Aniversario


Mons. Agustí Cortés           Dentro de tres días se cumplirán catorce años que caminamos juntos como Iglesia Diocesana.

No quisiéramos que la celebración de aniversarios y, menos aún, los planes o los objetivos pastorales diocesanos, nos lleven a centrarnos en nosotros mismos. Una Iglesia que solo se mira a sí misma, aun con la buena intención de revisarse y mejorar, acaba fracasando. Hace ya tiempo que se nos está recordando que Jesucristo no quiere una Iglesia ensimismada, que se mira y se busca solo a sí misma: iría contra su propio ser y su esencia, que es precisamente servir al Espíritu, ser instrumento suyo en favor de la humanidad. El centro de atención de la Iglesia ha de estar fuera de sí misma, ha de estar pendiente de “las manos de su Señor”, como dice el Salmo 122(123), “y del gozo, la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres”, como dice el concilio Vaticano II (GSp 1).

Las miradas al pasado en la Iglesia no han de ser puramente narrativas, como haría un cronista o un historiador. Nuestro recuerdo solo tiene sentido en la Iglesia, si se vive como “memorial” en un sentido amplio. ¿Qué queremos decir con esto? “Memorial” es una palabra que recoge una idea central en la Sagrada Escritura y la Tradición. Se aplica sobre todo a la liturgia, y concretamente a la Eucaristía (“haced esto en memoria mía”). Significa una manera de recordar un acontecimiento salvador del pasado, que actualiza, hace presente su significado y su valor salvador. Desde esa actualización miramos el futuro abierto a mayor plenitud.

En sentido amplio lo podemos aplicar a la manera de recordar toda la historia pasada en la Iglesia. Porque todo lo que hemos vivido, por ejemplo la breve historia de nuestra diócesis, “es historia de salvación”, contiene algo del misterio de amor con el que el Espíritu nos conduce cada día.

El “memorial” de nuestra historia significa descubrir y reconocer el misterio de amor que ha impregnado nuestro pasado y celebrarlo actualizándolo.

Para ello no es preciso que nuestro pasado contenga grandes eventos o fenómenos espectaculares. Todo lo contrario. El misterio de amor que impregna toda la Historia de la Salvación y, por tanto, nuestra pequeña historia diocesana, es único y da sentido salvador hasta los detalles más sencillos y, a veces, ocultos, de lo que vivimos: este misterio de amor no es más que el Misterio Pascual, la Muerte y Resurrección de Jesús. Por eso de él hacemos memorial en la celebración de la Eucaristía: un único y mismo misterio de amor en los múltiples momentos que conforman nuestra vida eclesial.

A lo largo de estos catorce años hemos vivido infinitos gestos y acciones en los que Jesucristo ha muerto y ha resucitado, sea en la vida de cada uno de nosotros, sea en la vida propiamente comunitaria. Sería imposible recordarlos todos, pero estamos seguros de que en ellos y por ellos la Iglesia de Sant Feliu de Llobregat ha ido avanzando y creciendo.

Como decimos, celebrando el memorial de nuestra historia, vivimos el presente, pero también nos abrimos esperanzados al futuro. También mañana nuestra historia permanecerá impregnada del misterio de amor de Cristo. Él seguirá muriendo y resucitando en nosotros para nuestra salvación y la del mundo.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

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