El envío de Jesús a los Doce


Mons. Gerardo Melgar             En el evangelio de este do­mingo nos encontramos a Cristo enviando a los Doce.

  • Les envía con una misión muy concreta a predicar la Buena Noticia.
  • Les da poder para expulsar los espíritus malignos.
  • Les pide que sepan desprender­se de todo lo demás y se centren en lo fundamental.

 

De este envío y de esta misión participamos todos los bautizados. Todos y cada uno de nosotros somos enviados al mundo a ser testigos, a llevar al mismo corazón del mun­do el mensaje salvador de Cristo, a anunciar la Buena Noticia, es decir, proclamar ante el mundo que Dios nos ama con locura, incluso con nuestros defectos y pecados.

Todos debemos sentirnos envia­dos por el Señor a anunciar esta pri­mera verdad de nuestra fe: el amor que Dios nos tiene, que ha sido capaz de enviar a su propio Hijo para que muera por nosotros y nos libere del pecado y el Hijo se ha entregado ple­namente a cumplir esta misión del Padre y siendo nosotros pecadores, nos ha rescatado de nuestro pecado y nos hecho hijos de Dios.

También a nosotros nos da poder para liberar a los demás de los males que sufren, aliviar sus sufrimientos y para llevar un poco de bien y de fe­licidad a los que nos rodean.

Esta es precisamente nuestra ta­rea como creyentes y seguidores de Jesús: Para sembrar el bien en el mundo entre aquellos que convivi­mos y con quienes gastamos nuestra vida; acompañar a los que sufren, de la forma que sea y en el sufrimiento que tengan, para compartir con ellos su dolor y sufrimiento y aliviar sus heridas; para estar con los que están solos y acompañarles; para decir una palabra de ánimo a los desalentados; para ayudar a los que se sienten mar­ginados y olvidados de los demás a comprender lo mucho que Dios les quiere y que esto lo descubran a tra­vés del amor que nosotros les damos.

Esta es la misión que el Señor nos encomienda a todos y cada uno de nosotros anunciar la Buena noticia del amor de Dios a todos, por medio del amor que nosotros les damos y ofrecemos a ellos.

Para realizar bien esta misión tan importante relacionada con Dios y con los demás, el Señor, como a los discípulos, nos pide que seamos ca­paces de desprendernos de nuestras preocupaciones, de nuestros egoís­mos, de nuestra preocupación por las cosas ma t e r i a ­les, para ocuparnos únicamen­te de anun­ciar a los demás el amor de Cristo con nuestra palabra y con nuestro testimonio y anunciárselo a los de­más. Precisamente a través del amor que nosotros les brindamos que es solo un pequeño destello del gran amor que Cristo nos tiene, que ha sido capaz de entregar su vida por nosotros, para rescatarnos del peca­do.

Él nos envía para que dedicándo­nos y preocupándonos por entero a los demás, les ayudemos a curar su dolencias, a sanar sus heridas, espe­cialmente las heridas del corazón y que con nuestro amor les estimule­mos para que a través nuestro pue­dan descubrir el gran amor que Cris­to les tiene, le acepten en su vida, se conviertan y se salven.

Así de importante es nuestra mi­sión, y así de esmerada pide que sea nuestra entrega a ponerla en prácti­ca.

Sintámonos enviados desde la vi­vencia de nuestra fe, a ser testimonio para los demás del gran amor que Dios nos tiene amándoles nosotros por encima de nuestros intereses y egoísmos.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

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