>
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		<title>Benedicto XVI: La enfermedad como una oportunidad de acercamiento a los demás</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 09:29:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus del pasado domingo, se refirió a la enfermedad como una oportunidad para el acercamiento a los demás, especialmente a los que sufren. Este 5 de febrero se celebraba además la trigésimo cuarta Jornada Nacional por la Vida promovida por la Conferencia Episcopal italiana Benedicto XVI. El Sucesor de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Plaza-San-Pedro-Navidad.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Plaza-San-Pedro-Navidad.png" alt="" title="Plaza San Pedro Navidad" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1126396" /></a>Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus del pasado domingo, se refirió a la enfermedad como una oportunidad para el acercamiento a los demás, especialmente a los que sufren. Este 5 de febrero se celebraba además la trigésimo cuarta Jornada Nacional por la Vida promovida por la Conferencia Episcopal italiana Benedicto XVI.<br />
El Sucesor de Pedro en su alocución dominical citando la liturgia del día recordó que, “las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras las sanaciones demuestran que el Reino de Dios está cerca porque Jesucristo ha venido a derrotar el Mal desde la raíz, y las curaciones son una anticipación de su victoria, obtenida con su Muerte y Resurrección”.Asimismo aludió a la próxima celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, el próximo 11 de febrero en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, para invitarnos a presentar a Él a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede sanarlos pero también a invocar la intercesión de la Santísima Virgen, especialmente para las situaciones de mayor sufrimiento y abandono.<br />
Tras el rezo mariano del Ángelus, Benedicto XVI recordó la celebración en toda Italia de la Jornada por la Vida promovida por la Conferencia Episcopal bajo el tema “Jóvenes abiertos a la Vida” y citamos las palabras del Papa: “Me uno a los Pastores de la Iglesia en Italia cuando afirman que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida”. En efecto, en la Plaza de San Pedro estaban presentes jóvenes estudiantes de la facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Roma, y estudiantes de otras facultades de Ginecología y Obstetricia a quienes dirigió un saludo particular. </p>
<p><strong>Saludo del Papa en español</strong>:<br />
“Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de fieles de distintas parroquias de Sevilla, así como al grupo de alumnos y profesores de Zafra, Montánchez y Cáceres. El Evangelio de hoy presenta a Jesús que une estrechamente su predicación y cuidado por los enfermos a una intensa oración. Este modo de actuar del Maestro se prolonga también hoy en la vida y misión de la Iglesia. Que la Virgen María asista a cada uno de sus hijos para saber conjugar siempre la actividad apostólica y misionera con una ferviente plegaria a Dios. Feliz domingo”.</p>
<p><strong>Texto completo de Benedicto XVI antes del Ángelus</strong>:</p>
<p>¡Queridos hermanos y hermanas!<br />
El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que alivia a los enfermos: primero a la suegra de Simón Pedro, que estaba en cama con fiebre y Él, tomándola de la mano, la alivia y la hace levantar; luego todos los enfermos de Cafarnaúm, probados en el cuerpo, en la mente y en el espíritu, y Él “curó a muchos… y expulsó a muchos demonios” (Mc 1,34). Los cuatro Evangelistas están de acuerdo en testimoniar que la liberación de dolencias y enfermedades de todo género constituyó, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. En efecto, las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras las sanaciones demuestran que el Reino de Dios está cerca. Jesucristo ha venido a derrotar el Mal desde la raíz, y las curaciones son una anticipación de su victoria, obtenida con su Muerte y Resurrección.<br />
Un día Jesús dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos” (Mc 2,17). En aquella circunstancia se refería a los pecadores, que Él vino a llamar y a salvar. Permanece como verdad que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que experimentamos fuertemente que no somos autosuficientes, sino que tenemos necesidad de los demás. En este sentido paradójicamente podemos decir que ¡la enfermedad puede ser un momento saludable en el cual se puede experimentar la atención de los demás y brindar atención a los demás!<br />
Sin embargo, ésta es siempre una prueba que puede hacerse larga y difícil. Cuando la sanación no llega y los sufrimientos se prolongan, podemos permanecer como aplastados, aislados, y entonces nuestra existencia se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar a este ataque del Mal? Ciertamente con los cuidados apropiados – la medicina en estas décadas ha cumplido pasos de gigante – pero la Palabra de Dios nos enseña que existe una actitud decisiva y de fondo con la cual afrontar la enfermedad y es aquella de la fe. Jesús lo repite siempre a las personas que alivia: Tu fe te ha salvado (cfr Mc 5,34.36). Inclusive de frente a la muerte, la fe puede hacer posible aquello que humanamente es imposible. ¿Pero la fe en qué cosa? En el amor de Dios. Esta es la verdadera respuesta, que derrota radicalmente el Mal. Así como Jesús ha afrontado al Maligno con la fuerza del amor que le venía del Padre, también nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad teniendo el corazón sumergido en el amor de Dios. Todos conocemos personas que han soportado sufrimientos terribles porque Dios las proveía de una serenidad profunda. Pienso en el reciente ejemplo de la Beata Chiara Badano, truncada en la flor de su juventud por un mal sin tregua: ¡cuantos iban a visitarla, recibían de ella luz y confianza! Sin embargo, en la enfermedad, todos tenemos necesidad de calor humano: para confortar a una persona enferma, más que las palabras, cuenta la cercanía sincera.<br />
Queridos amigos, el próximo sábado 11 de febrero, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, es la Jornada Mundial del Enfermo. Hagamos también nosotros como la gente de los tiempos de Jesús: espiritualmente presentémosle a Él a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede sanarlos. E invoquemos la intercesión de la Santísima Virgen, especialmente para las situaciones de mayor sufrimiento y abandono. ¡María Salud de los enfermos, ruega por nosotros!</p>
<p><strong>Alocución del Papa después del rezo mariano del Ángelus</strong></p>
<p>Hoy en Italia se celebra la Jornada por la Vida, iniciada para defender la vida naciente y sucesivamente hecha extensiva a todas las fases y las condiciones de la existencia humana. Este año el Mensaje de los Obispos propone el tema: “Jóvenes abiertos a la vida”. Me uno a los Pastores de la Iglesia en Italia cuando afirman que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida. Me alegro por el encuentro promovido ayer en Roma por las Escuelas de Obstetricia y Ginecología de las Universidades romanas para reflexionar sobre la “Promoción y tutela de la vida humana naciente”, y saludo de corazón a Mons. Lorenzo Leuzzi, a los docentes y a los jóvenes presentes hoy en la Plaza de San Pedro.</p>
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		<title>Benedicto XVI &#8220;Aprendamos también nosotros en la oración a poner ante Dios las fatigas y los sufrimientos&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 09:41:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano siguiendo la temática de la semana pasada dedicó su catequesis a la Oración de Jesús, en esta ocasión en el huerto del Getesemaní, en la proximidad de su muerte. El Sucesor de Pedro se refirió a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervii2.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/02/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervii2.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia aula Nervii2" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1126093" /></a>Esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano siguiendo la temática de la semana pasada dedicó su catequesis a la Oración de Jesús, en esta ocasión en el huerto del Getesemaní, en la proximidad de su muerte.<br />
El Sucesor de Pedro se refirió a que Jesús a través de gestos y palabras asume sobre Sí mismo todas las penas de la humanidad. Esa noche, dijo el Papa hablando en italiano, Jesús se prepara para la oración personal. Pero esta vez sucede algo nuevo: parece que no quiere permanecer solo. Mucha veces Jesús se retiraba de la multitud y de los discípulos, permaneciendo en lugares desiertos o subiendo al monte. En Getsemaní, en cambio, invita a Pedro, Santiago y Juan para que permanezcan cercanos a Él. Son los discípulos que ha llamado a estar con Él en el monte de la Transfiguración.<br />
El Papa explicó que esa noche Jesús rezará al Padre permaneciendo solo porque su relación con Él es del todo única y singular: es la relación del Hijo Unigénito. Y casi se diría que sobre todo en aquella noche nadie puede verdaderamente aproximarse al Hijo, que se presenta al Padre en su identidad absolutamente única y exclusiva. Jesús, sin embargo si bien llega solo al lugar donde se detendrá a orar, quiere que por lo menos tres discípulos permanezcan cerca, en una relación más estrecha con Él. Se trata de una cercanía de espacio, una solicitud de solidaridad en el momento en el que siente que la muerte se aproxima, pero sobre todo es una cercanía en la oración para expresar, de alguna manera, la sintonía con Él, en el momento en el que se dispone a cumplir a fondo la voluntad del Padre y es una invitación a cada discípulo a seguirlo en el camino de la Cruz.</p>
<p>Al saludar a los peregrinos polacos en su idioma el Papa les dijo que “la oración de Jesús en el huerto del Getsemaní es una expresión de la total sumisión de la propia voluntad y a la entrega de su vida a Dios Padre”. Y añadió que todos estamos invitados a tener esa confianza y a cumplir la voluntad de Dios. “Sin embargo –agregó el Papa– los testigos especiales de semejante entrega son en la Iglesia las personas consagradas”. Por esta razón pidió que al celebrar mañana su jornada, “pidamos a Dios que con el poder del Espíritu Santo los fortalezca en el camino del cumplimiento de su voluntad”.<br />
Al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, Benedicto XVI se dirigió de modo particular a los Obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, procedentes de diversos países de Europa, África y Asia, a quienes animó a “trabajar con entusiasmo al servicio del Evangelio, a pesar de las dificultades que a veces puedan encontrar en su misión”. El Papa también saludó “con afecto” a los Carabineros de la región de Umbría y a los representantes de la Marina Militar de Grottaglie. A todos ellos, llamándolos “queridos amigos”, el Obispo de Roma les agradeció su presencia y los exhortó a “vivir con fidelidad su trabajo y a enriquecerlo con su personal testimonio cristiano”.<br />
Al dirigir, por último, su habitual saludo a los jóvenes, enfermos y recién casados presentes en esta audiencia, el Santo Padre destacó la figura de san Juan Bosco, que recordamos ayer y que “nos lleva –dijo– a considerar cuán importante es educar a las nuevas generaciones en los auténticos valores humanos y espirituales de la vida”. Sobre los queridos jóvenes el Papa invocó la protección particular del Santo de la juventud y manifestó su deseo de que encuentren siempre “educadores sabios y guías seguras”. A los queridos enfermos el Pontífice les recordó que su sufrimiento, ofrecido con generosidad al Señor, puede hacer fecundo el empeño que la Iglesia dedica al mundo juvenil. Mientras a los recién casados les pidió que se preparen para ser “los primeros e insustituibles educadores de los hijos que el Señor les dará”.</p>
<p><strong>Texto íntegro de la catequesis en español</strong></p>
<p>Queridos hermanos y hermanas:<br />
Deseo hablar hoy sobre la oración de Jesús en Getsemaní, en la que acompañado por tres de sus discípulos y sintiendo la proximidad de su muerte, ora íntimamente al Padre.Jesús a través de gestos y palabras, llevando a plenitud el designio de amor, asume sobre si todas las penas de la humanidad, las preguntas y las suplicas de la historia de la Salvación. Pone de manifiesto su total obediencia, abandono y confianza en el Padre. Si bien experimenta la angustia y el miedo ante la muerte, así como la turbación por el mal que debe cargar sobre sí, se abandona totalmente y las presenta al Padre que las acoge y lo escucha resucitándolo de entre los muertos.<br />
Aprendamos también nosotros en la oración a poner ante Dios las fatigas y los sufrimientos, los esfuerzo de cada día para seguirlo. Supliquémosle que nos haga sentir su cercanía y nos done su luz. Confiemos en su Providencia divina para conformar así su voluntad a la nuestra, repitiendo cada día el “si” de Jesús, el “si” de María.<br />
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Queridos amigos pidamos al Señor para que seamos capaces de vigilar con Él en oración, de cumplir su voluntad cada día aunque comporte sacrificio. Que estemos dispuestos a vivir una intimidad cada vez más grande con Él. Muchas gracias.</p>
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		<title>Programa del viaje de Benedicto XVI a México y a Cuba</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 09:41:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Santa Sede ha hecho público el programa del viaje de Benedicto XVI a México y Cuba que tendrá lugar del 23 al 29 de marzo próximos. El viaje apostólico se iniciará a las 9 y media del viernes 23 de marzo, día en el que el Santo Padre viajará hasta Guanajuato, en México, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Urbi-et-orbi.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Urbi-et-orbi-300x73.jpg" alt="" title="Benedicto XVI Urbi et orbi" width="300" height="73" class="alignleft size-medium wp-image-1123728" /></a>La Santa Sede ha hecho público el programa del viaje de Benedicto XVI a México y Cuba que tendrá lugar del 23 al 29 de marzo próximos. El viaje apostólico se iniciará a las 9 y media del viernes 23 de marzo, día en el que el Santo Padre viajará hasta Guanajuato, en México, y adonde llegará a las 4 y media de la tarde. El día siguiente, sábado, sólo están previstas la Santa Misa en privado a las 8 de la mañana, la visita de cortesía al presidente federal en la Casa del Conde Rul de Guanajuato y un saludo a los niños en la Plaza de la Paz a las 7 menos cuarto.<br />
El domingo, el Pontífice celebrará la Santa Misa y rezará el Ángelus por la mañana en el Parque del Bicentenario de León y por la tarde a las 6 tendrá lugar la celebración de las vísperas con los obispos de México y America Latina en la catedral de la Madre Santísima de la Luz de León. El lunes 26 de marzo el Papa se despide de México y viajará a Cuba, adonde llegará a las 2 de la tarde. Por la tarde, a las 5 y media, Benedicto XVI celebrará la Santa Misa en ocasión del 400 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre.<br />
Al día siguiente el Papa visitaré el Santuario de la Virgen de la Caridad y viajará a La Habana, donde por la tarde realizará una visita de cortesía al presidente del Consejo de Estado y del Consejo de los Ministros de la República en el Palacio de La Revolución de La Habana. Antes de pernoctar en la Nunciatura Apostólica de la capital cubana el Papa se reunirá y cenará aquí con los obispos cubanos y el séquito papal.<br />
El miércoles 28 de marzo Benedicto XVI celebrará la Santa Misa en la Plaza de La Revolución y se despedirá de Cuba por la tarde para regresar a Roma. La llegada del Pontífice está prevista a las 10 y cuarto del jueves 29.</p>
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		<title>Benedicto XVI, en su audiencia de los miércoles, recuerda la oración sacerdotal de Jesús</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 16:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el marco de la celebración, de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol; en la conclusión la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano y dedicó su catequesis a la oración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-Nervii.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-Nervii.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia Nervii" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125608" /></a>En el marco de la celebración, de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol; en la conclusión la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano y dedicó su catequesis a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión.<br />
El Santo Padre recordó en su catequesis que Jesús intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía y ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia a la vez que suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria.</p>
<p><strong>Texto completo de la catequesis de Benedicto XVI</strong><br />
Queridos hermanos y hermanas:La catequesis de hoy está dedicada a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión. En ella, y evocando la fiesta judía del Yom kippùr, Jesús se presenta como Sumo Sacerdote que pide por sí mismo, por los sacerdotes y por el pueblo y, a la vez, como la víctima que se ofrece al Padre en expiación. En primer lugar, pide para Él la glorificación, invocando al Padre para que acepte su sacrificio. Después, intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía. Por último, Jesús ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia. Suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria. De ese modo, inaugura la Iglesia que se define como pueblo enviado, consagrado, llamado al conocimiento de Dios y nacido en la cruz.</p>
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular, a los grupos provenientes de España, México, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a orar como nos enseña Jesús, pidiendo a Dios que manifieste su voluntad en nuestras vidas, nos consagre y abra nuestro corazón al mundo y a la misión. Que el don de la unidad que esta Semana hemos suplicado con insistencia nos ayude a dar razón de nuestra esperanza ante los que nos rodean. Muchas gracias. </p>
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		<title>Discurso del Papa a la Rota Romana: invitación a  &#8220;un trabajo fiel, cotidiano y comprometedor&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 10:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Santo Padre Benedicto XVI ha celebrado en Roma la apertura del Año judicial en la Santa Sede con un encuentro con los miembros del Tribunal de la Rota Romana a los que dirigió un importante discurso. El Santo Padre les manifestó que representa siempre un motivo de alegría recibirlos en el ámbito del encuentro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Rota-Romana.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Rota-Romana.png" alt="" title="Benedicto XVI Rota Romana" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125350" /></a>El Santo Padre Benedicto XVI ha celebrado en Roma la apertura del Año judicial en la Santa Sede con un encuentro con los miembros del Tribunal de la Rota Romana a los que dirigió un importante discurso. El Santo Padre les manifestó que representa siempre un motivo de alegría recibirlos en el ámbito del encuentro anual con motivo de la inauguración del año judicial. Tras saludar al Colegio de los Prelados Auditores, comenzando por su Decano, Mons. Antoni Stankiewicz, a quien agradeció las palabras que le había dirigido previamente, el Papa extendió sus saludos a los Oficiales, Abogados y demás colaboradores presentes en esta audiencia.<br />
En esta circunstancia, Benedicto XVI renovó su estima por el delicado y precioso ministerio que desarrollan en la Iglesia y que requiere siempre “un empeño renovado” dada la incidencia que tiene para la “salus animarum” del Pueblo de Dios. Y se refirió ante todo a uno de los importantes eventos eclesiales que viviremos dentro de algunos meses, a saber, el Año de la Fe, que siguiendo las huellas de su venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, ha querido convocar en el 50° aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II.<br />
Este grande Pontífice –tal como el Papa ha escrito en su Carta apostólica de convocación– estableció por primera vez un período de reflexión “consciente de las graves dificultades de su tiempo y, sobre todo, con respecto a la profesión de la verdadera fe y de su recta interpretación”. Por esta razón, teniendo en cuenta una exigencia semejante, pasando al ámbito que interesa más directamente a su servicio a la Iglesia, el Papa se detuvo sobre un aspecto primario del ministerio judicial, a saber, el de la interpretación de la ley canónica en orden a su aplicación.<br />
Y afirmó que el nexo con el tema de la recta interpretación de la fe no se reduce a una mera asonancia semántica, teniendo en cuenta que el derecho canónico encuentra en las verdades de la fe su fundamento y su mismo sentido, y que la “lex agendi” no puede dejar de reflejar la “lex credendi”. Por tanto, agregó el Papa, la “cuestión de la interpretación de la ley canónica constituye un argumento muy vasto y complejo, ante el cual se limitó a hacer algunas observaciones.<br />
Hacia el final de su discurso, el Santo Padre les dijo que estas reflexiones adquieren una relevancia peculiar en el ámbito de las leyes referentes al acto constitutivo del matrimonio y de su consumación y a la recepción del Orden sagrado. Y añadió que en este ámbito la sintonía con el verdadero sentido de la ley de la Iglesia se vuelve una cuestión de amplia y profunda incidencia práctica en la vida de las personas y de las comunidades, que requiere una especial atención. Porque como dijo el Papa, se deben aplicar todos los medios jurídicamente vinculantes que tienden a asegurar la unidad en la interpretación y en la aplicación de las leyes que es requerida por la justicia.<br />
Al concluir este momento de encuentro y reflexión, el Papa recordó la reciente innovación, a la que había aludido Mons. Stankiewicz antes de la alocución del Pontífice, en virtud de la cual se han trasladado a una oficina de este Tribunal Apostólico las competencias acerca de los procedimientos de dispensa del matrimonio “rato” y “no consumado” y las causas de nulidad de la sagrada Ordenación. Benedicto XVI manifestó su certeza en la generosa respuesta que se dará a este nuevo empeño eclesial. Y tras animarlos en su valiosa obra, que requiere –dijo– “un trabajo fiel, cotidiano y comprometedor”, los encomendó a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Speculum iustitiae, y les impartió su Bendición Apostólica.</p>
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		<title>Benedicto XVI al Camino Neocatecumenal: &#8220;Llevar a Cristo a todos los seres humanos da vida a toda obra evangelizadora&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 10:07:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Benedicto XVI ha recibido hoy en audiencia a más de 7.000 miembros del Camino Neocatecumenal. En el curso del acto, el Santo Padre envío 17 nuevas misiones “ad gentes” en todo el mundo: doce en Europa; cuatro en América y una en África. Cada una de estas misiones está formada por tres o cuatro familias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Camino-Neocatecumenal.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Camino-Neocatecumenal.png" alt="" title="Benedicto XVI Camino Neocatecumenal" width="250" height="167" class="alignleft size-full wp-image-1125303" /></a>Benedicto XVI ha recibido hoy en audiencia a más de 7.000 miembros del Camino Neocatecumenal. En el curso del acto, el Santo Padre envío 17 nuevas misiones “ad gentes” en todo el mundo: doce en Europa;  cuatro  en América y  una en África. Cada una de estas misiones está formada por tres o cuatro familias numerosas, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, que con un sacerdote se trasladan a vivir a una zona descristianizada o donde el Evangelio no se  ha anunciado.</p>
<p>Estos son algunos fragmentos del discurso del Papa a los miembros del Camino Neocatecumenal presentes en el Aula Pablo VI:</p>
<p>   “En estas décadas de vida del Camino, vuestro firme compromiso ha sido proclamar a Cristo resucitado, (&#8230;) abandonando a menudo seguridades personales y materiales (&#8230;). Llevar a Cristo a los seres humanos y los seres humanos a Cristo: esto es lo que da  vida a toda obra evangelizadora. Vosotros lo hacéis mediante un camino que ayuda a redescubrir, a los que ya  han recibido el bautismo, la belleza de la vida de la fe, la  alegría de ser cristianos (&#8230;) Sabemos que es un compromiso no siempre fácil. A veces estáis presente en lugares donde hay necesidad de un primer anuncio del Evangelio; sin embargo, y a menudo, la misión “ad gentes” se lleva a cabo en regiones que, a pesar de haber conocido a Cristo, se han vuelto indiferentes a la fe: el secularismo ha eclipsado  el sentido de Dios y oscurecido los valores cristianos. En este caso, vuestro compromiso y testimonio es como la levadura que, con paciencia, respetando los tiempos, con el ‘sensus Ecclesiae’, hace crecer la masa”.</p>
<p>  “La Iglesia ha reconocido en el camino un don especial que el Espíritu Santo ha dado a nuestro tiempo; la aprobación de los Estatutos y del ‘Directorio Catequético’ son una señal. Os animo a ofrecer vuestra contribución original a la causa del Evangelio. En vuestra valiosa obra,  buscad siempre  una profunda comunión con la Sede Apostólica y con los pastores de las Iglesias particulares  a las que pertenecéis: la unidad y la armonía del cuerpo de la Iglesia son un testimonio importante de Cristo y su Evangelio en el mundo  en que vivimos”.</p>
<p> “Hace poco  os han leído el decreto con que se aprueban las celebraciones presentes  en el “Directorio Catequético del Camino Neocatecumenal”, que no son estrictamente litúrgicas, pero forman parte del itinerario de crecimiento en la fe. Es otro elemento que os demuestra cómo os acompaña  la Iglesia, con atención y paciente discernimiento, que comprende vuestra  riqueza, pero se preocupa también por la comunión y la armonía de todo el  ‘Corpus Ecclesiae’. (&#8230;) En la acción litúrgica de la Iglesia está la presencia activa de Cristo resucitado que  hace hoy presente y operante para nosotros, el  mismo Misterio pascual para nuestra salvación. (&#8230;) Esta obra del Señor Jesús, que es el verdadero contenido de la liturgia, este entrar en la presencia del misterio pascual, es también obra de la Iglesia, que, por ser  su cuerpo, es un individuo único con Cristo”.</p>
<p>  “Esto vale de modo muy especial para la celebración de la Eucaristía que, siendo el culmen de la vida cristiana, es también el fulcro de su redescubrimiento, al cual tiende el neocatecumenado. (…) Precisamente para favorecer el acercamiento a la riqueza de la vida sacramental por parte de las personas que se han alejado de la Iglesia o que no han recibido una formación adecuada, los neocatecumenales pueden celebrar la Eucaristía dominical en una pequeña comunidad”. (…)</p>
<p>  “La celebración en las pequeñas comunidades, regulada por los Libros litúrgicos, que hay que seguir fielmente, y con las particularidades aprobadas en los Estatutos del Camino, tiene la función de ayudar a cuantos recorren el itinerario neocatecumenal a percibir la gracia de estar incorporados al misterio salvífico de Cristo. (…) Al mismo tiempo, la progresiva maduración de la fe de cada persona y de la pequeña comunidad debe favorecer su incorporación en la vida de la gran comunidad eclesial, que encuentra su forma ordinaria en la celebración litúrgica de la parroquia, en la cual y por la cual actúa el Neocatecumenado”.  </p>
<p>  “Pero también durante el camino es importante no separarse de la comunidad parroquial, precisamente en la celebración de la Eucaristía, que es el verdadero lugar de la unidad de todos, donde el Señor nos abraza en los diversos estados de nuestra madurez espiritual y nos une en el único pan que nos hace un único cuerpo”.</p>
<p>  Para terminar, el Santo Padre agradeció a los neocatecumenales sus manifestaciones de cercanía y afecto, y les pidió que lo recuerden en sus oraciones.</p>
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		<title>Benedicto XVI anima a dar un testimonio moral público de la vida cristiana</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 09:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Benedicto XVI se reunió ayer con un grupo de obispos estadounidenses de visita ad limina apostolorum en el Vaticano. Durante el encuentro, Benedicto XVI animó a salir al paso de las amenazas planteadas por un laicismo radical, y reafirmar el derecho de la Iglesia a dar un testimonio moral público. Después de recordar la oportunidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Visita-ad-limina-USA.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Visita-ad-limina-USA-300x200.jpg" alt="" title="Benedicto XVI Visita ad limina USA" width="300" height="200" class="alignleft size-medium wp-image-1125173" /></a>Benedicto XVI se reunió ayer con un grupo de obispos estadounidenses de visita <em>ad limina apostolorum </em>en el Vaticano. Durante el encuentro, Benedicto XVI animó a salir al paso de las amenazas planteadas por un laicismo radical, y reafirmar el derecho de la Iglesia a dar un testimonio moral público.<br />
Después de recordar la oportunidad, que le brindó su viaje apostólico a Estados Unidos, de reflexionar sobre la experiencia histórica estadounidense de la libertad religiosa, el Papa comentó la larga tradición del justo respeto entre fe y razón. Una relación en la que la Iglesia, precisó, desempeña un papel crucial para contrarrestar las corrientes culturales que  «sobre la base de un individualismo extremo, tratan de promover conceptos de libertad separados de la verdad moral».</p>
<p>La tradición de la Iglesia «no habla a partir de una fe ciega — reafirmó el Pontífice— sino desde una perspectiva racional que vincula nuestro compromiso de construir una sociedad auténticamente justa, humana y próspera con la certeza fundamental de que el universo posee una lógica interna accesible a la razón humana».</p>
<p>En este sentido, la Iglesia propone un razonamiento  «basado en la ley natural» con la profunda convicción de que esa ley no constituye en absoluto una amenaza para la libertad sino  «una lengua que nos permite comprendernos a nosotros mismos y la verdad de nuestro ser, y forjar así un mundo más justo y más humano».</p>
<p>Y eso es lo que la Iglesia quiere testimoniar. Y lo quiere hacer públicamente, como corresponde a su naturaleza. A los católicos comprometidos les compete la misión de defender este testimonio frente a las amenazas planteadas por el laicismo radical difundido en las esferas política y cultural.</p>
<p>Afrontando las cuestiones de la libertad religiosa y de la protección de la vida, Benedicto XVI subrayó los esfuerzos realizados por los obispos invitando a los laicos católicos de Estados Unidos a dar un testimonio cada vez más coherente y, por tanto, creíble de sus propias convicciones para ofrecer «una importante contribución a la renovación de la sociedad en su conjunto»</p>
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		<title>Benedicto XVI anima a &#8220;estar disponibles a la voz del Señor&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 08:53:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aprender a reconocer la voz de Dios y seguirla, es el tema que Benedicto trató en la reflexión previa a la oración mariana dominical del Ángelus, que rezó desde la ventana de su estudio, con los peregrinos congregados en la Plaza del Santuario de San Pedro, en la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aprender a reconocer la voz de Dios y seguirla, es el tema que Benedicto trató en la reflexión previa a la oración mariana dominical del Ángelus, que rezó desde la ventana de su estudio, con los peregrinos congregados en la Plaza del Santuario de San Pedro, en la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado con representantes de las comunidades de emigrantes de Roma.<br />
<a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/12/Benedicto-XVI-Discurso.png" alt="" title="Benedicto XVI Discurso" width="207" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1123699" /></a>La respuesta de Samuel a Dios: “Habla Señor que tu siervo escucha”, guiado por Elí, y la indicación de Juan Bautista a sus discípulos Juan y Andrés: “Ese es el Cordero de Dios” de las lecturas del domingo, inspiraron al Sucesor de Pedro a subrayar la importancia del acompañamiento y guía espiritual en el camino de fe, y en particular en la respuesta al llamado a la consagración al servicio de Dios y de su pueblo. Esta llamada-dijo el Papa- presupone el anuncio y el testimonio de un “hermano mayor”, que nos muestran “que es bello y posible construir toda la vida sobre el amor de Dios”.<br />
Seguir a Jesús, convivir con élEn su saludo a los peregrinos de lengua española exhortó a “estar disponibles a la voz del Señor”.</p>
<p><strong>Texto completo de la reflexión de Benedicto XVI</strong><br />
¡Queridos hermanos y hermanas!<br />
En las Lecturas bíblicas de este domingo – el segundo del Tiempo Ordinario – surge el tema de la vocación: en el Evangelio es la llamada de los primeros discípulos por parte de Jesús; en la primera Lectura es la llamada del profeta Samuel. En ambos relatos resalta la importancia de la figura que desarrolla el papel de mediador, ayudando a las personas llamadas a reconocer la voz de Dios y a seguirla. En el caso de Samuel, se trata de Elí, sacerdote del templo de Silo, donde antiguamente estaba custodiada el arca de la alianza, antes de ser transportada a Jerusalén. Una noche Samuel, que era aún un muchacho y que desde pequeño vivía al servicio del templo, por tres veces consecutivas sintió llamarse en sueños y corrió hacia Elí. Pero no era él quien lo llamaba. A la tercera vez Elí entendió, y dijo a Samuel: “y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha” (1 Sam 3,9). Así ocurrió, y desde ese momento Samuel aprendió a reconocer las palabras de Dios y se convirtió en su fiel profeta. En el caso de los discípulos de Jesús, la figura mediadora es aquella de Juan Bautista. En efecto, en torno a Juan había un vasto círculo de discípulos, y entre estos se encontraban las dos parejas de hermanos Simón y Andrés, Santiago y Juan, pescadores de Galilea. Justamente a dos de estos el Bautista les indicó a Jesús, el día después de su bautismo en el río Jordán. Se los señaló diciendo: “Este es el Cordero de Dios” (Jn 1,36), que equivalía que decir: Este es el Mesías. Y aquellos dos siguieron a Jesús, permanecieron largo tiempo con El y se convencieron que verdaderamente era Cristo. De inmediato lo dijeron a los otros, y así se formó el primer núcleo de aquello que llegaría a ser el colegio de los Apóstoles.<br />
A la luz de estos dos textos, quisiera subrayar el papel decisivo de la guía espiritual en el camino de fe y, en particular, en la respuesta a la vocación de especial consagración para el servicio de Dios y de su pueblo. La misma fe cristiana, por sí sola, presupone el anuncio y el testimonio: de hecho ella consiste en la adhesión a la buena noticia que Jesús de Nazaret ha muerto y resucitado, que es Dios. Y así también la llamada a seguir a Jesús más de cerca, renunciando a formar la propia familia para dedicarse a la gran familia de la Iglesia, pasa normalmente a través del testimonio y la propuesta de un “hermano mayor”, de hecho un sacerdote. Esto sin olvidar el papel fundamental de los padres, que con su fe genuina y gozosa y su amor conyugal muestran a los hijos que es bello y posible construir toda la vida sobre el amor de Dios.<br />
Queridos hermanos, pidamos a la Virgen María por todos los educadores, especialmente los sacerdotes y los padres, para que tengan plena conciencia de la importancia de su papel espiritual, para favorecer en los jóvenes, además del crecimiento humano, la respuesta a la llamada de Dios, a decir: “habla, Señor, tu siervo te escucha”.</p>
<p><strong>Palabras después del Angelus</strong><br />
Queridos hermanos y hermanas,hoy celebramos la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Millones de personas están involucradas en el fenómeno de las migraciones, pero ellas ¡no son números! Son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz. En mi Mensaje para esta ocasión he vuelto a llamar la atención sobre el tema “Migraciones y nueva evangelización”, subrayando que los emigrantes son no solo destinatarios, sino también protagonistas del anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo. En este contexto me alegra dirigir un cordial saludo a los representantes de las comunidades de emigrantes de Roma, presentes hoy en la Plaza de San Pedro.<br />
Deseo recordar que del 18 al 25 de este mes de enero se desarrollará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Invito a todos, a nivel personal y comunitario, a unirse espiritualmente y, donde sea posible, también de manera tangible, para invocar de Dios el don de la plena unidad entre los discípulos de Cristo.</p>
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		<title>asdf</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 21:03:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>sadf<a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Basílica-de-San-Pedro.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Basílica-de-San-Pedro-300x201.jpg" alt="" title="Basílica de San Pedro" width="300" height="201" class="alignleft size-medium wp-image-1124671" /></a></p>
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		<title>Más de 5 millones de visitantes recibieron los museos vaticanos en 2011</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 09:08:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos ha hecho balance de la actividad durante 2011 y ha señalado que, durante todo el 2011, 5.078.004 personas los visitaron, lo que constituye un dato objetivamente “impresionante”, en comparación con otros importantes museos de Italia y de Europa. Si bien el director reafirma que es equivocado medir la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos ha hecho balance de la actividad <a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/capilla-sixtina.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/capilla-sixtina-300x224.jpg" alt="" title="capilla sixtina" width="300" height="224" class="alignleft size-medium wp-image-1124549" /></a>durante 2011 y ha señalado que, durante todo el 2011, 5.078.004 personas los visitaron, lo que constituye un dato objetivamente “impresionante”, en comparación con otros importantes museos de Italia y de Europa. Si bien el director reafirma que es equivocado medir la importancia de una colección pública de arte en base al número de los visitantes, explica que existen poquísimos grandes museos en el mundo, no más de diez, entre los cuales se encuentran los Museos Vaticanos que funcionan como atracciones irrenunciables para el turismo llamado “cultural”, porque tal es su fama, ligada a los nombres míticos de Rafael o de Miguel Ángel, así como, en menor medida, al prestigio y a la sugestión que representa, por ejemplo, la Sede Apostólica, lo que justifica una afluencia anual que hoy se mide en más de cinco millones de personas. Un fenómeno que, además, plantea problemas logísticos y “políticos” de no fácil solución.<br />
Cinco millones de visitantes –afirma también el Dr. Paolucci– quiere decir diez millones de manos que tocan o pueden tocar, diez millones de pies que cada día consuman los mosaicos arqueológicos más famosos del mundo. Cinco millones de personas llevan consigo un porcentaje desconocido, pero seguramente significativo de mitómanos o de gente tendencialmente peligrosa para sí misma, para los demás y también para las obras custodiadas en el museo. Cinco millones indican el límite más allá del cual la cuestión de la tutela debe necesariamente cambiar, por lo cual el servicio de custodia será cada vez más cualificado, actualizado y profesional, porque la vigilancia humana ha sido siempre, y hoy lo más que nunca, insustituible. Al, mismo tiempo -explica el director los Museos Vaticanos- se utilizará cada vez más y mejor las más avanzadas tecnologías digitales y telemáticas a fin de garantizar el máximo nivel de eficacia en la protección del patrimonio.<br />
Por otra parte, también los servicios de acogida, como la cafetería, la restauración, los puntos de venta de libros y souvenir, deberán ser capaces de servir de la mejor manera a un pueblo tan vasto y diferenciado de usuarios. Porque como afirma el director de los Museos Vaticanos, los visitantes que proceden de todo el mundo, de todas la culturas y religiones o de ninguna religión, deben comprender lo que ven. De ahí que el ofrecimiento didáctico es fundamental. Y por esto han tratado de potenciarlo y cualificarlo en los últimos años dotando los recorridos cognoscitivos dirigidos también a las categorías más difíciles de la minusvalidez, como quienes tienen problemas de vista y oído. Mientras está en fase de conclusión la nueva señalética con aparatos de buena calidad y de fácil comprensión que ilustran los recorridos, pero que indican también el carácter histórico del núcleo de la colección y las excelencias artísticas que conserva.</p>
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		<title>Catequesis de Benedicto XVI sobre la oración de Jesús en la Última Cena</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 09:02:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>

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		<description><![CDATA[El Aula Pablo VI acogió, como es habitual en este tiempo, la tradicional Audiencia General de los miércoles. En esta ocasión la Catequesis de Su Santidad ha sido dedicada a la oración de Jesús en la Última Cena, con la institución del sacramento de la Eucaristía. En el camino de reflexión sobre la oración de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervi.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-Audiencia-aula-Nervi.png" alt="" title="Benedicto XVI Audiencia aula Nervi" width="113" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1124155" /></a>El Aula Pablo VI acogió, como es habitual en este tiempo, la tradicional Audiencia General de los miércoles. En esta ocasión la Catequesis de Su Santidad ha sido dedicada a la oración de Jesús en la Última Cena, con la institución del sacramento de la Eucaristía. </p>
<p>En el camino de reflexión sobre la oración de Jesús presentada en los Evangelios, Benedicto XVI ha dedicado su meditación de hoy al momento particularmente solemne de su oración en la Última Cena describiendo como fondo temporal y emocional del banquete en el cual Jesús se despide de sus amigos, la inminencia de su muerte que Él siente muy cercana. Hacía largo tiempo que Jesús había iniciado a hablar de su pasión, buscando también de hacer partícipes cada vez más a sus discípulos en esta perspectiva. El Santo Padre recordó en su catequesis en italiano que el Evangelio según San Marcos narra que desde el inicio del viaje hacia Jerusalén, en las aldeas de la lejana Cesarea de Filipo, Jesús “comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días”. Además por aquellos días en los que se preparaba para despedirse de los discípulos, la vida del pueblo estaba marcada por el aproximarse de la Pascua, es decir del memorial de la liberación de Israel de Egipto. De esta manera la Última Cena se inserta en este contexto, pero con una novedad de fondo que el Papa ha explicado: Jesús mira su Pasión, Muerte y Resurrección estando plenamente consciente. Él quiere vivir esta cena con sus discípulos, con un carácter del todo especial y diverso de los demás convites es su Cena, en la que dona Algo totalmente nuevo: a Sí mismo. De este modo, Jesús celebra su Pascua, anticipa su Cruz y su Resurrección.</p>
<p><strong>Palabras de Benedicto XVI en castellano:<br />
</strong>Queridos hermanos y hermanas: Quisiera hablar hoy sobre la oración de Jesús en la Última Cena, en la que Él celebra su Pascua, anticipa su Cruz y su Resurrección, se entrega a sí mismo a sus discípulos e instituye el sacramento de la Eucaristía. La gran oración del Señor, que se expresa con sus gestos y palabras sobre el pan y el vino, comprende una doble dimensión. El agradecimiento y la alabanza que sube al Padre, es también bendición. La ofrenda presentada baja hasta el hombre santificada por el Omnipotente. La Iglesia, por mandato de Jesús, repite esta oración en las palabras de la consagración con las que el pan y del vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Así, cada uno de nosotros, participando en la Eucaristía, alimentándonos de esas especies, unimos nuestra oración a la de Cristo, para que nuestra vida no se pierda, y no obstante nuestra debilidad, se vea totalmente transformada. </p>
<p>Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a participar con fe y devoción en la Eucaristía, a unirse más profundamente a la ofrenda de alabanza y bendición de Jesús al Padre, y así poder trasformar vuestra cruz en sacrificio libre y responsable, en amor a Dios y a los hermanos. Muchas gracias.</p>
<p>Tras la catequesis del Papa, el personal y los dirigentes de diversos circos que en estos días se encuentran en Roma para ofrecer sus espectáculos quisieron participar en la Audiencia General y un grupo de circenses con vestidos multicolores dio vida a un breve espectáculo ante el Papa Benedicto XVI que los saludó y agradeció por su presencia.</p>
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		<title>Discurso de Benedicto XVI ante el Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 08:29:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>
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		<description><![CDATA[Benedicto XVI mantuvo ayer su tradicional encuentro con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. En este encuentro, celebrado al comienzo del año y tras las fiestas navideñas, Benedicto XVI se encontró con 160 diplomáticos entre los que se encontraban 115 embajadores ante la Santa Sede. Las palabras de Benedicto XVI fueron las siguientes: Excelencias, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-y-cuerpo-diplomático.png"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Benedicto-XVI-y-cuerpo-diplomático.png" alt="" title="Benedicto XVI y cuerpo diplomático" width="250" height="170" class="alignleft size-full wp-image-1124332" /></a>Benedicto XVI mantuvo ayer su tradicional encuentro con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. En este encuentro, celebrado al comienzo del año y tras las fiestas navideñas, Benedicto XVI se encontró con 160 diplomáticos entre los que se encontraban 115 embajadores ante la Santa Sede. Las palabras de Benedicto XVI fueron las siguientes:</p>
<p>Excelencias, Señoras y Señores:</p>
<p>Siempre es un placer recibirles, distinguidos miembros del Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, en el marco espléndido de esta Sala Regia, para expresarles personalmente mi ferviente felicitación por el año que hemos empezado.</p>
<p>Ante todo agradezco a vuestro Decano, el Embajador Alejandro Valladares Lanza, así como al Vicedecano, el Embajador Jean-Claude Michel, por las deferentes palabras con las que se han hecho intérpretes de vuestros sentimientos al mismo tiempo que saludo de manera especial a todos los que participan por primera vez en este encuentro. A través de vosotros, extiendo mi felicitación a todas las naciones que representáis, y con las que la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas. </p>
<p>El año pasado tuvimos la alegría de que Malasia se uniera a esta comunidad. El diálogo que mantenéis con la Santa Sede favorece el intercambio de impresiones y de información, así como la colaboración en los ámbitos de carácter bilateral o multilateral de particular interés. Vuestra presencia hoy nos recuerda la importante contribución de la Iglesia en vuestras sociedades, en sectores como la educación, la sanidad y la asistencia. Los Acuerdos aprobados en el 2011 con Azerbaiyán, Montenegro y Mozambique, son signos de la cooperación entre la Iglesia católica y los Estados. El primero ya ha sido ratificado; deseo que pronto suceda lo mismo con los otros dos y que se concluyan los que se están negociando. Asimismo, la Santa Sede desea entablar un diálogo fructífero con los Organismos internacionales y regionales, señalando a este respecto con satisfacción que los países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han acogido el nombramiento de un Nuncio Apostólico acreditado ante esa organización. No puedo dejar de mencionar que, al menos desde el pasado diciembre, la Santa Sede ha reforzado su larga colaboración con la Organización Internacional para las Migraciones, convirtiéndose en miembro de pleno derecho. Se trata de un testimonio del compromiso de la Santa Sede y de la Iglesia católica, junto a la comunidad internacional, en la búsqueda de soluciones adecuadas a este fenómeno que presenta múltiples aspectos, desde la protección de la dignidad de las personas a la solicitud por el bien común de las comunidades que los reciben y de aquellas de donde provienen.</p>
<p>A lo largo del año que acaba de terminar he encontrado personalmente a numerosos Jefes de Estado y de Gobierno, así como a las distinguidas representaciones de vuestras naciones que participaron en la ceremonia de beatificación de mi amado predecesor, el Papa Juan Pablo II. Representaciones de vuestros países han tenido la amabilidad de estar también presentes con ocasión del sesenta aniversario de mi ordenación sacerdotal. A todos ellos, así como a los que he encontrado en mis viajes apostólicos en Croacia, San Marino, España, Alemania y Benín, renuevo mi agradecimiento por la delicadeza que me han manifestado. Además, dirijo un recuerdo especial a los países de América Latina y del Caribe que en el 2011 han celebrado el bicentenario de su independencia. El 12 de diciembre pasado, han querido subrayar su vínculo con la Iglesia católica y con el Sucesor del Príncipe de los Apóstoles participando con distinguidas representaciones de la comunidad eclesial y de autoridades institucionales en la solemne celebración en la Basílica de San Pedro, durante la cual anuncié mi intención de viajar próximamente a México y Cuba. Deseo en fin saludar a Sudán del Sur que, en el pasado mes de julio, se ha constituido como Estado soberano. Me alegro de que este paso se haya dado de modo pacífico. Por desgracia, en los últimos meses se han sucedido tensiones y enfrentamientos, y deseo que todos unan sus esfuerzos para que las poblaciones de Sudán y Sudán del Sur alcancen un período de paz, libertad y desarrollo.</p>
<p>Señoras y Señores Embajadores: el encuentro de hoy se desarrolla tradicionalmente al final de las fiestas de Navidad, en las que la Iglesia celebra la venida del Salvador. Él viene en la obscuridad de la noche, y por tanto su presencia es fuente inmediata de luz y alegría (cf. Lc 2,9-10). Verdaderamente, allí donde no resplandece la luz divina el mundo está en sombras. Realmente, el mundo está en la oscuridad allí donde el hombre no reconoce ya su vínculo con el Creador, poniendo en peligro asimismo su relación con las demás criaturas y con la creación misma. El momento actual está marcado lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática.</p>
<p>En este sentido, no puedo dejar de mencionar ante todo las graves y preocupantes consecuencias de la crisis económica y financiera mundial. Ésta no solo ha golpeado a las familias y empresas de los países económicamente más avanzados, en los que ha tenido su origen, creando una situación en la que muchos, sobre todo jóvenes, se han sentido desorientados y frustrados en sus aspiraciones de un futuro sereno, sino que ha marcado también profundamente la vida de los países en vías de desarrollo. No nos debemos desanimar sino reemprender con decisión nuestro camino, con nuevas formas de compromiso. La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica: no solo para intentar encauzar las partes individuales o las economías nacionales, sino para dar nuevas reglas que aseguren a todos la posibilidad de vivir dignamente y desarrollar sus capacidades en bien de toda la comunidad.</p>
<p>A continuación deseo recordar que los efectos de la situación actual de incertidumbre afectan de modo particular a los jóvenes. Su malestar ha sido la causa de los fermentos que en los últimos meses han golpeado, a veces duramente, diversas regiones. Me refiero sobre todo a África del Norte y a Medio Oriente, donde los jóvenes que, al igual que otros, sufren la pobreza y el desempleo y temen la falta de expectativas seguras, han puesto en marcha lo que se ha convertido en un vasto movimiento de reivindicación de reformas y de participación más activa en la vida política y social. En este momento es difícil trazar un balance definitivo de los sucesos recientes y cuáles serán sus consecuencias para el equilibrio de la región. A pesar del optimismo inicial, se abre paso el reconocimiento de las dificultades de este momento de transición y cambio, y me parece evidente que el modo adecuado de continuar el camino emprendido pasa por el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales. El respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones y las leyes, debe contribuir a acabar con la violencia y prevenir el riesgo de que la debida atención a las demandas de los ciudadanos y la necesaria solidaridad social se transformen en meros instrumentos para conservar o conquistar el poder. Invito a la comunidad internacional a dialogar con los actores de los procesos en marcha, en el respeto de los pueblos y siendo conscientes de que la construcción de sociedades estables y reconciliadas, que se oponen a toda discriminación injusta, en particular de orden religioso, constituye un horizonte que es más amplio y va más allá de las simples elecciones. Siento una gran preocupación por la población de los países que sufren todavía tensiones y violencias, en particular Siria, en la que espero se ponga rápidamente fin al derramamiento de sangre y se inicie un diálogo fructífero entre los actores políticos, favorecido por la presencia de observadores independientes. En Tierra Santa, donde las tensiones entre palestinos e israelitas repercuten en el equilibrio de todo el Medio Oriente, es necesario que los responsables de estos dos pueblos adopten decisiones valerosas y clarividentes en favor de la paz. He sabido con agrado que, gracias a una iniciativa del reino de Jordania, el diálogo se ha retomado. Espero que continúe hasta que se llegue a una paz duradera, que garantice el derecho de los dos pueblos a vivir con seguridad y en Estados soberanos, dentro de unas fronteras definidas y reconocidas internacionalmente. La comunidad internacional, por su parte, debe estimular su propia creatividad y las iniciativas de promoción de estos procesos de paz, respetando los derechos de cada parte. Sigo también con gran atención la marcha de los acontecimientos en Irak, deplorando los atentados que han causado recientemente la pérdida de numerosas vidas humanas, y animo a sus autoridades a proseguir con firmeza por el camino de una plena reconciliación nacional.</p>
<p>El beato Juan Pablo II recordaba que «el camino de la paz es a la vez el camino de los jóvenes»,1que ellos son «la juventud de las naciones y de la sociedad, la juventud de cada familia y de toda la humanidad».2 Los jóvenes, pues, nos llevan a considerar con seriedad sus requerimientos de verdad, justicia y paz. Por esta razón les he dedicado el Mensaje anual para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, titulado Educar a los jóvenes en la justicia y la paz.La educación es un tema crucial para todas las generaciones, ya que de ella depende tanto el sano desarrollo de cada persona como el futuro de toda la sociedad. Por esta razón, representa una tarea de primer orden en estos tiempos difíciles y delicados. Además de un objetivo claro, que es el que los jóvenes conozcan plenamente la realidad y por tanto la verdad, la educación necesita de lugares. El primero es la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. No se trata de una simple convención social, sino más bien de la célula fundamental de toda la sociedad. Consecuentemente, las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad. El marco familiar es fundamental en el itinerario educativo y para el desarrollo de los individuos y los estados; por tanto, se necesitan políticas que valoricen y favorezcan la cohesión social y el diálogo. En la familia la persona se abre al mundo y a la vida y, como tuve ocasión de recordar en mi viaje a Croacia, «la apertura a la vida es signo de apertura al futuro».3 En este contexto de apertura a la vida, he recibido con satisfacción la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que prohíbe patentar los procedimientos que utilicen células madre embrionarias humanas, así como la resolución de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, que condena la selección prenatal del sexo.</p>
<p>De forma más genérica, y mirando sobre todo al mundo occidental, estoy convencido de que las medidas legislativas que tantas veces no solo permiten sino que favorecen el aborto, ya sea por motivos de conveniencia o por razones médicas discutibles, se oponen a la educación de los jóvenes y por tanto al futuro de la humanidad.</p>
<p>Continuando con nuestra reflexión, un papel igualmente esencial para el desarrollo de la persona corresponde a las instituciones educativas. Ellas son las primeras instancias que colaboran con la familia, y para desempeñar adecuadamente esta tarea propia sus objetivos han de coincidir con los de la realidad familiar. Es necesario realizar políticas de formación que hagan accesible a todos la educación escolar y que, además de promover el desarrollo cognitivo de la persona, se haga cargo del crecimiento armonioso de la personalidad, incluyendo su apertura al Transcendente. La Iglesia católica se ha mostrado siempre particularmente activa en el área de las instituciones escolares y académicas, cumpliendo una apreciable labor al lado de las instituciones estatales. Deseo por tanto que esta contribución sea reconocida y valorada también por las legislaciones nacionales.</p>
<p>A este respecto, se comprende que una labor educativa eficaz requiera igualmente el respeto de la libertad religiosa. Ésta se caracteriza por una dimensión individual, así como por una dimensión colectiva y una dimensión institucional. Se trata del primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona. Este derecho, con demasiada frecuencia y por distintos motivos, se sigue limitando y violando. Al tratar este tema no puedo dejar de honrar la memoria del ministro paquistaní Shahbaz Bhatti, cuyo combate infatigable por los derechos de las minorías culminó con su trágica muerte. Desgraciadamente no se trata de un caso aislado. En muchos países, los cristianos son privados de sus derechos fundamentales y marginados de la vida pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. A veces son obligados a abandonar los países que han contribuido a edificar, a causa de continuas tensiones y de políticas que frecuentemente los relegan a meros espectadores secundarios de la vida nacional. En otras partes del mundo, se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida social, como si fuera causa de intolerancia, en lugar de contribuir de modo apreciable a la educación en el respeto de la dignidad humana, la justicia y la paz. Asimismo, el terrorismo con motivaciones religiosas se ha cobrado el pasado año numerosas víctimas, sobre todo en Asia y África, y por esto, como recordé en Asís, los responsables religiosos deben repetir con fuerza y firmeza que «esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción».4 La religión no puede ser utilizada como pretexto para eludir las reglas de la justicia y del derecho en favor del «bien» que ella misma persigue. A este respecto, me satisface recordar, como hice en mi País natal, que la visión cristiana del hombre ha sido una verdadera fuerza inspiradora para los Padres constitucionales de Alemania, como lo fue también para los Padres fundadores de la Europa unida. Quisiera mencionar también algunos signos alentadores en el ámbito de la libertad religiosa. Me refiero a la modificación legislativa gracias a la cual la personalidad jurídica pública de las minorías religiosas ha sido reconocida en Georgia; pienso también en la sentencia de la Corte Europea de los Derechos Humanos a favor de la presencia del crucifijo en las aulas de las escuelas italianas. Y justamente deseo recordar de modo particular a Italia, en la conclusión del 150 aniversario de su unificación política. Las relaciones entre la Santa Sede y el Estado italiano han atravesado momentos difíciles después de la unificación. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, ha prevalecido la concordia y la voluntad recíproca de cooperar, cada uno en su propio ámbito, para favorecer el bien común. Espero que Italia sigua apostando por una relación equilibrada entre la Iglesia y el Estado, constituyendo así un ejemplo que las otras naciones puedan mirar con respeto e interés.</p>
<p>En el continente africano, que he visitado de nuevo en mi reciente viaje a Benín, es esencial que la colaboración entre las comunidades cristianas y los gobiernos permita abrir un camino de justicia, paz y reconciliación, donde los miembros de todas las etnias y religiones sean respetados. Es doloroso constatar que, en distintos países del continente, este objetivo está todavía muy lejano. Me refiero de modo particular al aumento de la violencia en Nigeria, como nos lo han recordado los atentados cometidos contra algunas iglesias en el tiempo de Navidad, a las secuelas de la guerra civil en Costa de Marfil, a la persistente inestabilidad de la Región de los Grandes Lagos y a la urgencia humanitaria en los países del Cuerno del África. Pido una vez más a la Comunidad internacional su ayuda solícita para encontrar una solución a la crisis que después de tantos años perdura en Somalia.</p>
<p>Por último, quiero hacer hincapié en que una educación correctamente entendida debe favorecer el respeto a la creación. No se pueden olvidar las graves calamidades naturales que, a lo largo del 2011, han afectado a distintas regiones del Sudeste asiático y los desastres ecológicos como el de la central nuclear de Fukushima en Japón. La salvaguarda del medio ambiente, la sinergia entre la lucha contra la pobreza y el cambio climático constituyen ámbitos importantes para la promoción del desarrollo humano integral. Por consiguiente, deseo que después de la 17ª sesión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se ha concluido recientemente en Durban, la Comunidad internacional, como una auténtica «familia de naciones» y, por tanto, con un gran sentido de solidariedad y responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras, se prepare para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible («Río + 20»).</p>
<p>Excelencias, Señoras y Señores</p>
<p>El nacimiento del Príncipe de la paz nos enseña que la vida no termina en la nada, que su destino no es la corrupción, sino la inmortalidad. Cristo ha venido para que los hombres tengan vida y vida abundante (cf. Jn, 10,10). «Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente».5 Animada por la certeza de la fe, la Santa Sede sigue ofreciendo su aportación a la Comunidad internacional, según la doble intención que el Concilio Vaticano II –del que este año se celebra el 50 aniversario– ha definido claramente: proclamar la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en él está presente, y ofrecer al género humano una sincera colaboración para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación.6 En este espíritu, os renuevo a todos, a los miembros de vuestras familias y a vuestros colaboradores mis felicitaciones más cordiales por el nuevo año. Gracias por vuestra atención.</p>
<p>____________________</p>
<p>1 Juan Pablo II, Carta ap. &#8220;Dilecti Amici&#8221;, 31 marzo 1985, n. 15.<br />
2 Ibídem, n. 1.<br />
3 Homilía en la santa Misa con ocasión de la Jornada nacional de las familias católicas croatas, Zagreb, 5 junio 2011.<br />
4 Intervención para la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, Asís, 27 octubre 2011.<br />
5 Spe salvi, n. 2.<br />
6 Cf. Gaudium et spes, n. 3</p>
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		<title>Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 20:57:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agencia SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia en el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Sede]]></category>

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		<description><![CDATA[La Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho públicas unas indicaciones pastorales para la celebración del Año de la fe, que dará comienzo el próximo 11 de octubre. El texto de la Congregación es el siguiente: CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Introducción Con la Carta apostólica Porta fidei, del 11 de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Vaticano-bandera.jpg"><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2012/01/Vaticano-bandera-300x206.jpg" alt="" title="Vaticano bandera" width="300" height="206" class="alignleft size-medium wp-image-1124328" /></a>La Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho públicas unas indicaciones pastorales para la celebración del Año de la fe, que dará comienzo el próximo 11 de octubre. El texto de la Congregación es el siguiente:</p>
<p>CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE</p>
<p>Introducción</p>
<p>Con la Carta apostólica Porta fidei, del 11 de octubre de 2011, el Santo Padre Benedicto XVI ha proclamado un Año de la fe, que comenzará el 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.</p>
<p>Ese año será una ocasión propicia para que todos los fieles comprendan con mayor profundidad que el fundamento de la fe cristiana es «el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[1]. Fundada en el encuentro con Jesucristo resucitado, la fe podrá ser redescubierta integralmente y en todo su esplendor.  «También en nuestros días la fe es un don que hay que volver a descubrir, cultivar y testimoniar. Que en esta celebración del Bautismo el Señor nos conceda a todos la gracia de vivir la belleza y la alegría de ser cristianos»[2].</p>
<p>El comienzo del Año de la fe coincide con el recuerdo agradecido de dos grandes eventos que han marcado el rostro de la Iglesia de nuestros días: los cincuenta años pasados desde la apertura del Concilio Vaticano II por voluntad del Beato Juan XXIII (1 de octubre de 1962) y los veinte años desde la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, legado a la Iglesia por el Beato Juan Pablo II (11 de octubre de 1992).</p>
<p>Según las palabras del Papa Juan XXIII, el Concilio ha querido «transmitir pura e íntegra, la doctrina, sin atenuaciones ni deformaciones» comprometiéndose a que «esta doctrina, cierta e inmutable, que debe ser fielmente respetada, sea profundizada y presentada de manera que corresponda a las exigencias de nuestro tiempo»[3]. En este sentido, continúa siendo de crucial importancia la afirmación inicial de la Constitución dogmática Lumen gentium: «Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia»[4]. Desde la luz de Cristo que purifica, ilumina y santifica en la celebración de la sagrada liturgia (cf. Constitución Sacrosanctum Concilium), y con su palabra divina (cf. Constitución dogmática Dei Verbum) el Concilio ha querido ahondar en la naturaleza íntima de la Iglesia (cf. Constitución dogmática Lumen gentium) y su relación con el mundo contemporáneo (cf. Constitución pastoral Gaudium et Spes). Alrededor de sus cuatro Constituciones, verdaderos pilares del Concilio, se agrupan las Declaraciones y Decretos, que abordan algunos de los principales desafíos de nuestro tiempo.</p>
<p>Después del Concilio, la Iglesia ha trabajado para que sus ricas enseñanzas sean recibidas y aplicadas en continuidad con toda la Tradición y bajo la guía segura del Magisterio. Para facilitar la correcta recepción del Concilio, los Sumos Pontífices han convocado reiteradamente el Sínodo de los Obispos[5], instituido por el Siervo de Dios Pablo VI en 1965, proponiendo a la Iglesia directrices claras a través de las diversas Exhortaciones apostólicas post-sinodales. La próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en octubre de 2012, tendrá como tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.</p>
<p>Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Benedicto XVI se ha comprometido firmemente en procurar una correcta comprensión del Concilio, rechazando como errónea la llamada «hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura», y promoviendo la que él mismo ha llamado «‘hermenéutica de la reforma’, de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino»[6].</p>
<p>El Catecismo de la Iglesia Católica, colocándose en esta línea, por un lado se presenta como un «auténtico fruto del Concilio Vaticano II»[7], y por otro intenta favorecer su acogida. El Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985, convocado con ocasión del vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II y para hacer un balance de su recepción, sugirió la preparación de este Catecismo para ofrecer al pueblo de Dios un compendio de toda la doctrina católica y un texto de referencia segura para los catecismos locales. El Papa Juan Pablo II aceptó esta propuesta como un deseo de «responder plenamente a una necesidad real de la Iglesia universal y las Iglesias particulares»[8]. Redactado en colaboración con todo el episcopado de la Iglesia Católica, este Catecismo «manifiesta de verdad una cierta ‘sinfonía’ de la fe».[9]</p>
<p>El Catecismo presenta «lo nuevo y lo viejo (cf. Mt 13, 52), dado que la fe es siempre la misma y, a la vez, es fuente de luces siempre nuevas. Para responder a esa doble exigencia, el Catecismo de la Iglesia Católica, por una parte, toma la estructura “antigua”, tradicional, ya utilizada por el catecismo de san Pío V, articulando el contenido en cuatro partes: Credo; Sagrada Liturgia, con los sacramentos en primer lugar; el obrar cristiano, expuesto a partir del Decálogo; y, por último, la oración cristiana. Con todo, al mismo tiempo, el contenido se expresa a menudo de un modo “nuevo”, para responder a los interrogantes de nuestra época»[10]. Este Catecismo es «un instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial, y una regla segura para la enseñanza de la fe»[11]. Allí se hallan «los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe»[12].</p>
<p>El Año de la fe desea contribuir a una renovada conversión al Señor Jesús y al redescubrimiento de la fe, de modo que todos los miembros de la Iglesia sean para el mundo actual testigos gozosos y convincentes del Señor resucitado, capaces de señalar la “puerta de la fe” a tantos que están en búsqueda de la verdad. Esta “puerta” abre los ojos del hombre para ver a Jesucristo presente entre nosotros «todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Él nos enseña cómo «el arte del vivir» se aprende «en una relación intensa con él»[13]. «Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe».[14]</p>
<p>Por encargo del Papa Benedicto XVI[15], la Congregación para la Doctrina de la Fe, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede y con la contribución de la Comisión para la preparación del Año de la fe[16], ha escrito esta Nota con indicaciones para vivir este tiempo de gracia, las cuales no excluyen otras propuestas que el Espíritu Santo quiera suscitar entre los pastores y fieles de distintas partes del mundo.</p>
<p>Indicaciones</p>
<p>«Sé en quien he puesto mi confianza» (2 Tm 1, 12): estas palabras de San Pablo nos ayudan a comprender que la fe «es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado»[17]. La fe como confianza personal en el Señor y la fe que profesamos en el Credo son inseparables, se evocan y exigen mutuamente. Hay un fuerte vínculo entre la fe vivida y sus contenidos: la fe de los testigos y confesores es también la fe de los apóstoles y doctores de la Iglesia.</p>
<p>En este sentido, las siguientes indicaciones para el Año de la fe tienen el objetivo de favorecer el encuentro con Cristo a través de testigos auténticos de la fe y aumentar el conocimiento de sus contenidos. Se trata de propuestas que tienen la intención de solicitar una respuesta eclesial ante la invitación del Santo Padre, para vivir en plenitud este año como un especial «tiempo de gracia»[18]. El redescubrimiento gozoso de la fe también ayudará a consolidar la unidad y la comunión entre las distintas realidades que conforman la gran familia de la Iglesia.</p>
<p>I. En el ámbito de Iglesia universal</p>
<p>1. El principal evento al comienzo del Año de la fe será la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada por el Papa Benedicto XVI para el mes de octubre de 2012 y dedicada Al tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Durante el Sínodo, el 11 de octubre de 2012 tendrá lugar una solemne celebración para dar inicio al Año de la fe, en recuerdo del quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.</p>
<p>2. En el Año de la fe hay que alentar las peregrinaciones de los fieles a la Sede de Pedro, para profesar la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, uniéndose a aquél que hoy está llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 32). Será importante también fomentar las peregrinaciones a Tierra Santa, el lugar que tuvo la primicia de conocer a Jesús, el Salvador, y a María, su madre.</p>
<p>3. Durante este año será útil invitar a los fieles a dirigirse, con particular devoción a María, imagen de la Iglesia, que «reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe»[19]. Por lo tanto, se debería alentar toda iniciativa que ayude a los fieles a reconocer el papel especial de María en el misterio de la salvación, a amarla filialmente y a imitar su fe y virtud. Para ello será muy conveniente organizar peregrinaciones, celebraciones y reuniones en los principales Santuarios.</p>
<p>4. La próxima Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, en julio de 2013, ofrecerá a los jóvenes una ocasión privilegiada para experimentar el gozo que proviene de la fe en el Señor Jesús y de la comunión con el Santo Padre, en la gran familia de la Iglesia.</p>
<p>5. Al respecto, sería conveniente la realización de simposios, congresos y reuniones de gran escala, incluso a nivel internacional, que favorezcan la comunicación de auténticos testimonios de la fe y el conocimiento de los contenidos de la doctrina de la Iglesia Católica. Demostrando que también hoy la Palabra de Dios sigue creciendo y diseminándose, es importante que se dé testimonio de que en Jesucristo «encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano»[20] y que la fe «se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre»[21]. Algunos congresos serán especialmente dedicados al redescubrimiento de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.</p>
<p>6. El Año de la fe ofrecerá a todos los creyentes una buena oportunidad para profundizar en el conocimiento de los principales documentos del Concilio Vaticano II y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Esto vale particularmente para los candidatos al sacerdocio, en especial durante el año propedéutico o los primeros años de estudios teológicos, para los novicios y novicias de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, así como para aquellos que se preparan a entrar en una Asociación o Movimiento eclesial.</p>
<p>7. Este año será una ocasión propicia para acoger con mayor atención las homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones del Santo Padre. Los pastores, personas consagradas y fieles laicos serán invitados a un renovado compromiso de adhesión eficaz y cordial a la enseñanza del Sucesor de Pedro.</p>
<p>8. Durante el Año de la fe, en colaboración con el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, se esperan iniciativas ecuménicas dirigidas a invocar de Dios y favorecer «la restauración de la unidad entre todos los cristianos», que «es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II»[22]. En particular, tendrá lugar una solemne celebración ecuménica para reafirmar la fe en Cristo de todos los bautizados.</p>
<p>9. En el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización será establecida una secretaría especial para coordinar las diversas iniciativas sobre el Año de la fe promovidas por los distintos Dicasterios de la Santa Sede o que de todos modos sean relevantes para la Iglesia universal. Será conveniente que con tiempo se informe a esta secretaría sobre los principales eventos que se organicen y también podrá sugerir iniciativas apropiadas. La secretaría abrirá un sitio especial en Internet, para proporcionar información útil para vivir de manera efectiva el Año de la fe.</p>
<p>10. Al final de este año, en la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, tendrá  lugar una Eucaristía celebrada por el Santo Padre, en el que se renovará solemnemente la profesión de fe.</p>
<p>II. En el ámbito de las Conferencias Episcopales[23]</p>
<p>1. Las Conferencias Episcopales podrán dedicar una jornada de estudio al tema de la fe, de su testimonio personal y de su transmisión a las nuevas generaciones, de acuerdo con la misión específica de los Obispos como maestros y «pregoneros de la fe»[24].</p>
<p>2. Será útil favorecer la reedición de los Documentos del Concilio Vaticano II, del Catecismo de la Iglesia Católica y de su Compendio, en ediciones económicas y de bolsillo, y su más amplia difusión con el uso de medios electrónicos y modernas tecnologías.</p>
<p>3. Se espera que se renueve el esfuerzo para traducir los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica a los idiomas que aún no cuentan con traducción propia. Hay que alentar iniciativas de apoyo caritativo a las traducciones a las lenguas locales de los territorios de misión cuyas Iglesias particulares no puede sostener tales gastos. Esto podrá llevar a cabo bajo la dirección de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.</p>
<p>4. Los pastores, aprovechando los nuevos lenguajes de la comunicación, se esfuercen por promover trasmisiones televisivas o radiofónicas, películas y publicaciones, incluso a nivel popular, accesibles a un público amplio, sobre el tema de la fe, sus principios y contenidos, así como la importancia eclesial del Concilio Vaticano II.</p>
<p>5. Los santos y beatos son los auténticos testigos de la fe[25]. Por lo tanto, será conveniente que las Conferencias Episcopales se esfuercen por dar a conocer los santos de su territorio, usando incluso los medios modernos de comunicación social.</p>
<p>6. El mundo contemporáneo es sensible a la relación entre fe y arte. En este sentido, se recomienda a las Conferencias Episcopales que, para enriquecimiento de la catequesis y una eventual colaboración ecuménica, se fomente el aprecio por el patrimonio artístico que se encuentra en lugares confiados a su cuidado pastoral.</p>
<p>7. Se invita a los docentes de los Centros de estudios teológicos, Seminarios y Universidades católicas a verificar la relevancia que, en su enseñanza, tienen los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica y las implicaciones que se derivan para sus respectivas disciplinas.</p>
<p>8. Será útil preparar con la ayuda de teólogos y escritores de renombre, subsidios divulgativos de carácter apologético (cf. 1 Pe 3, 15), para que los fieles puedan responder mejor a las preguntas que surgen en los distintos contextos culturales. Se trata de los desafíos de las sectas, los problemas asociados con el secularismo y el relativismo, y de los «interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos»[26], así como de otras dificultades específicas.</p>
<p>9. Sería deseable revisar los catecismos locales y los subsidios catequísticos en uso en las Iglesias particulares, para asegurar su plena conformidad con el Catecismo de la Iglesia Católica[27]. En el caso de que algunos catecismos o subsidios para la catequesis no estén en completa sintonía con el Catecismo o que padezcan lagunas, será oportuno comenzar la elaboración de nuevos catecismos, sirviéndose del ejemplo y la ayuda de otras Conferencias Episcopales que ya lo hayan hecho.</p>
<p>10. En colaboración con la Congregación para la Educación Católica, competente en materia, será oportuno verificar que los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica estén presentes en la Ratio de la formación de los futuros sacerdotes y en el currículo de sus estudios teológicos.</p>
<p>III. En el ámbito diocesano</p>
<p>1. Se auspicia una celebración de apertura del Año de la fe y de su solemne conclusión en el ámbito de cada Iglesia particular, para «confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo»[28].</p>
<p>2. Será oportuno organizar en cada diócesis una jornada sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, invitando a tomar parte en ella sobre todo a sacerdotes, personas consagradas y catequistas. En esta ocasión, por ejemplo, las eparquías católicas orientales podrán tener un encuentro con los sacerdotes para dar testimonio de su específica sensibilidad y tradición litúrgicas en la única fe en Cristo; así, las Iglesias particulares jóvenes de las tierras de misión podrán ser invitadas a ofrecer un testimonio renovado de la alegría de la fe que las distingue.</p>
<p>3. Cada obispo podrá dedicar una Carta pastoral al tema de la fe, recordando la importancia del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, teniendo en cuenta las circunstancias específicas de la porción de fieles a él confiada.</p>
<p>4. Se espera que en cada Diócesis, bajo la responsabilidad del obispo, se organicen eventos catequísticos para jóvenes y para quienes buscan encontrar el sentido de la vida, con el fin de descubrir la belleza de la fe de la Iglesia, aprovechando la oportunidad de reunirse con sus testigos más reconocidos.</p>
<p>5. Será oportuno verificar la recepción del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica en la vida y misión de cada Iglesia particular, especialmente en el ámbito catequístico. En tal sentido, se espera un renovado compromiso de parte de los departamentos de catequesis de las diócesis, que sostenidos por las comisiones para la catequesis de las Conferencias Episcopales, tienen en deber de ocuparse de la formación de los catequistas en lo relativo a los contenidos de la fe.</p>
<p>6. La formación permanente del clero podrá concentrarse, particularmente en este Año de la fe, en los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, tratando, por ejemplo, temas como “el anuncio de Cristo resucitado”, “la Iglesia sacramento de salvación”, “la misión evangelizadora en el mundo de hoy”, “fe e incredulidad”, “fe, ecumenismo y diálogo interreligioso”, “fe y vida eterna”, “hermenéutica de la reforma en la continuidad” y “el Catecismo en la atención pastoral ordinaria”.</p>
<p>7. Se invita a los Obispos a organizar celebraciones penitenciales, particularmente durante la cuaresma, en las cuales se ponga un énfasis especial en pedir perdón a Dios por los pecados contra la fe. Este año será también un tiempo favorable para acercarse con mayor fe y frecuencia al  sacramento de la Penitencia.</p>
<p>8. Se espera la participación del mundo académico y de la cultura en un diálogo renovado y creativo entre fe y razón, a través de simposios, congresos y jornadas de estudio, especialmente en las universidades católicas, que muestren «cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad»[29].</p>
<p>9. Será importante promover encuentros con personas que «aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo»[30], inspirándose también en los diálogos del Patio de los Gentiles, iniciados bajo la guía del Consejo Pontificio de la Cultura.</p>
<p>10. El Año de la fe será una ocasión para dar mayor atención a las escuelas católicas, lugares privilegiados para ofrecer a los alumnos un testimonio vivo del Señor, y cultivar la fe con una oportuna referencia al uso de buenos instrumentos catequísticos, como por ejemplo el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica o el Youcat.</p>
<p>IV. En el ámbito de las parroquias / comunidades / asociaciones / movimientos</p>
<p>1. En preparación al Año de la fe, todos los fieles están invitados a leer y meditar la Carta apostólica Porta fidei del Santo Padre Benedicto XVI.</p>
<p>2. El Año de la fe «será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía»[31]. En la Eucaristía, misterio de la fe y fuente de la nueva evangelización, la fe de la Iglesia es proclamada, celebrada y fortalecida. Todos los fieles están invitados a participar de ella en forma consciente, activa y fructuosa, para ser auténticos testigos del Señor.</p>
<p>3. Los sacerdotes podrán dedicar mayor atención al estudio de los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, recogiendo sus frutos para la pastoral parroquial –catequesis, predicación, preparación a los sacramentos, etc.– y proponiendo ciclos de homilías sobre la fe o algunos de sus aspectos específicos, como por ejemplo, “el encuentro con Cristo”, “los contenidos fundamentales del Credo” y “la fe y la Iglesia”[32].</p>
<p>4. Los catequistas podrán apelar aún más a la riqueza doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica y, bajo la responsabilidad de los respectivos párrocos, guiar grupos de fieles en la lectura y la profundización común de este valioso instrumento, con la finalidad de crear pequeñas comunidades de fe y testimonio del Señor Jesús.</p>
<p>5. Se espera por parte de las parroquias un renovado compromiso en la difusión y distribución del Catecismo de la Iglesia Católica y de otros subsidios aptos para las familias, auténticas iglesias domésticas y lugares primarios de la transmisión de la fe. El contexto de tal difusión podría ser, por ejemplo, las bendiciones de las casas, el bautismo de adultos, las confirmaciones y los matrimonios. Esto contribuirá a confesar y profundizar la doctrina católica «en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre»[33].</p>
<p>6. Será conveniente promover misiones populares y otras iniciativas en las parroquias y en los lugares de trabajo, para ayudar a los fieles a redescubrir el don de la fe bautismal y la responsabilidad de su testimonio, conscientes de que la vocación cristiana «por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado»[34].</p>
<p>7. En este tiempo, los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica son llamados a comprometerse en la nueva evangelización mediante el aporte de sus propios carismas, con una renovada adhesión al Señor Jesús, fieles al Santo Padre y a la sana doctrina.</p>
<p>8. Las comunidades contemplativas durante el Año de la fe dedicarán una particular atención a la oración por la renovación de la fe en el Pueblo de Dios y por un nuevo impulso en su transmisión a las jóvenes generaciones.</p>
<p>9. Las Asociaciones y los Movimientos eclesiales están invitados a hacerse promotores de iniciativas específicas que, mediante la contribución del propio carisma y en colaboración con los pastores locales, se incorporen al gran evento del Año de la fe. Las nuevas Comunidades y Movimientos eclesiales, en modo creativo y generoso, encontrarán los medios más eficaces para ofrecer su testimonio de fe al servicio de la Iglesia.</p>
<p>10. Todos los fieles, llamados a reavivar el don de  la fe, tratarán de comunicar su propia experiencia de fe y caridad[35], dialogando con sus hermanos y hermanas, incluso de otras confesiones cristianas, sin dejar de lado a los creyentes de otras religiones y a los que no creen o son indiferentes. Así se espera que todo el pueblo cristiano comience una especie de misión entre las personas con quienes viven y trabajan, conscientes de haber «recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos»[36]</p>
<p>Conclusión</p>
<p>La fe «es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo»[37]. La fe es un acto personal y comunitario: es un don de Dios, para vivirlo en la gran comunión de la Iglesia y comunicarlo al mundo. Cada iniciativa del Año de la fe busca favorecer el gozoso redescubrimiento y el renovado testimonio de la fe. La indicaciones aquí ofrecidas tienen el objetivo de invitar a todos los miembros de la Iglesia a comprometerse para que este año sea una ocasión privilegiada para compartir lo más valioso que tiene el cristiano: Jesucristo, Redentor del hombre, Rey del Universo, «iniciador y consumador de nuestra fe» (Heb 12, 2).</p>
<p>Dado en Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 6 de enero de 2012, Solemnidad de la Epifanía del Señor.</p>
<p>William Cardenal Levada<br />
Prefecto</p>
<p>X Luis Ladaria F., S.I.<br />
Arzobispo titular de Thibica<br />
Secretario</p>
<p>[1] Benedicto XVI, Carta Encíclica, Deus caritas est, 25 de diciembre de 2005, n. 1.</p>
<p>[2] Idem., Homilía en la Fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010.</p>
<p>[3] Juan XXIII, Discurso durante la solemne apertura del Concilio Vaticano II, 11 de octubre de 1962.</p>
<p>[4] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n.1.</p>
<p>[5] Las Asambleas Ordinarias del Sínodo de los Obispos han tratado los siguientes temas: La preservación y el fortalecimiento de la fe católica, su integridad, vigor, desarrollo, coherencia doctrinal e histórica (1967); El sacerdocio ministerial y la justicia en el mundo (1971); La evangelización en el mundo moderno (1974); La catequesis en nuestro tiempo (1977); La familia cristiana (1980); La penitencia y la reconciliación en la misión de la Iglesia (1983); La vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo (1987); La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales (1991); La vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo (1994); El Obispo: servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo (2001); La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y la misión de la Iglesia (2005); La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia (2008).</p>
<p>[6] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2005.</p>
<p>[7]Idem., Carta apostólica Porta fidei, n. 4.</p>
<p>[8] Juan Pablo II, Discurso di clausura  de la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, 7 de diciembre de 1985, n. 6. El mismo Pontífice, en la fase inicial de este Sínodo, durante el Ángelus del 24 de noviembre de 1985, dijo: «La fe es el principio basilar, es el quicio, el criterio esencial de la renovación que pretendió el Concilio. De la fe se deriva la norma moral, el estilo de vida, la orientación práctica en cada una de las circunstancias».</p>
<p>[9] Idem., Constitución apostólica Fidei depositum, 11 de octubre de 1992, n. 2.</p>
<p>[10] Ibíd., n. 3.</p>
<p>[11] Ibíd., n. 4.</p>
<p>[12] Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 11.</p>
<p>[13] Idem., Discurso a los participantes en el Encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Promoción  de la Nueva Evangelización, 15 de octubre de 2011.</p>
<p>[14] Idem., Carta apostólica Porta fidei, n. 7.</p>
<p>[15] Cf. Ibíd., n. 12.</p>
<p>[16] Dicha Comisión, constituida en la Congregación para la Doctrina de la Fe por mandato del Santo Padre Benedicto XVI, cuenta entre sus miembros a los Cardenales William Levada, Francis Arinze, Angelo Bagnasco, Ivan Dias, Francis E. George, Zenon Grocholewski, Marc Ouellet, Mauro Piacenza, Jean-Pierre Ricard, Staniław Ryłko y Christoph Schönborn; a los Arzobispos Luis F. Ladaria y Salvatore Fisichella; y a los Obispos Mario del Valle Moronta Rodríguez, Gerhard Ludwig Müller y Raffaello Martinelli.</p>
<p>[17] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 150.</p>
<p>[18] Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 15.</p>
<p>[19] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 65.</p>
<p>[20] Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 13.</p>
<p>[21] Ibid., n. 6.</p>
<p>[22]Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, n. 1.</p>
<p>[23] Las indicaciones que se ofrecen a las Conferencias Episcopales valen también, en modo análogo, para los Sínodos de obispos de las Iglesias patriarcales y arzobispales mayores y para las Asambleas de Iglesias sui iuris.</p>
<p>[24] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 25.</p>
<p>[25] Cf. Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 13.</p>
<p>[26] Ibid., n. 12.</p>
<p>[27] Cf. Juan Pablo II, Constitución apostólica Fidei depositum, n. 4.</p>
<p>[28] Cf. Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 8.</p>
<p>[29] Ibíd., n. 12.</p>
<p>[30] Ibíd., n. 10.</p>
<p>[31] Ibíd., n. 9.</p>
<p>[32] Cf. Benedicto XVI, Exhortación apostólica post sinodal Verbum Domini, 30 de septiembre de 2010, nn. 59-60 y 74.</p>
<p>[33]Idem., Carta apostólica Porta fidei, n. 8.</p>
<p>[34]Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 2.</p>
<p>[35] Cf. Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 14.</p>
<p>[36] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et Spes, n. 1.</p>
<p>[37] Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, n. 15. </p>
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