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	<title>Agencia SIC &#187; Cartas Pastorales</title>
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	<description>Conferencia Episcopal Española</description>
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		<title>Mons. García Aracil: &#8220;Los católicos estamos llamados a procurar un clima sereno en que predomine la voluntad constructiva&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 22:36:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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&#8220;Una sorpresa tras otra&#8221;, carta del arzobispo de Mérida-Badajoz
Para defender la libertad con acierto es necesaria la madurez personal tanto intelectual como afectiva. La presión de las ideologías puede enturbiar la claridad mental; y la fuerza de los instintos puede activar inclinaciones escasas de la necesaria serenidad.
Tanto los condicionantes mentales como las presiones instintivas, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/garcia_aracil.jpg" alt="" title="garcia_aracil" width="211" height="248" class="alignnone size-full wp-image-1111621" /></p>
<p><strong>&#8220;Una sorpresa tras otra&#8221;, carta del arzobispo de Mérida-Badajoz</strong></p>
<p>Para defender la libertad con acierto es necesaria la madurez personal tanto intelectual como afectiva. La presión de las ideologías puede enturbiar la claridad mental; y la fuerza de los instintos puede activar inclinaciones escasas de la necesaria serenidad.<br />
Tanto los condicionantes mentales como las presiones instintivas, y más todavía cuando se unen ambas, pueden constituir un telón que impide la claridad propia de la luz que solo al espíritu diáfano.<br />
Lo que ocurre es que determinadas corrientes propiciadas por algunas posturas que se caracterizan por la ley del “anti” en que se mueve la inercia pendular, impide o condiciona la serena visión y el análisis objetivo. No extraña, que después de un periodo de nacional-catolicismo haya impulsos no fácilmente dominables que inducen a un anti-catolicismo. Postura ésta que no está motivada tanto en una reflexión capaz de analizar y valorar el lugar del catolicismo en la vida personal y social, cuanto en la tendencia, ya albergada desde antiguo y por diversas causas, hacia el barrido de los elementos políticos, económicos, culturales y populares en general que apoyaron o manifestaron una cómoda connivencia con el nacional-catolicismo.</p>
<p><strong>Apertura a la verdad</strong><br />
En esta situación, de la que sufre notables influencias nuestro momento cultural y político dominantes, los católicos estamos llamados a procurar un clima sereno en que predomine la objetividad, el domino de las pulsiones y de las fuerzas instintivas o espontáneas, y la voluntad constructiva.<br />
La fe cristiana, que es el don raíz que nos permite percibir, apreciar y defender el inmenso cúmulo de dones con que el Señor nos bendice cada día, tiene una característica fundamental: la apertura a la verdad, que no es patrimonio de nadie en particular, ni personas, ni grupos en cada presente de su historia. Esa apertura a la verdad nos ayuda a descubrir, a su vez, no sólo el error ajeno, sino también el propio, cualquiera que fuere; tanto si es protagonizado por uno mismo, como si tuvo como sujeto a grupos que participan de la fe cristiana. Sabemos que esos defectos no son adjudicables a la fe, que siendo un don de Dios no es compatible con el error ni con la injusticia. Pero sabemos, por experiencia, que han sido, es y pueden seguir siendo protagonizados por personas y grupos que no ejercen suficientemente el adecuado discernimiento creyente, o que parten de un supuesto de fe que no es motivado por la verdadera fe. Estas posturas, motivadoras de errores y de las consiguientes descalificaciones, no siempre son imputables moralmente a quienes los ostentan; pueden ser fruto de ignorancia o de presiones familiares y sociales cuyo discernimiento y superación les desborda.</p>
<p><strong>Formación necesaria </strong><br />
Ante esta compleja panorámica, nada ajena a nuestro mundo, es necesario vencer una tendencia bastante espontánea y generalizada que consiste en la condena de quienes manifiestas dicho error de pensamiento o de conducta. Por este camino pronto llegaríamos a dividir las fuerzas entre quienes recíprocamente se consideran víctimas del error o portavoces de posturas inaceptables. Lo que importa, sobre todo, es tomar conciencia de la necesidad de formación que nos afecta a todos. Asumida esta convicción, que es la puerta para la humilde aceptación de las propias equivocaciones o imperfecciones, ya es posible el diálogo sereno y fraternal. Diálogo que ha de superar, desde el primer momento, la tendencia instintiva a convertirlo en un monólogo alternado en el que importa más replicar al adversario que descubrir su parte de razón o la causa de su equivocación. En cambio, sabemos muy bien que esa forma de conversación jamás llevará a convergencia alguna, sino que endurecerá las posiciones, hará crecer las distancias, e impedirá el crecimiento de cualquiera de las partes.<br />
Diálogo enriquecedor<br />
Desde estas líneas, conociendo la dificultad de la empresa que nos concierne, especialmente desde la fe, quiero hacer una llamada paciente y constante, por encima de toda realidad o apariencia de posturas “anti” que son motivo de sorpresas desagradables para los católicos, hagamos un ejercicio de diálogo, precedido de un examen de las propias actitudes, y siempre abiertos a agradecer la verdad que pueda llegarnos del otro.<br />
Vivimos tiempos en que, en muchos ocasiones, parece privar la agresividad sobre la serenidad y el avasallamiento sobre la escucha respetuosa; y, en consecuencia, el enfrentamiento antes que el enriquecimiento mutuo.<br />
No olvidemos que el Evangelio nos llama a la conversión constante; y que sólo desde la propia conversión podremos llegar a ser testigos y apoyo para la conversión de los hermanos.<br />
Recordemos que para ello, necesitamos estar abiertos día a día, a la formación intelectual y a la educación moral que nos ayuden a un correcto discernimiento y a adoptar posturas coherentes con la Verdad que el Señor nos ha regalado.</p>
<p>+ Santiago García Aracil<br />
Arzobispo de Mérida-Badajoz.</p>
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		<title>El arzobispo de Sevilla pide recuperar el sentido cristiano del domingo</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 21:58:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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Carta Pastoral semanal de Mons. Juan José Asenjo
Es un hecho constatable que entre nosotros el domingo se ha ido vaciando progresivamente de contenido religioso, diluyéndose en el llamado fin de semana. Por desgracia, son muchos los cristianos que a pesar de vivir inmersos en un ambiente cultural de raíces cristianas, desconocen la riqueza espiritual que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/asenjo-299x300.jpg" alt="" title="asenjo" width="299" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111609" /></p>
<p><strong>Carta Pastoral semanal de Mons. Juan José Asenjo</strong></p>
<p>Es un hecho constatable que entre nosotros el domingo se ha ido vaciando progresivamente de contenido religioso, diluyéndose en el llamado fin de semana. Por desgracia, son muchos los cristianos que a pesar de vivir inmersos en un ambiente cultural de raíces cristianas, desconocen la riqueza espiritual que encierra el domingo. Lo viven ajenos a cualquier referencia religiosa, incluida la fiesta de la fe que es la Eucaristía. Las complicaciones de la vida moderna, la apertura dominical de las grandes superficies, que reconozco que para muchas familias es una verdadera necesidad, y el hecho de que los servicios tengan que seguir  funcionando, hacen más difícil que en épocas precedentes la vivencia cristiana del domingo. Ni siquiera el descanso vinculado al domingo tiene relevancia, pues para muchos jóvenes es tiempo de frenética evasión nocturna alimentada por los estimulantes, el alcohol o las drogas, mientras para muchos adultos es un tiempo de huida, de evasión y alienación, del que vuelven incluso más cansados que cuando lo iniciaron.</p>
<p>Por ello, es necesario seguir insistiendo en la recuperación del sentido cristiano del domingo, día primordial de los cristianos, día del Señor resucitado y del don de su Espíritu, el señor de los días. Como nos dijera el Papa Benedicto XVI en el año 2006, el domingo es «un fragmento del tiempo empapado de eternidad, porque su alba vio al Crucificado resucitado entrar victorioso en la vida eterna». El domingo es la pascua de la semana, en el que el Señor pasa a la vera de nuestras vidas para transformarlas, renovarlas y recrearlas. Por ello, es el día en que todos estamos invitados a vivir la alegría de la salvación, a incrementar nuestra  formación cristiana, a vivir con gozo la vida familiar, más difícil hoy a lo largo de la semana, a hacer obras de caridad con los pobres, visitar a los enfermos y gozar de la naturaleza, don de Dios. En el domingo debe ocupar un lugar preeminente la oración y, sobre todo, la Eucaristía.</p>
<p>Urge redescubrir la riqueza espiritual de la Eucaristía dominical. Todos hemos de procurar que nuestra participación en ella sea para cada bautizado el acontecimiento central de la semana. Es un deber irrenunciable, que hemos de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como una necesidad, para que nuestra vida cristiana sea verdaderamente coherente y consciente. No olvidemos que la Eucaristía es el sustento y alimento que hoy necesitamos más que nunca en los tiempos recios que nos ha tocado vivir.</p>
<p>Por ello, qué verdaderas son las palabras que pronuncian los mártires de Cartago en el año 304, cuando acuciados por el procurador romano que les conminaba a abandonar la participación en la mesa del Señor, responden con esta frase rotunda: «Sin el domingo no podemos vivir».</p>
<p>En la Eucaristía dominical los cristianos nos reunimos como familia de Dios en torno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida y nos alimentamos con el manjar del cielo para luchar contra el mal, vivir nuestros compromisos con entusiasmo y valentía y confesar al Señor delante de los hombres. Por otra parte, la celebración eucarística es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada. Por ello, a través de la participación en la Santa Misa, el día del Señor se convierte también en el día de la Iglesia, que se construye y edifica a través de la celebración de la Eucaristía. En ella comprendemos cada vez mejor nuestros orígenes,de dónde venimos y a dónde vamos, y reconocemos nuestras verdaderas señas de identidad. Así lo sentían los primeros cristianos, para quienes la participación en la celebración dominical constituía la expresión natural de su pertenencia a Cristo, de la comunión con su Cuerpo místico, en la gozosa espera de su segunda venida. En la exhortación apostólica Ecclesia in Europa el Papa Juan Pablo II nos invitaba a  recuperar el sentido más profundo del día del Señor, para que sea santificado con la participación en la Eucaristía y con un descanso lleno de fraternidad y regocijo cristiano. Al mismo tiempo nos pedía que no tuviéramos miedo a defenderlo de toda insidia, esforzándonos por salvaguardarlo en la organización del trabajo, de modo que sea un día para el hombre y provechoso para toda la sociedad.</p>
<p>Nos decía además que si se priva al domingo de su sentido originario y no reservamos un espacio adecuado para la oración, el descanso, la comunión fraterna, la vida familiar y la alegría, puede suceder que «el hombre quede cerrado en un horizonte tan restringido que no le permita ya ver el “cielo”. Lo constatamos cada día a nuestro alrededor. «Entonces, –concluye el Papa–, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de “hacer fiesta”. Y sin la dimensión de la fiesta, la esperanza no encontraría un hogar donde vivir» (n. 82).</p>
<p>Concluyo haciendo mías estas palabras del Papa y enviándolos a todos mi saludo fraterno y mi bendición.</p>
<p><strong>† Juan José Asenjo Pelegrina<br />
Arzobispo de Sevilla</strong></p>
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		<title>Mons. José Sánchez: &#8220;Hemos de reservar en las vacaciones más tiempo para el trato con Dios en la oración&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 22:05:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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Vacaciones, carta del Obispo de Sigüenza-Guadalajara
Somos muchos los que, gracias a Dios, durante el presente mes de agosto o parte del mismo, disfrutamos de vacaciones. Pero son también muchas las personas que, por diferentes motivos – enfermedad, trabajo, dificultades económicas… &#8211; no pueden permitirse unos días de descanso o de cambio de ocupación.
	En la narración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/sanchez_gonzalez12-253x300.jpg" alt="" title="sanchez_gonzalez1" width="253" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111569" /><br />
<strong>Vacaciones, carta del Obispo de Sigüenza-Guadalajara</strong></p>
<p>Somos muchos los que, gracias a Dios, durante el presente mes de agosto o parte del mismo, disfrutamos de vacaciones. Pero son también muchas las personas que, por diferentes motivos – enfermedad, trabajo, dificultades económicas… &#8211; no pueden permitirse unos días de descanso o de cambio de ocupación.</p>
<p>	En la narración de la Creación, en el Génesis, usando unas formas y un lenguaje inteligibles para el pueblo sencillo, se nos dice que Dios, después de seis días de intenso trabajo creador, en el séptimo, descansó. Además de poner de relieve la importancia del sábado, día dedicado al culto a Dios y a otras actividades no habituales en los días de labor, Dios nos quiere indicar que también su criatura predilecta, la que más se parece a Él, ha de acompañar el trabajo con el descanso.</p>
<p>	El mismo Jesús, a la vuelta de los Apóstoles de la misión a la que les había enviado, les invita a descansar: “Venid – les dice- retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco, pues eran muchos los que iban y venían y no tenían tiempo ni para comer” (Mc 6, 31)</p>
<p>	Efectivamente, la dedicación especial a Dios y a sus cosas y el necesario descanso constituyen la finalidad del “Séptimo día” o sábado, que para los cristianos es el primer día de la semana o domingo, el “Día del Señor”. Ésa es también la doble finalidad de los tiempos de descanso y de las vacaciones. El descanso es una necesidad, un derecho y una obligación</p>
<p>	Hemos de utilizar las vacaciones para reponer energías, tanto corporales como espirituales, para cumplir con obligaciones, que, por los afanes del quehacer diario, el estrés, las prisas, el desorden de la vida, quedan relegadas a segundo término y con frecuencia incumplidas.</p>
<p>	Es ciertamente una necesidad el descanso corporal y es justo el disfrute de la naturaleza, de la familia, de la amistad, del sueño, del silencio… Pero hemos de programar también las vacaciones reservando más tiempo del habitual para el trato con Dios, para cultivar más el espíritu, para una práctica más frecuente y reposada de la Eucaristía, de los demás Sacramentos y de nuestras devociones, para la lectura y la formación religiosa…</p>
<p>	Las vacaciones nos ofrecen, además, una mejor oportunidad para tener tiempo para los demás: Para la familia, para los amigos, para los enfermos, para los pobres, para los que están solos, para los que no tienen vacaciones.</p>
<p>	Son muchas las personas que aprovechan las vacaciones para la práctica de los Ejercicios Espirituales, para participar en convivencias, cursos de formación, peregrinaciones, acontecimientos artísticos y culturales&#8230;</p>
<p>	Que la distracción de las vacaciones no nos lleve a olvidar que, ni Dios, ni los hermanos que nos necesitan toman vacaciones.</p>
<p>	Os saluda y bendice vuestro Obispo,<br />
José Sánchez González<br />
Obispo de Sigüenza-Guadalajara</p>
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		<title>Homilía del arzobispo de Santiago de Compostela en la Solemnidad del Apóstol</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 08:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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La solemnidad del Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de España, nos motiva a tomar conciencia de nuestra condición cristiana, encomendándonos a su patrocinio para ser fieles a la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe y revitalizar nuestra identidad que ha vertebrado la historia de los pueblos de España, con lo común de todos y lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/Barrio-200x300.jpg" alt="" title="Barrio" width="200" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111526" /><br />
La solemnidad del Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de España, nos motiva a tomar conciencia de nuestra condición cristiana, encomendándonos a su patrocinio para ser fieles a la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe y revitalizar nuestra identidad que ha vertebrado la historia de los pueblos de España, con lo común de todos y lo específico de cada uno.</p>
<p>El sentido de nuestra existencia</p>
<p>El Apóstol nos transmitió el Evangelio de Jesucristo, que nos descubre la vocación profunda de nuestra existencia, deseosa de la plenitud en Dios. “Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo”1. El hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed del Dios vivo.</p>
<p>En nuestro peregrinar nos damos cuenta de que el hombre es el sentido del mundo creado por Dios. Dice san Agustín: “Camina a través del hombre y llegarás a Dios”. El respeto por la dignidad de la persona ha de ser la norma inspiradora de todo auténtico progreso social, económico, cultural y científico. Los desafíos de nuestra época están ciertamente por encima de las capacidades humanas: lo están los desafíos históricos y sociales, y con mayor razón los espirituales. Con Cristo podemos afrontarlos, animando una profunda renovación cultural cristiana y recuperando los valores esenciales como la austeridad, el esfuerzo y la solidaridad sin olvidar la caridad, “principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”, para ofrecer a todos la esperanza de un mañana mejor y digno del hombre sobre todo en estos momentos no fáciles como decía Su Majestad. En este sentido, la mirada de la fe, abierta a medirse con el juicio de Dios y con su proyecto de bien para todas las criaturas, es un faro orientador y perceptible ante la devaluación del sentido moral. La persona busca un sentido a su vida que le ayude a situarse ante sí misma y ante la sociedad, cualesquiera que sean las circunstancias en que vive. Evadir la búsqueda de sentido de la vida o resignarse a una falta de esperanza empobrece la calidad de vida para uno mismo y para los demás.</p>
<p>Necesidad de Dios por parte del hombre</p>
<p>El hombre es un peregrino abierto a lo trascendente, capacitado para transformar la sociedad a través del amor de Dios derramado en su corazón. “Puesto que todo hombre retiene siempre su condición de imagen de Dios, aun cuando esté quebrada por el pecado y con ella rota la brújula para buscar la verdad, discernir y realizar el bien, y admirar la belleza, el católico considera siempre posible el diálogo y la colaboración, incluso en las situaciones más difíciles, porque Dios nunca está del todo lejos del corazón del hombre”2. Dios es nuestra felicidad. “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, escribió san Agustín. No hay lugar para el conflicto entre la ley divina y la libertad humana. “La libertad recibida de Cristo y el servicio debido al prójimo son los fundamentos de la moral cristiana”3. El Apóstol Santiago, llamado a profundizar su relación personal con Dios como toda persona humana, profesó libremente su fe y fue el primero entre los apóstoles en beber el cáliz del Señor por fidelidad al Evangelio “Si pensamos en los dos milenios de historia de la Iglesia, acaba de decirnos el Papa, podemos observar que nunca han faltado las pruebas a los cristianos, que en algunos periodos y lugares han asumido el carácter de verdaderas y auténticas persecuciones. Estas, sin embargo, a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia. El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro”.</p>
<p>La vida como servicio</p>
<p>La madre de Santiago y Juan pidió al Señor que sus hijos se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda. Con este motivo Jesús le contesta: “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos”. El cristiano ha de interpretar su vida en clave de servicio, sabiendo que servir a los demás configura su manera de ser, y que necesita amar lo que ha de hacer. Sentirse miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, conlleva servir y amar porque la calidad de nuestra vida se construye ofreciéndonos como don total en el amor a Dios y a los demás. La lógica del Evangelio pide que no se ponga límite al don de uno mismo si no se quiere rebajar al ser humano.</p>
<p>El individualismo infiltrado en la conducta y relaciones sociales, inspira con frecuencia actitudes de vida insolidarias. Perdidos en el anonimato de un mundo sin hogar, nos es difícil mirar desde Dios a los demás. Sólo el espíritu de renuncia gratuita a todo lo propio nos hermana, porque no nace del heroísmo del fuerte y del que da pero no recibe, sino de la acogida del otro y de la experiencia de la propia debilidad. La espiritualidad cristiana debe ser continua inspiración para roturar nuevos campos y comenzar siempre de nuevo, porque se apoya en la promesa de Dios que llama a las cosas que no son para que sean (Rom 4,7).</p>
<p>Nuestro compromiso cristiano</p>
<p>Este compromiso nos lleva a ser presencia de la luz de la verdad que nos hace libres y presencia de caridad como transparencia del Maestro en el discípulo. “En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis como yo os he amado” (Jn 13,35). La incomprensión será la normal reacción del mundo contra esta presencia activa del cristiano como testigo viviente de la santidad evangélica por la virtud. Lo que de anticristiano hay en el mundo tiene que reaccionar siempre igual contra Cristo y los suyos. “Mi cáliz lo beberéis”. El proceso de conversión que capacita al creyente para su configuración cristiana, no será auténtico si no abre el corazón humano al Misterio de la Cruz. Cristo aclara que la generosa decisión de los Zebedeos dispuestos a beber el cáliz del Señor, ha de ser con espíritu de disponibilidad absoluta y de obediencia a los planes de Dios, no bajo intenciones de ambición personal y humana. La exigencia cristiana es recrear las mismas actitudes de Cristo en la situación histórica de cada uno de nosotros. Hoy la comunidad cristiana tiene que dar razón de la esperanza, pero es llevada también al desierto para ver dónde cifra su confianza. Cuando nos invade el pesimismo y sentimos la tentación de abdicar de nuestras responsabilidades terrenas, no debemos ignorar los imperativos de la fe. “Creí por eso hablé, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará”. Vivimos en una organización eclesial y en un tejido de relaciones sociales donde simultáneamente crecen el trigo y la cizaña, como nos dice el Evangelio que se nos ha confiado. El esfuerzo por reducir el mal ha de ser persistente, sabiendo que la oferta del Evangelio es un camino humanizador de porvenir. Los cristianos han de ser portadores en el mundo de una esperanza temporal realista, no de vano sueño utópico. Conocer, imitar y vivir en comunión con Cristo significa también estar dispuestos a renunciar a todo lo que constituye la negación de su amor, para que “la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”.</p>
<p>A Igrexa ten como misión levar aos seus fillos a Deus, ao seu destino eterno. Pero non se desentende das tarefas humanas; pola súa mesma misión espiritual, move aos seus fillos e todos os homes a que tomen conciencia da raíz de onde proveñen os males, e urxe a que poñan remedio ás inxustizas e ás deplorables condicións en que viven moitas persoas. Os discípulos de Xesucristo habemos de ser sementadores de fraternidade en todas as circunstancias da vida. Cando vivimos intensamente o espírito cristián, todas as súas actividades e relacións reflicten a caridade de Deus e poñen o selo do amor cristián, que é sinxeleza, veracidade, fidelidade, mansedume, xenerosidade, solidariedade e alegría.</p>
<p>Dando grazas a Deus con ledicia pola súa pronta recuperación, acollo a vosa ofrenda nacional, Maxestade, encomendando á intercesión do Apóstolo Santiago a todos os pobos de España, de Iberoamérica e de xeito especial ao pobo galego para que manteñamos unha convivencia solidaria non esquecendo as nosas raíces. Pido por todos os peregrinos que chegaron e seguirán chegando a venerar a túa tumba neste Ano Santo, e por todos os nosos gobernantes para que teñan fortaleza, xenerosidade e constancia na busca do ben común e da renovación ética e moral da nosa sociedade.</p>
<p>Encoméndote, Santo Apóstolo, os froitos espirituais e pastorais da peregrinación do Santo Papa para venerar a túa tumba. Que Deus, co teu patrocinio, bendiga ás súas Maxestades e a toda a Familia Real, sempre sensibles a toda realidade que afecta ao noso pobo. “A nosa terra dará o seu froito porque nos bendí o Señor noso Deus” (Ps 66,7).</p>
<p>Deus nos axuda e tamén o Apóstolo Santiago.</p>
<p>+Julián Barrio Barrio,</p>
<p>Arzobispo de Santiago de Compostela</p>
<p>1 BENEDICTO XVI, Spe salvi, nº 26 y 27.</p>
<p>2 O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, La gloria del hombre, Madrid 1985, 266.</p>
<p>3 Ibid., 666. </p>
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		<title>&#8220;La Iglesia y sus miembros&#8221;, carta de Mons. Santiago García Aracil</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 10:20:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[
La identidad de las instituciones y estructuras presentes en la sociedad manifiestan un cierto desequilibrio entre lo que proclaman ser y lo que sus miembros ejercitan.
La razón es muy sencilla: la configuración teórica de una institución o estructura es generalmente diseñada por la mente. Las reflexiones y diálogos que dibujaron los perfiles de la identidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/GARCÍA-ARACIL-300x243.jpg" alt="" title="GARCÍA ARACIL" width="300" height="243" class="alignnone size-medium wp-image-1111486" /><br />
La identidad de las instituciones y estructuras presentes en la sociedad manifiestan un cierto desequilibrio entre lo que proclaman ser y lo que sus miembros ejercitan.<br />
La razón es muy sencilla: la configuración teórica de una institución o estructura es generalmente diseñada por la mente. Las reflexiones y diálogos que dibujaron los perfiles de la identidad institucional no se permitían avanzar sin rigor en la coherencia con principios considerados dignos, fueran éstos acertados o no desde otros puntos de vista. Pero las personas que debían encarnar esos valores viviendo según los principios que los inspiraron son débiles tanto a la hora de entenderlos como en el momento de seguirlos. Ésa es la triste diferencia que frecuentemente se manifiesta entre la identidad de la institución y la imagen que de ella trasciende cuando pasa por la vida concreta de sus miembros.<br />
A fuerza de ser honestos, los cristianos debemos asumir que la imagen vertida hacia fuera de la Iglesia al pasar por nuestras actitudes y comportamientos, perjudica, en muchos casos, la belleza de la institución eclesial fundada por Cristo y alentada por el Espíritu Santo. Ésta es la razón por la que frecuentemente nos encontramos con juicios sobre la Iglesia que nos parecen injustos por erróneos y desconsiderados.<br />
Pero en lugar de permitir que se enerven nuestros ánimos, debemos pensar tres cosas con rigor y generosidad, la primera es en qué hemos contribuido, de una forma u otra, cada uno o determinados grupos cristianos para que la Iglesia aparezca de modo muy lejano a su propia identidad original. La cosa está clara: cada cual ha de asumir su propia condición de persona débil, capaz de error y pecado, y procurar constantemente la propia conversión.<br />
La segunda es en qué debemos poner nuestro esfuerzo para procurar, con verdadero espíritu fraternal, esa progresiva reforma de criterios y comportamientos de nuestros hermanos en la fe.<br />
La tercera es pensar cuáles deberían ser nuestras aportaciones para ayudar a los no creyentes de modo que puedan conocer la verdadera identidad de la Iglesia y apreciarla en sus auténticos valores, muchas veces oscurecidos por los defectos de los cristianos.<br />
Proponerse estos tres objetivos lleva consigo un serio compromiso que no alcanza nunca el éxito si se queda en empresa individual o subjetiva.<br />
No cabe duda de que la persona y, consiguientemente cada uno, está en la raíz de cualquier solución a los problemas institucionales, sociales y eclesiales. Pero sería añadir a las propias deficiencias el error lamentable de pensar que con la simple suma de las aportaciones individuales y de algún modo aisladas se puede alcanzar un fin de relevancia institucional, social o eclesial.<br />
Lo que urge entender para lograr lo propuesto es que las instituciones, la sociedad y la Iglesia no son simple suma de individualidades, sino cuerpos orgánicos en los que hay muchos miembros con vínculos que los relacionan entre sí.<br />
En el caso de la Iglesia, estos vínculos son tan dignos y fuertes como la llamada universal de Dios a la Salvación; la condición de hijos de Dios por el Bautismo, que nos une en esencial fraternidad, el carácter comunitario de la Iglesia que la define como Pueblo de Dios en marcha, como Cuerpo Místico de Jesucristo, y como organismo vivo del que Cristo es la cabeza y cada miembro tiene su función propia con tal que no se separe de los otros como ocurre en el cuerpo humano, como dice san Pablo.<br />
Descubrir toda la fuerza de la Comunión eclesial, que brota de la común filiación divina, de la Palabra de Dios que ha sido pronunciada en Jesucristo para todos igual, y de la Eucaristía que es nuestro alimento común e imprescindible, es tarea urgente. Y este descubrimiento y clarificación ha de llevarnos a intensificar esos vínculos y a aprovecharlos para la superación personal y para limpiar con ello el rostro de la Iglesia para que pueda ofrecer su imagen genuina, verdaderamente atrayente y capaz de ganar la mente y el corazón de quienes buscan, con sinceridad y empeño, la vida en el amor, la justicia en la verdad, y el progreso integral de las personas, de las instituciones, de la sociedad y de la misma Iglesia.<br />
+ Santiago.<br />
Arzobispo de Mérida-Badajoz.</p>
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		<title>&#8220;Reavivar la conciencia de que siguen siendo útiles&#8221;, carta de Mons. Ceballo</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 10:17:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[
Ya ha quedado casi institucionalizado, tanto en España como en el resto del mundo, el Día de los abuelos, el 26 de julio, fiesta de San Joaquín y Santa Ana. Este es un día que nace del amor cristiano y de la gratitud humana a los abuelos y a las personas mayores.
1. Importancia y papel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/antonio-ceballos-atienza1-250x300.jpg" alt="" title="antonio-ceballos-atienza1" width="250" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111483" /><br />
Ya ha quedado casi institucionalizado, tanto en España como en el resto del mundo, el Día de los abuelos, el 26 de julio, fiesta de San Joaquín y Santa Ana. Este es un día que nace del amor cristiano y de la gratitud humana a los abuelos y a las personas mayores.</p>
<p>1. Importancia y papel en la sociedad</p>
<p>Los valores humanos como el respeto y el cariño hacia nuestros mayores son algo importante y connatural a nuestra sociedad. No obstante, considero que hay que tomar conciencia de este grupo de mayores, como son los abuelos, cada vez más numeroso, de su importancia y de su papel en la sociedad y en la Iglesia.</p>
<p>2. Permanencia en la familia</p>
<p>Nuestras personas mayores o los abuelos en nuestro país, no son hoy, en general, como en otras épocas, tan necesitadas económicamente. El sistema de la seguridad social y de pensiones y subsidios los coloca en una situación generalmente más desahogada. Sin embargo, no tienen tan garantizada como en otros tiempos o en otras culturas la permanencia en la familia hasta el final de la vida. Es necesario crear instituciones, arbitrar fórmulas y mover  recursos humanos y materiales para la atención adecuada a estas personas, y de esta manera, completar o suplir la acción de la familia.</p>
<p>3. Sensibilidad hacia los abuelos o personas mayores</p>
<p>Toda la sociedad, y desde luego la Iglesia, ha de estar sensibilizada con la digna atención a las personas mayores. Esto no se resuelve sencillamente con la gratuidad o fuerte subvención del turismo para la tercera edad, sino que exige una política más ambiciosa, concretada en una serie de medidas que garanticen a todo abuelo o persona mayor una calidad de vida digna y los servicios correspondientes a su especial situación. Esto puede ser menos llamativo y hasta dar menos votos que la financiación o subvención de excursiones, pero a la larga es más eficaz y más educativo.</p>
<p>4. Capacidad de servicio a los demás</p>
<p>Otro aspecto que hemos de cuidar mucho en la atención social y pastoral de los abuelos y de las personas mayores es suscitar y fomentar entre ellos el interés por colaborar y hacer por los demás cuanto esté en sus posibilidades, además de atender a los nietos. Un jubilado o un pensionista no son personas inútiles que necesitan recibirlo todo de los demás. Son personas que tienen unas capacidades para seguir prestando un servicio a la comunidad y, además, tienen más tiempo y suelen tener menos necesidad de cobrar por ello.</p>
<p>5. Reavivar la conciencia de que son miembros útiles</p>
<p>Considero que en los abuelos y personas mayores hay que mantener viva  o reavivar la actitud de servicio a los demás, la gratuidad, la conciencia de ser miembros útiles en la sociedad y en la Iglesia, el compromiso de aportar los dones recibidos, la conciencia de la misión recibida de ser transmisores de la cultura y de la fe a las siguientes generaciones.</p>
<p>6. Fiesta de los abuelos</p>
<p>Celebrar la fiesta de los abuelos o de las personas mayoreses un acto de amor, de ternura, de agradecimiento, una acción de gracias respetuosa y alegre para hacerles arrancar una sonrisa en un clima familiar rodeado de los hijos y los nietos, donde vuelven a ser protagonistas en este día de los abuelos. Es una extensión justa, y cada día más necesaria del cuarto mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.</p>
<p>¡Feliz día a todos los que celebráis el Día de los abuelos!</p>
<p>Reza por vosotros, os quiere y bendice,</p>
<p><strong>+ Antonio Ceballos Atienza<br />
Obispo de Cádiz y Ceuta</strong></p>
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		<title>Mensaje de saludo del nuevo obispo de Teruel y Albarracín a los fieles de su diocésis</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 23:55:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: El Papa Benedicto XVI me ha nombrado vuestro Obispo. En el día en el que se hace pública esta noticia quiero dirigirme a vosotros para saludaros en Cristo Resucitado. Doy gracias al Señor que, a pesar de mi debilidad, me ha llamado al ministerio apostólico. Me gustaría estar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/escribanosubias.jpg" alt="" title="escribanosubias" width="225" height="256" class="alignnone size-full wp-image-1111467" /><br />
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: El Papa Benedicto XVI me ha nombrado vuestro Obispo. En el día en el que se hace pública esta noticia quiero dirigirme a vosotros para saludaros en Cristo Resucitado. Doy gracias al Señor que, a pesar de mi debilidad, me ha llamado al ministerio apostólico. Me gustaría estar entre vosotros siendo sacramento de Cristo, Obispo y Pastor de nuestras almas.<br />
Agradezco al Santo Padre la confianza que ha depositado en mí al nombrarme Obispo de Teruel y Albarracín, al tiempo que quiero manifestar mi comunión con Él. Todavía estoy sorprendido por mi llamada a ser vuestro Pastor pero a la vez confiado en Aquel que me llama y envía y apoyado en la poderosa intercesión de nuestra Señora del Pilar.<br />
Con la plena conciencia de que Cristo es el corazón  de la evangelización, mi presencia entre vosotros se centrará en caminar juntos como Iglesia para conocer, amar y servir al Señor Jesús, para vivir en Él la vida trinitaria y trasformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste.<br />
Llego a una diócesis aragonesa cargada de historia y lo hago desde otra diócesis madre y hermana a la vez. Quiero expresar mi agradecimiento a la iglesia de Zaragoza y a su arzobispo D. Manuel Ureña y a D. Elías Yánes que me ordenó de presbítero. En ella he ejercido mi ministerio sacerdotal junto a su generoso presbiterio. Gracias, hermanos sacerdotes, por lo mucho que he recibido de vosotros estos años.  Gracias a los feligreses de las parroquias donde el Señor me envió y gracias a las familias cristianas comprometidas en la evangelización.<br />
La diócesis de Teruel  y Albarracín rica en testigos de la fe en Cristo a lo largo de la historia, debe mirar al futuro con esperanza sabiéndose protagonista de la Nueva Evangelización.</p>
<p>Considerando los obispos que han servido a esta Iglesia a lo largo de los siglos, surge de manera espontánea un sentimiento de gratitud al Señor por haberme elegido para continuar este ministerio. Quiero expresar mi afecto a quien ha sido hasta ahora vuestro Obispo, D. José Manuel Lorca Planes y encomendar mi ministerio apostólico a la intercesión del Obispo Beato Anselmo Polanco Fontecha.<br />
Queridos sacerdotes os saludo con especial afecto. La Iglesia nos urge a llevar adelante la evangelización en este tercer milenio recién estrenado. Nuestra respuesta ilusionada y fraterna a tan gran encomienda, debe llenar de esperanza a las gentes de la diócesis a la que servimos. Con el eco en el corazón del Año Sacerdotal recientemente clausurado os animo a vivir el ministerio que el Señor nos ha confiado con espíritu de renovación interior constante. Que el corazón de nuestro presbiterio y de nuestra diócesis sea profundamente eucarístico.<br />
Me dirijo a los seminaristas que en este momento vivís con alegría vuestra preparación al sacerdocio. Quiero estar muy cerca de vosotros para acompañaros en el camino de formación que estáis realizando. Ojala muchos jóvenes turolenses sigan vuestro generoso ejemplo.<br />
Mi gratitud a todos los miembros de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica. Que vuestra fidelidad al Señor siga construyendo de manera fecunda nuestra querida Iglesia. Me encomiendo especialmente a la oración de las comunidades de vida contemplativa.<br />
Queridos niños y jóvenes: vosotros sois la esperanza de la Diócesis de Teruel y Albarracín. También saludo a las familias cristianas turolenses, desde los pequeños hasta los ancianos: vamos a trabajar juntos para que os convirtáis en sujetos activos de la nueva evangelización.<br />
Un saludo fraternal y cercano  a los enfermos, y a todos los que estáis sufriendo por uno u otro motivo: sois rostro transparente de Cristo crucificado. En mi recuerdo y empeño también, todos los que de un modo u otro estáis padeciendo la crudeza de la actual crisis económica.<br />
Un saludo a todos los que trabajáis en la construcción de Reino de Dios desde las distintas asociaciones o movimientos eclesiales.<br />
Mi saludo y respeto a las autoridades civiles, con las que espero tener la cercanía necesaria para una colaboración en bien de los hombres y las mujeres de esta tierra.<br />
Mis queridos hermanos y hermanas no quiero terminar estas líneas sin ponerme bajo la protección maternal de Santa María, bajo las distintas advocaciones con que se la venera en nuestra tierra y de Santa Emerenciana, patrona de nuestra Diócesis.<br />
Con mi afecto y bendición.<br />
Carlos Escribano Subías.<br />
Obispo electo de Teruel y Albarracín.</p>
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		<title>&#8220;¡Cuidado con la tristeza!&#8221;, carta del arzobispo de Mérida-Badajoz</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 21:55:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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Todo el mundo prefiere, como es lógico, la alegría a la tristeza. Lo que ocurre es que no es posible la alegría si no brota de la aceptación de la voluntad de Dios y de la consiguiente esperanza nacida de su promesa de Vida y de salvación.
Esta aceptación resulta difícil, sobre todo cuando las circunstancias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/aracil_260x346-225x300.jpg" alt="" title="aracil_260x346" width="225" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111422" /><br />
Todo el mundo prefiere, como es lógico, la alegría a la tristeza. Lo que ocurre es que no es posible la alegría si no brota de la aceptación de la voluntad de Dios y de la consiguiente esperanza nacida de su promesa de Vida y de salvación.<br />
Esta aceptación resulta difícil, sobre todo cuando las circunstancias que inciden en la vida de uno se oponen a lo que se estimaba como situación mejor y totalmente legítima. Dificultad que es mayor si dichas circunstancias producen un impacto anímico de cierta frustración de las propias ilusiones, y si, además, ocasionan agravios comparativos en los que sale uno disminuido. Las circunstancias pueden pertenecer al ámbito de la salud, de la economía, del prestigio, de la familia, etc., y hasta de la aceptación eclesial.<br />
Cuando se atraviesa esta situación parece que se impone al alma una tristeza irresistible o, al menos, espontánea y momentáneamente condicionante. Debemos llevar cuidado con situaciones semejantes. Recordemos aquella expresión de Cristo: “El espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mt 26, 41). Esa difícil e incorrecta situación, aunque explicable, está llamándonos a cultivar hábitos que nos permitan mantener actitudes positivas ante momento críticos o desfavorables.<br />
Para lograr este propósito, es necesario el ejercicio constante o, al menos frecuente, por el que vayamos examinando nuestras reacciones y sus posibles causas cuando nos asalta no sólo el desconsuelo y la tristeza, sino también cuando vivimos instantes de alegría. Habría que analizar si tanto la tristeza como la alegría brotan de experiencias positivas o simplemente agradables, ante acontecimientos no debidamente valorados.<br />
La alegría que debe caracterizar al cristiano está lejos del simple agrado personal o del beneficio momentáneo que ello reporta individual o socialmente.<br />
Esa alegría ha de entender bien el sentido de la cruz, que debemos asumir y superar con espíritu oblativo y de obediencia al Señor a cuya pasión debemos unirnos, en aras de nuestra salvación y la del mundo. Lo que momentáneamente nos alegra porque produce sensaciones agradables, puede entristecernos a medio o a largo plazo, cuando lleguemos a descubrir su carácter engañoso o el simple espejismo de felicidad que nos brindan.<br />
La alegría cuya consecución ha de importarnos debe anidar en el interior, como fruto de la paz que brota del amor y de la justicia para con Dios y con los hermanos. Esa alegría se convierte en fuerza que nos permite sobrellevar los momentos difíciles y desagradables, los fracasos humanos y las inevitables oscuridades, sin dejarnos arrollar por ellos.<br />
Para alcanzar esa alegría, que es un buen signo de la felicidad que nos espera en la otra vida, es necesario entender que nuestro día a día es una oportunidad para profundizar en las auténticas virtudes evangélicas, y que cada debilidad y cada error constituyen, también, una preciosa ocasión para recurrir a la infinita misericordia de dios llena de comprensión y de ternura.<br />
Los cristianos estamos llamados a ser testigos del amor y de la misericordia del Señor y profetas que anuncien no sólo la posibilidad, sino también la necesidad de la alegría.<br />
La tristeza mantenida cuya causa se escapa a quien la vive, es como un síntoma de infección interior que puede minar el estímulo para la vida, que es la esperanza.<br />
Nuestra sociedad necesita la verdadera alegría, e ir venciendo la inclinación a lo simplemente agradable y pasajero, como si esto, que no siempre ha de ser malo, fuera suficiente para mantener la ilusión y la energía que nos permite vivir desde dentro. Sólo quien goza de la profundidad en el espíritu que es la virtud, puede alcanzar el gozo interior e impulsar desde él, en sí mismo y en los demás la energía de la vida auténtica.<br />
Esto supone, claro está, la recuperación del hombre y de la mujer, de la persona y de sus referencias para descubrir la verdad y la justicia que llevan a la paz en el amor.<br />
El peor mal y el peligro mayor en el que podemos encontrarnos, es la pérdida o la notable disminución de la identidad y de la recta ordenación del espíritu y de la vida de la persona.<br />
Como luz del mundo y como sal de la tierra, tenemos mucho que decir desde el evangelio, procuremos poderlo decir, también, con el propio testimonio.</p>
<p>+ Santiago García Aracil<br />
Arzobispo de Mérida-Badajoz</p>
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		<title>&#8220;Ligero de equipaje. El camino de Santiago&#8221;, carta de Mons. Jesús Sanz</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 21:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[	Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
	Concluyendo casi ya el mes de julio, nos encontramos con una festividad que este año trae una efemérides especial: Santiago Apóstol. Concurre en su fiesta la circunstancia de ser año santo compostelano. Por este motivo se han organizado peregrinaciones diversas desde nuestras parroquias o arciprestazgos, o incluso una peregrinación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>	Queridos hermanos y amigos: paz y bien.<br />
	Concluyendo casi ya el mes de julio, nos encontramos con una festividad que este año trae una efemérides especial: Santiago Apóstol. Concurre en su fiesta la circunstancia de ser año santo compostelano. Por este motivo se han organizado peregrinaciones diversas desde nuestras parroquias o arciprestazgos, o incluso una peregrinación diocesana para adultos como la que realizó la Diócesis de Jaca en la pasada Pascua o la que prepara la Diócesis de Oviedo para el próximo 2 de octubre.<br />
	El gran pensador Romano Guardini decía que Europa nació peregrinando. Roma, Jerusalén y Santiago eran las metas del aquel andar cristiano. Porque nuestro pueblo no sólo tiene una historia salvífica que contar, sino también una geografía de salvación que recorrer. Y en esas dos coordenadas del tiempo y del espacio por los que transcurren nuestras vidas, se da el encuentro con Dios que siempre es contemporáneo de nuestras preguntas, de nuestra certeza, de nuestro afán y de nuestros cansancios. Hay lugares en los que el tiempo no pasa, porque custodian lozano el mensaje cristiano que nos llena de luz, de gracia, de alegría y esperanza.<br />
	Por eso queremos ir a Santiago los que todavía no nos hemos acercado este año. Es importante la peregrinación diocesana que presidirá el Arzobispo en nombre de toda la Diócesis como prolongación o culmen de las que parroquial o arciprestalmente se han venido realizando. Iremos a Santiago con el júbilo del año santo compostelano, recorriendo los caminos que nos hablan de otros peregrinos que han surcado esos senderos. ¡Cuántas cosas te encuentras cuando andas y desandas la vida con la paz y apertura que propicia siempre el ir a tu paso lento y calmo! Sin prisas, sin sobresaltos, sin pausas desmedidas ni inciertos atajos. Sencillamente ir por el camino, con el bastón y la mochila de un equipaje ligero, sabiendo que tus pies peregrinos tienen como meta de su esfuerzo llegar al destino mismo que moviera al Apóstol Santiago: Jesucristo.<br />
Pero antes de esa fecha otoñal en la que iremos desde Asturias a Santiago, a primeros de octubre, las diócesis aragonesas y la ovetense se encontrarán junto a miles de jóvenes venidos de toda Europa, para hacer la peregrinación juvenil a Santiago. Saldremos el 31 de julio de nuestros lugares de proveniencia para reunirnos en Orense a las demás diócesis, y desde allí peregrinaremos hasta la patria jacobea.<br />
Pasan los siglos, y cambian tantas cosas que inevitablemente pone suficientes notas diferentes como para que no nos confundamos de tiempo. Y sin embargo tenemos tantas cosas en común, tantas, tantas, que nos permite vislumbrar incluso una inequívoca similitud. Fundamentalmente hablamos de un corazón que tiene escrito a fuego en su adentro la exigencia de ser feliz, y de cómo no sabemos ni queremos renunciar a un mundo en donde la paz y la justicia se besen, la belleza y la verdad vayan de la mano, la bondad y la libertad sepan siempre entenderse. Saber amar a Dios y sabernos por Él amados, sin hacerlo contra nadie, en la fraternidad que nos hace verdaderamente hermanos.<br />
Tengamos la edad que tengamos, sea cual sea ahora nuestra circunstancia, esta hechura humana de la que estamos hechos no ha cambiado con el paso de los siglos, por más que sean otros los desafíos, distintas las trampas y diferentes los desvaríos. Pero en común tenemos toda esa esencial humanidad que nos embarga, la que Cristo quiso abrazar y darle un destino feliz y cumplido. De esto fue peregrino Santiago, y en esto él nos acompaña, con la meta común que nos llama y nos hermana, reconociendo que Cristo es el Camino y el Caminante junto a cada cual.<br />
Recibid mi afecto y mi bendición.</p>
<p><strong>+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm<br />
Arzobispo de Oviedo<br />
A.A. de Huesca y de Jaca</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>“El descanso, un bien y una necesidad”, carta del arzobispo de Burgos</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 20:55:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
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El trabajo es una dimensión esencial del hombre. Lo advertimos ahora con especial fuerza y claridad ante el alarmante crecimiento del paro, sobre todo el de los jóvenes. A diferencia del esfuerzo animal, el trabajo humano necesita ser realizado con inteligencia, competencia y espíritu de servicio. También lo estamos redescubriendo ahora, cuando se constata que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/hellin300709.jpg" alt="" title="hellin300709" width="250" height="198" class="alignnone size-full wp-image-1111409" /><br />
El trabajo es una dimensión esencial del hombre. Lo advertimos ahora con especial fuerza y claridad ante el alarmante crecimiento del paro, sobre todo el de los jóvenes. A diferencia del esfuerzo animal, el trabajo humano necesita ser realizado con inteligencia, competencia y espíritu de servicio. También lo estamos redescubriendo ahora, cuando se constata que la superación de la crisis económica va muy ligada a la cultura del esfuerzo, de la excelencia y, por supuesto, de los valores de honestidad, solidaridad y servicio al bien común.<br />
Sin embargo, sería un error pensar que el hombre está hecho únicamente  para trabajar y que cuanto más y mejor trabaje, tanto más se humaniza. La experiencia demuestra que, cuando se trabaja con estos esquemas, además de cargar con el fardo de una adicción,  termina destruyendo el cuerpo, la psique, la familia, las amistades y hasta el espíritu. El hombre ha de trabajar mucho y bien. Pero ha de descansar lo suficiente para recuperar sus fuerzas físicas y su equilibrio mental y psicológico. El descanso no es, por tanto, tiempo inútilmente perdido y desaprovechado, sino un tiempo necesario para llevar una vida acorde con nuestra dignidad humana y nuestra condición de hijos de Dios.<br />
Mientras el hombre estuvo en contacto con la naturaleza y trabajaba fundamentalmente en el laboreo de la tierra, se cansaba físicamente, pero reponía las fuerzas con los tiempos reservados al sueño diario, el descanso de los fines de semana y las no escasas fiestas del calendario civil y de la Iglesia. El paso a la sociedad industrial y urbana dio lugar a un trabajo más enervante y más fatigoso para el espíritu y la psique. A ello se une el cansancio que producen los desplazamientos al lugar del trabajo, la sensación de agobio que originan las calles llenas de coches y autobuses, la velocidad de la vida moderna y la presión del futuro incierto. Sin olvidar el desgaste que implica el trabajar contra el reloj y bajo la presión de las urgencias permanentes.<br />
Eso explica que el hombre moderno se canse más que el de las generaciones precedentes y que necesite más tiempo para el descanso de su cuerpo y, sobre todo, de su espíritu. Quizás esto explique, al menos en no pequeña medida, que la sociedad moderna haya alargado la duración de los fines de semana, creado y aumentado los “puentes” y ampliado el derecho a las vacaciones. La consecuencia es que el hombre moderno dedica una buena parte de su vida al descanso. Consecuentemente, el factor “descanso” hay que tomarlo cada vez más en serio y valorarlo cada día más como factor de humanización y, en el caso de los cristianos, de santificación y apostolado.<br />
Las vacaciones de verano debemos inscribirlas en este marco y aprovecharlas para reponer las fuerzas físicas, descansar psicológicamente, cultivar nuestra formación humana y espiritual y ampliar la base de nuestros apostolados. Ingredientes, pues de las vacaciones de verano han de ser el tiempo dedicado al descanso físico y psíquico, al cultivo de nuestra inteligencia y nuestros gustos artísticos, y a la práctica de nuestros deportes favoritos y habilidades manuales. Un ingrediente que no deberá faltar nunca es el contacto con la naturaleza, la cual –no lo olvidemos nunca- ha sido creada para servicio y disfrute del hombre.<br />
Mención especial merece el cultivo de nuestras amistades, el tiempo dedicado a la familia y a los hijos, y los espacios dedicados al conocimiento y trato con Dios. Lo que nunca deben ser las vacaciones es un tiempo para deshumanizarnos con unos comportamientos que ofenden nuestra condición de personas y nuestra dignidad de cristianos. Pasarlo bien no tiene nada que ver con la frivolidad, la superficialidad, la banalidad y la trasgresión moral. Las vacaciones de verano son tiempo para llenarse, no para vaciarse. </p>
<p><strong>Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos</strong></p>
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		<title>Homilía del arzobispo Castrense en Marín con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de la Armada Española</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 22:03:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
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1º. ¡En la rosa de los vientos me crucifico por ti! ¡Cuantas generaciones de marinos han cantado este versículo del Himno de la Armada Española! En él, está sintetizado todos los sacrificios, sentimientos, noches oscuras, mares bravíos, puertos sin espera, que los hombres y mujeres de la mar llevan como un “tatuaje en el corazón” [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/arzobispocastrenseporta_01.png" alt="" title="arzobispocastrenseporta_0[1]" width="300" height="165" class="alignnone size-full wp-image-1111425" /></p>
<p>1º. ¡En la rosa de los vientos me crucifico por ti! ¡Cuantas generaciones de marinos han cantado este versículo del Himno de la Armada Española! En él, está sintetizado todos los sacrificios, sentimientos, noches oscuras, mares bravíos, puertos sin espera, que los hombres y mujeres de la mar llevan como un “tatuaje en el corazón”  en su defensa de España por  “los caminos del mar”.  Desde hace muchos siglos viven la experiencia íntima de sentirse ayudados por la “estrella de los mares” que al otro lado del Mare Nostrum, en el Monte Carmelo, es  luz imperecedera que nos lleva siempre al puerto seguro de nuestra salvación: Jesucristo, Hijo de Dios Vivo. </p>
<p>2º. Es por eso, que desde la lejanía de los tiempos resuenan como un eco en las costas hispanas el nombre de María, “Madre del Divino Amor”. Su  nombre quedó para siempre grabado  en la multitud de capillas e Iglesias costeras y en las popas y costados de muchas de nuestras embarcaciones. De ahí, que la fe marinera ha creado cultura, cultura que no se debe ignorar o silenciar.</p>
<p>3º. El marino, por su peculiar forma de vida, se topa todos los días con la fascinación del misterio de la naturaleza que le remite a las grandes preguntas que es inherente al espíritu humano. Los avances de las ciencias náuticas no anulan esos interrogantes, porque solamente Dios puede responder a los deseos más profundos de felicidad y eternidad que llevamos en nuestra alma. Esa realidad de fondo, tiene rostro femenino para el hombre de la mar  que con fe sencilla exclama en medio de la tempestad: “¡Ay, Madre mía del Carmen, ayúdame!”. Esa confianza en la Virgen-Madre, no es una alienación, ni un sueño inalcanzable, sino que nos remite al gran Viviente de todos los tiempos: Jesucristo el Seño, el gran timonel de la Historia. El único que tiene poder para hacer “de lo imposible, lo posible”, el dueño de los vientos y de los oleajes naturales, aquel que nada le impide convertir la dolencia en salud, el odio en amor, la guerra en paz, la muerte en vida. Por eso mismo, los cristianos decimos que Dios ha entrado en nuestra existencia cotidiana, se ha  encarnado, es un Dios Humanado, tan humano, que se merece ese piropo que hemos escuchado en el Evangelio que se acaba de proclamar: “dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron” (Lc. 11,27). De ahí, que de  generación en generación se llamé bienaventurada a la hija de Sión (Zac 2,14-17) que llevó en su seno al Hijo del Padre eterno (cf. Lc 1,46-55).</p>
<p>4º La entrañable iconografía de la Virgen del Carmen, representa a una madre con un niño en los brazos ofreciéndonos su santo escapulario, signo visible de salvación y protección divina, y que durante siglos ha sido portado por tantos devotos. Un  marinero de bien, siempre lleva impresa en su alma está imagen bendita que nos habla de la ternura de Dios. Contemplarla, nos hace experimentar  que no estamos solos en los mares tenebrosos de la vida: ¡Que el Señor está siempre con nosotros! Como diría San Pablo: “Y si Él está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?&#8230;nada, ni nadie nos puede separar del amor de Dios” (Rom 8, 31.39). Desde él  brota el verdadero amor  que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la defensa, la justicia, la libertad  y la paz. </p>
<p>5º. Estos valores, aceptados y preservados por todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad, han de brillar siempre en los futuros Oficiales de la Armada.<br />
Vosotros, ¡Marinos de España! ¡Remad mar adentro! (cf. Lc 5,4), sin tened miedo al oleaje impetuoso y a los vientos adversos a los valores cristianos y a las  tradición seculares. Seguid “soñando victorias, diciendo cantares”, con la confianza segura en vuestra Patrona y protectora, la Madre de Dios y Señora nuestra. En tierra o mar, disfrutad con lo bueno, verdadero y hermoso que hay en la vida, pues todo ello es presencia amorosa de Aquella que es la perla más bella que oculta los mares, lucero de la aurora, consuelo del que llora, horizonte de salvación: ¡Oh Virgen del Carmen!</p>
<p>Así sea. </p>
<p>					+ Juan del Río Martín<br />
		                           Arzobispo Castrense de España.</p>
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		<title>&#8220;Animar la fe de las gentes de la mar&#8221;, mensaje de Mons. Quinteiro con motivo dela Fiesta de la Virgen del Carmen</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 23:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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Queridas familias marineras:
Ante la proximidad de la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen del Carmen, quiero como Obispo Promotor del Apostolado del Mar, unirme a todos vosotros para transmitiros mi devoción y cariño.
La Iglesia, como reza el lema de este año, está siempre animando vuestra fe para enriquecer la vida de los hombres de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/apostoladomar.jpg" alt="" title="apostoladomar" width="125" height="177" class="alignnone size-full wp-image-1111390" /><br />
Queridas familias marineras:<br />
Ante la proximidad de la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen del Carmen, quiero como Obispo Promotor del Apostolado del Mar, unirme a todos vosotros para transmitiros mi devoción y cariño.<br />
La Iglesia, como reza el lema de este año, está siempre animando vuestra fe para enriquecer la vida de los hombres de la mar. Es esta misma fe la que da fortaleza a vuestra vida y os hace protagonistas de verdaderos actos heroicos, como habéis manifestado a lo largo de vuestra historia.<br />
Esta cultura de la solidaridad y misericordia humana contrasta con el abandono de tripulaciones de la Marina Mercante en puertos lejanos y con actividades criminales de piratería en busca de rehenes humanos para un trueque comercial. Estos horrores, así como la crisis de valores de nuestra sociedad actual, son muestra de lo que sucede cuando el ser humano se aleja de la verdad de la fe.<br />
Sentimos la necesidad de denunciar estos hechos y hacernos eco del sufrimiento que soportan ellos y sus familias.<br />
Por ello nos parece muy acertadas las palabras de Benedicto XVI en su reciente visita a la isla de Malta: “Más que cualquier bagaje que podemos llevar con nosotros –logros humanos, posesiones,<br />
tecnología– lo que nos da la clave de nuestra felicidad y realización humana es nuestra relación con el Señor. Él nos llama a una relación de amor”.<br />
Nos alegra sobremanera la fe y entusiasmo que vosotros ponéis en la celebración de nuestra Patrona.<br />
Y fueron vuestras familias las que sembraron e hicieron crecer, con su palabra y su ejemplo, el cariño que sentís a la Virgen del Carmen. Por lo mismo debéis vosotros también transmitir ese preciado don a vuestros hijos.<br />
Un admirado antecesor mío, Doctor Lago González, canta emocionado, en su poesía, el cariño delos marineros a la Virgen del Carmen:<br />
“Virgen del Carmen bendita / miña Nai na fala da miña terra / lenguaje de quien sabe amar / te he de decir que te adoran y que te quieren María / mucho más que a si mismos, mucho más que a su tierra, mucho más que a sus muertos y mucho más que a sus padres… Y los marineros que no dejan su hogar y los que de aquí se van muy lejos Virgen santa madre nuestra / no te olvidan, son tus hijos, no te pueden querer más”.<br />
¡Mira a la Estrella, mira a María! Que ella avive vuestra esperanza y fortaleza para afrontar la crisis económica y moral que nos embarga.¡Stella Maris, ruega por nosotros!</p>
<p>Os bendice con cariño<br />
+ Luis Quinteiro Fiuza<br />
Obispo Promotor del Apostolado del Mar</p>
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		<title>El arzobispo de Sevilla explica &#8220;cómo vivir unas vacaciones cristianas y felices&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 11:34:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SIC</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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Carta Pastoral semanal de Mons. Juan José Asenjo
Queridos hermanos y hermanas:
Algunos habéis comenzado ya el descanso estival. Otros lo haréis en agosto. Es muy probable que en las últimas semanas hayáis dado muchas vueltas al cómo y dónde de vuestras vacaciones. Seguramente habéis consultado a agencias turísticas itinerarios, alojamientos, precios y otras circunstancias. Pensar en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2010/07/asenjo1-284x300.jpg" alt="" title="asenjo1" width="284" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-1111375" /><br />
<strong>Carta Pastoral semanal de Mons. Juan José Asenjo</strong><br />
Queridos hermanos y hermanas:<br />
Algunos habéis comenzado ya el descanso estival. Otros lo haréis en agosto. Es muy probable que en las últimas semanas hayáis dado muchas vueltas al cómo y dónde de vuestras vacaciones. Seguramente habéis consultado a agencias turísticas itinerarios, alojamientos, precios y otras circunstancias. Pensar en ello es importante, pero lo es mucho más pensar qué vamos a hacer, cómo vamos a distribuir nuestro tiempo y qué frutos queremos sacar de estos días de descanso.</p>
<p>Me vais a permitir que reflexione con vosotros sobre algunos aspectos en los que tal vez no habéis reparado. No faltan quienes planifican unas vacaciones frenéticas y agotadoras, experimentando las mismas prisas, los mismos ruidos y tensiones parecidas a las que nos acucian a lo largo del año. De esta forma, retornan a sus ocupaciones habituales más cansados que cuando marcharon. Para descansar y reponer fuerzas, para comenzar un nuevo curso escolar, pastoral o laboral, necesitamos desconectar de las ocupaciones ordinarias e, incluso, de los lugares de nuestra residencia habitual o trabajo. Para un cristiano, sin embargo, las vacaciones no deben ser un tiempo perdido, ni un paréntesis en nuestro camino de maduración humana y sobrenatural. Son más bien un período necesario para el reposo físico, psicológico y espiritual y un derecho que todos deberíamos poder disfrutar.</p>
<p>Las vacaciones nos ofrecen la oportunidad de crecer, de formarnos, de reconstruirnos dentro, de recuperar la serenidad y la paz que nos roban las prisas acuciantes de la vida ordinaria. Las vacaciones no pueden ser una pura evasión ni una dimisión de los sanos criterios morales o una huída de uno mismo o del servicio a nuestros hermanos. Cada año son más, gracias a Dios, los jóvenes, y también algunos adultos, que aprovechan las vacaciones para hacer una experiencia de servicio a los más pobres en el Tercer Mundo o incluso una experiencia misionera. Conozco jóvenes que marcharán a Calcuta este verano para colaborar con las religiosas de la Madre Teresa en el servicio a los pobres. Otros muchos jóvenes participarán como monitores en colonias con niños de nuestra Archidiócesis; modos todos ellos magníficos de vivir unas vacaciones provechosas y enriquecedoras en el apostolado o en el servicio fraterno.</p>
<p>Las vacaciones tampoco pueden ser un abandono de nuestras obligaciones religiosas, una hibernación de nuestras relaciones con Dios o una huída de Aquél en el que encontramos el verdadero y auténtico descanso. Ello quiere decir que en nuestra relación con Dios no puede haber vacaciones. Todo lo contrario. Al disponer de más tiempo libre, hemos de buscar espacios para la interioridad, el silencio, la reflexión, la oración y el trato sereno, largo y relajado con el Señor. Por ello, son de alabar aquellos cristianos que aprovechan las vacaciones para hacer Ejercicios Espirituales, o al menos unos días de retiro en la hospedería de un monasterio, o peregrinan a un santuario buscando el silencio y el rumor de Dios que sólo habla en el silencio y al que podemos encontrar también contemplando las maravillas de la naturaleza. El mar, la montaña, los ríos, el amanecer y la puesta del sol, las noches estrelladas, los animales y las plantas nos hablan de Dios y pregonan las obras de sus manos (Sal 18,1-7).</p>
<p>Otro modo de aprovechar bien las vacaciones es la lectura reposada, que ofrece un grato descanso a nuestra mente y, al mismo tiempo, es semilla fecunda de criterios sanos y positivos, tanto desde una perspectiva cultural como desde la de nuestra formación cristiana. Las vacaciones son, por fin, días para el encuentro y la convivencia, para la charla apacible, para compartir la mesa, gozar de la amistad y robustecer las relaciones familiares, que, a veces, durante el año, resultan escasas o insuficientes como consecuencia del trabajo y de las obligaciones de cada día. No quiero terminar sin tener un recuerdo especial, lleno de afecto solidario, hacia quienes no tendréis vacaciones, impedidos por la edad, la enfermedad o las dificultades, hoy crecientes como consecuencia de la crisis económica. Que encontréis en el Señor vuestro reposo y podáis escuchar de sus labios estas palabras tan confortadoras: «Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré» (Mt 11,28).</p>
<p>A todos los demás, os deseo unas felices, fecundas y cristianas vacaciones. Como en el caso de los discípulos de Emaús, el Señor nos acompañará siempre en nuestro camino (Lc 24,13-15). Dios quiera que también nosotros lo descubramos en la Eucaristía, en la que muy bien podríamos participar diariamente en estos días de descanso. Que lo descubramos también a nuestro lado en la playa, en la montaña o en nuestros lugares de origen, a los que muchos retornaremos a la búsqueda de nuestras raíces. Que Dios os bendiga, os proteja y os custodie en su amor. Ojalá todos volvamos con más ganas de trabajar y de ser mejores.</p>
<p>Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.</p>
<p><strong>† Juan José Asenjo Pelegrina<br />
Arzobispo de Sevilla</strong></p>
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