Subir al Toro


Mons. Francisco Conesa         Queridos diocesanos: Desde hace al menos siete siglos, los cristianos de Menorca veneramos a Santa María en la cima más alta de nuestra isla, conocida por los árabes como “al Tor”, la montaña. A todos nos gusta subir a ella para contemplar la belleza del paisaje y sobre todo para  encontrarnos con la Virgen, que siempre nos ayuda a elevar nuestra mirada hacia Dios. También a nuestros visitantes les gusta subir al Toro; no en vano aquella montaña es uno de los lugares más visitados de la isla.

Pero, si de verdad queremos encontrarnos con Dios, la subida al Toro no puede ser sólo física, sino que debe ser, sobre todo, espiritual. Para la Sagrada Escritura y la tradición judeocristiana la altura y belleza de la montaña es un símbolo de Dios. No es extraño encontrar salmos que invitan a purificarse para subir a la montaña de Dios. En esta misma línea, algunos Padres de la Iglesia, como San Gregorio de Nisa, interpretaron la vida cristiana como un ascenso al monte de Dios, similar al que hizo Moisés cuando subió al Sinaí. Es también muy conocida la obra extraordinaria de San Juan de la Cruz titulada “Subida al Monte Carmelo”, en la que explica el camino del alma a la unión con Dios usando la metáfora del monte.

En una antigua oración a la Virgen del Toro se refleja perfectamente esta idea de ascenso espiritual. La oración dice así: “Oh Dios, que en la cima del monte nos has concedido la protección espiritual de la Virgen María; concédenos en tu bondad que, por su intercesión y con su ayuda, ascendamos más alto en el corazón y así logremos contemplar tu altísima gloria” (aprobada en 1961 como oración
propia). La veneración de María en lo alto del monte nos invita a pensar en la subida interior, en el ascenso que debemos hacer con el corazón para alcanzar a Aquel que habita en lo Alto. Y, como se dice en la oración, en esa subida, que es ardua y exige esfuerzo, sentimos la protección espiritual de nuestra Virgen del Toro.

Casi siempre que voy al Monte Toro veo a alguna persona subiendo a pie hasta la cima. Yo os invito a hacerlo, pero no sólo por ejercicio físico, sino como símbolo del ascenso interior que nuestro espíritu debe realizar para encontrarse con Dios. Y mientras vamos alcanzando la cima, podríamos pensar tres cosas. La primera es qué actitudes nos ayudan a subir y cuáles nos dejan paralizados. En segundo
lugar podemos pensar qué cosas conviene dejar abajo, al pie del monte: qué nos estorba en nuestra vida para caminar ligeros hasta Dios. Finalmente, podemos pensar junto a qué personas conviene que subamos, es decir, quiénes nos ayudan a llegar hasta lo Alto.

Mientras ascendemos con el corazón hasta el Monte Toro, sentimos la presencia amorosa de la Madre, que nos da la mano para conducirnos hasta la cima y que, Asunta al Cielo, nos indica cuál es la meta hacia la que nos dirigimos.

+ Francesc Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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