Una etapa finalizada


Mons. Braulio Rodríguez            Muchas veces, cuando rezo, le pido al Señor que nos haga ver la belleza de nuestra vida cristiana y del testimonio de Jesucristo que, con nuestras deficiencias, llevamos adelante sus discípulos en la Iglesia y en el mundo. Porque si es percibida esta belleza, se aleja de nosotros el tedio y la rutina, en la que es fácil caer. Digo esto a propósito del final del curso pastoral que ha trascurrido con sus retos, sus éxitos y sus fracasos. A cuantos habéis trabajado con ahínco en este curso os doy las gracias, seáis pastores, consagrados o fieles laicos. Nuestro empeño en este curso ha sido –y debe seguir siendo- la educación en tantos ámbitos de la vida de los hombres y mujeres.

Sin duda que hemos trabajado y mucho en tantas acciones eclesiales programadas. Por ello, me gustaría reflexionar, aunque sea brevemente, sobre la fuente de nuestra fortaleza para trabajar en la viña del Señor, a la que hemos sino convocados también en este curso pastoral que ahora finaliza. Nos ayudará el prefacio que en la celebración de la Santa Misa da inicio de la Plegaria Eucarística; en él se invita a levantar el corazón para dar gracias al Señor. Pues bien, en el Prefacio de la Misa cuando se celebra el Bautismo se dice algo hermoso y muy sugerente: “Tú has querido que del corazón abierto de tu Hijo manara para nosotros el don nupcial del Bautismo, primera pascua de los creyentes, puerta de nuestra salvación, inicio de la vida en Cristo, fuente de la humanidad nueva”. Ahí está la explicación de la actividad de los hijos de la Iglesia.

Nos explicaba el Papa Francisco en la preciosa Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate” (n. 47-48), firmada el 19 de marzo de este mismo año, el peligro real de la presencia hoy entre nosotros de una vieja herejía: el pelagianismo, que es descrita con estas palabras: Olvidarse de que “todo depende no del querer o de correr, sino de la misericordia de Dios” (Rom 9, 16) y que “Él nos amó primero”. Es decir, la falta en nosotros de un reconocimiento sincero y orante de nuestros límites es lo que impide a la gracia de Dios actuar mejor en nuestras vidas. Veamos esto mismo, al fijarnos en otro prefacio de los sacramentos de la Iniciación Cristiana: el Prefacio de la Confirmación.

Este Prefacio señala que estamos “marcados con el sello del Espíritu”, pues la acción de éste en nosotros deja impreso en nuestro interior su fuerza, sus siete dones, su capacidad para afrontar los retos de la vida cristiana. Dice el texto: “Tú, en el Bautismo, das nueva vida a los creyentes y los haces partícipes del Misterio Pascual de tu Hijo”. Y, junto a la nueva vida, prosigue: “Tú los confirmas con el sello de tu Espíritu, mediante la imposición de manos y la unción real del crisma”. Nosotros, quienes hemos trabajado para llevar adelante los objetivos del 6º Programa Pastoral, sabemos por tanto que no se ha tratado simplemente en las acciones pastorales de este curso de un ponerse de acuerdo en sacar adelante un programa concreto.

No. Sabemos que esta tarea de la Iglesia diocesana en este curso pastoral, en cualquier obra de evangelización o de apostolado, ha sido Dios quien nos ha dado una nueva vida en el Bautismo, y nos ha confirmado con el sello del su Espíritu en la Confirmación. Y sólo porque hemos sido renovados a imagen de Cristo por su Espíritu, podemos anunciar con eficacia la buena nueva de la salvación, ya que, al ser comensales en el banquete eucarístico, tenemos fuerza para ser testigos de la fe en la Iglesia y en el mundo. En la Eucaristía, en efecto, que es el testamento del amor de Cristo, Él se hace comida y bebida, para alimentarnos en nuestro viaje hacia la Pascua eterna (cfr. Prefacio III de la Eucaristía).

Doy gracias al Señor por todos vosotros, hijos de la Iglesia y os animo que, tras el descanso del verano, de nuevo ofrezcáis nuestra vida al anuncio del Reino y a vivirlo en la Iglesia. Es preciso que Cristo sea anunciado y que sea vivida su ley de amor, empezando por las “iglesia doméstica”, que es la familia y en nuestra Iglesia de Toledo. Feliz descanso.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

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