El amor a la Eucaristía de San Pascual


Mons. Casimiro López Llorente         Queridos diocesanos         El diecisiete de mayo celebramos la Fiesta de San Pascual Baylón, Patrono de nuestra Diócesis de Segorbe-Castellón. Pascual destaca por tres virtudes: por su humildad, su devoción a la Santísima Virgen y, sobre todo, por su amor a la Eucaristía.

En efecto: el amor más grande de Pascual ya desde niño y durante toda su vida fue la Sagrada Eucaristía. Decía el dueño de la finca en la cual trabajaba como pastorcito, que el mejor regalo que le podía ofrecer al niño Pascual era permitirle asistir algún día entre semana a la Santa Misa. Cuando esto no le era posible, desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo y alcanzaba a ver la torre del pueblo, de vez en cuando se arrodillaba para adorar el Santísimo Sacramento desde la lejanía. En esos tiempos se acostumbraba también a dar un toque de campanas, cuando el sacerdote elevaba la Forma Consagrada en la Misa; cuando Pascual oía la campana, se arrodillaba mirando hacia el templo para adorar a Jesucristo presente en la Santa Hostia. Un día otros pastores le oyeron gritar: “¡Ahí viene!, ¡allí está!”. Y cayó de rodillas. Después dijo que había visto a Jesús presente en la Santa Hostia. Hombre de poca instrucción, pues apenas sabía leer, el único libro que leía era el devocionario; mientras pastoreaba sus ovejas, le encantaba leer especialmente las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Virgen.

Como religioso franciscano sus oficios fueron siempre los más humildes: portero, cocinero, mandadero y barrendero. Pero su gran especialidad fue siempre un amor inmenso a Jesús en la Santa Hostia, en la Eucaristía. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estar en la capilla  de rodillas adorando a Jesús Sacramentado. Por las noches pasaba horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a Nuestro Señor.

Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio Arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: “Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes”. Nuestro Santo hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Siempre estaba alegre, pero su mayor alegría era ayudar a Misa o estar un rato orando ante el Sagrario.

 La Eucaristía era para Pascual el manantial de todos los bienes y la escuela donde aprendió a vivir tras las huellas de Cristo. Ante la Eucaristía se sentía profundamente conmovido. Su corazón se le llenaba de alegría de saber que estaba con el Señor, de sentir que Dios le amaba, de experimentar que Jesús en este Sacramento se hace compañero de camino y alimento de vida eterna, y que es el amigo que nos acompaña en el camino de la vida. Jesucristo se ha quedado en la Eucaristía para unirse con nosotros y atraernos hacia sí, para darnos su amor, el amor mismo de Dios.

La Eucaristía es el tesoro más grande que tenemos los cristianos: en ella se contiene todo el bien de la Iglesia. ¡Como lo entendió y vivió Pascual! Su vida estuvo entretejida de humildad y de silencio, de sacrificio y de servicio, de entrega y de amor, que él aprendió en la Eucaristía y en la Virgen María. En su estela y por su intercesión podemos aprender a creer en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, a celebrar y participar asiduamente en la Eucaristía, a adorar a Cristo realmente presente en ella, y a hacer de nuestra vida una existencia eucarística; es decir, una existencia que bebe del manantial inagotable del amor de Dios en la Eucaristía y que vive marcada por el amor entregado y servicial a Dios y a los hermanos, en especial a los más pobres.

Ante el decaimiento de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y ante las reiteradas profanaciones del Santísimo entre nosotros, miremos Pascual, nuestro patrono y guía. !Que por su intercesión se avive en nosotros la fe en la presencia  real de Cristo en el Santísimo Sacramento! ¡Que de sus manos aprendamos a adorar en espíritu y en verdad a Cristo presente en la Eucaristía! En ella encontraremos la fuente inagotable del amor de Dios; en ella aprenderemos a amar y entregarnos al prójimo como Jesús!  Él nos sigue diciendo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Con mi afecto y bendición,

+  Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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